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Philip Wharton un duque masón en España

OPINIÓN

Ángeles Sanmiguel

“Franco sometió a todos sus enemigos masones”   a la persecución  y represión, escribe José Antonio Peña Martínez en “El misterio del masón enterrado en Poblet. Philip-James Wharton, fundador de la masonería en España”. ¿Por qué la Iglesia Católica no ha puesto el grito en el cielo  ante el hecho de que los restos –unos pocos huesos- de este masón estén en feudo religioso, en la denominada galilea (vestíbulo)  de la iglesia del tarraconense Real Monasterio Cisterciense  de Santa María de Poblet, tumba de reyes y reinas?

Relata Peña en su libro que “en la primavera del año 1952 –hace setenta y tres años- Luis Carrero Blanco”, –militar y marino de secano según Joaquín Bardavío, articulista zaragozano y recopilador de material gráfico como la fotografía donde aparece “la misión española a los actos conmemorativos  del veinte aniversario del fascismo”, en Italia, presidida por el citado Carrero Blanco, Juan Manuel Fanjul –abuelo de un político actual del Partido Popular- y el falangista José Antonio Girón-, visitaría  el complejo monacal en su función de subsecretario de la Presidencia del Gobierno del dictador Francisco Franco, -“Caudillo de España por la gracia de Dios”-, a fin de ajustarlo todo para la visita “del jefe de Estado y su esposa a la abadía”, exigiendo “al prior de Poblet que hiciera desaparecer la lápida de Wharton”.  

“Amanece que no es poco”, titularía el albaceteño director de cine  José Luis Cuerda a su icónica película algo que bien podría ser la expresión cabal para la política española desde la dictadura hasta la denominada transición, esa mágica transubstanciación de autocracia en  democracia que arrastra la carga viral de la plana mayor genealógica del régimen franquista.  

Wharton fue jacobita (partidario del rey católico Jacobo II de Inglaterra, de la dinastía Estuardo), un desmesurado gozador de la vida que no le hizo ascos a esos intensos y tremebundos placeres que  el siglo dieciocho destinaba a sus notables. Tras múltiples e insospechadas andanzas, curiosamente, acabaría  con sus huesos bajo tierra  benedictina como si de un monje se tratase, muerte acaecida cuatro años después de haber fundado en Madrid la primera logia  masónica de España.

Peña Martínez ha elegido Llíria (València) para presentar esta seductora obra de investigación el día doce de noviembre, en el Salón de Actos  de la Escuela Oficial de Idiomas, Escuela Personas Adultas, siendo acompañado por los profesores  Nico Marco, Carles Subiela, Josep María Jordán y Rafa Benítez en la conducción del evento. Ante cualquier interrogante o curiosidad sobre Wharton, el autor,  con docta veracidad, detalla científicamente un sinfín de información sobre este duque  pinturero que engatusó a su mundo en tiempos donde no existía electricidad, ni agua corriente, ni tampoco servicios sanitarios y mucho menos redes sociales telemáticas hipnotizadoras. Wharton, ¿un influencer con peluca empolvada deambulando por las monarquías autocráticas y principados mientras el pueblo llano y la burguesía  eran estamentos sin privilegios  ni derechos? Las sociedades satisfechas urbanitas actuales ni imaginan lo que  era  eso, tal vez por ello dan su voto al tuntún con igual reflexión que si se tratase de avanzar en el videojuego Super Mario Bros. 

La obra está dividida en cuatro partes  abordando desde  los orígenes del duque Philip Wharton, su integración en la masonería  inglesa, la huida  y regreso  a Inglaterra y el momento en que funda la masonería en España finalizando  este recorrido por la historia refiriéndose a la que sería su postrer sepultura y, por supuesto, la prohibición de la masonería en España dictada por Franco quien rotundamente había sido repudiado en dos ocasiones por la institución masónica al querer integrarse  en ella. Destaca Peña que las mujeres masonas tampoco “se libraron  de la implacable persecución desatada tras el inicio de la Guerra Civil por los franquistas”, las procesaron hasta con pena de muerte, encarcelaron y sufrieron “la expropiación de todos sus bienes”. En Alicante, el último  comandante militar  de la ciudad, -lugar donde acabaría la denominada Guerra Civil-, fue un masón de la Logia Constante Alona, fusilado por la dictadura y el régimen franquista se apropiaría del local propiedad de la institución. ¿Por qué no recorrer la ruta masónica  de Alicante como propuesta turístico cultural?

Philip Wharton enumeraba como paradigmas  la “ambición, poder e influencia”. ¿Sincronía intemporal con personajes y personajillos transfronterizos actuales?

¿Qué percepción se tiene en España de la masonería?  Elisabeth Kübler-Ross especializada en cuidados paliativos tras estudiar Medicina y Psiquiatría sentencia  que: “La opinión que las personas tienen de ti es un problema suyo no tuyo. Saber esto es muy importante”. Y Ferrer Benimeli, oscense licenciado en Filosofía y Letras e Historia,  concreta que la masonería “no tiene nada que ver  con toda esa serie de leyendas con las que algunos países, como España, la han rodeado”. Hoy por hoy, casi doscientas logias en España aún se resienten del vilipendio franquista.

A pesar de ser considerado como traidor por Inglaterra  por haber  guerreado contra su país  en el “intento español de recuperar Gibraltar”, Wharton, el señorial disoluto y constante viajero también supo labrarse fama de carismático  y encantador entre sus coetáneos lo que, unido al hecho de ser de noble cuna,  le otorgaba  cierto beneplácito  tanto por parte de la plebe como de sus iguales. Despilfarró su fortuna familiar nada más tomar posesión de ella y en su corta vida, treinta y dos años, este jugador, mujeriego y libertino  no vio mermada tales actividades  en momento alguno, un vividor de alcurnia que en España se daría  en llamar “campechano”.  

Goethe, Lessing, Herder, Krausse, Blasco Ibañez escritor y político republicano valenciano (existe en València una logia homónima sin subvenciones que se mantiene con las cuotas de sus afiliados), Francisco Ferrer i Guardia (denominado hermano “Cero”) perteneciente a la logia barcelonesa “La Verdad”, anarquista catalán fusilado en el castillo barceloní de Montjuïc. Mozart, Walt Disney, Garibaldi, Conan-Doyle, Peter Sellers, Cantinflas, Nat King Cole, Buzz Aldrin, cosmonauta estadounidense que, en mil novecientos sesenta y nueve, fundó una logia masónica lunar durante la misión Apolo 11, Hadyn, Oscar Wilde, Buffalo Bill, Bolívar, Washington, Sibelius, Oliver Hardy, Newton, su racionalidad y método matemático al analizar  el universo podrían haber influido en la masonería y su “librepensamiento”, la Universidad de Cambridge posee una logia masónica  con su nombre, Wiston Churchill, Henry Ford y Cecil Rhodes magnate de la minería, son algunos de los nombres recopilados  por el periodista Vicente G. Olaya. 

¿”Eran masones porque eran importantes o eran importantes porque eran masones”? 

“El gran secreto  oculto de los masones es que “todos vamos a  morir”, redacta el historiador británico y profesor de estudios italianos Jhon Dickie quien apostilla que “los masones fueron cruciales para el imperio británico”.

¿Para ser masón hay que creer  en un ser supremo -El Gran Arquitecto del Universo-? ¿Inverosímil ser ateo y masón? ¿Qué decir del voto masón en las  elecciones? ¿Ética masónica en la política española? ¿Socialistas masones o masonería socialista? “No queremos que se confunda al PSOE con la masonería” declara  un maestro de la GLE (Gran Logia de España). ¿Masones en la banca? ¿Masones en el Partido Popular? 

Entre los datos recogidos  por Peña reseñar  lo dicho por Giuliano Di Bernardo, fundador  de la Gran Logia  Regular de Italia: “El fundamento que une a los masones es, en mi opinión, la ritualidad”. ¿Acaso no es el ceremonial, el aparataje, la enmarañada  teatralidad, lo que encumbra  y significa a cuantos organismos, administraciones e imperios anhelan obnubilar? ¿Qué papel representa la mujer en la estructura masónica? En los albores masones la mujer estaba prohibida en las logias. Era cosa de hombres. Declara la  elegida en dos mil veinticuatro  Gran Maestra de la  Gran Logia  Femenina de España, -según  aporta  Peña-, que: “En la masonería hay una tensión permanente entre la tradición y la innovación”.

“A día de hoy, la Gran Logia de España no contempla la admisión  de logias femeninas en su organización, sin embargo, reconocen como masonas a las integrantes de la Gran Logia Femenina de España”, con más de seiscientas mujeres integrantes repartidas por  las diferentes logias de distintas ciudades, tal como explica el autor edetano José Antonio Peña Martínez. “Soy de Lliria, la Ciudad de la Música, donde vivo, me gusta su historia, cultura, monumentos y tradiciones”. 

En el imaginario masón la escuadra simboliza regular las acciones, el compás  mantenerse en los límites con todos los hombres, el delantal el trabajo, los guantes blancos que jamás  deben mancharse las manos con la iniquidad y la Biblia el  gobierno de la fe, también “el ojo que todo lo ve” es uno de los símbolos masónicos reconocibles que aparece en  el reverso de los billetes de un  dólar estadounidense, respecto al supuesto secretismo no fue más que la exigencia  de guardar los conocimientos arquitectónicos de los primigenios masones inspirados  en la armonía de la naturaleza.

“La gente les tenía miedo, sobre todo la Iglesia católica, porque pensaban que querían engañar a los demás y que guardaban siniestros arcanos” escribe el citado historiador escocés John Dickie. En el Gobierno de España ha habido históricamente masones, unos más aventajados que otros, cabe citar a Manuel Azaña, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Ricardo Samper o Manuel Portela  Valladares.

“Para muchos, la masonería  fue una sociedad secreta en la que se urdían conspiraciones  y se medraba a la sombra del poder.  Para otros, en España, fue además una organización  republicana, izquierdista  y anticlerical, pues en ella militaron, fuera y dentro de nuestro país, una serie de destacados líderes  socialistas, anarquistas o comunistas, como Lafargue, Proudhon, Bakunin, Buonarrotti, Malatesta o Ferrer i Guardia”, escribe Juan José Morales Ruiz  de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia)  

“Oí hablar de Wharton en mi primera visita  al monasterio  de Poblet en dos mil siete”. Peña Martínez por aquél entonces recababa “datos para la biografía que estaba escribiendo  sobre el rey Martín I el Humano”. Intrigado por el personaje  lo consideró como “digno de investigar” descubriendo que había sido masón “y que llegó a Gran Maestro de la Gran Logia  de Londres”. “Mi libro es el primero que se publica  en lengua española”. Para su redacción  “tuve que investigar  sobre la masonería una sociedad discreta, pero no secreta”. 

Philip Wharton, aludiendo  al logro del conocimiento, escribiría: “La mayoría de las personas preferirían seguir en la ignorancia antes que hacer el mínimo esfuerzo por obtenerlo”.  

  


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