Una atrapante narraci贸n sobre uno de los mayores patrimonios culturales de los argentinos
Sergio Pujol, 'Las edades del tango'
El tango es la invenci贸n m谩s notable que la cultura rio|platense le brind贸 a la Argentina y al mundo entero. Hecha de m煤sica, baile y poes铆a, su historia conforma un relato poblado de figuras emblem谩ticas y sujetos an贸nimos; de acontecimientos art铆sticos y movimientos sociales. "Las artes del tango", como las llam贸 el poeta Horacio Ferrer, encierran las claves hist贸ricas de un pa铆s hecho de criollos y europeos, de pampa y ciudad, de tradici贸n y modernidad.
De Carlos Gardel a Mercedes Simone y de An铆bal Troilo a Astor Piazzolla, el tango avanz贸 al ritmo del pa铆s que lo engendr贸, en un permanente estado de disputa en torno a su identidad. A la vez sensual y sentimental, su arco temporal se extiende desde finales del siglo XIX hasta los albores del siglo XXI. Y m谩s all谩 tambi茅n.
Cuestionando la idea de que todo tango pasado fue mejor, en su nuevo libro Sergio Pujol deconstruye mitos y prejuicios, desafiando el relato nost谩lgico sobre la cultura popular rioplatense. En cada una de sus edades, el tango expres贸 de un modo particular la idiosincrasia porte帽a. Su desarrollo no fue lineal ni un铆voco. La riqueza de su historia reciente, signada por artistas tan diversos como Bajofondo, Orquesta El Arranque, Lidia Borda, Orquesta T铆pica Fern谩ndez Fierro y Diego Schissi, prueba su vigencia y continuidad. Las edades del tango constituye as铆 una atrapante narraci贸n sobre uno de los mayores patrimonios culturales de los argentinos.
Las m煤ltiples vidas del tango seg煤n la mirada hist贸rica de Sergio Pujol
Buenos Aires, 10 diciembre (NA) – Las edades del tango (Editorial Planeta) es una extensa investigaci贸n de m谩s de dos a帽os en la que Sergio Pujol reconstruye la historia del g茅nero desde una perspectiva que combina pol铆tica, sociedad y cultura popular.
En el extenso volumen de m谩s de 600 p谩ginas, el autor propone un recorrido por edades que, seg煤n dice, componen “una apuesta presente osada y audaz” para repensar uno de los mayores patrimonios culturales argentinos.
El relato arranca en 1897, a帽o en que la palabra “tango” aparece por primera vez en una partitura, aunque algunos especialistas sit煤an su origen en 1880. Desde all铆, Pujol avanza por m谩s de un siglo de transformaciones en torno a una m煤sica hecha de poes铆a, baile y tensiones identitarias, en un pa铆s moldeado por criollos y europeos, tradiciones rurales y vida urbana.
El libro revisita figuras emblem谩ticas como Carlos Gardel, Mercedes Simone, An铆bal Troilo y Astor Piazzolla, y llega hasta expresiones contempor谩neas como Bajofondo, la Orquesta El Arranque, Lidia Borda, la Fern谩ndez Fierro y Diego Schissi. Al cuestionar la idea de que “todo tango pasado fue mejor”, Pujol desmonta mitos persistentes y muestra que la vitalidad del g茅nero contin煤a en disputa y renovaci贸n.
Pujol es historiador, docente e investigador del CONICET en temas de historia cultural argentina. Escribi贸 m谩s de una decena de libros, entre los que figuran Disc茅polo, una biograf铆a argentina; Historia del baile; Como la cigarra. Biograf铆a de Mar铆a Elena Walsh; En nombre del folclore. Biograf铆a de Atahualpa Yupanqui; Rock y dictadura. Cr贸nica de una generaci贸n (1976-1983); Oscar Alem谩n. La guitarra embrujada; El a帽o de Artaud. Rock y pol铆tica en 1973; Gato Barbieri. Un sonido para el tercer mundo; Jazz al Sur. Historia de la m煤sica negra en la Argentina; y Por qu茅 escuchamos a Louis Armstrong.
El pr贸logo de Las edades del tango de Sergio Pujol:
Cuando el 18 de diciembre de 2022, en Estado de Qatar, la Selecci贸n Argentina de futbol gan贸 la copa del Mundo, esa noche, en un canal de noticias de la TV inglesa, un locutor quiso sintetizar la alegr铆a de todo un pa铆s con las siguientes palabras: «They will dance tango all the night». («Ellos bailar谩n tango toda la noche»). La frase me caus贸 un poco de gracia cuando la escuch茅, me pareci贸 anacr贸nica. Trap, rap, cumbia, pop, rock, c谩nticos de estadio de f煤tbol (todo un ejercicio de contrahechura con motivos populares), incluso folclore: otros g茅neros musicales ten铆an en 2022 m谩s relieve en la superficie s贸nica de los argentinos que el tango. Por otra parte, la imagen de un baile ensimismado, de pareja cerrada, como expresi贸n de algarab铆a era totalmente inadecuada. Con el tango no se puede hacer pogo.
Tambi茅n pens茅 que, tal vez, la frase hab铆a sido dicha con un dejo de iron铆a, algo muy de los ingleses. Pero, aun as铆, no cab铆an dudas de que el locutor o periodista hab铆a hurgado r谩pidamente en su memoria en busca de una pr谩ctica o ritual pagano que definiera el ethos de los argentinos m谩s all谩 de las proezas de Messi y el equipo de Scaloni. Algo que, meton铆micamente, pudiera dar cuenta de la unidad de un pa铆s que, como tantos otros, est谩 hecho de parcialidades y tensiones, de asimetr铆as sociales e identidades encontradas. «Festejan con lo de ellos», quiso decir el ingl茅s. «Con eso que les es propio».
El tango, entonces. Nuestra palabra fetiche. El supuesto espejo de una idiosincrasia. La argamasa espiritual de una sociedadque parece no poder encontrar el camino hacia la felicidad colectiva. Y tambi茅n nuestro aporte imperecedero al mundo. Un aporte sin rival: el f煤tbol tambi茅n es brasile帽o y europeo, y a Borges lolee una minor铆a. La muy citada —y poco documentada— frase de Macedonio Fern谩ndez sobre el tango («eso que los argentinos noconsultamos a Europa») mantiene intacta su ingeniosa certeza.Y cabr铆a agregar: eso que hemos exportado con super谩vit en labalanza comercial sin ser esclavos del precio internacional de loscommodities.
De haber sido los franceses los ganadores del Mundial, ¿qu茅hubieran bailado imaginariamente en las calles de Par铆s? ¿Y losingleses? ¿Y los alemanes? ¿Al comp谩s de qu茅 danza centenariapropia podemos imaginarlos? Desde luego, no se trata aqu铆 dehacer una competencia de chovinismo musical. La especulaci贸nme sirve para subrayar la singularidad ya no solo del tango comoconstelaci贸n art铆stica (m煤sica, danza, poes铆a), sino del tipo de representaci贸n simb贸lica de un g茅nero de m煤sica popular urbanacon respecto a los habitantes de todo un pa铆s; o, mejor dicho, deuna ciudad puerto en nombre de un pa铆s.
Hemos naturalizado el hecho de que Buenos Aires sea «la ciudad del tango», como titul贸 Blas Matamoro un libro pionero en elan谩lisis sociopol铆tico del tema. Pero cabe hacer alg煤n comentarioal respecto. ¿Qu茅 otra ciudad del mundo produjo una m煤sica que,a lo largo del tiempo, haya hegemonizado su identidad urbana alpunto de no poder pensarse una sin la otra? Tal vez Lisboa con elfado, pero a una escala mucho m谩s reducida. Lo mismo podr铆adecirse de Montevideo y el candombe. Tambi茅n es verdad queuna parte importante de la historia del tango transcurri贸 en tornoa Plaza Independencia de la capital uruguaya; se puede visitar elMuseo del Tango en el hist贸rico Palacio Salvo, all铆 donde algunavez funcion贸 La Giralda. Pero el pasado tanguero de los uruguayos es un tanto remoto, su memoria se fue diluyendo con los a帽os,m谩s all谩 del ic贸nico «La cumparsita» y los notables artistas que elpa铆s hermano envi贸 a Buenos Aires.
A pesar de llamarse como su gentilicio, no puede decirse que la habanera sea la m煤sica que identifica a La Habana. Su referencia es antigua, y los cubanos pueden decir con orgullo latinoamericanista que ellos contribuyeron en no escasa medida a la conformaci贸n r铆tmica de los primeros tangos. Por lo dem谩s, el sonprovino del Oriente de la isla, y lleg贸 a La Habana tard铆amente.¿Y el samba canci贸n? Es de R铆o de Janeiro, no caben dudas. Peroel samba de roda tuvo origen en Bah铆a, y su fuerte etnicidad loretrotrae a 脕frica de un modo m谩s contundente al de cualquierposible remisi贸n del tango a sus propios or铆genes. En cuanto aljazz, su cuna fue la ciudad puerto de Nueva Orleans, pero su ulterior desarrollo prosigui贸 en otras ciudades de los Estados Unidos. «Nueva Orleans» termin贸 siendo un estilo de jazz, de ning煤nmodo el centro gravitacional de todo un g茅nero.
Podr铆a seguir citando otros casos, y seguramente me olvidar铆a de ejemplos que contradicen mi observaci贸n. Pero lo que meinteresa resaltar aqu铆 es la simbiosis entre una metr贸polis y unam煤sica que la nombra y la interpela, le canta y le baila, le da unsost茅n simb贸lico 煤nico. Los m谩s fervorosos hablan de una cosmovisi贸n, una forma de ver la vida y el mundo m谩s all谩 de lasideolog铆as pol铆ticas. «Una filosof铆a de vida», afirman los melanc贸-licos. «El gran libro de quejas del arrabal», sol铆a decir Osvaldo Pugliese. No faltan quienes citan la po茅tica frase de Disc茅polo: «Unpensamiento triste que hasta se puede bailar». O la de LeopoldoMarechal: «una posibilidad infinita». En todas las definicionessubyace la convicci贸n de que Buenos Aires y el tango son inseparables. Un lazo indestructible los une, a pesar del declive que lam煤sica porte帽a empez贸 a padecer en el 铆ndice de los consumosculturales porte帽os a partir de los a帽os sesenta. Al fin y al cabo,el ingl茅s del Mundial ten铆a algo de raz贸n: no es necesario que losargentinos realmente bailemos el tango para estar contenidos enel significado m谩s profundo de su palabra. Para bien o para mal,todos estamos hechos un poco de tango. Lo reconozcamos o no.
II
Dicho esto, me apresuro a afirmar que ese lazo de necesidad entre Buenos Aires (y, por extensi贸n, los argentinos) y su m煤sicaidiosincr谩sica no fue producto de una revelaci贸n religiosa, ni de un destino manifiesto. El tango es una construcci贸n hist贸rica (una de las m谩s bellas que dio este pa铆s), no est谩 en nuestragen茅tica, no es una gracia ni una condena. No puede entoncesser entendido sin los contextos socioecon贸micos y pol铆ticos quegeneraron sus condiciones de posibilidad. Es una verdad de Perogrullo, pero vale insistir en que la historia art铆stica del tangoes, al mismo tiempo, su historia social. Una sin la otra terminasiendo un cat谩logo de proezas individuales. Y la historia no seescribe con cat谩logos solamente. Desde luego, es m谩s confortable aislar la narrativa art铆stica de la social; la segunda planteacuestiones un tanto 谩speras, pero sin las cuales el tango carecer铆a tanto de su potencia expresiva como de su valor testimonial.«No hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie»: la trajinada frase de Walter Benjamin resulta particularmente apropiada para esta historia.
Por ejemplo, en las «academias» de principio de siglo se mlongueaba mientras j贸venes importadas como esclavas sexuales,criollas y mulatas ejerc铆an la prostituci贸n; algo similar suced铆a conlas llamadas «milonguitas» en los glamurosos cabarets de los a帽osdiez y veinte. Asimismo, sin los cientos de miles de inmigranteshacinados en conventillos de los barrios del sur de Buenos Aires, el tango no habr铆a sido mucho m谩s que una silvestre m煤sica criolla que hoy solo interesar铆a a music贸logos y antrop贸logos. Endefinitiva, al contextualizar las peripecias art铆sticas y humanas deh茅roes y hero铆nas culturales, podemos entender mejor un mundopopular conformado por algo m谩s que m煤sica, baile y poes铆a.
La segunda afirmaci贸n que quiero adelantar en este pr贸logo es que el tango cambi贸 tantas veces como cambiaron las condiciones materiales y culturales que le dieron forma y sentido. El discurso de la ortodoxia tanguera es, am茅n de reaccionario, insostenible. La palabra tango deber铆a llevar siempre una letra s final.Su pluralidad estil铆stica ha sido tanto sincr贸nica como diacr贸nica.Cuando Carlos Gardel estren贸 en Melod铆a de arrabal la canci贸n «Cuando t煤 no est谩s» —en cuya m煤sica hab铆a metido mano elcompositor franc茅s Marcel Latt猫s—, el Cuarteto del 900 de Roberto Firpo tocaba tangos de dos tiempos por comp谩s para losnost谩lgicos de la Guardia Vieja, Julio De Caro perge帽aba un tango sinf贸nico y Juan D’Arienzo elaboraba el que ser铆a el tempo vivaz favorito de los milongueros de los a帽os cuarenta y cincuenta.¿D贸nde estaba entonces el aut茅ntico tango?
¿Diferencias en el tiempo? Entre el criollismo espa帽olizadode Villoldo y el marcato de una orquesta t铆pica, con sus filas debandoneones y violines, las diferencias fueron enormes, sin dudamucho mayores a las que luego mediar铆an entre los estilos deTroilo y Piazzolla. ¿Por qu茅 raz贸n, entonces, la pertenencia delautor de «El esquinazo» a la cultura del tango fue menos cuestionada que la del creador de «Adi贸s Nonino»? ¿Por qu茅 a uno selo llam贸 «el pap谩 del tango» y al otro su 谩ngel exterminador? Enmateria de po茅ticas, vale hacer un planteo similar. ¿Acaso no esmayor la distancia que separa las letras de los tangos «La morocha» y «Cafet铆n de Buenos Aires» entre s铆 que la que se interponeentre la de «Nieblas del Riachuelo» y el rock/blues «AvellanedaBlues» del tr铆o Manal? Al margen de sus claras diferencias musicales, ¿no deber铆a la canci贸n de Javier Mart铆nez formar parte deuna antolog铆a de letras de tango, o de meta-tangos, para decirlocon la ingeniosa expresi贸n de Jos茅 Gobello?
En noviembre de 1998, el historiador ingl茅s Eric Hobsbawm visit贸 Buenos Aires para brindar una serie de conferencias abiertas atodo p煤blico. Un d铆a antes de que se tomara el avi贸n de regreso,fue agasajado con un 谩gape en un elegante hotel del centro porte帽o. Tuve la suerte de estar entre los invitados al encuentro. Desdeluego, yo no era —no soy— el 煤nico fan argentino del autor deLa Era del Imperialismo e Historia del siglo XX, entre otros librosfundamentales para comprender la Europa posterior a la Revoluci贸n Francesa. Pero quiz谩 s铆 era, aquella noche, uno de los pocosque conoc铆a en detalle su faceta de cr铆tico e historiador del jazz.Empoderado con esta modesta certeza, me acerqu茅 a conversarcon 茅l. Muy amablemente —y tal vez en busca de un recreo traslargo rato respondiendo preguntas de pol铆tica internacional— medispens贸 unos cuantos minutos.
Conversamos sobre el estado del jazz a fines del siglo XXy especialmente sobre su libro The Jazz Scene, una serie de textos que podr铆a definirse como un ensayo de historia social de lam煤sica afroamericana. De pronto, invirtiendo el sentido naturaldel di谩logo (yo preguntando, 茅l respondiendo), me pregunt贸 siexist铆a una historia social del tango. Le contest茅 que hab铆a buenoslibros sobre la m煤sica popular del R铆o de la Plata, pero que enverdad ninguno de ellos calificaba en esos t茅rminos. Me apresur茅a agregar que hab铆a trabajos acad茅micos sobre la materia; que unacamada de j贸venes music贸logos estaba investigando determinadas tem谩ticas vinculadas al desarrollo musical del g茅nero, y quela poes铆a de sus letras no era indiferente a la mirada de la cr铆ticaliteraria. Pero una historia social general, en un volumen y por unsolo autor, a煤n no hab铆a sido escrita.
La pregunta de Hobsbawm me rond贸 durante muchos a帽os.Al menos dos de mis libros anteriores a este —Historia del bailey Cien a帽os de m煤sica argentina— ensayaron una mirada sociocultural de la historia de la m煤sica argentina, pero no son trabajossobre tango exclusivamente. El que el amable lector est谩 por empezar a leer, s铆. Por lo pronto, m谩s all谩 del tipo de historia que mepropuse narrar, es inocultable mi deseo de que quienes est谩n alejados del tango se acerquen sin temor a su discograf铆a oce谩nica,a los aportes est茅ticos de sus principales art铆fices, a los variadosestilos instrumentales y vocales, y a la riqu铆sima paleta tem谩tica y temperamental de sus letras, en muchos casos devenidas poemas. Pero, como dije anteriormente, no es menos inocultable mideseo de que este libro tambi茅n sea le铆do como una historia de laArgentina desde el mirador de una m煤sica que nos narra comosociedad. Est谩 claro que no escrib铆 una gu铆a ni una enciclopedia;m煤sicos y cantores c茅lebres y no tan c茅lebres armonizan en m谩sde un cap铆tulo, a manera de polifon铆a humana, y de acuerdo al rolque jugaron en diferentes momentos. Pero ninguno de ellos —ni Gardel, ni Troilo, ni Piazzolla— manda m谩s que las 茅pocas que loscontienen y explican. 脡pocas que prefer铆 llamar «edades».
El ordenamiento por «edad» presupone un enfoque integral;el t茅rmino no est谩 empleado en un sentido evolutivo —no hayedades «mejores» que otras—, sino como una unidad temporalvasta y relativamente aut贸noma, unida a las edades precedente y posterior por un hilo muy fino. En ese sentido, sin desconocerla prodigalidad musical y po茅tica de los «dorados a帽os cuarenta», tom茅 distancia de la idealizaci贸n de una edad por sobre lasdem谩s. Cada «edad» refiere a una trama hist贸rica particular hecha de sucesos art铆sticos y pol铆ticos; de nombres ilustres y actoresan贸nimos; de «las artes del tango» —como las llam贸 Horacio Ferrer— y de los medios materiales y espirituales que permitieron que estas llegaran a los p煤blicos, y que los p煤blicos se apropiarande ellas. Incluso en la edad de la ruptura posterior a 1955, conuna producci贸n tanguera en dram谩tico declive, el tango fue importante como plano de referencia para la rebeli贸n del rock y laconstrucci贸n de una identidad «joven» en oposici贸n al mundo de los «mayores». En la disputa generacional argentina, los «j贸venes de ayer» de Charly Garc铆a jugaron un rol m谩s destacado del quesuele asign谩rseles.
A diferencia de las historias del tango que preceden a esta, me propuse extender la mirada allende la m煤sica de Piazzolla, llev谩ndola incluso hasta los d铆as previos a la entrega de los originales deeste libro a la editorial. A la 煤ltima de las «edades» consideradasla titul茅 «de la memoria» porque alude al renacimiento experimentado por el g茅nero hacia finales del siglo XX, con el vuelcode la juventud a ese artefacto cultural antes denostado y las operaciones de patrimonialismo que culminaron con la declaraci贸nde la UNESCO en 2009. Obviamente no estoy en condiciones deafirmar que esa «edad» haya terminado, ni que lo que narro y describo en «Ep铆logo» pertenezca a un nuevo paradigma tanguero. En alg煤n momento pens茅 en denominar estos 煤ltimos a帽os «de lareinvenci贸n» pero, aun con todo lo interesante que hoy se compone y graba, no quise pecar de excesivamente optimista. Dejemosel final abierto…
Respecto al punto de inicio de esta historia, s茅 que muchoslo criticar谩n. Por cierto, hab铆a tango antes de 1897. Ya en 1874las tropas del general mitrista Jos茅 Miguel Arredondo entonaban las coplas de «El queco», una milonga cuartelera. Unos a帽os m谩starde, el violinista «Negro» Casimiro empez贸 a componer tangossin llevarlos a la partitura. De hecho, en las primeras p谩ginas deeste libro hago referencia a algunos tangos primitivos anterioresal 97. Pero no quise profundizar en la protohistoria del g茅nero y opt茅 por tomar como punto de partida la fecha de edici贸n de «Elentrerriano», considerado el primer tango publicado. Tampoco esseguro que haya sido en 1897; algunos afirman que pudo habersido al a帽o siguiente. Como sea, en ese momento, el tango iniciaba su formidable avance sobre otros bailes populares de la 茅pocahasta desplazarlos casi por completo.
Por otra parte, fijar como inicio de esta historia la composici贸n de un pianista afrodescendiente como Rosendo Mendiz谩balme pareci贸 un acto de justicia po茅tica. El escritor uruguayo radicado en C贸rdoba Vicente Rossi, autor en 1926 del libro pionero Cosas de negros, habr铆a aprobado mi decisi贸n, acaso con una sonrisa. La Plata, agosto de 2025.


