AI: Un año después del regreso al cargo delpresidente Trump, las prácticas autoritarias erosionan losderechos humanos

En el primer aniversario del regreso al cargo del presidente Trump, Amnistía Internacional hace sonar las alarmas sobre el número creciente de prácticas autoritarias en Estados Unidos y la devastadora erosión de los derechos humanos.
En un nuevo informe publicado hoy, Ringing the Alarm Bells: Rising Authoritarian Practices and Erosion of Human Rights in the United States, Amnistía Internacional documenta cómo la escalada de prácticas autoritarias de la administración Trump, que incluye el cierre del espacio de la sociedad civil y el menoscabo del Estado de derecho, está erosionando los derechos humanos en Estados Unidos y también en otros lugares.
“El mundo entero es testigo de la peligrosa deriva del presidente Trump que ya ha desembocado en una emergencia de derechos humanos”, manifestó Paul O’Brien, director ejecutivo de Amnistía Internacional Estados Unidos. “Triturando normas y concentrando el poder, la administración intenta que sea imposible que se les pidan responsabilidades. No hay duda de que estas prácticas autoritarias de la administración Trump están erosionando los derechos humanos y aumentando el riesgo para periodistas y quienes alzan la voz o disienten como manifestantes, profesionales de la abogacía, estudiantes y quienes defienden los derechos humanos”.
El mundo entero es testigo de la peligrosa deriva del presidente Trump que ya ha desembocado en una emergencia de derechos humanos.”
Paul O’Brien, director ejecutivo de Amnistía Internacional Estados Unidos.
El informe incluye doce áreas interconectadas en las que la administración Trump está agrietando los pilares de una sociedad libre: ataques contra la libertad de prensa y el acceso a la información, la libertad de expresión y de reunión pacífica, organizaciones de la sociedad civil y universidades, la oposición política y la disidencia, la judicatura, la abogacía y el sistema jurídico, y las garantías procesales. También documenta ataques contra los derechos de las personas refugiadas y migrantes, el uso como chivo expiatorio de ciertas comunidades y el retroceso de las protecciones frente a la discriminación, el uso del ejército para fines internos, el desmantelamiento de la rendición de cuentas de las empresas y de las medidas anticorrupción, la ampliación de la vigilancia sin una supervisión significativa, y los esfuerzos para debilitar sistemas internacionales concebidos para proteger los derechos humanos.
Como se detalla en el informe, estas tácticas autoritarias se refuerzan mutuamente: se arresta y detiene a estudiantes por protestar en campus universitarios, agentes enmascarados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) invaden y aterrorizan a comunidades enteras y se está empezando a normalizar la militarización de ciudades de todo Estados Unidos. Al mismo tiempo, la intimidación de la prensa hace que las violaciones de derechos humanos y los abusos sean más difíciles de denunciar; la gente teme hablar debido a las represalias contra las protestas; la ampliación de la vigilancia y de la militarización aumenta el coste de la disidencia, y los ataques contra los tribunales de justicia, la abogacía y los órganos de supervisión hacen más difícil la aplicación de la rendición de cuentas. Estas tácticas erosionan claramente derechos humanos como la libertad de expresión, la reunión pacífica, la libertad de prensa, el acceso a la información, la igualdad y la no discriminación, las garantías procesales, la libertad de cátedra; y los derechos a no sufrir detención arbitraria, a pedir asilo, a un juicio conforme a las normas internacionales e incluso el derecho a la vida.
Amnistía Internacional lleva tiempo documentando patrones similares en países de todo el mundo. Aunque los contextos difieren, los gobiernos consolidan el poder, controlan la información, desacreditan las críticas, castigan la disidencia, reducen el espacio de la sociedad civil y debilitan mecanismos concebidos para garantizar la rendición de cuentas.
“El ataque contra el espacio de la sociedad civil y el Estado de derecho, y la erosión de los derechos humanos en Estados Unidos reflejan un patrón global que Amnistía lleva décadas observando y advirtiendo”, añadió O’Brien. “Es importante destacar que nuestra experiencia muestra que cuando las prácticas autoritarias están totalmente consolidadas, las instituciones concebidas para limitar los abusos de poder ya están gravemente comprometidas”.
El ataque contra el espacio de la sociedad civil y el Estado de derecho, y la erosión de los derechos humanos en Estados Unidos reflejan un patrón global que Amnistía lleva décadas observando y advirtiendo.”
Paul O’Brien, director ejecutivo de Amnistía Internacional Estados Unidos.
En el informe, Amnistía Internacional expone un conjunto completo de recomendaciones —al poder ejecutivo de Estados Unidos, al Congreso, a los gobiernos y organismos encargados de hacer cumplir la ley locales y estatales, a actores internacionales y otros gobiernos, a empresas como las compañías tecnológicas, y a la ciudadanía— con el objetivo de revertir esta aceptación de las prácticas autoritarias y prevenir la normalización del aumento de la represión y de las violaciones de derechos humanos. Pide medidas urgentes para proteger el espacio de la sociedad civil, restablecer las salvaguardias del Estado de derecho, reforzar la rendición de cuentas y garantizar que las violaciones de derechos humanos no son ignoradas ni aceptadas como inevitables.
“Podemos y debemos forjar un camino diferente”, concluyó O’Brien. “Las prácticas autoritarias sólo enraízan cuando se permite que se normalicen. No podemos dejar que eso ocurra en Estados Unidos. Si nos unimos, tenemos una oportunidad, y la responsabilidad, de estar a la altura de estos tiempos difíciles de nuestra historia y proteger los derechos humanos”.
