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Cáncer infantil 2026

OPINIÓN de Ángeles Sanmiguel

“La respuesta del centro escolar y de los profesores que tenía en ese momento fue bastante  mala, no fuimos apoyados ni por el director  ni por el equipo, -algunos profesores sí que ayudaron a Pablo, pero otros no-”, confiesa Sara, -mamá Aspanion  (Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana)-, tras comunicarle  el diagnóstico cancerígeno  de su hijo al colegio.  “Fue incluso un total desapego y creo que el ámbito escolar es  importante”. Como madre no pedía que le regalasen el curso a su hijo sino que tuviera las mismas opciones que cualquier otro,  “tenía el derecho a tener una oportunidad para aprobar el curso, no entendían que era algo vital para un niño de trece años”. ¿Qué mayor aliciente de vida que el “saber que su colegio, sus amigos  estaban ahí para cuando él se curara?”. 

¿Cuántos niños y niñas sufren la incomprensión  de los adultos en situaciones señaladas?

El cáncer infantil, catalogado en España como enfermedad rara, registra anualmente casi mil quinientos casos en menores  de catorce años, siendo  el mayor número en plena infancia y  cuatrocientos, aproximadamente, en  adolescentes hasta los diecinueve años. Leucemias (cáncer de la sangre), tumores del sistema nervioso central y linfomas (cáncer del sistema inmunitario) debutan  en mayor cuantía mientras que  en menores de cinco años los retinoblastomas (cáncer ocular) son más frecuentes. 

Toda la vida da un vuelco, cambia todo, “en nuestro caso un día salió Pablo del colegio  y ya no volvió”, a ese primer cambio le siguieron las visitas hospitalarias “a veces cuatro o cinco días por el tratamiento, dos por una gripe, toda una mañana o parte de una tarde por  una prueba, por unas analíticas, un control”. Se manifiesta el cambio físico y “las mismas camisetas le están muy grandes”, varían las rutinas y por ejemplo “no puede ir al cine”.

Relacionarse  con sus amistades se complica y “las quedadas con amigos se reducen, no podía entrar en sitios públicos tampoco podía ir a casas donde no hubieran unas condiciones higiénicas mínimas”. Las formas de vivir en casa  varían y en los días que se encuentra mal no juega. Por la calle, Pablo, tenía que llevar mascarilla,  -“ahora lo vemos generalizado porque  hemos pasado la pandemia pero antes veían a un niño con mascarilla y la gente se asustaba y decía ¡oh, que me va a pegar algo!”-, siendo la familia quien explicaba que “la mascarilla la llevaba por protección”.

Sara comenta que “una cosa simple es que Pablo no podía comer jamón serrano, una de las cosas que a él más le gustaban”, ciertos alimentos eran inadecuados. La “Guía de alimentación  saludable y cáncer infantil”, que desde dos mil diecinueve Aspanion  publicó, fue presentada  en las tres capitales del País Valencià donde tiene sede de la asociación: València (en la calle Isla Cabrera  65, web: www.aspanion.es),  Alicante (en la calle Martín Luther King, bloque 3, local 1) y en Castelló. Sus autoras: la oncóloga Silvia López Iniesta  y la psicóloga Clara Madrid Martín resaltan la importancia  de “la alimentación  durante la fase  del tratamiento de cáncer infantil”, haciendo hincapié en la importancia de que “tu alimento  sea también tu medicamento”. 

“La vida hospitalaria era dura, íbamos cada quince, veinte días, porque cuando no iba a un control  iba para una prueba, cuando no  se ponía malito y tenía que ir o a recibir el tratamiento”.  La familia y amistades son  puntales fundamentales. “Nos unimos de forma brutal”.  

¡El apoyo  es fundamental! 

Fuera del entorno cercano, confiesa Sara, que “en Aspanion encontramos el cariño, la gente profesional  y las personas que habían pasado por lo mismo que nosotros”. 

“Cuando a Pablo se le caía el pelo, decían ¡chica eso es lo de menos, el pelo crece!”. 

Pero detrás de esas perceptabilidades  estaba la enfermedad, “lo  duro es que cuando te enfrentas a la caída del pelo  del niño  es que la enfermedad es totalmente visible”, ya no puedes evadirla, la ves cuando te sientas a la mesa, ves que el niño está enfermo y “entonces, ese día es muy duro, ver a tu hijo calvito, demacrado”. 

“En cositas como estas es cuando encuentras en Aspanion el cariño  de otras familias que lo han pasado”. Ese respaldo va más allá  de lo emocional ya que son muchas las preguntas  que surgen y las incógnitas a desvelar. “Tiene un valor incalculable el apoyo psicológico, el apoyo burocrático y  el decir ¡vamos a salir! ¡Tiramos de ti!”. Sara Rancaño, -mamá Aspanion-, confiesa su inquietud ante la proximidad de la alta médica porque “vas con los miedos de que no reciba una atención médica”, pero ahí está Aspanion, abrazándola: “No te preocupes que en el momento que haya un problema estamos aquí para apoyaros y  para indicaros lo que tenéis que hacer”.

Aspanion pertenece a la Federación Española de Familias de Cáncer Infantil (FEFCI), que nació en mil novecientos noventa, compuesta por veintitrés asociaciones todas ellas están centradas en mejorar la calidad de vida  de los menores con cáncer en el territorio español: Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla La Mancha, Castilla y León, Cataluña, País Valenciano, Extremadura, Galicia, Islas Baleares, Islas Canarias, La Rioja, Madrid y Navarra.

¿Sería posible  acceder a la totalidad del tratamiento para toda la infancia  sin la Sanidad Pública? “¡No!”. “En nuestro caso no nos hubiéramos podido permitir  un tratamiento oncológico para mi hijo”.

En países donde la atención sanitaria  no está considerada “como una mercancía sino como un derecho humano”, el quedarse sin trabajo o sin ingresos no tiene consecuencia alguna  sobre la capacidad del individuo  de acceder a la atención sanitaria”, mientras que en naciones como Estados Unidos,  en la Recesión,   “la gente  se vio obligada a elegir  entre la bancarrota y la salud”  afirman el investigador y experto en aspectos económicos de la salud David Stuckler y el epidemiólogo  y profesor, miembro de la Academia  de Ciencias de Nueva York, Sanjay Basu.        

“Sin la Sanidad Pública los índices de curación  yo creo que no serían lo que son, en mi familia  tendríamos que lamentar que  Pablo tal vez no se hubiera curado”. 

“Aquí –en España- nosotros tenemos, gracias a la Seguridad Social” la posibilidad de acceder  a los tratamientos.  “No me hubiera podido permitir  un tratamiento, no hubiera podido luchar por nuestro hijo de la manera que luchamos”.

Gabriel Rufián, político  y activista, en el Congreso refiriéndose a los impuestos que muchas fortunas eluden tributar en España y otros defraudadores roban a Hacienda preguntaría a las pasmosas  derecha y ultraderecha nacionales: “¿Cómo piensan pagar los servicios públicos de este país? Yo les sugiero que cojan uno de esos Audi (marca alemana de coches de lujo para el partido nazi)  con los que entran sus jefes  y vayan a un hospital público  y suban a una planta  oncológica  y le susurren al oído a un padre  o a una madre que tiene a su hijo  o a su hija  en tratamiento con cáncer  y les digan  los impuestos son un robo”.

En una de las visitas al hospital, una médica al facilitarles la medicación les dio  una prefactura de lo que podía haber costado  y “recuerdo que por una gripe eran tres mil euros”. 

Medicamentos oncológicos  no son rentables para los negocios  privados de la sanidad. “Pacientes oncológicos  asegurados por Muface (organismo público  que proporciona asistencia sanitaria a funcionarios del Estado) que han optado  por la sanidad privada  podrían estar siendo presionados por las empresas de seguros  privadas  para cambiarse a la sanidad pública y poder así recibir algunos tratamientos  farmacológicos de alto precio”, “Varios oncólogos  habían  denunciado presiones de compañías  privadas de seguros para no recetar fármacos caros contra el cáncer”,  recoge un artículo  de la Asociación  Acceso Justo Al Medicamento (revista AAJM). “Los oncólogos  denuncian que la sanidad privada  restringe terapias contra el cáncer  de uso común en la pública”, titula el periodista  Oriol Güell su texto. Pastillas de quimioterapia en la privada, un tratamiento completo,  puede costar entre treinta mil y ochenta mil euros, “la pública  cubre estos  costes sin copago directo para el paciente”  informa la Seguridad Social. 

Obligar a comprar armas yanquis  por valor del cinco por ciento del PIB (Producto Interior Bruto)  español significa  la destrucción de la Sanidad Pública.

“Los ricos  se hicieron más ricos  y los enfermos enfermaron más”, es el axioma dogmático oculto tras  cualquier decisión  de corporaciones hospitalarias, fondos de inversión, empresas farmacéuticas y compañías de seguros.  

“Si cierro los ojos veo los niños que están enfadados  por estar en el hospital”, pero siempre transmiten “alegría, y juego”. Niñas y niños con cáncer  “cuando están bien, cuando la enfermedad les da el alivio” juegan en la sala del hospital  porque “los niños transmiten vida  pese a la enfermedad”. En la trilogía autobiográfica Infancia, Adolescencia y Juventud del escritor ruso León Tolstoi este concluiría: “Puestos en la realidad, no existiría ningún juego. Y si no existiesen los juegos, ¿que quedaría?

¿Qué repercusiones  plantea  el cáncer infantil?

En el caso de Pablo, comenta su madre, la normalidad rige su adultez con alguna que otra consecuencia que no influye en la cotidianidad. “Sí que es verdad que cuando se sacó el carnet de conducir, tuvo que ir a pedir a su médico de cabecera un permiso especial como que la enfermedad no le afectaba  a la conducción”. Sara considera que su familia es afortunada ya que “estos niños cuando son adultos tienen secuelas neurocognitivas, secuelas físicas y encima algunos encuentran trabas burocráticas, algunos han tenido problemas para pedir una hipoteca por haber tenido un cáncer infantil, no son aptos para tener un seguro de vida”. ¿Aseguradoras  estigmatizadoras? ¿Inmobiliarias maltratadoras? ¿Futuros  mutilados en base al historial médico?

¿Existen ayudas  al cáncer infantil, ayudas a  sus familias? ¿Existe baja por enfermedad  del hijo o hija con cáncer? “Si trabajan los dos uno puede coger la baja, en nuestro caso, al solo trabajar mi marido  y ser autónomo, no recibimos  esas ayudas” explica Sara. Por parte de la Consellería de Educación sí que “recibimos un apoyo muy bueno y es que como Pablo no podía asistir  a la escuela  por estar inmunodeprimido, mandaron dos profesores, uno de Letras y otro de Física” y tuvo la oportunidad de no perder el curso, “eso le daba vidilla, ilusión  e hizo un gran trabajo”. ¿Siguen vigentes estas asistencias con el cambio de régimen en la Administración local?

¿Existe alguna fórmula  para la familia sobrellevar  el cáncer infantil? 

“A mí me funcionó vivir el momento”. 

“Si había que ir al hospital, pues se iba uno con su libretita y sus preguntas  que aclaraba el médico” y siempre “confianza plena cuando decía  esto es preocupante, o este tratamiento va a ser así”. 

El miedo “lo tienes  que tener” pero has de “permitirte  el momento de que mientras tu hijo está jugando te estás tomando un café” y si estudia o está viendo una película, ese tiempo “vivirlo plenamente  y sentir felicidad” porque tu hijo o hija está disfrutando  y tú estás disfrutando a su lado. “¡Vivir el momento! no preocuparse por lo que pueda pasar ni por lo que no está pasando, ¡el momento!”. 

Sara recalca “la calidad humana profesional del equipo de oncología  pediátrica de La Fe (Hospital Universitario y Politécnico  La Fe – València)  donde nos sentimos queridos, apoyados  por grandes profesionales. Se me ocurren buenas palabras para todos, para todas. Para la señora de la limpieza que venía con cariño  y nos preguntaba que ¿qué tal la noche? Para las auxiliares, las enfermeras, los médicos, para todos. Ellos y ellas ayudan a dibujar sonrisas, te están dando una apoyo emocional importante, ¡curan a la gente!”.

Los citados Stuckler y Basu  dictaminan en su ensayo que: “Los departamentos de salud pública  tiene que lidiar con las consecuencias cuando las empresas privadas no protegen a la gente… los programas de salud pública necesitan ser apoyados, no recortados”.        



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