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De la ciudad cordial a la ciudad de los socavones

OPINI脫N de Ricardo Mascheroni

*Estas reflexiones tienen m谩s de una d茅cada.

Desde anta帽o, se conoce a esta capital, como “La Ciudad Cordial”, como distintivo caracter铆stico y motivo de orgullo ciudadano. Lamentablemente este blas贸n ha ido perdiendo su galanura, en m茅rito a errores cometidos, falta de previsi贸n y por la ausencia de una gesti贸n ambiental racional, de larga data.

La d茅cada neoliberal del 90, y su inercia nefasta, mut贸 las reglas del planeamiento urbano, desertando el Estado municipal de una funci贸n indelegable, sentando las bases de previsibles desastres futuros, que ojal谩 no ocurran, y den por tierra con mis apreciaciones pesimistas, en beneficio de todos.

El informe “Geo Argentina 2004", dec铆a: "La gesti贸n urban铆stica de nuestras ciudades sufri贸 dificultades derivadas de la casi inexistente planificaci贸n de mediano y largo plazo y del recorte de las funciones estatales". Las normas urbanas terminaron por aplicarse solo a la clase media ya que "El mercado sol铆a eludir o manipular el control normativo en la producci贸n de h谩bitat para los sectores socioecon贸micos altos, en tanto los sectores bajos no pod铆an cumplimentarlo por su incapacidad econ贸mica"; resultando "baja calidad ambiental de grandes sectores urbanos" y "la inexistencia o m铆nima provisi贸n de servicios". Cualquier similitud con lo que ocurre en Santa Fe, es pura coincidencia.

No se puede desconocer que en la ciudad se est茅n produciendo hechos preocupantes y cada vez m谩s reiterativos, cuyas causas deber谩n determinar con precisi贸n los especialistas de la ciencia competente. Pero, mientras aguardamos esos dict谩menes, expreso algunas sospechas sobre el origen de aquellos impactan negativamente.

Se puede afirmar que la ciudad fue construida sobre terrenos bajos, inundables y una gran parte de ellos ganados al r铆o por rellenos, en la confluencia del Salado con los humedales del Paran谩.

En suelos inestables, con napas y acu铆feros casi superficiales, se desarroll贸 en m谩s de 400 a帽os una ciudad de casas mayoritariamente chatas, que se mantuvo, salvo excepciones, inalterable hasta hace poco, en que la especulaci贸n inmobiliaria consolida la hegemon铆a de la rentabilidad y desde all铆, los edificios en altura surgen como hongos despu茅s de la lluvia, sin evaluaci贸n de impacto ambiental (EIA) previa e integral, que mensurara las consecuencias indeseables que ello podr铆a acarrear a la ciudad.

La falta de previsi贸n y prevenci贸n, el aumento de la densidad poblacional en el microcentro, el deterioro de servicios sanitarios, con pron贸stico de agravamiento y el nulo manejo de las cuencas subterr谩neas llevaron a la aparici贸n, en forma reiterada, de cantidad de socavones de magnitud y dimensiones crecientes, que trastocan el paisaje vial urbano, agravando el ya desmadrado tr谩nsito local.

Esos servicios, con redes de d茅cadas de antig眉edad, m谩s all谩 de los mantenimientos y reparaciones, presentan falencias y por la demanda creciente y la mayor presi贸n de bombeo, traen como l贸gica consecuencia, roturas de ca帽os, con p茅rdidas de l铆quidos y hundimiento de suelos.

El Arq. Osvaldo Guerrica Echevarr铆a, dec铆a: “Las fundaciones de los edificios en altura implican excavaciones de varios metros de profundidad que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es a trav茅s de estas napas que los terrenos a煤n absorbentes acumulan agua y la env铆an al estuario. La red de bases de hormig贸n construidas, constituyen un verdadero dique a la evacuaci贸n del agua, retrasando y muchas veces impidiendo el escurrimiento”.

Posiblemente estos diques subterr谩neos, desv铆en los acu铆feros hacia nuevos cauces que corran contiguo a ductos y ca帽er铆as, produciendo su descalce y los consecuentes socavones, que pagaremos todos, por el dejar hacer, dejar pasar, en materia urban铆stica.

Pese a la vigencia de la Ley Nacional N° 25675, que dispone: Cumplir una gesti贸n sustentable y adecuada de preservaci贸n, conservaci贸n y recuperaci贸n del ambiente. Previniendo efectos nocivos o peligrosos de actividades antr贸picas. Estableciendo mecanismos adecuados para la minimizaci贸n de riesgos y  emergencias ambientales y  la recomposici贸n de da帽os. Y que toda obra o actividad susceptible de degradar el ambiente estar谩 sujeta a un procedimiento de evaluaci贸n de impacto ambiental previo, que deber谩n ser autorizados o rechazados por las autoridades. Las calamidades ocurren.

Es evidente que poco de lo prescripto se ha cumplido, menos la obligaci贸n de informar ambientalmente a la comunidad mediante audiencias p煤blicas como instancias "obligatorias" para la autorizaci贸n de actividades que puedan generar efectos negativos y significativos sobre el ambiente.

Espero que se tomen las previsiones del caso, que eviten tener que llorar sobre la leche derramada, en este caso el agua.

Ricardo Luis Mascheroni-2026


 


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