
Londres, 2 ene (SANA) Millones de niños en distintas partes del mundo padecen graves secuelas psicológicas como consecuencia de las guerras y conflictos prolongados que han vivido, una realidad que refleja la magnitud del miedo y la violencia a los que han sido sometidos.
Un informe publicado hoy por la Corporación Británica de Radiodifusión (BBC) señala que los conflictos armados que afectaron a millones de menores dejaron una huella profunda en sus vidas y en el desarrollo de sus personalidades.
Estas experiencias se manifiestan en múltiples formas de sufrimiento, como el deterioro de la salud mental, depresión, aislamiento, miradas perdidas, ansiedad extrema, hipervigilancia y un estado permanente de alerta ante posibles amenazas, además de recuerdos intrusivos, pesadillas y tristeza persistente.
Cifras alarmantes
La BBC citó un análisis elaborado por el Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, basado en registros de conflictos y datos demográficos, que pone de relieve la magnitud de la crisis.
Según el estudio, en 2024 alrededor de 520 millones de niños vivían en zonas de conflicto, lo que equivale a uno de cada cinco niños en el mundo.
Michael Blois, profesor de Psicología en la Universidad de Surrey, al sur de Londres, afirmó que las evidencias procedentes de diversos estudios son contundentes y demuestran que la exposición a la guerra y al desplazamiento forzado está asociada a un mayor riesgo de padecer trastornos psicológicos.
No obstante, subrayó que las reacciones de los niños varían considerablemente, ya que influyen factores como la duración de la exposición al trauma, si el menor sufrió heridas físicas, perdió a un familiar cercano, presenció su muerte o resultó herido, y si posteriormente contó con seguridad física y apoyo psicológico.
Ejemplos dolorosos
El informe destacó el sufrimiento de niños en Gaza, Siria, Sudán y Ucrania en los últimos años, tras perder a familiares, presenciar escenas de muerte, sangre y restos humanos, o sufrir ellos mismos heridas graves que derivaron en amputaciones o discapacidades permanentes.
Estas situaciones los privaron del juego y del movimiento, y se tradujeron en altos niveles de síntomas de trastorno de estrés postraumático y duelo.
La profesora Theresa Betancourt, autora del libro “De las sombras a la luz”, que aborda las experiencias de niños reclutados en conflictos armados, describió esta situación como “la mayor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial”.
Advirtió que el trauma psicológico deja efectos a largo plazo, ya que puede afectar al desarrollo del cerebro en la primera infancia, con consecuencias duraderas en el aprendizaje, el comportamiento y la salud física y mental.
El trauma entre generaciones
Sobre la posibilidad de que el trauma se transmita a generaciones posteriores, Blois explicó que existen indicios de una transmisión intergeneracional, que se produciría principalmente a través de prácticas sociales y del entorno familiar, más que por mecanismos biológicos directos, aunque también hay señales de factores genéticos no epigenéticos.
Por su parte, Metin Başoğlu, director del Centro de Ciencias del Comportamiento de Estambul, señaló que ciertos rasgos temperamentales heredados pueden hacer que algunas personas sean más vulnerables frente a experiencias traumáticas.
A su vez, Simon Wessely, expresidente del Colegio Real de Psiquiatras, afirmó que el entorno educativo y familiar influye en la gravedad del trastorno de estrés postraumático.
Una crisis familiar
Los expertos coinciden en que el trauma es, ante todo, una crisis familiar, ya que no afecta solo al niño, sino también a los adultos a su alrededor. Betancourt explicó que cuando el cuidador sufre sus propios traumas, puede perder la capacidad de proteger al menor.
Investigaciones de Blois muestran que las condiciones familiares fueron un factor determinante en el 80 % de los niños que desarrollaron más de un trastorno psicológico, y que el acceso a vivienda segura, alimentación y educación es un indicador clave de la salud mental.
El papel de los padres
Los especialistas subrayaron que el rol de los padres es fundamental. Los niños que cuentan con un entorno social de apoyo o acceso a la escuela muestran una mayor capacidad de adaptación.
Asimismo, la reacción de los padres ante los bombardeos, ya sea transmitiendo pánico o brindando calma, tiene un impacto directo en la intensidad del trauma que experimentan los menores.
Tratamiento y apoyo
Los expertos insistieron en la necesidad de tratamiento psicológico, medicación cuando sea necesario y un apoyo continuo por parte de la familia y el entorno cercano, así como en ayudar a los niños a recuperar la sensación de control.
El profesor Başoğlu destacó la importancia de la terapia conductual centrada en superar el miedo, señalando que ayudar a los niños a adaptarse gradualmente, por ejemplo a dormir solos, ha demostrado mejorar las respuestas asociadas al temor.
Los especialistas hicieron un llamado a la intervención terapéutica temprana y a la creación de entornos estables y seguros, con oportunidades para la educación y el juego.
El informe concluye advirtiendo que, mientras las guerras continúan sin tregua, los niños atrapados en ellas siguen enfrentando una tragedia constante sobre la que no tienen control, y que los esfuerzos terapéuticos no podrán resolver la raíz del problema mientras persista la guerra misma.
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