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¿Por qué?

MUJERES SABIAS Y BRUJAS

Teresa Mollá Castells

Cuando desde el feminismo hablamos de derechos de las mujeres, nos referimos a TODAS las mujeres, estén en la situación que estén y tengan la edad que tengan.

Digo esto porque estamos observando cómo, con el paso de los años, las mujeres mayores comienzan a volverse invisibles, socialmente hablando e incluso me atrevería a decir que, en algunos casos, de no ser necesarias para poder conciliar la vida de sus hijas e hijos, también llegarían a serlo a ese nivel.

En una sociedad ferozmente capitalista en donde lo que prevalece es el tanto tienes, tanto vales, o la capacidad de producción que se pueda tener, nos encontramos con que desde el propio sistema se está favoreciendo la invisibilización de la gente mayor.

Y dentro de esa invisibilización general existe la genérica que oculta a las mujeres mayores, sencillamente las sigue usando para poder seguir explotando laboralmente a sus hijas e hijos. Como las jornadas laborales no están pensadas para conciliar, quienes cuidan a las criaturas son las mujeres mayores.

Otra forma de ocultación es la de las pensiones que cobran sobre todo las más mayores que tuvieron prohibido trabajar después de casadas gracias a la normativa que aprobó el dictador fascista, quien las quería enjauladas en casa, pariendo y cuidando de la familia, pero sin ninguna posibilidad de trabajar, salvo en honrosas excepciones. Obviamente ahora tienen pensiones propias muy bajas o de viudedad que también siguen siendo bajas.

Si entramos en el campo de la publicidad, ya lo imagináis. El modelo que seguir ha de ser el de mujer joven, con una estética determinada, aparentemente empoderada, poco activista, por aquello de seguir domesticada y a la que sobresale un poco, como por ejemplo las que no quieren ser madres, se las critica socialmente e incluso políticamente. Recordemos a aquel ministro al que desde el movimiento feminista se consiguió hacer dimitir por intentar modificar la ley del aborto y hacerla mucho más regresiva, que se llamaba Ruíz Gallardón y que hizo declaraciones en las que afirmaba que “«La maternidad libre hace a las mujeres auténticamente mujeres». Ahí es nada la burrada que soltó aquel señor. Claro que era tan fascista que de verdad lo pensaba.

Algunas marcas han descubierto lo lucrativo que puede ser un mercado, por ejemplo, el cosmético incidiendo en lo inclusivos que son al utilizar materias específicas para la piel de las mujeres mayores. Léase cremas, maquillajes, perfumes, etc. Y la “inclusividad” está de moda. Y lo está porque es rentable para el capitalismo y por eso la ha puesto de moda.

Las grandes firmas de ropa también hacen desfilar en sus pasarelas a alguna mujer madura, estupenda, por supuesto y a alguna mujer con sobrepeso para demostrar lo inclusivas que son a la hora del diseño. Pero como vamos viendo, todo es puro mercado de intereses. No importa cómo seas, lo que importa es que nos compres. De nuevo el engaño y la mentira con el objetivo de mercadear.

Vamos a otro tema peliagudo: La justicia. Entremos en harina. Si partimos de la base de que las leyes españolas están basadas, al ser negociadas y aprobadas, en el pensamiento judeocristiano imperante todavía, será lógico que su interpretación y aplicación sigan el mismo patrón judeocristiano.

Por supuesto en esa interpretación la voz de las mujeres pierde importancia en favor de las voces masculinas siempre preponderantes, incluso en las conversaciones entre amigas y amigos. Si a eso le sumamos la tradicional sumisión de las voces femeninas de las mujeres mayores a las de sus compañeros, maridos, hijos, etc., nos encontraremos con el silenciamiento sistemático de sus voces y, por tanto, que sus opiniones no sean tenidas en cuenta y por tanto son silenciadas.

Otra consecuencia de este silenciamiento es la infantilización que sufren muchas mujeres mayores por parte de sus descendientes cuando ya no son útiles como cuidadoras y necesitan sus cuidados. Pasan de ser cuidadoras vitalicias a tener que necesitar cuidados y esto a veces (en demasiadas ocasiones diría yo) se confunde con una infantilización de una señora mayor que ya no tiene ni la fuerza ni la capacidad para valerse por sí misma. Y es muy injusto para ellas ya que pone en jaque sus capacidades de las que se han servido, tanto ellas como sus familiares, a lo largo de su vida.

Sería muy justo que socialmente se reconociera ese trabajo silenciado a lo largo de sus vidas y que las respetáramos como lo que realmente son: mujeres mayores que dedicaron sus vidas a sus familias. Solo por eso ya deberían merecer todo nuestro respeto.

         Ben cordialment,

         Teresa


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