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Solo la muerte y la falta de municiones consigui贸 apagar la resistencia

Nos batimos ah铆 contra los aviones que estaban ametrall谩ndonos. A pesar de que nuestro armamento era m谩s peque帽o no dejamos de pelear, nos enfrentamos
A pesar de su ventaja de fuego, estoy seguro de que les hicimos bajas. M谩s de las que ellos reconocen. Nos batimos duro. Seguimos tirando hasta que casi todos fuimos cayendo, muertos o heridos
No fue un combate r谩pido, ni f谩cil, como en principio intentaron hacer creer Trump y sus secuaces

Testimonio de un cubano sobreviviente al ataque yanqui contra Venezuela

Comunistas Cuba

Como es sabido, en el ataque yanqui para secuestrar a Nicol谩s Maduro murieron combatiendo 32 cubanos. No importa si estaban defendiendo un gobierno con el cual no comulgamos sus ideas y programa: murieron luchando contra una invasi贸n imperialista y es por ello que todo comunista les debe rendir honor. Sin embargo, muy poco se sabe de lo sucedido. Evidentemente debi贸 haber una traici贸n. Este testimonio, m谩s all谩 de lo anecdotal, confirma que como m铆nimo hubo una filtraci贸n. El texto, original de Ignacio Ramonet, fue tomado de su perfil en Facebook.

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Yohandris Varona Torres llevaba dos meses y seis d铆as como integrante de la Seguridad Personal en Venezuela cuando ocurri贸 el ataque, la experiencia m谩s intensa en 23 a帽os de servicio militar, justo en su primera misi贸n internacionalista.
Pero aquel s谩bado 3 de enero se torn贸 fat铆dico. A las 12 de la noche se puso en su posici贸n, le correspond铆an seis horas de guardia. Y aunque todo se ve铆a tranquilo Yohandri sab铆a que el mayor peligro estaba en confiarse. Por eso cumpl铆a su guardia con un celo rayano en el exceso.

Eran cerca de las dos de la ma帽ana cuando vio al primero de los helic贸pteros del grupo de comandos estadounidenses que esa madrugada desembarcar铆a en Caracas para secuestrar al presidente Nicol谩s Maduro.

Apenas tuvo tiempo de salir de la posta en la que cumpl铆a el servicio de guardia para parapetarse a unos metros de distancia y comenzar a disparar. A esa decisi贸n, o a la suerte, le debe la vida. Como si se guiaran por un plano de exactitud milim茅trica los atacantes dirigieron su fuego contra la caseta que hasta solo unos segundos antes hab铆a ocupado.
«Ten铆an mucho m谩s poder de fuego que nosotros, narra Yohandri, que solo cont谩bamos con armamento ligero. Lo otro a su favor es que parec铆an saber d贸nde quedaba todo. As铆 le tiraron a las postas y a los dormitorios donde est谩bamos los cubanos y lograron matar, entre los primeros, a los jefes».

Unos 23 a帽os de experiencia en la Direccion de Seguridad Personal tiene este primer suboficial, nunca hab铆a vivido nada ni parecido. Pero en el entrenamiento le hab铆an ense帽ado bien y esa madrugada vaci贸 cargador tras cargador disparando contra los enemigos. 

«Hab铆a que tirar y tirar. Defender y matar», sentenci贸.

 “Nos batimos ah铆 contra los aviones que estaban ametrall谩ndonos. A pesar de que nuestro armamento era m谩s peque帽o no dejamos de pelear, nos enfrentamos. Tengo mi preparaci贸n y s茅 c贸mo combatir, pero eran superiores a nosotros. En ese momento mi 煤nico pensamiento fue batallar. Hab铆a que tirar y empec茅 a hacerlo.”

«A pesar de su ventaja de fuego, a帽adi贸, estoy seguro de que les hicimos bajas. M谩s de las que ellos reconocen. Nos batimos duro. Seguimos tirando hasta que casi todos fuimos cayendo, muertos o heridos».
No fue un combate r谩pido, ni f谩cil, como en principio intentaron hacer creer Trump y sus secuaces. Con el paso de los d铆as se ha ido confirmando que solo la muerte y la falta de municiones consigui贸 apagar la resistencia de los cubanos.

Yohandry recuerda todo con una lucidez terrible. Sus ojos parecen repasar una a una las im谩genes. Llora. Llora de rabia. 

Nunca podr谩 olvidar el enfrentamiento, dice, pero sobre todo las horas posteriores, en que los sobrevivientes del grupo debieron trasladar los cuerpos de sus compatriotas ca铆dos.

«Los cargamos y llevamos hacia un edificio, que hab铆a sufrido da帽os pero nos permit铆a guarecerlos. Fue muy duro, porque eran hombres a los que conoc铆amos, con los que hab铆amos convivido hasta pocas horas antes. Pero los llevamos a todos, no abandonamos a ninguno.

«Cuando empiezan a caer las bombas en lo 煤nico que se piensa es en combatir. Est谩bamos all铆 para eso y fue lo que hicimos. Solo me queda el dolor de que no pudimos pararlos. Y este dolor, dice mientras se golpea el pecho, tengo que desquit谩rmelo con el enemigo».

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