OPINIÓN
Carlos Luna Arvelo
“…con su particular estilo de matón, Trump ha colocado en sus redes sociales “Este es nuestro hemisferio”, refiriéndose a Latinoamérica, mostrando el presunto “destino manifiesto” del país americano, que quiere impedir a toda costa el ascenso de China. Luego de la delincuencial incursión en Venezuela -evasor fiscal, mentiroso, violento, golpista, misógino, pedofílico, supremacista y ahora secuestrador- pudo decir altanero: “Primero fluirá el petróleo. La democracia puede esperar”, declarándose presidente del país caribeño (SIC). Con impunidad anuncia que seguirá golpeando donde tenga que golpear. “Yo soy un dictador, pero a veces se necesita a un dictador”, expresó altivo y desafiante en la cumbre de Davos. Para muchos todo esto lo pone en la calidad de “enfermo mental”. No parece. Sucede como fue la historia con Hitler: un “loco” con ideas bastante delirantes, pero absolutamente funcional a la oligarquía dominante. ¿Quién es esa élite que manda en Estados Unidos? Un pequeño puñado para el que trabaja Trump, con un estilo “loco”, pero funcional a quienes realmente están tras las decisiones: los tecnomagnates de Silicon Valley -que pueden saludar con el gesto nazi con total impunidad-, los acaudalados banqueros de Wall Street, el omnipoderoso complejo militar-industrial, las grandes petroleras”
Marcelo Colussi La hora de los depredadores: el capitalismo se sacó la máscara, Rebelión29-01-2026
Los bombardeos a lancheros en el Caribe que dejaron 108 “ejecuciones extrajudiciales”, entre septiembre y diciembre 2025, fueron parte de la estrategia imperial que a medida que pasan los días va quedando al desnudo.
La “lucha antidrogas” y la campaña de criminalización contra el presidente Nicolás Maduro, imponiendo una recompensa por él y por los dirigentes destacados de su gobierno, señalándolos de ser miembros del Cártel de los Soles, por parte del gobierno de Donald Trump no fueron más que parte del escenario en el que se enmarcó el “relato” que, al día de hoy, desestiman porque saben que judicialmente no existen pruebas que demuestren fehacientemente ninguna de las acusaciones infundadas contra el gobierno venezolano.
Lo que si se ha mantenido y continúan al día de hoy es la agresión del imperio estadounidense contra Venezuela. Después del bombardeo a Caracas y otras ciudades, la madrugada del 3 de enero de 2026, además del secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, dejando más de 100 personas asesinadas, es evidente que el “imperio decadente” apela a la agresividad y al terrorismo, basado en la supremacía tecnológica-militar, como único medio para mantener su hegemonía en el continente.
El “experimento” de recolonizar a Venezuela, que ha puesto en marcha Trump y su gobierno, con el único objeto de controlar la comercialización del petróleo venezolano, condicionándolo a sus intereses geoestratégicos desconoce los principios de independencia, soberanía, derecho internacional imperantes en el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial en1945.
Venezuela no declaró la guerra a los Estados Unidos, después de los hechos del 3 de enero, por la sencilla razón de que la avasallante supremacía tecnológica-militar estadounidense ha derrotado militarmente cualquier posibilidad de respuesta bélica venezolana ante la brutal agresión cometida contra el país suramericano.
No es la primera vez que un gobierno de los EE UU secuestra a un Presidente, ¿acaso alguien recuerda el caso de Jean-Bertrand Aristídes, secuestrado en febrero de 2004? Eran tiempos de George W. Bush en la Casa Blanca y destacaban en Washington: Colin Powell, Donald Rumsfeld y Roger Noriega, pero mientras Jean-Bertrand Arístides, presidente de Haití, denunció un secuestro forzado por militares estadounidenses, Bush y su gobierno declararon que fue una “renuncia voluntaria y una evacuación asistida por seguridad”.
Pero lo que si es nuevo en el escenario mundial de hoy es la estrategia de Seguridad Nacional de los EE UU 2025, según la cual la soberanía de otros países es negociable si sus políticas o alianzas chocan con los intereses de Washington. Esta nueva doctrina plantea que EE UU al contar con una fuerza militar considerada la más letal y poderosa, se reserva el derecho de usar dicho poder de manera preventiva y unilateral, especialmente contra países pequeños. Exactamente lo que ha ocurrido con Venezuela y su gobierno, estos primeros días del año 2026.
Así, cada día es más claro que, el secuestro del Presidente venezolano por parte de los EE UU y la posterior imposición de una especie de “gobierno transitorio” venezolano, regentado desde la Casa Blanca, solo busca controlar la venta del petróleo venezolano y poner límites a la presencia China, rusa e iraní en Suramérica.
Pero el fascismo que bombardeo a Caracas y otras ciudades venezolanas y que pretende “tutelar” al gobierno venezolano desde la Casa Blanca, es el mismo que amenaza a Groenlandia, a Canadá, a México y a Colombia.
Y no se distingue en nada del fascismo que sigue llevando a cabo el genocidio en Gaza, la alianza sionista israelí-estadounidense, con un saldo de más de 70.000 palestinos asesinados, de los cuales más de 20.000 fueron niñas y niños. Tampoco se distingue mucho del fascismo que viven los migrantes ilegales en los Estados Unidos hoy victimas de la feroz persecución del ICE, en la brutal campaña que ya ha ocasionado la ejecución a balazos de dos estadounidenses que públicamente se oponían a las brutales actuaciones policiales contra las cacerías de inmigrantes en Minneapolis.
Muchos predicen una tercera guerra mundial, pero algunos afirman que ya entramos en ella y que la Humanidad enfrenta nuevamente la barbarie que toda guerra supone. Ciertamente Tik Tok, Instagram, X, Netflix, la IA mantiene a millones de seres humanos distraídos y muchos ni se enteran de los desafíos que vivimos como especie en los días que transcurren.
Carlos Luna Arvelo.
