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Ángel Padilla y la literatura animalista

OPINIÓN de Ángeles Sanmiguel

“Nombrar hoy veganismo y liberación animal sigue siendo un suicidio artístico”, declara el escritor Ángel Padilla quien afirma que integrantes de la denominada literatura crítica mayoritariamente son especistas camuflados. 

Con cadenas  y flecos de color rojo sangre en los brazos, evocando la tortura, sacrificio  y esclavitud a la que  el ser humano somete al resto de especies, Ángel Padilla, “el poeta de los animales”, presentaba su última criatura, un thriller fantástico pro vegano titulado  Humanzee, la novela culmen de una trilogía. 

Escritura punzante y defensa numantina de ideales le definen como a otras plumas que vadean calamitosamente entre tumultos de  intereses editoriales y censura de mandamases empresariales. 

Ganador  del Premio Ignotus  2008 a la Mejor Novela Corta  de Fantasía y Terror, Padilla, con mirada  envuelta  en antifaz carmesí  y melena suelta, el pasado veintinueve de enero, estampó su personalidad literaria en cada centímetro cuadrado del foro FNAC València. 

“Siempre pienso mis novela como poemas” declaró tiempo atrás el también cinéfilo Padilla.   

El arranque del acto fue para, -“yo la llamo  la bestia”-, comentó refiriéndose a Sandra Martínez -La Madueño-, bailarina castellonense colaboradora asidua  del poeta. “Siempre acompaño a Ángel, hoy ha sido todo improvisado, siempre lo hago diferente”.  Vegana, animalista y activista con su cuerpo y sentimiento bailó,  filigraneando mantón azabache en mano, recordando a  las víctimas que padecen tortura en ruedos y calles, en festejos  de espantosa crueldad. “Los que amamos  a los animales, los sentimos”. Rememora que en Huelva, en el teatro municipal Juan Alonso de Guzmán,  bailó la canción Toro de John Conde y el poema de Ángel Padilla, grabación epilogada con palabras del citado guitarrista: “Toro es un grito por y para la libertad de todos los seres vivos. Un crítica al feroz apoderamiento  de una cultura que a nadie pertenece y, además, se mal interpreta. La vida es lo más importante, es un derecho de todos  los que habitamos este planeta”. 

“Este planeta, ¿quién cojones lo ha fabricado?”, preguntaba el escritor castellonense, defensor de los animales, Manuel Vicent.

¿Oposición draconiana a las nuevas  relaciones de respeto para con los animales no humanos? ¿Religiones monoteístas relegándolos  a la cosificación, a la mera posición de servicio, a ser herramientas? 

En Humanzee, ilustrando la portada en formato libro, una cebra con rayas azules  a orilla del mar mantiene una pata encadenada, -“se la ve tan sola y perdida”-. Humanzee cruzará el charco para llegar al mercado lector de Ecuador y México donde Padilla es ampliamente reconocido.

“Alguna profesora me había dicho que debía  dejar de tener tantos amigos  animales y centrarme más en mis amigos personas”, relataría al ser entrevistada la arquitecta y dibujante barcelonesa  Gemma Gené

El evento literario se encuadraba a su vez en el veinticinco aniversario de ASPAC (Amigos de los Animales de Castellón). “Conocí a la presidenta Iratxe,  sin Iratxe  yo no estaría aquí y ella lo sabe”. Iratxe Arruti letrada animalista profesa firmemente “la defensa de los derechos  fundamentales como principio  jurídico y ético para todos los animales, humanos y no humanos”, en base a ello siempre ha entendido su trabajo “como una lucha  contra las injusticias, aunque la justicia jurídica  no es la verdadera Justicia, pero es una herramienta  que tenemos en nuestras manos  los juristas y debemos utilizarla”.

¿Qué es el preconizado bienestar animal, el bienestarísmo?  “El llamado bienestar animal no es tal, sino una forma  de que los animales humanos se sientan cómodos con respecto al maltrato que se infringe  al resto de animales”, sentencia Arruti. Pero entonces,  ¿existirá  en algún tiempo venidero la “protección jurídica” efectiva de los “animales como seres individuales sujetos de derecho” allende la afectividad? “El propio sistema jurídico es una ficción para la defensa  de los animales”, detalla Arruti añadiendo que “los animales no son instituidos  como sujetos de derecho, como individuos merecedores de los derechos más básicos como la individualidad, la libertad y la vida”. ¡El ser humano les roba todo! 

Representantes de Plataforma Defensa Animal, Youth Climate Save València,  València  Animal Save y Liberta estuvieron  presentes en el acto multidisciplinar animalista donde ingenio y sutileza, emoción y racionalidad, circunspección y ludismo, experimentación verbal, lirismo y asombro, animismo y poética del sufrimiento se compendiaron con arte, con un “menú artístico impresionante” por “todos estos animales que están en las trincheras” sin exclusión alguna.  

“El animal es una vida que se cumple, que canta, que vuela, que sufre sin duda o que se siente  dichosa bajo el sol o a la amortiguada luz de la luna”, recoge el escritor Antonio Gala  en una de sus obras. 

Gente en la vanguardia  artística   como Los Canailla, (Alma, Axel y Mauro), tres estudiantes del bachillerato escénico musical, asiduos  a castings,  conceptúan  sus escenificaciones  bajo  la crudeza  de los mensajes que  en su recalcitrante  juventud les rodean. 

¿Batallando  contra la comercialidad de “historias planas”? 

Dos chicos y una chica  asemejando  el mercadeo de una víctima la plasman crudamente: “Si te portas bien comes. Ni una puta palabra. ¿Es pura? Bueno pues todo en orden, firmemos el contrato. Soy sólo mercancía y me duele”. Interpelando Los Canailla al final de la performance: “Esta  es la realidad de muchos animales, ¿lo ves normal?”.

“Los jóvenes nos pegan mil patadas, están desarrollando a lo grande”, afirma Padilla.

“Mis gatos son como mis hermanos: Filomeno, Verónica y Raimon, a mí me  encantan los animales  y también somos casa de acogida, siempre hay animales que necesitan ayuda”. La inocencia nos enseña, ¡aprendamos  de una vez por todas! El violinista Bruno Ferris de nueve años, alumno del Conservatorio, actuó enorgulleciendo al literato.

¡Basta ya de especismo! 

“Hemos cuidado una paloma, un vencejo, golondrinas….”. El hogar de Bruno ampara animales  que si “vienen muy malitos, mi padre y mi madre los curan y yo  les doy mucho cariño”. Al igual que su familia Bruno no come “nada que tenga que ver con hacer  daño a los animales” pero la realidad de los menús escolares no contempla el veganísmo. “En el cole  no hay menú vegano  y mi mamá tiene que pagar  el mismo menú  que todos los niños, a mí me gustaría que en todos los coles  hubiera un menú vegano para quien lo quiera”.

Pitágoras, filósofo griego, clamaría: “¡Ay, qué maldad tragar carne en nuestra propia carne, engordar nuestros cuerpos codiciosos atiborrándolos de otros cuerpos, hacer que una criatura viva se alimente  se la muerte de otra!”. 

“Hay muchos niños  que no queremos  que se haga daño  a los animales”. Bruno ha tocado en manifestaciones antitaurinas, en la de Algemesí (València) conoció  a Ángel Padilla. “Allí, en una semana, matan unos cuarenta toros, y me da mucha pena y mucha rabia, este año toqué una canción  para los toros que iban a morir”. 

¡Cuanto tiene la sociedad adulta que aprender  de la infancia! ¡Cuanto respeto le debe! Y cuanto  rehúye a tal enseñanza.

“Algunas excursiones  escolares nos desvinculan, otra vez de nuestra empatía natural, vendiéndonos como animales felices  almas en pena, encerradas y explotadas, y situaciones de abuso  y maltrato como necesarias e imprescindibles” (granjas escuelas, acuarios…), denuncia la cuentista Paula Ramos

Sobre el poeta andaluz y Premio Nobel  de Literatura Juan Ramón Jiménez, autor de Platero y yo, Ángel Padilla subrayaría: “Él nos confiesa que ahora es vegano, porque se lo pidió Platero”.  

¿Cuántos millones de personas  comen cadáveres alardeando que aprecian a las víctimas? 

El ocultamiento de las realidades –incluida la antropológica- es de tal magnitud que las pautas de cosificación animal pasan intergeneracionalmente consensuadas, normalizadas, respaldando a macha martillo inicuas e interesadas industrias  engarzadas  como rutilantes gemas  en  la corona del consumismo  necrófago capitalista.  

Gary Francione abolicionista y referente  de la literatura antiespecista formuló que “Si no somos veganos, somos ciertamente explotadores”. El Roto (Andrés Rábago), dibujante español, proclama que “nos estamos comiendo el maltrato que damos a los animales”.        

Rodeado  de activistas Padilla recitaría Te quiero, poema vegano: “A pesar de la vida que nos ha traicionado. A pesar de este miedo. Yo te quiero, te quiero”, colmando  el climax  la  vídeo-actuación  del rockstar valenciano Txua, creador  del homenaje musical  a las víctimas de la DANA titulado Ángeles de barro. 

Txus Bixquert, cantante  y guitarrista  de The Phantoms, integra  esa otra onda  donde  la cultura lúcida no se arredra al confesar respeto animal. Baladista, blusero y rockero reconoció que le “encanta que tengan el valor” -los antiespecistas, animalistas- de mostrarse ya  que “¡hoy en día  tener principios es jodido!”. 

Nacido en Xirivella (València), granota e ilustrador,  Bixquert interpretó  al  alimón con Padilla La Guerra  del Gato, obra conjunta, himno que tiempo atrás abanderó la manifestación contra una matanza de gatos: “Tengo garras de gato. Siempre fuisteis seres pequeños. Y tú eres mi enemigo. No huiré, te desgarraré, me defenderé y no caeré. Miro expectante desde las tejas. No huiré, te desgarraré, me defenderé y no caeré”.  

¡Que no! ¡Que no caeremos!  

Tras treinta años  como activista animalista  antiespecista la letrada Arruti considera muy difícil  determinar  cuáles  son los casos más despiadados con los que se ha topado. “Todos los caso de crueldad animal  son sangrantes”. Siempre es  apremiante y terrible “intentar un decomiso para poder rescatar a los animales rehenes  de sus maltratadores”. ¿Por qué sigue siendo un hándicap conseguir una condena “en nombre de aquellos que han  sucumbido al maltrato, sabiendo que nunca tendrán una segunda oportunidad”? ¿Cómo poder superar una vez tras otra “la impotencia de no haber llegado a tiempo”? Eso “es algo  nunca se olvida”. 

¿Quién pagará por aquél “pobre perro que murió solo  encadenado a una cama, en un  domicilio rodeado de vecinos, vecinos que denunciaron los ladridos y aullidos hasta que dejaron de oírlos  y ya no les molestaba, vecinos que volvieron a llamar a la policía únicamente  cuando comenzaron  a encontrarse molestos  por el olor que venía de ese domicilio”? 

O aquellos titis que se compraban y vendían “a los ojos de todos en las redes, animalitos grotescamente  vestidos con ropitas y pañales, como si se tratara de muñecos  sin vida propia”. 

“Recuerdo un gatito  dócil que fue la diversión de unos niños, una noche, cuando en su urbanización de altos vuelos  decidieron prenderle fuego y disfrutar con su muerte”. 

“Recuerdo los cachorros de león  que un circo utilizaba para sacar fotografías  con niños y familias que acudían al espectáculo, cachorros que no  tenían el desarrollo apropiado a su edad”. La bióloga Rosa Más  puntualiza que “gracias a ella –a Iratxe Arruti- se han acabado con los circos con animales”

Así, una y otra vez,  la memoria  de Arruti  se llena  de  terrores. “Recuerdo un accidente de tráfico de un camión de transporte de animales vivos, en el que las grúas elevaban a los animales heridos y agonizantes  para sacarlos de la vía  y reanudar el tráfico”. 

“Recuerdo  las granjas en las que centenares de animales  morían ahogados  cada vez que había una inundación, año tras año,  con la consiguiente  indemnización a sus propietarios”. 

Ramón Gómez de la Serna, escritor y periodista español, en una de sus inefables greguerías  estableció que “En el almanaque de las gallinas todos los días  conmemoran los innumerables  mártires  y los pobrecitos inocentes”.

Sheila Albelda (Aurora Tetuán), cantante valenciana que  se niega a actuar en fiestas  populares donde se maltratan animales, imprimió quejío a la romanza  de Padilla. Estrofas  intensas para desgarradoras imágenes contempladas en  cosos  donde  el chirigoteo  y la fanfarria  disfrazan el agónico martirio de asustados, golpeados, drogados, vejados y cosificados herbívoros sintientes  que lloran de dolor en su sacrificio público  sobre el albero. “Tan sólo ayer tus manos eran flores. Y ahora torero soy sangre y miedo. Y ahora en este duelo soy tu juego. Romeo de la muerte ven a ver  a tu Julieta. Has escrito con mi sangre rojos versos. Pintor de la tristeza ven a ver  tu nueva obra. Tu amor de banderillas  y tortura. La espada de tu arte asesino”.

Albelda recuerda que  fueron “los primeros  locos  que estábamos manifestándonos cuando toreaban”. Que viajó a Galicia para protestar contra la caza del lobo y se desnudó  en una performance antitaurina de AnimaNaturalis. 

¿Morfología gramatical en la literatura animalista  para transmitir  crueles silencios? 

Salvador Raga, licenciado en Derecho, fundador y director  de la Fundación Vinatea Editorial, ferviente de los animales, confesaba al público: “En mi casa  mandan los gatos”. Ejemplo vivo y triunfal del multitasking (multitarea), se preguntaría: “¿Qué cojones me falta por hacer?”. Ser editor “es una profesión de riesgo como ser de la Confederación del Júcar, somos succionadores de talento” aumentando  cada temporada su catálogo, zanjando que como en cualquier trabajo  “uno tiene que salir llorado de casa”.  En 101 Valencianos… ¿Héroes o villanos?, Vinatea publicaría un relato de Padilla. 

“La Literatura y el animalismo  son valores que necesitan ser voceados, quienes no lo comprendan no hablan nuestro idioma”, afirmo el también  presidente de la Asociación Cultural Via Vicentius Valentiae-Gogistes Valencians y bloguero cultural  al ser entrevistado. 

“¡Desgraciadamente  estamos rodeados  de canallas!”. ¿Acaso no “somos capaces  en la medida de lo posible de hacer un mundo mejor”? 

Arruti, al igual que una inmensa cantidad de seres humanos  están  en  el vórtice  animalista navegando entre la implacable desinformación general y la comodidad que otorga cualquier  brutalidad especista. Como letrada y presidenta de ASPAC, habitualmente colabora con entidades como ANADEL (Principado de Asturias), EQUINAC (Andalucía) y LIBERTA (País Valencià). Animales CITES (Convención  sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre) han podido  salvarse  con sus actuaciones colectivas. Han rescatado y reubicando leones de circos y felinos, colaborando activamente con el SEPRONA en “denuncias por captura de animales en peligro de extinción”. El proyecto CER (Captura, Esterilización, Retorno)  de colonias felinas ha contado con su asesoramiento.  “En el ámbito legislativo, en colaboración con otras entidades, hemos presentado constantes alegaciones  y aportaciones a los distintos proyectos de ley que se han ido proponiendo, tanto estatales  como  de Comunidades autónomas”. 

¿Literatura animalista como género cualificado?  ¿Cuándo las librerías tendrán  una sección exclusiva?

Padilla transita por el orgánulo fundamental  de la cultura  asociando cuanta proteína  existe: Eva Oz, fotógrafa gallega, plasmó  con su cámara al literato, tratadista y congresista animalista. Paco Catalán, viñetista animalista,  le sigue  en su circuito digital. El guitarrista valenciano Toni Cotolí ha musicalizado su poema  Laura los Pueblos. La banda sonora  de la película All About Ava, de Santi Serdá,  cuenta con la letra de Balada para Regina. Su obra Los hijos de Romeo y Julieta contó con la dirección de Pepa Zanón (profesora de la Escuela Superior de Arte Dramático de Valéncia). Su poemario antitaurino La guadaña entre las flores ha alimentado  canciones y espectáculos de danza. Su obra de teatro Lidia fue representada en México y,  desde cátedras de Ciencias de la Información,  recomiendan la  lectura del creador.

“Padilla está  en posesión de una de las mejores prosas de su generación  y de la que le precede”  afirma  Manuel García Viñó  en su ensayo La novela española del siglo XX. 

¿Podrá la literatura sobrevivir  a la idiotización general?

¿Podrá la sociedad idiotizada evitar la involución a la caverna platoniana?

¿Podrá la humanidad valorar  y defender la vida de los demás animales impidiendo su extinción  y transanimalismo? 

“Las personas sensibles  que se encuentran ante el maltrato  de un animal  quieren que el maltrato acabe, que ese animal sea rescatado, pero cuando se necesita  que testifiquen, que se muestren con nombres y apellidos  en un  procedimiento penal, o incluso administrativo, es demasiado habitual  que eludan implicarse”, concluye Arruti. A veces es por “miedo al maltratador, por temor a lo que pueda ocurrirles  a ellos o a los animales  que conviven con ellos, o, simplemente, por no tener problemas”.

Citando nuevamente a Gómez de la Serna, apuntar otra de sus greguerías: “Lee y piensa que para no pensar tienes siglos”



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