Organizaciones sociales y colectivos de la diversidad se movilizan en Buenos Aires para denunciar el car谩cter fascista de las pol铆ticas oficiales.
A pesar del fuerte aparato represivo y el desgaste econ贸mico que afecta a la ciudadan铆a, la marcha mantiene un car谩cter «pluricoral». Foto: P谩gina 12.
Este s谩bado 7 de febrero, las calles de Buenos Aires son escenario de la segunda Marcha Antifascista y Antirracista. La movilizaci贸n, que parte desde la Plaza del Congreso hacia la Plaza de Mayo, denuncia el avance de la ultraderecha a dos a帽os de la gesti贸n de Javier Milei. Federico Pita, presidente de DIAFAR, se帽al贸 que la protesta responde a un modelo que ataca sistem谩ticamente los derechos civiles y la dignidad de las mayor铆as.
El detonante de esta articulaci贸n fue el discurso oficial que asocia la diversidad sexual con delitos y promueve agendas de segregaci贸n. Los organizadores sostienen que el Gobierno aplica un alineamiento con el supremacismo racial bajo el disfraz de una lucha contra el «wokismo». Esta ret贸rica internacional, afirman, busca justificar la quita de derechos y profundizar la desigualdad estructural en el pa铆s.
A pesar del fuerte aparato represivo y el desgaste econ贸mico que afecta a la ciudadan铆a, la marcha mantiene un car谩cter «pluricoral». En la Plaza del Congreso confluyen trabajadores de la salud, estudiantes universitarios y colectivos de migrantes. La interseccionalidad de la protesta permite que diversos sectores golpeados por el ajuste financiero se unan en un reclamo com煤n contra la discriminaci贸n estatal.
Federico Pita advirti贸 que el movimiento obrero y social ha sufrido desplazamientos forzados, pero la resistencia se mantiene viva en las estructuras de base. La marcha tambi茅n interpela a la pol铆tica tradicional sobre su rol ante el avance de las ideas antiderechos. El desaf铆o actual es reagrupar fuerzas para frenar un orden pol铆tico que los activistas califican como antipueblo y profundamente racista.
La jornada de este s谩bado reafirma que, pese al intento oficial de desarticular la protesta, la sociedad civil argentina sigue vigilante. La movilizaci贸n no solo es un rechazo al ajuste econ贸mico, sino una defensa activa de la soberan铆a cultural y humana. Mientras la Casa Rosada insiste en su agenda de confrontaci贸n, las calles vuelven a ser el espacio de encuentro para quienes exigen justicia social.
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