
N茅stor Ares, militante comunista galego
En los 煤ltimos d铆as, la vieja cantinela de la “unidad de la izquierda” ha vuelto a llenar portadas y debates televisivos. Bast贸 que Gabriel Rufi谩n propusiese un frente com煤n de la izquierda estatal para que Yolanda D铆az saliese en tromba anunciando nuevos pactos que prometen “sumar fuerzas”, Podemos, por su parte, insistiera en que sin ellos no hay espacio progresista, y los partidos nacionalistas (incluida la direcci贸n de la propia ERC, en la que milita Rufi谩n), se replegaran, sabiendo, como saben que, al margen del resto, poco margen les queda. Todo parece girar en torno a un mismo objetivo, el de siempre: protagonismo personal y territorial, no transformaci贸n social.
Yolanda D铆az hace exactamente lo mismo de siempre: protagonismo, titulares y selfies, mientras vende la idea de “unidad” “paz social” y “di谩logo social” con los de siempre como si eso fuera a cambiar la realidad. Podemos, por su parte, insiste en un liderazgo que ya ha demostrado ser hip贸crita: durante el gobierno “progresista” respald贸 el gasto militar y la cumbre de la OTAN en Madrid de 2022, demostrando que su discurso de izquierda radical se diluye frente a los compromisos con el capital y la geopol铆tica dominante.
Y los nacionalistas… siempre tan sectarios, siempre jugando al “yo primero” en sus territorios, pero en la pr谩ctica funcionando como pilares regionales del PSOE, sosteniendo gobiernos locales y auton贸micos que reproducen el mismo sistema que critican. Todos ellos, en definitiva, limit谩ndose a mantener el statu quo mientras fingen disputar el poder.
Mientras tanto, la clase trabajadora y las mayor铆as populares siguen sin herramientas para organizarse, sin capacidad para disputar de verdad el poder econ贸mico y pol铆tico que las oprime. El motor del cambio no son los esca帽os ni las ruedas de prensa, sino la movilizaci贸n popular, la conciencia de clase y la organizaci贸n social real. Los partidos progresistas deber铆an acompa帽ar estos procesos, no secuestrarlos, monopolizarlos, ni distraer con teatrillos de “unidad” que no cambian nada.
Si hablamos de un proyecto que merezca llamarse de izquierda, la unidad no puede ser t谩ctica ni est茅tica: debe basarse en un programa transformador con objetivos claros:
- Nacionalizaci贸n de los sectores estrat茅gicos de la econom铆a: energ铆a, banca, transporte y telecomunicaciones al servicio del inter茅s popular, no de oligopolios y multinacionales.
- Industrializaci贸n planificada que garantice desarrollo, empleo digno y soberan铆a frente a intereses externos.
- Salida inmediata de la OTAN, cierre de las bases militares extranjeras; y ruptura con la UE cuando se den las condiciones: estas instituciones defienden al capital global y la hegemon铆a militar extranjera, no a la mayor铆a de la poblaci贸n.
- Servicios p煤blicos universales y de calidad: educaci贸n, sanidad y servicios esenciales cien por cien p煤blicos, gratuitos, centralizados y gestionados con criterios de excelencia y equidad.
- Derecho de autodeterminaci贸n para Galicia, Euskadi y Catalunya: reconocer plenamente a las naciones hist贸ricas es indispensable para una democracia real y una unidad basada en respeto, no en imposici贸n centralista.
- Igualdad y derechos para todos: plena igualdad para la mujer trabajadora, derechos completos para la clase obrera migrante y protecci贸n de los derechos de la comunidad LGTB en el trabajo y la vida social.
- Depuraci贸n de organizaciones reaccionarias: Vox, FO, N煤cleo Nacional y las asociaciones de culto franquista representan la violencia del capital y del franquismo; deben ser ilegalizadas y aplicarse plenamente la Ley de Memoria Democr谩tica.
- Amnist铆a para los presos pol铆ticos: la represi贸n de activistas y luchadores populares demuestra que el sistema protege intereses privados y persigue la disidencia; su liberaci贸n es clave para recomponer la democracia.
Mientras los l铆deres institucionales sigan obsesionados con su protagonismo, fotos y ruedas de prensa, la izquierda sumisa seguir谩 siendo c贸mplice del sistema que dice combatir. La unidad no puede ser un fin ni un espect谩culo medi谩tico: debe ser un medio al servicio de la organizaci贸n popular y de la transformaci贸n real.
Cualquier intento de un “frente amplio” que no persiga estos objetivos concretos es teatro que sirve al capital, al statu quo, mientras mantiene a la mayor铆a de la poblaci贸n sin instrumentos para cambiar su destino. Este es el trabajo fundamental de las y los comunistas ahora: construir una unidad popular real, basada en la movilizaci贸n de la clase trabajadora y las mayor铆as sociales, que vaya m谩s all谩 de fotos, titulares y pactos vac铆os. No se trata de sumar siglas ni protagonismos individuales; se trata de organizar al pueblo, fortalecer su conciencia y su capacidad de acci贸n, y poner en pie un proyecto transformador capaz de acabar con esta pantomima de unidad que solo sirve al capital y a los actores institucionales que lo sostienen. La verdadera unidad de la izquierda ser谩 la que emane de las calles, los centros de trabajo, los barrios y las asambleas; ser谩 la que permita finalmente tomar el control de nuestro destino colectivo y abrir un camino hacia la justicia social, la soberan铆a y la emancipaci贸n popular.
