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Carlos

OPINI脫N

Samuel Schmidt

Shalom, fue lo primero que me dijo, cuando se me acerc贸 despu茅s de yo haber sido presentado en un desayuno de menudo en un caf茅 en el sur de El Paso, TX. Ah铆 se daban cita todas las semanas un grupo diverso de gente de “izquierda”, muchos de ellos j贸venes.

Con el tiempo ese shalom se convirti贸 en una s贸lida amistad y colaboraci贸n. En el hospital la enfermera me pregunt贸 que yo qui茅n era y le dije que su hermano, y bromeamos a ver qui茅n era mayor. Ella no sab铆a la estatura humanitaria, intelectual y profesional de Carlos.

Cuando nos conocimos, Carlos Spector era abogado de migraci贸n y yo era director del Centro de Estudios Inter americanos y fronterizos de la Universidad de Texas en El Paso.

El me invit贸 a ser testigo experto en casos de asilo pol铆tico o para frenar la deportaci贸n de mexicanos. Tuvimos grandes 茅xitos gracias a su habilidad para manejar condiciones adversas, como la agresividad de fiscales y jueces migratorios, y su capacidad para entender los recovecos de la ley y las circunstancias concretas de cada caso. As铆 la brillantez legal combinada con el manejo inteligente de las condiciones pol铆ticas, lo llev贸 a ser el abogado de gan贸 el mayor n煤mero de casos de asilo pol铆tico para mexicanos.

Cuando las condiciones no exist铆an, 茅l las creaba. “El asilo politico es un tema pol铆tico”, me dijo cuando apoy贸 la creaci贸n del grupo Mexicanos en Exilio, organizaci贸n que le dio voz y presencia a los perseguidos por el crimen asociado al poder pol铆tico y el poder que ten铆a una declaraci贸n a la prensa o un registro p煤blico.

Carlos entendi贸 bien que los jueces de migraci贸n respond铆an a consignas pol铆ticas, expresadas en un rechazo del 98% de las solicitudes, pero tambi茅n eran gente poco educada.

“El juez me pregunt贸 que si Chihuahua era la capital de Ciudad Ju谩rez”.

Entonces desarrollamos y publicamos la categor铆a de “crimen autorizado”, para que los jueces entendieran que la relaci贸n del crimen con las polic铆as era un fen贸meno pol铆tico, y por lo tanto deb铆a caber en las particularidades del asilo pol铆tico. Esto logr贸 varias sentencias favorables.

Nuestra relaci贸n de trabajo/Amistad se complementaba, el hac铆a el trabajo legal y yo el an谩lisis pol铆tico. 脡l estaba muy al tanto de lo que suced铆a en M茅xico, pero necesitaba darle forma te贸rica.

Carlos representaba la esencia del derecho humanista politizado.

Muchos de los casos que defendi贸 lo hizo pro bono, inclusive lleg贸 a cubrir los gastos de muchos de ellos. En una reuni贸n con un bufete, hablando de un caso que Carlos hacia pro bono, un abogado dijo que ellos cobraban 100,000 d贸lares.

La fuerza de su propuesta es que educaba a sus representados para que politizaran sus casos, que hablaran, que levantaran la voz. Que se volvieran cuadros pol铆ticos, a煤n y cuando hab铆an huido de sus pa铆ses por miedo, deb铆an superar el miedo, levantar la voz contra qui茅n los expuls贸 y para el que ped铆an protecci贸n y asilo.

Carlos estuvo influido por la experiencia de su padre y sus amigos, que en Idish contaban la historia del holocausto. En su biblioteca hay mucho material sobre los nazis y el sufrimiento que le impusieron a los jud铆os. Mientras que simult谩neamente, contaba la historia de su familia en el norte chihuahuense, a la que asisti贸 cuando los criminales asolaron Guadalupe, ciudad que muchos tuvieron que abandonar movi茅ndose hacia El Paso. Dos historias, dos tragedias.

Carlos tuvo que pedir ayuda cuando los criminales lo empezaron a hostigar, recurri贸 al FBI y asumi贸 medidas de protecci贸n.

Cuando escribimos el libro Crimen autorizado, reconocimos que dos principios jud铆os guiaron nuestro trabajo, pero inspiraron su carrera: La tzdaka, que se puede traducir como hacer el bien sin buscar una recompensa. Y Tikun olam, arreglar al mundo, que rescata la ense帽anza 茅tica de la mishna, “el que salva una vida, salva el mundo entero”, Carlos salv贸 muchas vidas y muchos mundos, recuper贸 el valor talm煤dico del valor infinito de cada individuo.

Cuando le detectaron el c谩ncer, me dijo: “el c谩ncer ha logrado lo que no ha podido hacer la migra, no me deja hablar”.

Desde su cama de enfermo, Carlos segu铆a preocup谩ndose por ese mundo de injusticias, que tercamente quer铆a arreglar. Le cont茅 que estaba leyendo un libro sobre los cient铆ficos nazis que Estados Unidos import贸 (1,600) para reforzar su proyecto del espacio y militar, sonri贸 y aplaudio, el por supuesto hab铆a le铆do otro de los libros sobre el tema.

Su inter茅s no era simplemente intelectual, sab铆a que estudiando el totalitarismo asesino de los nazis, que se aliment贸 del racismo estadounidense, tendr铆a elementos para luchar en las cortes, contra un anti mexicanismo cada d铆a m谩s grave, que el NUNCA JAM脕S del holocausto, deb铆a extenderse a otros pueblos, a los migrantes expulsados por la intolerancia, el racismo, la violencia. A eso dedic贸 una buena parte de su vida y aunque duele despedir a un hermano, a un gran hombre, nos deja la lecci贸n de que hay que seguir luchando contra la injusticia y la discriminaci贸n

Adi贸s mi hermano.

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