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Diez escenarios posibles mientras crece la tensión entre EEUU e Irán


Mientras las negociaciones entre Washington y Teherán agotan sus márgenes, el think tank Atlantic Council publicó un análisis inusual que explora las alternativas militares y diplomáticas que baraja la administración de Donald Trump


Fernanda Kobelinsky


En las últimas semanas, la Casa Blanca fue acomodando frente a las costas del Medio Oriente lo que el propio Donald Trump describió como una “armada masiva”. Los canales diplomáticos siguen abiertos, pero los márgenes se estrechan a una velocidad que preocupa incluso a quienes tenían fe en una salida negociada. El régimen de Ali Khamenei, debilitado como nunca en décadas, no termina de ofrecer las concesiones que Estados Unidos exige. Y Trump, encorsetado en una línea roja que él mismo marcó, tiene cada vez menos margen para retroceder.


En ese contexto, el think tank Atlantic Council publicó un análisis que le escapa a las lecturas clásicas en estas circunstancias. Su autor, William F. Wechsler, director de Programas de Medio Oriente del grupo y ex subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales norteamericano, hace algo inusual en el mundo de los think tanks: no disfraza de ambigüedad estratégica sus conclusiones y formula 10 predicciones concretas que describen probabilidades antes, durante y después de un ataque norteamericano. Además, usa tres niveles de posibilidades—alto, moderado y bajo— para calificar cada uno de sus escenarios.


El portaaviones estadounidense de clase Nimitz USS Abraham Lincoln opera en el mar Arábigo, el 25 de febrero de 2026 (Unión Europea/Copernicus Sentinel-2/Cedida vía REUTERS)




ESCENARIO 1 — Khamenei no ofrecerá un acuerdo sólido


Nivel de posibilidad: ALTO




Wechsler desarrolla este escenario como la primera predicción y como la última instancia antes de pasar al capítulo bélico. El analista afirma que el régimen iraní ha usado las negociaciones como táctica dilatoria y explica que llega a esta instancia en su punto de mayor debilidad estratégica en décadas: sus defensas aéreas fueron desmanteladas por Israel, su aliado sirio colapsó, su economía sigue en caída libre y sus instrumentos de represión acaban de masacrar a sus propios ciudadanos. Aun así, Wechsler no ve señales de que Teherán esté dispuesto a ofrecer lo que Estados Unidos exige como piso mínimo: el compromiso de cero enriquecimiento de uranio. Sus diplomáticos han utilizado cada ronda de conversaciones para ganar tiempo, no para ceder.




ESCENARIO 2 — Trump no aceptará un acuerdo débil


Nivel de posibilidad: MODERADO


El analista asegura que en su primer mandato, la probabilidad de que el republicano aceptara un acuerdo poco profundo era alta: habría permitido que Irán lo presentara como una victoria mutua, como México hizo con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).


Irán no supo leerlo. Al inicio de su segundo mandato, la predisposición a negociar seguía siendo alta, pero el historial acumulado de dilaciones iraníes y el nuevo contexto estratégico han endurecido la posición estadounidense.


Sin embargo, Wechsler no lo descarta del todo -por eso lo califica como moderado- y cita la existencia de filtraciones que podrían insinuar un “cambio en los objetivos” de Estados Unidos “que permitiría cierto enriquecimiento interno iraní” y, por lo tanto, un acuerdo.


El factor Israel: el actor que puede forzar el calendario


ESCENARIO 3 — Si Trump acepta un acuerdo débil, Netanyahu atacará


Nivel de posibilidad: ALTO


El análisis de los escenarios




Una de las predicciones más sólidas del análisis de Wechsler consiste en que si Trump amaga con aceptar un acuerdo débil, Israel atacará primero. El antecedente, de junio de 2025, es concreto. Cuando las negociaciones entre Washington y Teherán apuntaban a un pacto que muchos consideraban más endeble que el acuerdo nuclear de Obama, el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó ataques sobre Irán sin esperar la luz verde estadounidense. Trump intentó distanciarse. No pudo. Terminó ordenando bombardeos propios sobre las instalaciones nucleares iraníes, una decisión que Wechsler había apoyado públicamente y que calificó después como correcta.


El contexto político israelí agrega un dato relevante: Netanyahu enfrenta elecciones y la lógica electoral favorece la acción. Wechsler advierte que incluso si Trump enviara una señal explícita contra un ataque israelí, Netanyahu podría igualmente desobedecer, priorizando su posición doméstica sobre la relación con Washington.


Como consecuencia directa, el margen para un acuerdo genuino no solo depende de Trump: también lo determina Netanyahu.


Las opciones militares: tres caminos y la imprevisibilidad como factor clave




ESCENARIO 4 — Trump recibirá tres opciones: “aplicar”, “degradar” o “eliminar”


Nivel de posibilidad: ALTO


Wechsler conoce este proceso desde adentro. La llegada de estas tres opciones estratégicas a la mesa de Trump le parece casi inevitable. No son hipótesis abstractas, sino respuestas a la lógica de planificación que el propio autor conoce desde el interior, habiendo integrado el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional.


Opción “Aplicar” (Enforce). Es la más acotada. Consiste en ataques contra la Guardia Revolucionaria Islámica y su milicia Basij, directamente responsables de la masacre de manifestantes. Duraría una o dos noches, con bajas limitadas y un mensaje político claro: Estados Unidos castiga la represión, no busca una guerra total.


Opción “Degradar” (Degrade). Ampliaría el objetivo hacia la infraestructura nuclear residual de Irán, sus misiles de largo alcance, cohetes, drones y la industria que los produce. Sería una campaña significativamente más larga, que debería repetirse en periodos de 6 a 9 meses para obstaculizar la reconstrucción iraní. Probablemente sería la alternativa recomendada por el Comando Central (CENTCOM), el Comando Central de Estados Unidos.


Opción “Eliminar” (Remove). La opción más extrema. Intentaría decapitar el liderazgo político y militar del régimen, destruir su capacidad de mando y control y atacar los símbolos de su legitimidad. Wechsler reconoce que la historia no ofrece pruebas de que los cambios de régimen se logren solo con bombardeos, pero sus defensores argumentan que abriría una ventana de oportunidad, similar a lo que Israel logró contra Hezbollah.


ESCENARIO 5 — Trump eligirá la opción “Aplicar”


Nivel de posibilidad: BAJO


No por improbable, sino porque Trump es consistente en el largo plazo pero profundamente impulsivo ante decisiones inmediatas. Wechsler se apoya en un antecedente decisivo: en enero de 2020, Trump ordenó el asesinato del general Qasem Soleimani cuando hasta sus propios asesores esperaban que descartara la alternativa más agresiva. El precedente deja abierta la posibilidad de repetición.


La trampa de la línea roja. Wechsler lo define como “una trampa de su propia fabricación”. Trump alentó públicamente las protestas en Irán, prometió apoyo al pueblo iraní y luego quedó inmóvil mientras ese pueblo era masacrado. No actuar ahora sería repetir errores históricos, como los de Eisenhower con Hungría en 1956 y de Obama con Siria en 2013, dos episodios que el propio Trump ha criticado duramente. La retórica compromete su margen de maniobra.




La respuesta iraní y la dinámica de escalada


ESCENARIO 6 — Khamenei ordenará una respuesta simbólica


Nivel de posibilidad: MODERADO


Irán tiene incentivos para no escalar tras un golpe acotado, pero sus errores de cálculo recientes generan incertidumbre real. Si Estados Unidos limita sus ataques a la opción “Aplicar”, Irán probablemente responderá de manera simbólica. Ya existe un modelo: en junio de 2025, tras los ataques estadounidenses a instalaciones nucleares iraníes, Teherán lanzó un ataque performativo sobre la base aérea estadounidense de Al Udeid en Qatar, diseñado para parecer proporcional sin escalar el conflicto. Esta vez podría elegir otro objetivo —un portaaviones, la sede de la Quinta Flota en Baréin—, pero la lógica sería la misma.


Wechsler se inclina por la probabilidad moderada basándose en que Irán ya ha demostrado capacidad para equivocarse gravemente: atacar directamente a Israel dos veces fue un error estratégico de grandes consecuencias.


ESCENARIO 7 — Si Irán escala, Trump pasará a “degradar” pero interrumpirá la operación


Nivel de posibilidad: ALTO


El ex funcionario norteamericano explica que el patrón de 2025 lo indica: Trump escala rápido pero busca salir apenas considera que la disuasión funcionó.


Si la respuesta iraní genera bajas estadounidenses o supera el simbolismo, Trump se verá obligado a escalar. El camino más natural sería activar la opción “Degradar”, probablemente con participación abierta de Israel. Pero Wechsler pronostica que Trump actuará como en junio de 2025: detendrá la campaña mucho antes de lo previsto, en cuanto evalúe que Irán ha sido disuadido. Para cesar el fuego, exigiría un compromiso iraní de iniciar negociaciones directas.




El pueblo iraní: el actor que los analistas subestiman


Escenario 8 — El pueblo iraní se levantará de nuevo tras los ataques


Nivel de posibilidad: MODERADO


Continúa la nueva oleada de manifestaciones contra el régimen islamista en Irán


Wechsler advierte contra la subestimación sistemática de la resiliencia y el coraje del pueblo iraní. También reconoce que la represión reciente fue brutal y puede haber disuadido la protesta popular. Para él, existe un error constante en el análisis occidental sobre Irán y advierte que los analistas en Washington han cometido este error en repetidas ocasiones —con la Revolución Iraní, la Primavera Árabe, la caída de Mubarak, el colapso de Assad— al desestimar la disposición de las poblaciones oprimidas a asumir riesgos extremos.


Wechsler evita idealizar la posible reacción iraní. Reconoce que sería completamente comprensible que la brutalidad de la represión reciente haya disuadido a muchos de salir a las calles y cita como ejemplo de los despotismos históricos la masacre de Hama en 1982, perpetrada por el régimen de Siria bajo Hafez al-Ásad contra la oposición, que permitió al régimen mantenerse estable durante tres décadas.


La diferencia, explica, en que en enero los iraníes respondieron al llamado verbal de Trump y fueron masacrados mientras él no intervenía. Pero si surgen ataques concretos, la ecuación cambia: los ciudadanos del país reaccionarían ante hechos y no promesas. Esta vez, además, tendrían ante sus ojos una flota naval masiva en la región, proporcionando razones objetivas para creer en un respaldo externo real. Si el levantamiento ocurre en cifras significativas, Wechsler lo señala como el potencial punto de inflexión en el conflicto.




Qué respuesta puede esperarse del régimen iraní


Escenario 9 — Si hay protestas masivas, el régimen volverá a masacrar


Nivel de posibilidad: ALTO


Para el analista, si las protestas surgen a gran escala, el régimen las percibirá como una amenaza existencial y responderá con masacres. Miles de muertos. Posiblemente decenas de miles, dependiendo de la rapidez y la magnitud de la represión. El régimen ya lo ha hecho antes. Cuenta con la estructura necesaria para hacerlo de nuevo, y desde su lógica de supervivencia, considera racional esa respuesta.


Las consecuencias regionales y globales: la escalada posible




Escenario 10 — Si hay una nueva masacre, Trump escalará a “degradar” y “eliminar”


Nivel de posibilidad: ALTO


Este es el escenario más extremo trazado por Wechsler —y el más incierto en sus detalles— contempla una cadena de escaladas que desemboque en una guerra percibida como existencial por ambas partes. Para Teherán, estaría en juego la supervivencia del régimen; para Estados Unidos, su credibilidad como potencia global. Una vez en ese punto, la evolución dependería de quién logre asestar golpes más rápidos y contundentes en los primeros días.


El posible punto de inflexión militar radica en la capacidad de Estados Unidos para neutralizar de forma rápida la proyección de fuerza iraní y eliminar a su liderazgo. Si esto se logra, explica, se abriría una ventana para que el pueblo iraní intente transformar el gobierno. Pero si el régimen logra movilizar a sus fuerzas antes de ser desarticulado, podría lanzarlas contra diversos objetivos regionales con capacidad de producir un daño económico y estratégico considerable.


La gran pregunta es: ¿quién gobernaría después? Wechsler anticipa como resultado más probable un gobierno militar no teocrático y abiertamente antiestadounidense, denominado por algunos como “IRGC-istán”. Adelanta que otros contemplan la posibilidad de una guerra civil entre milicias con actores extranjeros en disputa por el poder. Y advierte que algunos esperan que regrese alguna forma de monarquía. Lo qué sí afirma es que muy pocos son optimistas respecto a una transición democrática.




El dilema de Irán y Estados Unidos


¿Fin de un ciclo?


POR Marcelo Caracoche


marzo 1, 2026




El jueves 25 se reanudaron las conversaciones en Ginebra entre las delegaciones de Irán y Estados Unidos. Después del encuentro, el negociador de Irán, Araghchi, declaró: "Nos encontramos cerca de un acuerdo en algunas cuestiones; a partir del lunes comenzaremos con conversaciones técnicas".


Mientras tanto, el Presidente Trump se reunió con el almirante Brad Cooper y el general Caine, que le presentaron las posibles opciones militares alternativas a la gestión diplomática. En Ginebra, Witkoff y Kushner se declararon "desilusionados de las propuestas de Irán", lo que se relaciona con las sucesivas declaraciones de Abbas Araghchi, que manifestó que Estados Unidos debería bajar el nivel de exigencias para llegar a un acuerdo. Hay una evidente distancia entre las partes.


La tensión que rodea las negociaciones se alimenta también de los rumores que llegan desde Washington. Es allí donde se cruzan las líneas de la administración en política exterior, en gran parte influida por la política interna. El Presidente ha sufrido algunos golpes, como la decisión de la Suprema Corte de declarar ilegal la política de aranceles, el malestar en la base MAGA, los resultados de la economía, las revelaciones de los documentos Epstein. Una reciente encuesta reveló que la aceptación del Presidente ha bajado al 36%.


Dave DeCamp en Antiwar ha declarado que en una de las últimas reuniones informativas en la Casa Blanca sobre la cuestión iraní, y según filtraciones recibidas por Axios, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, sería poco partidario del conflicto respecto a un eventual ataque a Teherán. Caine sostiene que "si la guerra se prolongara, costaría muchas vidas americanas"; además, hay una cuestión logística: "Cualquier guerra contra Irán agotaría nuestras reservas militares, dado que Estados Unidos ha utilizado un gran número de interceptores para defender Israel en junio de 2025".


Caine fue un entusiasta planificador y ejecutor del ataque a Caracas, pero The New York Times sostiene que "Caine no puede dar las mismas garantías de éxito aseguradas para Venezuela".


Otro de los escépticos sobre la opción armada es el Vicepresidente J.D. Vance, aunque sostiene que, si Trump toma esa decisión, nadie osaría contradecirlo. Mientras tanto, Trump ha desmentido el rumor de que Estados Unidos lanzaría un ataque limitado y que no existen dudas sobre la línea de la Casa Blanca, sobre todo porque dichos rumores pueden corroer la política del despliegue armado para presionar a Irán. Y en segundo lugar, si ordenara el ataque, no puede permitir que en los medios se sostenga que el comandante de las operaciones tenga dudas sobre estas.


Una de las personas más cercanas al Presidente es Lindsey Graham (gran sostenedor de Kiev). En la práctica es portavoz de los neocon y conocedor de las internas de gabinete y alrededores; sostiene que algunos de los consejeros de Trump "le están aconsejando no bombardear Irán". En las antípodas de las razones de Caine, Graham ha aconsejado a Trump ignorarlas, agregando que "las pérdidas de soldados americanos se justifican porque se evitará un mal mayor".


La situación inquieta a Tel Aviv. Channel 12 News de Israel informó que las vacilaciones de Washington provocan preocupación en la dirigencia israelí.


Además han causado sorpresa las declaraciones a Fox News el sábado 21 de Steve Witkoff, anunciando que a Teherán le bastaría una semana para construir la bomba atómica. La frase recuerda la propaganda que cada tanto se desencadena en los medios; curiosamente, la desmentida llegó desde el Jerusalem Post el domingo 22, dado que "Irán no tiene acceso a los materiales y máquinas para enriquecer el uranio".


La alucinante declaración de Witkoff podría tener otra explicación. Si se busca un acuerdo, también es necesario venderlo como un clamoroso éxito, un éxito que justifique los millones de dólares gastados para enviar a Medio Oriente la armada invencible de Trump. Evitar una amenaza como la de bloquear la bomba, claramente inexistente, podría servir para lograrlo.


Para el ataque, además, existe otro obstáculo, que es la autorización del Congreso. La Casa Blanca ya forzó la situación en Venezuela y desde el Congreso se elevaron voces indignadas. Algunos analistas piensan que Estados Unidos podría crear una situación que provoque una respuesta armada de Irán, como daños o muertos sobre un buque americano o en una base en la zona de conflicto, para arrancar la autorización parlamentaria.


Trump, además, está condicionado por la War Power Resolution de 1973, que prevé que el Presidente puede desplegar tropas y ordenar ataques, pero con el límite temporal de 60 días, a menos que en ese lapso el Congreso haya votado apoyando las medidas del Presidente.


Otro condicionamiento es que el portaaviones Gerald Ford todavía está navegando hacia el área de crisis; este buque posee los aviones capaces de realizar ataques electrónicos e informáticos Shock and DDoS (Distributed Denial of Service), utilizados en Venezuela para neutralizar la defensa aérea; apenas el buque esté en zona operativa, las chances estadounidenses mejorarían.


La agencia Global Beacon sostuvo que la tecnología, potencia aérea y medios de Estados Unidos son superiores a Irán. Obviamente no hay paridad, pero "el programa bélico aéreo iraní está proyectado para que se resuelva en un conflicto extremadamente duro, costoso y con riesgos para Estados Unidos".


Scott Ritter, premio Pulitzer 2002, en un extenso artículo publicado en Forumgeopolitica, sostiene que la diplomacia para Estados Unidos no es una opción; se negocia sobre los límites del enriquecimiento del uranio, pero el objetivo estratégico de Trump es el cambio de régimen.


En este camino, no declarado con evidencia, quedan señales que lo confirman, como las declaraciones de Scott Bessent en el World Economic Forum: "El Presidente Trump ha ordenado al Tesoro y a nuestra división OFAC (Office of Foreign Asset Control) ejercer la máxima presión con Irán, y ha funcionado porque en diciembre su economía se ha derrumbado, quebró un banco importante, el banco central comenzó a imprimir moneda, hay carencia de dólares, no pueden importar mercaderías y por esto la gente gana la calle. Se trata de política económica, sin disparos, y está funcionando".


En este punto iniciaron las protestas y los paros de los comerciantes de Teherán, que pidieron la intervención del gobierno para enfrentar la inestabilidad del mercado. Al tercer día de protestas, ya extendidas hacia las provincias, el Presidente Pezeshkian anunció que estaba escuchando los reclamos y había formado un equipo especial para elaborar una nueva política económica.


Pero ya las protestas habían tomado otro rumbo. Se exigía el fin del gobierno de los ayatollah, la caída del régimen, y funcionó muy bien la difusión digital que esparció por el mundo la idea de que la motivación de las manifestaciones era la caída del régimen.


El secreto de la difusión han sido las terminales Starlink introducidas en Irán a través de los años; el cálculo de Scott Ritter va de 70.000 a 100.000 unidades, la mayoría introducidas siguiendo las tradicionales vías del contrabando. Muchas de estas terminales habían sido puestas al día por operadores de servicios extranjeros, como la famosa Unidad 8200 israelí. Dichas intervenciones modificaron las terminales para comunicar con total seguridad utilizando la tecnología del salto de frecuencia, habitualmente reservada a los más sofisticados ejércitos del mundo.


A partir del 2 de enero aumentó el nivel de violencia de las protestas, con filmaciones difundidas con Starlink que mostraban choques entre manifestantes que marchaban con eslóganes anti gobierno y pro monárquicos. Como relatamos en El Cohete, comenzó la danza de las cifras de ciudadanos masacrados por la represión, con números que variaban de 3.000 a 30.000 víctimas.


Al mismo tiempo, Trump encomendó a Steve Witkoff encontrar secretamente al hijo mayor del difunto Sha de Persia, Reza Pahlevi; Trump evitaba comprometerse con el "heredero del trono", ya que no cuenta con una red capaz de ayudar a un cambio de régimen. En cambio, encargó al yerno Jared Kushner comenzar a reunir un grupo de empresarios iraníes-americanos para comenzar a preparar la llegada de un nuevo gobierno después de la caída del actual.


El 13 de enero Trump lanzó en Truth el llamado a la revuelta: "Patriotas iraníes, ¡¡¡sigan protestando, tomen el control de vuestras instituciones!!!... ¡¡¡La ayuda está por llegar!!!". En ese momento, el Presidente tenía ya sobre su escritorio el informe de la CIA que declaraba por primera vez que las protestas tenían el potencial para derrocar la República Islámica.


Pero la realidad llamó a la puerta a través de los análisis del Pentágono. Estados Unidos no contaba con la posibilidad de neutralizar el poder misilístico de Teherán, que podía devastar bases de la región y sobre todo a Israel, capacidad demostrada en junio de 2025, aun con el freno de mano puesto.


Tel Aviv advirtió a Washington que su capacidad de absorción de un ataque misilístico no podía ir más allá de 700 misiles, pero que para justificar los daños causados, Estados Unidos debería garantizar que el resultado final de cualquier campaña militar iniciada tendría que acabar con un cambio de régimen.


Ahora los dos contendientes aspiran a ganar tiempo. Irán porque intuye que se encuentra frente a un momento decisivo para la República Islámica; Estados Unidos para continuar acumulando fuerzas, como explicamos más arriba.


En tanto, Estados Unidos ha tenido que desarmar parcialmente otras zonas críticas del mundo para concentrar material bélico en el Golfo. Dos baterías THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) se posicionaron en Jordania y en los Emiratos Árabes Unidos. Estas se agregan a las de Qatar e Israel, lo que significa que la mitad del material THAAD del Ejército americano está ya en Medio Oriente. A lo que se suman diez baterías Patriot de las 15 que poseen. En abril de 2025, una batería Patriot fue transferida desde Corea del Sur al Medio Oriente, cuestión no simple que necesitó 73 misiones separadas de los aviones C-17 (Boeing C-17 Globemaster III). Por lo cual, imaginamos la magnitud del despliegue logístico necesario para crear el anillo de seguridad requerido.


La práctica de desplegar las fuerzas en secuencias es conocida como planificación adaptativa (AP). Apunta a conseguir mayor flexibilidad a la dirigencia política y militar, decidiendo cuándo y dónde se debería operar y en cuáles condiciones, pero la AP no fue concebida para responder a un despliegue de fuerzas como el que Estados Unidos ha acumulado en Medio Oriente. En este momento, el despliegue de fuerzas probablemente ha superado el punto de no retorno; esto significa que, si el Presidente quisiera detener un eventual ataque, el empuje conjunto de fuerza política y potencia militar lanzadas a la batalla le crearía a Trump una situación de riesgo inaceptable a nivel nacional e internacional. Sería TACO a la enésima potencia.


Scott Ritter considera imposible que Estados Unidos no ataque Irán. Como tantos, se pregunta por qué el hombre que basó su campaña electoral con el argumento "paz" está dispuesto a perder las elecciones de medio término, jugándose todo a la carta de una guerra breve y exitosa.


La respuesta podría ser porque no tiene alternativa, con el frente interno convulsionado, como indicamos al comienzo de esta nota. La única esperanza para revertir el proceso de desgaste e impopularidad sería un triunfo de magnitud sobre Irán. Además, el fantasma de Jimmy Carter se alza desde el pasado con fúnebres presagios.


O sea que nos encontramos más allá de las doctrinas de seguridad; la movida es empujada por razones de política interna.


Hay que agregar que una de las posibilidades que se han barajado en la Casa Blanca es mandar al frente a Israel con un ataque preventivo; sabemos que Israel está atenta a los símbolos y a la historia. El 2 de marzo, el pueblo judío celebra el Ta'anit Esther; se trata de un ayuno que precede y prepara para el Purim del 3 de marzo, que celebra la liberación de los hebreos de Persia, eventos sucedidos hace 2.500 años; dentro de la visión místico/apocalíptica del gabinete de Netanyahu, podría ser la ocasión ideal para lanzar el ataque inicial.



En Irán


Desde que finalizó la Guerra de los Doce Días en junio de 2025, Irán no permaneció de brazos cruzados. La dirigencia sabía que el conflicto solo había sido postergado; por lo tanto, era el caso de reponer el material utilizado y enriquecer el arsenal disponible.


Según fuentes citadas de Reuters el 24 de febrero una compra de misiles anti buques CM-302 chinos por parte de Irán estaría ya concluida. Los CM-302, con un alcance de 290 km, son misiles supersónicos, capaces de volar a baja altura para superar las defensas navales. La compra es un proceso comenzado hace dos años y acelerado por la Guerra de los Doce Días.


The Cradle en un informe del 23 de febrero afirma que China ha provisto a Irán de YLC-8B, un radar de nueva tecnología capaz de descubrir la trayectoria de los aviones invisibles stealth americanos e israelíes, y no sólo eso, China ha exhortado a Teherán a abandonar el software de fabricación israelí y sustituirlo con sistemas chinos cerrados y criptografiados, difíciles de penetrar.



Imagen del radar chino.


El YLC fue desarrollado por Nanjing Research Institute, utiliza la vigilancia a baja frecuencia de la banda UHF para minar la eficacia de la cobertura absorbente radar utilizada por aviones americanos avanzados como el F-35 y el bombardero B-2; Israel cuenta con 48 aviones stealth F-35 en su flota.


Obviamente, China está preocupada por la situación de su aliado y abastecedor de petróleo. A partir de enero de 2026, comenzaron a trabajar con Teherán para reducir la infiltración de los servicios extranjeros, que consideraron riesgosa, especialmente de parte del Mossad. China se mueve a través del Noveno Departamento de Presidencia (MSS), que funciona como servicio de inteligencia. Hay que señalar que la posición de China es "cauta"; ayudará al aliado en el plano tecnológico/militar y diplomático, pero no se comprometerá en intervenciones directas en un eventual conflicto armado.


El Financial Times reporta que Irán ha adquirido a Rusia 500 plataformas móviles de lanzamiento Verba y 2.500 misiles 9M336; estos misiles componen parte de los principales sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS, pesa 15 kg y basta un solo operador que lo porta sobre la espalda) de Rusia.


Pero la República Islámica no solo renueva el arsenal, también se incorpora sangre nueva al equipo negociador. Se trata de Ali Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional. No es un dato banal. Larijani, junto al almirante Ali Shamkhani, son figuras centrales del Estado islámico, son hombres de confianza de Ali Khamenei que, aceptando la lógica de las negociaciones, han querido colocar uno de sus fieles en la delegación ginebrina.


Teherán quiere regresar a los parámetros previstos en el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA, Plan de Acción Integral Conjunto) del 2015, que establecía enriquecimiento del uranio posible al 3.67%. Larijani tiene mucha experiencia en la materia, ha participado en las negociaciones sobre la cuestión nuclear con el Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia del 2005 al 2007; se lo considera el más pragmático del ala conservadora.


Iran Wire señala que el enfoque de Larijani apunta al inevitable cambio de ciclo pos Khamenei y "se inspira en el modelo Deng Xiaoping que une represión sin compromisos a flexibilidad cultural y económica". El mismo Larijani ha declarado que la economía es una de las razones de las protestas.


Pero todo esto depende de la voluntad de Estados Unidos; si ataca Irán con toda la potencia acumulada en la región, un post Khamenei administrado por el ala pragmática conservadora se vuelve improbable.


Si bien se considera que el ministro de Exteriores Araghchi negocia por cuenta del Presidente Masoud Pezeshkian, el mediador Oman, que busca una respuesta final de Irán en la negociación, podría presionar más con un ojo puesto en el Consejo de Seguridad Nacional, o sea, Larijani.




Colaterales


Informaba el Washington Post del jueves 26 que John Hurley, alto funcionario del Tesoro, presentó su renuncia por su desacuerdo con la gestión de los ciudadanos extranjeros, particularmente la comunidad de Somalia, que Trump sigue atacando obsesivamente. Hurley fue un funcionario especialmente activo contra los fondos de los narcos de Sinaloa depositados en Estados Unidos.


Problemas higiénicos en el portaaviones USS Gerald Ford: las letrinas están atascadas, colas de 45 minutos para poder hacer las necesidades, muchísimos testimonios en X posteados por los esforzados marinos, situación que se presta al humor fácil.


Declaraciones del embajador estadounidense en Israel Mike Huckabee: conversando el martes con Tucker Carlson, declaró que sería aceptable que Israel ejerciera el control sobre los territorios pertenecientes a los Estados árabes, que incluyen la Cisjordania ocupada. Ásperas reacciones de los estados árabes aliados de USA.


Paramount desplaza a Netflix y se queda con Warner Bros Discovery: la Paramount pertenece a la familia Ellison, íntimos de Donald Trump; la autonomía de la CNN, que forma parte de Warner Bros, se verá seriamente comprometida.



Epílogo con éxodo


Estados Unidos, típico país de inmigración, está cambiando en su base; según el Wall Street Journal, el número de ciudadanos estadounidenses que abandonaron el país en 2025 superó el de los extranjeros que entraron. Estos nuevos emigrantes, gente común, parten buscando seguridad, tranquilidad, dejar atrás el caos de la administración Trump. El sueño americano traslada sede.




El imperio de la fuerza


Trump, Netanyahu y la destrucción del orden jurídico internacional


POR Aleardo Laría Rajneri


marzo 1, 2026




Estados Unidos e Israel han iniciado una nueva guerra contra Irán en Medio Oriente, utilizando la misma estrategia de lanzar un ataque sorpresivo mientras se desarrollaban conversaciones diplomáticas. La “Operación Furia Épica” –según la ampulosa retórica bélica del Pentágono– se produce en momentos en que Estados Unidos e Irán participaran en Ginebra de diálogos vinculados al programa nuclear del gobierno persa. Los ataques estadounidenses e israelíes, que ambos países calificaron de “preventivos”, son claramente ilegales según el derecho internacional y recuerdan la misma falsa retórica utilizada en la guerra emprendida contra Irak en 2003. De igual modo, la administración Trump también está violando la legislación estadounidense, que otorga al Congreso la facultad exclusiva para declarar la guerra. El ex director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Mohamed ElBaradei, Premio Nobel de la Paz, había alertado hace pocos días que una guerra de Estados Unidos contra Irán tendría elevados costos. “Todas las guerras, incluidas las ‘guerras por elección’, tienen costos terribles”, añadió. “Esa es la razón de las restricciones y limitaciones establecidas por las normas internacionales. Esto es un Irak reencarnado… Parece que nunca aprendemos”.


El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en un discurso pronunciado el lunes pasado con motivo de la inauguración de las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, también había advertido al mundo que “el imperio de la ley está siendo superado por el imperio de la fuerza”. En su intervención señaló que “este ataque no surge de la sombra ni por sorpresa. Ocurre a plena vista, y a menudo es liderado por quienes ostentan el mayor poder. Vivimos en un mundo donde se excusa el sufrimiento masivo… se utiliza a los seres humanos como moneda de cambio y el derecho internacional se considera una simple molestia. Los conflictos se multiplican y la impunidad se ha vuelto contagiosa. Esto no se debe a la falta de conocimiento, herramientas o instituciones. Es el resultado de decisiones políticas”.


Guterres mencionó sólo dos conflictos específicos: la guerra de Rusia contra Ucrania y las “flagrantes violaciones de los derechos humanos, la dignidad humana y el derecho internacional en el territorio palestino ocupado”, donde las Fuerzas Armadas de Israel han estado librando una guerra contra la población civil. En Palestina “la solución de dos Estados está siendo desmantelada a plena luz del día”, declaró. “La comunidad internacional no puede permitir que esto suceda”.



El mundo de Tucídides


No es fruto de la casualidad que las palabras de Guterres apenas hayan recibido acogida en las páginas de los grandes medios de comunicación. Es otro síntoma de un mal extendido y generalizado: la resignada aceptación de que estamos ante un mundo donde “los fuertes hacen todo lo que pueden y los débiles padecen lo que deben”, según la conocida frase de Tucídides. Este exceso de realismo sin alternativas estuvo también presente en el discurso pronunciado en Davos por el primer ministro de Canadá, Mack Carney, quien constató la ruptura del orden mundial y el comienzo “de una realidad brutal en la que la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ningún límite”. Luego animó a los países medianos, que son los que corren el riesgo de ser subyugados por las grandes potencias, a forjar alianzas: “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú”.


El realismo de Carney es útil para reconocer la magnitud del daño causado al orden internacional por las acciones unilaterales llevadas a cabo por líderes sin escrúpulos como Trump y Netanyahu. A este equipo de siniestros personajes podría añadirse el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, pero en un escalón inferior, porque si bien ha lanzado una guerra clásica, con un horrible costo en vidas humanas, sus pretensiones no parecen buscar alterar las reglas de juego establecidas con la creación de la ONU. En el caso de Trump y de Netanyahu, las declaraciones dirigidas a desprestigiar a las Naciones Unidas y a su secretario general son constantes y obsesivas, lo que demuestra la voluntad política de acabar con el sistema normativo creado después del final de la Segunda Guerra Mundial.


Lo que se echa en falta en el discurso de Carney es una descripción también realista de las consecuencias que tiene para el mundo el enorme retroceso en la ingente labor llevada a cabo en el último siglo para idear un procedimiento que ponga a la humanidad a salvo del crimen de la guerra. Si no se añade a la descripción realista un análisis racional del futuro que nos aguarda si continúa esta dinámica de abandono del derecho, no surgirá una voluntad política dirigida a evitar el desborde autoritario y caeremos en un derrotismo suicida. El derecho ha sido siempre un artefacto frágil, basado en un consenso racional sobre su necesidad intrínseca, concebido para defender la paz, la libertad y los derechos humanos de los pueblos. En definitiva, para la protección de los débiles frente a los abusos de los poderosos. Como señalaba Hans Kelsen –expulsado injustamente de la Universidad de Colonia por su condición de judío– “la esencia del derecho internacional, considerado como un orden jurídico superior a los diversos órdenes estatales, es prima facie una idea moral”. Kelsen sigue así las tesis de Kant, para quien la paz es el verdadero “fin último de la historia”, el objetivo que permitiría acabar con el estado de naturaleza en que se encuentran los Estados para dar lugar a la formación de una sociedad jurídica universal.


Netanyahu y Trump.


Las Naciones Unidas


Las Naciones Unidas surgieron tras el extraordinario número de víctimas que produjo la Segunda Guerra Mundial, calculadas entre 60 y 80 millones de personas, en su mayoría civiles. Existe consenso en que el conflicto más mortífero de la historia fue provocado por el agresivo expansionismo de Alemania, su resentimiento por el Tratado de Versalles y el auge del nazismo/fascismo. Un clima que, por momentos, amenaza con reaparecer en la actualidad. El Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas recoge expresamente la determinación de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, la cual dos veces en la vida de esa generación infligió sufrimientos indecibles a la humanidad”. Por ese motivo la Carta establece la prohibición del uso de la fuerza en relaciones internacionales, salvo para casos excepcionales autorizados por el Consejo de Seguridad. La violación abierta y constante de este principio desde el inicio del siglo XXI reafirma la importancia de convivir en paz y unir fuerzas para el mantenimiento de la seguridad mundial.


Es indudable que el derecho de veto, que tienen reservado las cinco grandes potencias –y que Estados Unidos y Rusia han venido ejerciendo sin recato– ha conducido a la parálisis de la organización. Pero esa situación no puede ser utilizada como argumento contra la ONU, dado que es una falla en el diseño constitutivo de la que no es responsable la propia organización. El primer golpe al orden internacional de posguerra lo dieron los Estados Unidos y sus aliados europeos con el bombardeo de la OTAN a Yugoslavia en 1999. La OTAN llevó a cabo su acción sin contar con una autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que puede considerarse, con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, una clara agresión contra un Estado soberano. A partir de allí, los Estados Unidos libraron varias guerras, de las cuales la más importante por el número de bajas fue la guerra contra Irak, que se inició el 20 de marzo de 2003, con el objetivo de acabar con Saddam Hussein y sus supuestas armas de destrucción masiva.


Con el advenimiento del segundo gobierno de Donald Trump, los Estados Unidos se han lanzado a nuevas aventuras bélicas, asestando duros golpes al orden jurídico internacional y provocando un clima general de incertidumbre por los súbitos cambios de opinión del magnate norteamericano. La “guerra de doce días” contra Irán; los ataques a Venezuela para hacerse con el petróleo; las ejecuciones extrajudiciales de supuestos narcotraficantes; las amenazas de apoderarse de Groenlandia por la fuerza; el uso de aranceles punitivos para coaccionar a Estados como Brasil, Canadá, Colombia y México; la retirada del Acuerdo de París sobre el clima y de la Organización Mundial de la Salud y otras instituciones internacionales son muestras elocuentes del general embrutecimiento de las relaciones internacionales. En Oriente Próximo, el apoyo incondicional al gobierno de Netanyahu, proveyendo las bombas utilizadas para el genocidio en Gaza; la improvisación de un supuesto “plan de paz” que prescinde de todo lo que habitualmente forma parte de un proceso de paz, es decir diplomacia multilateral, mediación de la ONU, negociación entre las partes y, the last but not the least, estacionando una potente flota para rodear a Irán y forzar su rendición, son muestras de una voluntad imperial que frustran la posibilidad de alcanzar una paz justa y duradera en la región.


El orden internacional solo puede ser reestablecido si se basa en una distribución estable del poder entre los Estados en un pie de igualdad, con normas aceptadas por todos, y que se garantice luego su aplicación imparcial. La administración Trump no ofrece un modelo alternativo al vigente sino la instauración lisa y llana de la ley de la selva en las relaciones internacionales. Es posible pensar que el intento de regresar a un mundo sin leyes pueda ser abortado si se produce un cambio de gobierno en Washington. Pero en el interín estaremos sujetos a una incertidumbre absoluta, nadando en aguas turbulentas. El ex secretario general de la ONU, Dag Hammarskjöld, quien falleció en extrañas circunstancias al estrellarse el avión en el que viajaba para mediar en el conflicto del Congo Belga, afirmó en un discurso pronunciado en 1954 que “la ONU no fue creada para traernos el cielo, sino para salvarnos del infierno”. De modo que ya podemos hacernos cargo del elevado riesgo que corre la humanidad si no consigue reconstruir el orden jurídico internacional, avasallado por los poderes salvajes de los sempiternos iluminados.




La paz por la fuerza


Atilio A. Boron


01 de marzo de 2026 - 0:01




Los dos ”estados canalla” más peligrosos del mundo, Estados Unidos e Israel, lanzaron un sorpresivo ataque en contra de objetivos indiscriminados de Irán, tanto civiles como militares. En un acto de infame traición y desprecio por las reglas más elementales de la diplomacia, el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas la agresión se produjo mientras Washington decía que su gobierno estaba negociando con Teherán. Este tránsito hacia la violencia armada mientras se hallaba vigente un acuerdo previo entre dos países tiene muchos antecedentes en la historia del sistema internacional. El más conocido tal vez sea la artera puñalada por la espalda que Adolf Hitler le asestó a la Unión Soviética con la fulminante ruptura del Pacto Molotov-Von Ribbentrop y la súbita invasión de la URSS en la llamada Operación Barbarroja.


Trump y Netanyahu son dos rateros que disponen de un enorme arsenal de armas de todo tipo y que solo las guerras que libran sin cesar desde hace años los salva de ir a la cárcel.


Son pocos los datos que permiten evaluar los alcances de la agresión sufrida por Irán. Tampoco se sabe mucho de los infligidos por la respuesta de este país a distintas ciudades de Israel y a las numerosas bases militares que Estados Unidos tiene dispersas por el Golfo Pérsico. El ayatola Alí Hoseiní Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, murió en los ataques. Está confirmada la noticia del mortífero ataque a una escuela primaria de niñas en la ciudad de Minab (foto), situada en el sur del país, en donde, al momento en que se escriben estas líneas, se reportaba un total confirmado de 80 niñas fallecidas mientras se removían los escombros en busca de posibles sobrevivientes. Este ataque sólo pudo ser realizado a partir de una convicción profunda por parte de la dirigencia israelí: que los iraníes son una “raza inferior”, al igual que los palestinos, y que se los puede -¡y debe!- matar sin ninguna clase de escrúpulos. Y que los niños, ya desde corta edad, son todos sin excepción terroristas y asesinos en potencia con los cuales no se debe tener ningún tipo de consideración.




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