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El cambio climático no tiene nada que ver con la derecha o la izquierda

Cristian Frers

La crisis ambiental y el agotamiento del planeta avanzan mientras el cambio climático se naturaliza y disminuye la preocupación social. El empoderamiento de las comunidades locales surge como una estrategia clave para revertir esta tendencia y enfrentar la emergencia climática.

El calentamiento global exige planificación anticipatoria, inversión sostenida y una gobernanza capaz de articular al Estado, las provincias y las municipalidades en un mismo marco estratégico.

Este pacto debe ser una propuesta integral para coordinar acciones contra el cambio climático, superando la confrontación partidista y enfocándose en la resiliencia territorial, la justicia climática y la gestión de riesgos extremos. Impulsado por el gobierno y basado en la ciencia, buscando proteger a la población, la biodiversidad y la economía mediante un nuevo modelo preventivo y de adaptación activa. 

Mas allá de los compromisos políticos y económicos, hay que subrayar que el éxito de esta acción depende de la participación ciudadana, por lo que la hoja de ruta que se establezca debe primar que sea un proceso abierto y participativo. El aumento de temperatura afecta a todos, a la sociedad civil, a los agentes sociales y a la comunidad científica que deben estar en el centro del proceso de toma de decisiones. 

Llevamos muchos años hablando de cambio climático en términos de transición energética, objetivos de descarbonización o compromisos internacionales. Sin embargo, la experiencia que estamos acumulando en nuestro propio territorio -incendios cada vez más devastadores, episodios de lluvias torrenciales con consecuencias humanas irreparables, sequias prolongadas que tensionan el sistema hídrico y productivo- Hablar del cambio climático es fundamental para generar conciencia, impulsar acciones individuales y colectivas, y normalizar el tema en conversaciones diarias, influyendo en la toma de decisiones para salvar vidas y proteger el planeta. Es un tema de justicia social y supervivencia que afecta la salud, la seguridad alimentaria y la vivienda, requiriendo acción urgente para reducir emisiones y adaptarse a los riesgos.

Argentina debe enfrentar la emergencia climática mediante una transición energética ordenada hacia fuentes renovables (solar, eólica), la actualización de metas de emisión a 2030, la movilidad sostenible y la adaptación en agricultura y planificación urbana. Es crucial fortalecer las políticas de Estado, proteger ecosistemas, aumentar la eficiencia energética y asegurar financiamiento, involucrando a gobiernos provinciales y locales.

El país tiene oportunidades de ampliar y diversificar su producción y exportaciones a partir de los cambios en los mercados que genera la transición a la sostenibilidad. Exportar GNL, proveer minerales críticos, e insertarse en segmentos de mayor valor agregado apalancándose en las ventajas comparativas o en capacidades industriales existentes. 

Algunas de esas oportunidades podrán ser operativizadas por acción del mercado, pero otras precisan de intervención estatal para garantizar condiciones de entorno favorables hasta la apuesta directa a ciertos sectores estratégicos. 

Hay que entender que muchos movimientos ambientalistas quedaron romantizados y con poca acción. No basta con exigir el retiro de empresas, sino que se necesitan estrategias para disminuir su impacto mediante el uso de combustibles menos contaminantes y políticas activas ambientales.

No debemos olvidarnos que Argentina se comprometió a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 18 por ciento incondicionalmente, con la posibilidad de aumentar esa cifra al 37 por cientos. Los estudios muestran que el país es responsable del 0,7 por ciento de las emisiones mundiales. Sin embargo, el compromiso de la nación, aunque es uno de los más ambiciosos en comparación con otras naciones, todavía es visto como insuficiente por la mayoría de las organizaciones climáticas, quienes expresan que no está en línea con los objetivos esbozados en el Acuerdo de Paris.

La Tierra está sufriendo de fiebre y está no es una buena señal. La culpa es de todos. De la sociedad humana, con sus perversiones, su irresponsabilidad, su corrupción, sus intereses, su egoísmo, su hipocresía.

Estamos muy enfermos, y no nos damos cuenta. Enfermos de soberbia, de materialismo, de codicia. Pero podemos reaccionar. Podemos hacer un examen de conciencia; entrar en conversiones con nuestro ser profundo, con la parte elevada que hay dentro nuestro y ver si podemos cambiar, aunque sea en algo. Antes de que sea demasiado tarde. 


Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).






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