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Entre la cámara y el riesgo: periodistas en Siria cuentan la revolución


Damasco,  (SANA) El camino que recorrieron muchos periodistas sirios durante los años de la revolución distó mucho de ser una trayectoria profesional convencional. Para muchos de ellos, la cámara se convirtió en una herramienta para documentar una de las etapas más sangrientas de la historia reciente del país, en medio de condiciones de trabajo extremadamente peligrosas y un entorno marcado por constantes riesgos.

Ante las severas restricciones impuestas por el depuesto régimen a la entrada de medios internacionales, decenas de activistas y periodistas locales se encontraron en primera línea de los acontecimientos.

Desde allí documentaron protestas, violaciones de derechos y el sufrimiento de la población civil, enfrentándose a amenazas permanentes de arresto, tortura y bombardeos, con el objetivo de transmitir al mundo lo que ocurría dentro del país.

Yasser al-Fawal, conocido como Yasser al-Doumani, originario de la ciudad de Douma, en Ghouta Oriental, fue uno de los activistas que entraron en el ámbito mediático a través de la revolución. Su participación comenzó con las primeras sentadas pacíficas organizadas en solidaridad con los niños de Deraa en 2011.

Como consecuencia de su actividad, su casa fue allanada en varias ocasiones antes de que finalmente fuera detenido y sometido a torturas para obligarlo a revelar información sobre sus contactos con los medios de comunicación.

Más tarde se convirtió en portavoz del Comité de Coordinación Local de Douma (formado por un grupo de activistas que organizan actos humanitarios y revolucionarios), y en camarógrafo de campo, documentando los efectos de los bombardeos diarios sobre la ciudad. También cubrió enfrentamientos en Jobar, Harasta y Douma, y resultó herido en varias ocasiones durante su trabajo.

Uno de los episodios más impactantes que recuerda fue la documentación del ataque químico en Ghouta en 2013. Ese trabajo tuvo un alto coste personal: las fuerzas del régimen irrumpieron en su casa y detuvieron a su padre en dos ocasiones, lo que provocó que perdiera uno de sus ojos durante su encarcelamiento. Su hermano también fue arrestado. El propio al-Fawal recibió presiones y amenazas para que respaldara la versión oficial del depuesto régimen ante el tribunal de La Haya, algo que rechazó.

A pesar de los riesgos, afirma que el trabajo periodístico ayudó a llevar la voz de los civiles sitiados al exterior. Recuerda, por ejemplo, un reportaje sobre los niños de Ghouta que sufrían el frío, lo que posteriormente contribuyó a que se permitiera la entrada de combustible en la zona.

Para el periodista Baraa Othman, conocido como Abu al-Yusr Baraa, el periodismo tampoco fue una elección planificada. Antes de la revolución dirigía una empresa de producción audiovisual y estudiaba literatura inglesa, hasta que los acontecimientos de 2011 cambiaron el rumbo de su vida.

Según relata, el momento decisivo llegó cuando levantó su teléfono para filmar una manifestación el 15 de marzo de 2011. Poco después fue golpeado y perseguido por las fuerzas del depuesto régimen, y posteriormente detenido durante dos meses en prisiones de la inteligencia de la Fuerza Aérea.

La experiencia, lejos de disuadirlo, reforzó su determinación de continuar documentando los hechos, perfeccionando sus herramientas y organizando su trabajo para registrar masacres y violaciones de derechos.

Para Othman, una de las principales lecciones de los periodistas sirios durante la revolución es que el periodista debe seguir siendo la voz de la verdad, y que el futuro de Siria dependerá en gran medida del papel del periodismo para reconstruir una narrativa nacional capaz de devolver la confianza entre todos los sectores de la sociedad.

El periodista Ibrahim al-Khatib, de la ciudad de Alepo, comenzó su labor mediática en los primeros momentos de las protestas. Junto con su hermano Mohammad Saeed documentaba manifestaciones utilizando equipos muy básicos, antes de incorporarse posteriormente a los canales Al-Aan y Orient para cubrir los acontecimientos en la ciudad.

Durante los años de la revolución sufrió una serie de tragedias personales. Su hermano fue asesinado en 2013, y él mismo resultó herido en 2016 mientras cubría bombardeos, perdiendo uno de sus ojos.

A pesar de ello, continuó su trabajo sobre el terreno, documentando acontecimientos clave como el asedio de Alepo y la evacuación forzada de los barrios orientales de la ciudad. También cubrió el terremoto de 2023, y actualmente trabaja como corresponsal para Syria TV, consolidando una trayectoria personal y profesional marcada por los años de la revolución.

Las presiones no se limitaron a los periodistas, sino que en muchos casos también afectaron a sus familiares. Así lo relata el corresponsal de campo Haitham al-Akk, quien se vio obligado a abandonar su ciudad natal Latakia en 2011.

Según explica, el régimen ejerció presión sobre él mediante la detención repetida de varios miembros de su familia, entre ellos sus padres y su hermana.

Al-Akk, que trabajó con varios medios, entre ellos Al-Jisr TV, Levant News y Al-Ekhbariya saudí, recuerda haber recibido una llamada de un agente del depuesto régimen que le ofreció liberarle a algunos familiares a cambio de que se entregara.

Pese a estas experiencias, asegura que muchos sirios siguen esperando un futuro mejor, con la esperanza de que la próxima etapa permita reconstruir el país y ofrecer una vida más estable.

Según la Red Siria para los Derechos Humanos, los ataques contra periodistas formaron parte de una política destinada a controlar el flujo de información.

El director de la organización, Fadel Abdul Ghani, explica que antes de 2011 el depuesto régimen mantenía un control casi absoluto sobre los medios de comunicación y, tras el inicio de las protestas, intentó cerrar el país a la prensa internacional independiente, creando un enorme vacío informativo.

Entre la cámara y el riesgo: periodistas sirios cuentan la revolución Agencia SANA

Ese vacío fue llenado por lo que se conoció como “periodistas ciudadanos”, que utilizaron teléfonos móviles y redes sociales para transmitir imágenes e información desde las zonas de protesta. Sin embargo, ese papel también los convirtió en un objetivo directo de los aparatos de seguridad.

Según Abdul Ghani, el régimen aplicó una estrategia progresiva contra ellos: primero vigilancia, luego arrestos y presiones para obtener información, y finalmente desapariciones forzadas o ejecuciones.

Las estadísticas de la organización indican que 559 trabajadores de medios fueron asesinados por fuerzas del depuesto régimen entre marzo de 2011 y diciembre de 2025. Además, 47 periodistas murieron bajo tortura y 24 fueron asesinados por aliados del depuesto régimen.

El año 2013 fue el más sangriento para los periodistas, con alrededor del 25 % del total de muertes, seguido por 2012 (18 %) y 2014 (16 %).

En cuanto a las detenciones, la red documentó 1047 casos de arresto o secuestro de periodistas y trabajadores de medios, de los cuales 394 siguen desaparecidos forzosamente.

Para muchos periodistas sirios, las imágenes que documentaron los bombardeos y las historias que narraron el sufrimiento de la población civil constituyen hoy archivos personales y colectivos que algún día podrían formar parte de un registro histórico más amplio.

Entre la cámara que captó la tragedia y la palabra que transmitió la voz de la gente, el periodismo se convirtió para muchos comunicadores sirios en un testimonio de la verdad y un intento constante de preservar la memoria del país frente al olvido.

rr

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