OPINIÓN
Cristian Frers
Hay muertos y personas heridas. Hombres, mujeres y niños, sin distinción. Civiles y militares. Con responsabilidades y sin ellas. También hay hogares destruidos, hospitales, escuelas, instalaciones de defensa e infraestructura energética. Todo eso abunda en esta guerra en Medio Oriente que ya lleva más de tres semanas
Esta guerra, iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, está provocando una crisis ecológica de magnitud. Los bombardeos a pozos petrolíferos, incendios en refinerías, humo tóxico, metales pesados y toneladas de petróleo ardiendo, dañan el ambiente, afectando el aire, el suelo y el agua a nivel regional.
Una de las consecuencias directas es el cambio climático mediante la liberación masiva de gases de efecto invernadero (GEI) por bombardeos e incendios de infraestructuras, superando las emisiones anuales de muchos países. Además, provoca la destrucción de ecosistemas, contaminación tóxica de agua y suelos, y la pérdida de cultivos, agravando la crisis ambiental en una región ya vulnerable.
Los combates en Irán amenazan con convertirse en una bomba ecológica en el Golfo Pérsico. En una región que ya sufre condiciones climáticas extremas, la situación ha sido descrita como una auténtica bomba de relojería ecológica.
Se advierte que estos ataques a infraestructuras energéticas pueden dejar daños que duren años. La contaminación no solo queda en el aire, sino que también llega al suelo, al agua y a los cultivos. Los residuos tóxicos pueden acumularse en carreteras, tejados y terrenos agrícolas, y cuando el viento levanta polvo, esas sustancias pueden volver a dispersarse y afectar nuevamente a la población.
Entre los principales factores de contaminación, se destaca la destrucción de edificios civiles, lo que ha generado 2,4 millones de toneladas de dióxido de carbono.
Asimismo, las operaciones militares implican el consumo de entre 150 y 270 millones de litros de combustible, utilizadas por aeronaves, embarcaciones y vehículos, lo que deriva en más de 529 mil toneladas de emisiones contaminantes.
Otro de los impactos proviene de ataques a infraestructura energética. La quema de entre 2.5 y 5.9 millones de barriles de petróleo, tras bombardeos a depósitos de combustibles y represalias en la región del Golfo, provoco cerca de 1.88 millones de toneladas de dióxido de carbono.
Se advierte que, de mantenerse este ritmo, las emisiones podrían alcanzar 130 millones de toneladas en un año, equivalente a las emisiones anuales de países completos como Kuwait o incluso a la suma de decenas de naciones con baja huella de carbono.
Los países de Oriente Medio se encuentran entre los más expuestos del mundo a los impactos cada vez más intensos del cambio climático. La lista incluye fenómenos como olas de calor, sequías prolongadas, tormentas de arena cada vez más frecuentes, inundaciones devastadoras y el aumento del nivel del mar. Estas amenazas representan riesgos directos para la salud, la seguridad alimentaria, la economía y la estabilidad política de la región.
La guerra y el clima están estrechamente vinculados. La escasez de recursos naturales, agravada por el cambio climático, aumenta el riesgo de violencia, mientras que los conflictos destruyen ecosistemas, obstaculizan la gestión sostenible de los recursos y limitan la capacidad institucional para la respuesta ambiental.
Una de las principales barreras es la escasez de periodistas especializados en clima y medio ambiente. En la mayoría de las redacciones, el tema es abordado esporádicamente por reporteros generalistas, quienes carecen de la formación adecuada para interpretar informes técnicos o evaluar políticas públicas. Esto limita la capacidad de transmitir información precisa y coherente a la gente.
El futuro dependerá de la capacidad de integrar la agenda climática en la vida cotidiana de las redacciones, los responsables de la toma de decisiones y la sociedad civil. A pesar de los desafíos, invertir en periodismo especializado y valorar el conocimiento local puede contribuir a construir narrativas más cercanas a la realidad y, sobre todo, más eficaces para movilizar respuestas colectivas.
Cristian Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).
