El Día Internacional de la Mujer, originalmente Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se celebra cada 8 de marzo en conmemoración de la lucha que las mujeres llevaron a cabo para conseguir una participación real en la sociedad y un desarrollo íntegro como personas, en situación de igualdad con el hombre.
Desde UNICEF, este 8M queremos contar los conmovedores relatos de cinco mujeres de El Fasher, Sudán, mujeres que han tenido que dejar toda su vida atrás sufriendo enormes necesidades ellas mismas y los suyos, pero que están restaurando la esperanza, salvando a recién nacidos, tratando a los enfermos, creando nuevas rutinas para los niños y niñas, reabriendo aulas y sanando heridas emocionales.
Para entenderlas, es necesario recordar cuál es la situación que atraviesa su país, Sudán, y su ciudad, El Fasher.
La guerra en Sudán ha causado un sufrimiento inmenso a millones de niños, niñas y familias que actualmente están desplazadas por la violencia,, mientras que más de la mitad de la población depende de la asistencia humanitaria para sobrevivir. Esto convierte al país en la mayor crisis de desplazamiento infantil y emergencia humanitaria del mundo.
Esto es especialmente crítico en la ciudad de El Fasher, en la región de Darfur, donde conmueve la escalada de la violencia, el colapso de los servicios esenciales y las condiciones inimaginables de vida.
En este contexto, Tawila, Golo y Rokero se han transformado en los lugares de refugio a los que han llegado estas personas, exhaustas, hambrientas y desnutridas tras días enteros de viaje.
Allí, en las mismas condiciones de caos e incertidumbre, también tienen que lidiar las personas que están en la primera línea, que reciben a los que llegan con una compasión y cuidado extraordinarios.
Fadeela
En Golo, Darfur Central, en un centro de salud y nutrición, Fadeela atiende a madres y niños que esperan servicios vitales. Todos los días, esta nutricionista camina más de 45 minutos hasta la instalación sanitaria para proporcionar cuidados nutricionales y apoyo a las familias desplazadas.
Como madre ella misma, Fadeela está decidida a seguir apoyando a otras madres que crían a sus hijos e hijas a pesar de los enormes desafíos.
“Siempre me imagino si fuera mi hija la que necesitara esta ayuda que le pudiera salvar la vida”.
“Cuando se nos llama, no podemos decir que no porque sentimos el dolor de estas madres. Cuando llegan, están tan desnutridas, exhaustas y traumatizadas”.
Alawiya
Alawiya, maestra y madre de cuatro hijos, huyó de la violencia en El Fasher y llegó a Rokero con solo unas pocas pertenencias. Antes de encontrar refugio en una escuela, ella y su familia vivieron en la calle. Ahora, Alawiya duerme allí por las noches pero, durante el día, permanece en la escuela para enseñar a los niños y niñas. Allí comparte las difíciles circunstancias que involucran el desplazamiento.
“Es doloroso para nosotros. Pero nos consolamos mutuamente”.
“La educación es importante en la vida de los individuos y las comunidades. Para salir de esta trágica situación, no hay otro camino. Y mediante la educación, prevalecerá la paz”.
Latifa
Latifa ya había sufrido el desplazamiento varias veces antes de llegar a Tawila hace cuatro meses. Desde entonces, ha ofrece su tiempo como voluntaria en un espacio de aprendizaje instalado por UNICEF, apoyando a los niños y niñas afectados por el conflicto. El corto tiempo que pasan en ese espacio seguro de aprendizaje les brinda alegría y felicidad.
Todos los días, Latifa revive el miedo, el trauma, la pérdida y el dolor a través de los ojos de los niños a los que ayuda. Pero se siente motivada porque su apoyo diario contribuye a su proceso de recuperación. Habiendo vivido la pérdida y el desplazamiento, Latifa comprende el dolor de los niños y niñas y se alegra de que tengan un espacio seguro donde puedan compartir, jugar, crear nuevos lazos y sanar en el proceso.
“Este espacio significa seguridad, cuidado y amor para estos niños y niñas desplazados. Han visto tanto a tan corta edad”.
“Tienen tantos recuerdos de violencia. Necesitan apoyo y cosas que les recuerden su infancia, como juegos y juguetes. Cambian completamente después de venir aquí”.
Amina
Amina describe su angustioso viaje de desplazamiento, donde vio que muchos niños y niñas fallecieron por el camino. Recuerda una madre embarazada con cuatro hijos que llegó a destino solo con el que llevaba en su vientre.
Esta experiencia motivó a Amina a continuar trabajando como partera, apoyando a las madres para dar a luz a sus bebés de manera segura.
En el centro de salud, ofrece servicios de atención prenatal y después del parto, apoya partos seguros, realiza sesiones de concienciación sobre nutrición y asegura que las mujeres embarazadas y lactantes reciban medicinas y vitaminas esenciales.
Al final de cada día, Amina camina de regreso a casa con sus propios hijos, compartiendo las mismas incertidumbres que las familias a las que atiende. Sin embargo, cada mañana, regresa. En medio de la pérdida y el desplazamiento, no solo está atendiendo partos, sino también llevando salud y esperanza.
“Aún tengo algo que dar incluso después de haberlo perdido todo”.
“Las mujeres llegan agotadas, hambrientas y asustadas,” explica Amina. “Muchas vienen del campamento de Zamzam. No tienen refugio, ni mantas, nada para envolver a sus recién nacidos”.
“Los refugios abarrotados y las noches frías representan riesgos serios para los recién nacidos”.
Mahla
Mahla es trabajadora social en un espacio seguro establecido para proporcionar servicios especializados a mujeres y niñas afectadas por el conflicto. Allí pasa tiempo con mujeres y niñas brindando apoyo psicosocial a través de sesiones de consejería individuales y grupales.
Desplazada ella misma, Mahla ha sido testigo y ha vivido el sufrimiento que las familias desplazadas soportan a diario.
“Sé cuánto se debe soportar para llegar a un lugar seguro y los riesgos que eso tiene”.
“Permanecimos al sol, hambrientos y sedientos durante dos semanas antes de llegar aquí. Los niños y niñas pequeños morían de hambre, porque no había comida ni sombra para resguardarse”.
“No puedo describir la diferencia que este lugar hace para las mujeres, niñas y niños. Aquí es donde se sienten escuchadas y seguras".
Estas mujeres, al igual que todas las familias en Sudán, necesitan reconstruir sus vidas mientras esperan la paz y el día en que finalmente regresen a sus casas.
UNICEF con las mujeres y niños de Sudán
Para atender las necesidades más urgentes, desde UNICEF estamos en el país prestando servicios esenciales y distribuyendo suministros. Durante 2025:
- Fuimos el principal proveedor de servicios de atención primaria de salud apoyando a 1.400 centros de salud y permitiendo que más de 4,5 millones de niños, niñas y mujeres accedieran a estos servicios.
- Proporcionamos servicios de nutrición a través de más de 2.500 instalaciones sanitarias y 148 equipos móviles. Ampliamos los chequeos llegando a más de 6,8 millones de niños y niñas menores de cinco años.
- Establecimos más de 1.400 espacios seguros para el aprendizaje de los niños y niñas a los que accedieron 454.900, de los cuales el 52% eran niñas. Distribuimos materiales escolares y 482 tiendas de campaña para establecer aulas temporales.

