OPINIÓN de Ángeles Sanmiguel
“El sentimiento antitaurino también está creciendo en el mundo rural aunque a veces no se transforme en votos, nuestro trabajo es conseguir que así pueda ser”, comenta la portavoz nacional de PACMA (Partido Animalista Con el Medio Ambiente), Yolanda Morales.
Las sociedades avanzan, -si las dejan-, y no aceptan encubrir realidades palpables como el rechazo a la tauromaquia, algo “muy presente en el ámbito cultural” español.
Javier Bardem, Penélope Cruz, Miguel Bosé, Mónica Naranjo, El Gran Wyoming, Dani Rovira, Clara Lago, Alba Flores, Adriana Ugarte, Daniel Guzmán, Nathalie Seseña, Cristina Castaño, Antonia San Juan y un potente y extenso listado de artistas declaran su repulsa a tan retrógrado negocio, dilapidador desfachatado de dinero público. Mensajes fáciles cosificando a la víctima, revestidos de raigambre o patrioterismo siguen siendo difundidos a machamartillo, pero tal como anota Morales “el mundo de la cultura refleja bastante bien un cambio generacional que también vemos en la sociedad”, lo que conlleva, -y a la vista está, mal que le pese al enjambre taurino-, que “cada vez hay más sensibilidad hacia los derechos de los animales” arraigada y acrecentada exponencialmente.
“València antitaurina-PACMA”, reza la pancarta desplegada en la concentración frente a la plaza de toros de la ciudad del Turia durante la ominosa Feria Taurina de Fallas y sus trece sesiones degradantes donde se festeja el horror y la violencia con novilladas sin picadores y picadas, corridas de toros, de rejones y otros festejos populares en los que el olor a sangre y miedo, -porque el terror se huele, se palpa y hasta se come-, lo cubre todo, desde los chiqueros hasta el ruedo. Asimismo el movimiento antiespecista participaría demandando Liberación Animal.
“¡Vergüenza, vergüenza!”, se coreaba.
¿Qué suerte de sociedad, política, medios de comunicación, universidades, empresariado e intelectualidad perseveran en la conservación de bárbaras conductas disfuncionales y solapados latrocinios presupuestarios?
Inadvertidamente se descolgaría, desde una de las alturas exteriores del coso, una lona de seis metros donde la muchedumbre pudo leer: “Director Asuntos Taurinos: 88.000 euros. Un bombero forestal 28.000 euros. Más dinero para matar toros que para salvar vidas”. “¡Vaaaaamos ¡ hasta que toda la plaza quede vacía!”.
En redes sociales claman: “¿Cuándo acabarán estas malditas carnicerías? Te despiertas pensando en todos esos seres a los que les hemos robado la vida, ¡¡¡maldita sea!!!”.
PACMA, en las últimas elecciones autonómicas mantuvieron “una presencia electoral modesta pero estable”, comenta Morales. “En Extremadura obtuvimos alrededor del 0,4% de los votos (2.275) y en Aragón muy similar, 0,4% (2.638 votos)”, informa. “Obviamente no son los resultados deseados, pero siendo conscientes del momento histórico, podemos agradecer habernos quedado con la mayor parte del electorado para poder seguir trabajando”.
“¡Nuestro objetivo es seguir creciendo poco a poco!”.
Sentenciaba el filósofo madrileño autor de La rebelión de las masas, Ortega y Gasset, que: “Prisa sólo tienen los enfermos y los ambiciosos”.
“Nuestra experiencia en los pueblos nos demuestra que la realidad es mucho más diversa de lo que se suele pensar. Aunque la tauromaquia sigue teniendo presencia institucional en muchos municipios, cada vez recibimos más mensajes de vecinos que nos dicen que no se sienten representados por estos festejos”, personas que trasladan al partido sus tres principales preocupaciones sobre tales tinglados: 1/ El sufrimiento animal. 2/ “El uso de dinero público para financiarlos”. 3/ “La presión social que todavía existe en algunos lugares” impidiendo cuestionar la tauromaquia y sus pluralidades.
¿Cuántos abonos taurinos para la plaza de toros de València se tienen que regalar, en Fallas, para poder vanagloriarse de aumentar un once por ciento? Señoros trajeados y pseudo adalides de ciertos sectores, periodistas e incluso publicistas tienen su regalito, -el citado abono-, para así contemplar el martirio público de las reses en gradas preferentes o tras los burladeros y salir en las fotos de los medios de comunicación.
Si el eslogan utilizado por la gestora del coso taurino es “Son las Fallas de la ilusión”, ¿cuál es la lectura auténtica de tal rotundidad? Pues, ¡que no existe tal espejismo!
¿De qué sirve la política megalómana cuando se aparta del servicio a la población? ¿Quién se atreve a proclamar que la felicidad puede lograrse a costa del dolor y martirio de otros seres? ¿Esa recua de autócratas y sus minions locales (vasallos de la villanía)? Llenar la agenda con mensajes vacuos, bulos, promesas incumplidas y tergiversaciones no renta a medio plazo y largo plazo, tendrían que saberlo quienes se aferran en la narcotización de la población mediante la pontificación de modelos y rituales del negocio esclavistas/taurino.
Polarización, -la palabra del momento-, ha teñido estos recientes comicios autonómicos donde los mastodónticos partidos han salido a la arena resoplando, levantando polvareda y ocultando en tal fragor a formaciones de menor tamaño, aun así, “afrontamos cada proceso electoral con el objetivo de seguir consolidando el voto animalista y de llevar al debate público cuestiones que todavía están muy ausentes en la política institucional”, apunta la mencionada portavoz animalista, entre las que significa “la protección real de los animales, el fin de la tauromaquia o políticas ambientales más ambiciosas”.
¿A quién de los Epsilones (casta predeterminada inferior desde su origen, en la distopia escrita por Aldous Huxley, Un mundo felíz) le vale la pena, le renta el negocio de la tauromaquia? Ahí está el quid de la cuestión. ¿Tal es la carestía de contexto emocional inculcada que resulta imposible identificar la crueldad en la tauromaquia? ¿Qué excelencia puede haber en un vetusto rito sanguinario, parangón en espacios conservadores, ultraderechistas y pseudo socialistas?
“Herido está de muerte el pueblo que con sangre se divierte”, escribiría el militar y dramaturgo vallisoletano Leopoldo Cano y Masas.
Todo imperio acaba feneciendo, incluso en negocios de apariencia elevada, por muy bien tramados que estén.
“¿Qué ocurrirá cuando las viejecitas (viejecitos) que sólo votan al PP se vayan al cielo, o cuando los pijopobres del PSOE se vuelvan ya tan mayores que no puedan ni ir a votar?”, bloguea el catedrático de Filología Latina Francisco García Jurado. ¿Qué pasará con la tauromaquia? ¿Seguirá vampirizando los impuestos que paga el pueblo? “¡No con mi dinero!”.
“A todos los que van a la plaza a disfrutar con la tortura de un inocente, a los que van por curiosidad, a los y las que van para que los vean, a los que nos visitan que van creyendo que van a ver una bonita tradición rebosante de arte, les decimos desde aquí: Mirad al toro, mirad como sufre, como grita, como se desangra, como muere, como lo mutilan y como desaparece arrastrado por la arena como un despojo”, redactó en el manifiesto Dudosa Fiesta la vicecoordinadora de PACMA València Irene Mora. “Esos toros a los que ponen nombre como si los amaran serán olvidados para siempre, sólo se recordarán los que han matado algún torero”, afirma. “Sus cabezas cuelgan en algún sórdido museo pegadas a una madera y clavadas en la pared”.
“¿Qué dice esta fiesta de nosotros, los españoles y españolas?”, pregunta.
Pernicioso y manipulador es normalizar e inculcar parámetros de violencia como diversión en la infancia y adolescencia, algo en lo que se empecinan ciertas sagas familiares. Debiera estar castigado.
“¿No sabemos entretenernos sin torturar?”.
“¡Valencianos y valencianas, personas que nos visitáis, este espectáculo no representa a València, este espectáculo no representa a España!”, exclama Mora.
Machismo, supremacismo, mercantilismo, barbarie, saña, ranciedad, oportunismo, cabildeos y tenebridad rezuma por los cuatro costados la tauromaquia a pesar de brocados en plata y oro, pasodobles y parafernalia.
Toda concentración antitaurina es por ende pacífica en la que se evita cualquier confrontación frente a los indecibles insultos que se les profiera a quienes informan y denuncian el maltrato taurino. “Los comentarios del público fueron de todo tipo, desde los que pasaban y nos aplaudían e incluso se unieron a la concentración, hasta los que, como siempre ocurre, pasaban llamándonos de todo menos bonitas”, relata Mora quien mostró su DNI a la policía quien en todo momento “se mostró colaboradora” como también corrobora Diego Nevado colaborador en prensa de PACMA. “Nos han mandado bastante policía y en esta ocasión ha actuado para que los taurinos se fueran cuando estaban faltándonos al respeto, provocando e insultando”. Vítores a la ultraderecha y gritos de “¡viva Franco! parece ser que son la muletilla –útil tanto para un roto como para un descosido- de ciertos perfiles particulares y en estas ocasiones se sueltan a destajo.
Es fehaciente que colaborar en las concentraciones antitaurinas motiva a la juventud hasta el punto de participar altruistamente con sus trabajos como Zaira, nutricionista y pujante creadora de contenido en Instagram, promotora internauta de la alimentación basada en vegetales y la liberación animal, o Víctor que “hace fotos para publicar en Memoria Gráfica y para pasárnoslas”.
“El secreto de la humanidad está en el vínculo entre personas y sucesos, las personas ocasionan los sucesos y los sucesos forman a las personas”, dictaba el filósofo estadounidense del siglo diecinueve Ralph W. Emerson.
“Nuestra experiencia es que en territorios donde la tauromaquia tiene más respaldo institucional, como Castilla-León, Castilla-La Mancha o la Comunidad de Madrid, es donde más dificultades encontramos” a la hora de organizar concentraciones, expone la portavoz de PACMA.
Restricciones de distancia con respecto a las plazas de toros, cambios de ubicación para las concentraciones y limitaciones horarias reduciendo la visibilidad de las protestas, son algunos de los inconvenientes que se introducen en la gestión de permisos. Aun así las movilizaciones son incesantes en todo el territorio español, siendo las más impresionantes las denominadas Misión Abolición, llevadas a cabo anualmente en septiembre, resolviendo Morales que: “Como manifestarse es un derecho, no pueden simplemente vetarnos”.
Próximamente, para el doce de abril a las doce del mediodía, la Plataforma Antitaurina CV tiene agendada una protesta frente al Ayuntamiento de Albal para la que se contacta por WhatsApp al 691093886 y por correo electrónico a defensanimal2023@gmail.com
¿Fiesta nacional?
“Si entendemos por fiesta un acontecimiento que implica celebración y diversión de todos sus participantes, es evidente que esta premisa no se cumple en la plaza”. “Si entendemos por nacional perteneciente a la totalidad o gran parte de los habitantes de un territorio concreto, tampoco podemos estar de acuerdo atendiendo a los resultados de la reciente iniciativa legislativa popular (ILP) –con setecientas quince mil firmas validadas- sobre las corridas de toros en la que una inmensa mayoría indicó su rechazo a la celebración de dichas corridas”.
“¡Qué vergüenza que se nos conozca en el mundo por semejante espectáculo!”.
“¡Se nos dice!”… que las corridas de toros son una tradición, “¿quién ha sentenciado que tradición sea algo bueno y positivo que debe perdurar a lo largo de los tiempos hasta la eternidad?”, recalca Mora. Tradiciones espeluznantes han desaparecido por su crueldad.
“¡Se nos dice!”… que el toro y el torero están en igualdad de condiciones. Otra cruel y bien instrumentada mentira. El toro “cuenta para su defensa con las únicas armas que la naturaleza le dotó, sus cuernos”. Ha sido cegado, afeitado, golpeado, encajonado, trasladado a kilómetros de distancia sin agua ni comida, purgado, punzado, ensogado, desubicado, ensordecido, inyectado. Por su parte “el torero sabe muy bien a lo que va y para ello se ha preparado, pertrechado con la muleta, el capote y los trastos de matar con los que la naturaleza no le dotó”.
“¡Se nos dice!”… que el toro no sufre. “Si el toro no sufre ¡ponte tú! ¿no?”.
Luis Rojas Marcos, psiquiatra y escritor sevillano frasearía sobre la violencia que: “Al observar escenas despiadadas nos liberamos indirectamente de nuestras ocultas tendencias destructivas. Estas visiones satisfacen nuestras fantasías de poder, nuestros sueños de dominio y anhelos de venganza”.
