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Santa Clause existe

ESCRITOS CR脥TICOS
Jorge Majfud

Despu茅s de la invenci贸n de la rotativa, los esclavistas anglosajones del siglo XIX le vendieron la guerra contra M茅xico a los j贸venes con canciones patri贸ticas en las tabernas. Luego, los mercaderes de la naciente prensa amarilla (Joseph Pulitzer y William R. Hearst) vendieron la guerra contra Espa帽a en Cuba para vender m谩s diarios. Luego, la propaganda cient铆fica (Creel y Bernays) vendi贸 la Primera Guerra mundial a sus hijos para que las compa帽铆as otrora esclavistas, como J.P. Morgan, se aseguraran el cobro de sus pr茅stamos a los Aliados. Luego de la Segunda Guerra, la CIA fracas贸 creando cursos acad茅micos en Am茅rica Latina (como en Costa Rica y en Chile) pero tuvo un gran 茅xito infiltrando editoriales en la gran prensa internacional, promoviendo escritores org谩nicos (Operaci贸n Mockingbird), produciendo y promocionando pel铆culas como Top Gun y, m谩s recientemente, influencers y youtubers, siempre detr谩s de organizaciones-fachadas como la Ford Foundation, la NED y los m煤ltiples clientes del Mossad―desde Operaci贸n Susannah hasta Psy-Group y los Team Jorge.

En el siglo XXI, este fen贸meno es consistente con la infantilizaci贸n de las sociedades, la hiper fragmentaci贸n del pensamiento y la necesidad de la gratificaci贸n inmediata, propia de ni帽os y adultos adictos a los videojuegos. Es una realidad del capitalismo y un dise帽o de las redes sociales y las agencias secretas.

Hay un problema: la propaganda se est谩 encontrando con una generaci贸n saturada. A pesar de la cultura del consumo y la hiperfragmentaci贸n, las dolorosas consecuencias en los nuevos adultos de los viejos imperios son inocultables. En los centros imperiales, esta frustraci贸n, econ贸mica y social, est谩 provocando un fuerte cuestionamiento ideol贸gico en los j贸venes, tanto de izquierda como de derecha. De ah铆 la guerra psicol贸gica de la vieja maquinaria con propios y ajenos.

En una potencia hegem贸nica, la tendencia es al exceso de confianza, lo que lleva a un menor esfuerzo intelectual y a un declive en la creatividad. Lo contrario ocurre en aquellas sociedades no colonizadas que deben sufrir constantemente el acoso y la amenaza existencial de esas potencias. Por estas razones (aparte del cl谩sico c谩ncer civilizatorio de la acumulaci贸n de la riqueza), los imperios declinan, aun teniendo una ventaja militar. 

La infantilizaci贸n de las sociedades no es un谩nime, pero es suficiente para que el poder econ贸mico y financiero mantenga el poder pol铆tico que, en los simulacros de democracia, se basa en triunfos electorales de la mayor minor铆a, por lo general un tercio y, con frecuencia, apenas la mitad m谩s uno.

Esta infantilizaci贸n es m谩s emocional que intelectual, porque las emociones son el driver (operador) de las ideas y de las acciones. El objetivo del consumismo apunta a edades cada vez menores, desde la publicidad comercial, la sexualizaci贸n, legal e ilegal, hasta su descarte f铆sico y moral, como en guerras y genocidios. En nuestro tiempo de infinita obscenidad, la brutalidad del poder tiene cara de ni帽a, como objeto de odio y de deseo, de consumo y de demonizaci贸n.

Parte de la ingenier铆a emocional que decide pol铆ticas y masacres rutinarias radica en la infantilizaci贸n del est铆mulo y de la respuesta, ambas en las manos del capital, el cual, de forma creciente, privatiza (roba) toda innovaci贸n tecnol贸gica de la humanidad, mientras se presenta como innovador y creador de prosperidad a trav茅s de sus propios medios privados.

Nadie puede convencer a un ni帽o de cinco a帽os usando una teor铆a compleja. Las explicaciones racionales despiertan; no seducen. No por casualidad, los adultos insisten en inventar historias que narran como verdaderas a sus ni帽os, como Santa Claus o los Reyes Magos, como si la costumbre de mentirle a los inocentes fuese una costumbre inocente. Diferente es la ficci贸n del arte, porque no miente; m谩s bien dice una verdad presentando la imaginaci贸n como exploraci贸n interior y no como sustituto de la realidad exterior.

El problema es que esta etapa infantil de la “mentira inocente” se extiende cada vez m谩s y de forma m谩s sutil, de forma que el enga帽ado nunca alcanza a darse cuenta de que ha sido enga帽ado. Por el contrario, se amenaza con alg煤n castigo (el infierno o la pobreza) a quienes pierden la fe o cuestionan las verdades inoculadas, por lo que los creyentes adultos defienden su coto infantil con fanatismo y agresividad. 

La propaganda siempre fue ejercida desde arriba, desde el poder, y siempre trat贸 a los de abajo como ni帽os. El estricto contrario de la educaci贸n liberadora, para la cual el objetivo es potenciar la exploraci贸n del ni帽o y la libertad del adulto. Todo lo cual no quita que la pr谩ctica no haya sido tambi茅n la contraria. En nuestro tiempo, esa adoctrinaci贸n proviene del poder que necesita masas obedientes, conformadas por individuos desocializados. La masa tiene esa particularidad: est谩 amalgamada por un mito, por la propaganda, al tiempo que sus individuos est谩n divorciados, aislados por la carencia de comunicaci贸n y entendimiento. El resultado es la infantilizaci贸n de los adultos y la adultizaci贸n de la infancia.

Ahora, el sistema tiene un problema. Cada vez le resulta m谩s dif铆cil ocultar los hechos. Como siempre, tiene soluciones: (1) M谩s importante que negar hechos es convencer sobre el valor moral y la necesidad de los mismos, como la justificaci贸n de la acumulaci贸n astron贸mica de los billonarios―el sagrado derecho a la propiedad; como un genocidio o una masacre preventivas; (2) Hacer que la realidad y la mentira sean cada vez m谩s dif铆ciles de distinguir a trav茅s de la saturaci贸n de informaci贸n contradictoria y la creaci贸n de realidades paralelas o m煤ltiples como, en nuestro tiempo, las creaciones de IA―“no existe mejor estrategia contra un rumor verdadero que inventar otro falso que pretenda confirmarlo”.

El problema no es la carencia de informaci贸n, sino la intoxicaci贸n por exceso. Incluso cuando esta informaci贸n es negada (caso Epstein) la historia central de la pel铆cula es conocida hasta por quienes no han visto la pel铆cula. Conocida, pero no aceptada por los certificadores de la verdad, que son los grandes medios. Para el poder real, el objetivo no radica tanto en ocultar una verdad sino confirmar una fe mediante una interpretaci贸n de valor. Los humanos no s贸lo somos propensos a ser enga帽ados con mentiras dulces, sino que deseamos creer en el capit谩n que afirma que todo est谩 bajo control mientras el barco se hunde.

Durante la colonizaci贸n del Sur Global, tambi茅n exist铆an historias fant谩sticas sobre amazonas y ciudades de oro, pero las cr贸nicas estaban narradas al desnudo por los mismos conquistadores. Las matanzas propias que atribu铆an a Dios y las ajenas al Diablo. Lo importante era la funci贸n de la propaganda pol铆tica, racial y religiosa. Consist铆a en convencer a opresores y oprimidos de que los hechos (asaltar, esclavizar, robar, violar, matar) eran justos. “Dios nos dio la victoria”. “La esclavitud es por el bien de la civilizaci贸n”. “Los negros y las mujeres deben ser obedientes porque son inferiores”. “Son propiedad privada para la producci贸n y reproducci贸n”. “Invadimos y matamos por una causa noble: la libertad, la democracia”. “No es odio al inmigrante; es defensa de nuestra cultura”. “Las leyes que aplican a los seres inferiores no aplican a los elegidos de Dios…”

A lo largo de los siglos, pocas cosas hubo m谩s cobardes y repugnantes que los colonos y los descendientes imaginarios de los colonos justificando sus cr铆menes por razones de superioridad moral.

Hoy, uno de cada cinco estadounidenses cree en Santa Claus. Los psic贸logos explican que se trata de una necesidad de mantenerse conectados con los a帽os felices de la infancia. Coca Cola y los mercaderes, agradecidos.

El resto de los humanos agradecidos que, al menos por el momento, no se cometan genocidios en nombre de este viejo de barba tambi茅n.

Jorge Majfud, 21 de marzo de 2026

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