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Sempiterno ¡No a la guerra!

OPINIÓN

Ángeles Sanmiguel

“No to war and free Palestine” dijo un hierático Javier Bardem, actor español, en la entrega de los Óscar  2026, arrebatando al auditorio. 

“Rechazamos toda intervención militar, sanción coercitiva o tutela imperial  sobre cualquier país soberano (Irán, Líbano, Venezuela, Cuba…). La guerra y la amenaza no liberan a los pueblos, los someten”, puntualiza  en unos de sus apartados  el manifiesto  difundido por el Movimiento de Objeción de Conciencia MOC-València con ocasión de la macro manifestación llevada a cabo en la capital del Turia por doscientas sesenta y nueve entidades y más de diez mil personas participantes. 

“Defender su soberanía  no significa  apoyar la actuación de sus gobiernos”, señala el citado texto en respuesta a la tergiversación pelele y envenenada de la oposición española que soterradamente aboga por la guerra invasora de Trump y Netanyahu (su apellido original es Mileikowsky, procedente de Polonia, antiguo zareto ruso) y la sumisión sin ambages.  “Antes del derecho internacional  están los derechos humanos, y en Irán no hay”, soltó el paladín del PP remedando lo dicho  por el expresidente  del Gobierno español incluido en los documentos del pedófilo criminal Epstein, quien escribiría el “pacifismo mal entendido es profundamente irresponsable”. 

¿Pacifismo mal entendido o pacifismo inconveniente para toda tiranía? Un nuevo-viejo despotismo,  nada ajeno  a ideologías monstruosas,  ha arraigado en el siglo veintiuno con altivez. Hay que prepararse.

Dolçaina y tabalet entonaron el Bella Ciao, himno  contra la opresión. Pancartas de “¡No a la guerra!”, “Plataforma de sanitarios con Palestina”, “Mujeres de negro contra la guerra” desfilaron y la Asamblea Popular València contra las Guerras expuso sus requerimientos, -ahora  falta mover ficha  en las altas esferas-. 

La CGT (Confederación General del Trabajo), portando un gigantesco ogro de Trump con las manos ensangrentadas encabezaba su participación al grito de “¡No a las guerras!”, “Ni guerres, no exèrcits”, “Misiles fuera”, “¡OTAN no!”, “¡Bases fuera!”. Con antelación, dicho sindicato promulgaría: “Desde CGT hacemos un llamamiento a la sociedad para que desobedezca a la maquinaria de guerra: a no colaborar con ella, a cuestionarla y a organizar alternativas desde abajo”. 

Someter y censurar la crítica no significa que el mal no exista. El mal  es la guerra aunque se coarte la información, se amenace, desvirtúe o desmienta a profesionales que cubren  los hechos in situ.    

“La guerra no es un fenómeno natural, las guerras se alimentan de dinero” sentencia  Carlos Pérez, perteneciente a Antimilitaristas (MOC) València, alertado y dolido por la peligrosa indolencia hacia el belicismo de cierta parte de la sociedad. “Nos da lo mismo  que el mundo arda mientras yo esté cómodo”, es el prototipo. 

La consagración de la locura militarista-belicista precisa de la manipulación de todos los espacios empezando por la educación infantil donde se agazapan comunicaciones pendencieras, pasando por juegos infantiles, juguetes belicosos y ambientes juveniles en los que  se jalean violencias para  grabarlas y difundir en redes. Laberintos financieros blanquean y negocian  guerras, uno de sus activos preponderantes, y sagas como  la familia Rostchild, los antiguos samuráis -convertidos en banqueros- o las familias vascas del capital bolsista español son muestra de ello. 

“¿En qué banco tenemos guardado nuestro dinero?”,  anima a cuestionarse el activista antimilitarista Pérez. “¡No a la guerra  en la declaración de la Renta!”. 

“La militarización coloniza las mentes y hace ver al prójimo como enemigo. Cuando pasamos a considerar a alguien como algo, se justifica su eliminación  física”.

Robert de Niro, actor estadounidense, nuevamente  mostró  su repulsa  ante la sangrienta deriva violenta del actual Gobierno de su país: “No importa si eres republicano, demócrata o independiente, nadie, absolutamente nadie, votó por nuevas guerras”. 

Daniel Estulin, analista político y escritor lituano, fijaría, hace casi diecisiete años, que “se debe luchar con celosa determinación contra las esferas clandestinas de predominio que se dan en los gobiernos  y que financian campañas secretas contra la población”. ¡Las guerras! Porque la población no importa en las guerras, ni le importa a magnates mangantes, la población  es el enemigo a extinguir.   

Oskar Matute, portavoz adjunto  de Euskal Herria Bildu, antiguo activista por la insumisión al servicio militar  obligatorio en España, en el Congreso de los Diputados espetó: “Sus guerras, nuestras crisis”. 

Retomando el  documento antimilitarista antes citado este apunta: “La impunidad con la que se está efectuando  el genocidio en Palestina y la limpieza étnica de su pueblo por parte de Israel y EE.UU., demuestra la barbarie y la inhumanidad de las guerras coloniales que actualmente se están llevando a término”.Larry Johnson, ex analista de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) para asuntos  exteriores  de Estados Unidos, comentaría: “Esto no tiene absolutamente ningún sentido, es un juego realmente horrible”, refiriéndose al ataque  contra Irán.

Operación Furia Épica es el epígrafe que  el “presidente naranja” en su miserable y apocalíptica gestión ha dado  a su  tóxico decreto belicista con fines de lucro personal y familiar conjurado macabramente con un genocida.  “No entiendo por qué alguien en su sano juicio querría seguir financiando a Israel”, se pregunta el actual senador de los Estados Unidos Bernie Sanders crispado por el vasallaje y tributo  que su nación rinde  al sionismo. ¿Por fin llegó a la Casa Blanca el mirlo blanco adecuado para los fines de Israel, un presidente convicto de treinta y cuatro delitos e involucrado de lleno en los documentos Epstein? ¿El idóneo Fausto de Goethe que se enriquece  mientras sortea su condena  mefistofélica?   

BDS País Valencià, Voces X Palestina, Comunidad Palestina,  Benimaclet Palestina, Extinction Rebellion, Alerta Solidaria, Antimilitaristes MOC València, Casals i Ateneus, Sindicat de Llocateres València, Endavant, CNT València, La Fènix, COS, Entre Barris VLC, Intersindical,  Arrels del canvi, ARRAN, CGT, SEPC, Assemblea Feminista València, Bloc Crític No Oblidem Palestina y otras muchas entidades participarían en la manifestación unitaria incidiendo en el fin del comercio de armas  y de las relaciones con Israel, la negativa al rearme, la supresión de las bases militares estadounidenses de Rota  y Morón y la salida de España de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). 

¿“La OTAN controlada por los bilderberges”, -el Imperio Invisible-, forzando guerras convenientes para su feudo? 

Dictaminó el economista  de origen canadiense John Kennet Galbraith, que, “a largo plazo,  una guerra seria perturba profundamente  la economía política  de la satisfacción. El poder militar podría ser  con su propio poderío  una amenaza para la cultura de la satisfacción en el futuro”. Como ejemplo la guerra de Vietnam  contra la que Estados Unidos en pleno salió a las calles forzando su fin. 

Para el poder  todo hombre,  mujer o ser vivo  es  carne de cañón. Perderán la vida, la salud física y mental y todo por satisfacer los cruentos e inflamados apetitos  de una apoltronada élite encumbrada gracias a sus fechorías  y a los apoyos de fantasmales valedores. 

¿Nadie  se cuestiona  por qué  adalides ultraderechistas  preconizadores  del belicismo  son los primeros en  escabullirse de cualquier  alistamiento  militar? Trump, y su espolón  calcáreo en el talón  se libró por el diagnostico  de  un médico entrampado con su padre, Abascal con tres prórrogas consecutivas por estudios y la filibustera excusa de su concejalía en Llodio. ¿Acaso no estaban vigentes las milicias universitarias? Aznar, expresidente del Gobierno, quien en mil novecientos noventa y siete  declararía  al The Wall Street Journal: “Yo soy el milagro”, tampoco cumpliría con el servicio militar obligatorio.

“¡No a la guerra!”.      

¿Qué pasa cuando  en el entorno militarista el juramento a la Constitución  se anula por uno de carácter personal? Hitler  viendo  el peligro  que constituían las Camisas Pardas  (SA), paramilitares  del Partido Nazi, en la defensa de su Reich (imperio) no dudó en asesinar al jefe, Ernst Rochm, por su parte  el ministro de la Guerra (curioso paralelismo con el rebautizado Departamento de la Guerra estadounidense), Werner von Blomberg, ordenaría que “todos los miembros rasos  de las fuerzas armadas prestaran un juramento personal de fidelidad al Führer antes que al Estado alemán; se trataba de una trampa para el cuerpo de oficiales”, relata Michael Coffey, periodista y editor estadounidense.  

¿Intervención militar  en cualquier país soberano considerada como sanadora o terapéutica? ¡La abominación dictatorial! Al respecto cierto oficial de alto rango en el Departamento de Defensa estadounidense, declararía “que si se alcanzaran  ciertos niveles de atrocidad que fueran intolerables, eso probablemente serviría como disparo de salida”. ¿Alentar  a la villanía para injerir? 

Determina el manifiesto  de MOC València que: “La legislación internacional nunca ha estado exenta de una doble vara de medir que ha permitido justificar acciones de grandes potencias  que han vulnerado, sistemáticamente, los derechos de las grandes  mayorías”, añadiendo que “Trump ha dejado claro que no le interesan la libertad, ni los derechos humanos, ni siquiera en su propio país. Sus bombas no instauran la democracia. Esas mismas bombas sirven, además, para apoderarse de recursos naturales que no les pertenecen”.

En el año mil cien, el pueblo cahokia (amerindio) fue la superpotencia  de América del Norte, su punto débil era el combustible (leña). “A medida que los cahokia  se extendían, también aumentaban sus necesidades de combustible. Los grupos de recolectores de leña se vieron obligados a viajar cada vez más lejos de casa, hasta que finalmente  la distancia se hizo prohibitiva. Hacia el año mil doscientos cincuenta  los cahiokas habían caído en el olvido, víctimas, al parecer de la primera crisis energética de América”, relata el periodista de investigación estadounidense Paul Roberts en su ensayo “El fin del petróleo”, quien, en su viaje a Arabia Saudí,  a principios del siglo veintiuno,  tuvo la sensación  de que “los dioses de la energía, tal vez no sean tan poderosos, eternos y seguros de sí mismos como me había imaginado”.

¿La caída  del imperio del petrodólar? 

“¡Basta ya de agresiones imperialistas!”.

¿Pensiones, sanidad, educación, servicios sociales, vivienda, dependencia bajo la guillotina del gasto militar? ¡Fuera trapisondistas de la letra pequeña! “Reivindicamos  un sistema internacional  basado en normas que realmente  garanticen los derechos  humanos  frente a los intereses de los más poderosos económica y militarmente”, continúa instando la proclama. 

Actualmente países europeos  incentivan  económicamente  a la juventud para que se alisten en el ejército, ¿qué futuro les espera a las siguientes generaciones?   

“La historia se repite”, leería Emilia Bolinches, periodista y escritora valenciana, en la manifestación. Aznar  arrastró a España, a su ejército,  a la guerra de Irak, un montaje estadounidense  que ni Bush hijo tenía idea de por qué se tramó. Ahora,  con las mencionadas revelaciones  de Epstein,  se aclaran incógnitas sobre la sumisión al Tío Sam. “Querer la paz a cualquier precio es una irresponsabilidad, lo mismo  que querer la paz sin más. No se quiere la paz, sino una determinada modalidad de paz, ésta o aquella” sermonearía el susodicho político en sus literarias Cartas a un joven español.  

Alfons García periodista y licenciado en Literatura Hispánica,  opina que hay quienes “se ufanan de que caigan bombas al compás de la ley del más fuerte”.


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