OPINIÓN
Carlos Luna Arvelo
“Hay quienes piensan que esto fue un ataque contra la Revolución Bolivariana, es decir, contra el esquema de gobierno que está en marcha; hay otros que, por lo contrario, piensan que esto ha sido una acción liberadora o una especie de detonante de un cambio de gobierno y yo he sostenido, que no es eso. El bombardeo, la invasión territorial, la acción que ha ocurrido, gravísima, el 3 de enero, no es en contra del gobierno actual, ni es tampoco a favor de una tendencia de oposición o de un cambio de gobierno. Esto ha sido un ataque contra Venezuela”
Claudio Fermin, dirigente político.
Ahora cuando se cumplen ya tres meses de la “agresión imperial” de mayor envergadura que haya vivido nuestro país, en sus 215 años de historia republicana, se hace imperativo reflexionar sobre un tema que no pocos prefieren ignorar.
Es verdad que revisando la historia nos encontramos con que en 1902 la República fue víctima del boqueo naval por parte de los británicos, alemanes e italianos (inicialmente) a los que posteriormente se sumaron Bélgica, los Países Bajos y España. Ésta coalición de países europeos impuso un bloqueo para forzar el pago de la deuda que Venezuela mantenía con dichos países.
Así el 9 de diciembre de 1902 (precisamente cuando en Suramérica se conmemoraban los 78 años de la Batalla de Ayacucho, considerada el punto culminante de la gesta libertadora liderada por Simón Bolívar, consolidando la libertad no solo peruana sino continental) 15 buques británicos y alemanes atacaron el Puerto de La Guaira, tomando el control de los muelles y capturando seis naves de guerra venezolanas, apostadas en el Puerto. En los días siguientes las armadas alemanas e inglesas bombardearon las fortificaciones de Puerto Cabello y Maracaibo, dejando a la incipiente escuadra venezolana inoperativa.
Es bien conocida la proclama de quien ejercía la Presidencia en Venezuela entonces, Cipriano Castro, “la planta insolente del extranjero” como respuesta política ante la brutal agresión. La reacción no se hizo esperar y el sentimiento de “unidad nacional” prevaleció entre los venezolanos, quienes dejando de lado sus posiciones políticas, las divisiones y desencuentros atendieron unánimemente el llamado a la defensa de la Patria.
A 124 años de aquella histórica agresión europea a Venezuela, el 3 de enero de 2026 los Estados Unidos materializaron la amenaza de intervención militar en el país que, desde agosto del año 2025, con el apostamiento de la poderosa flota naval estadounidense en el Caribe mantuvieron.
En este caso la agresión no fue por deudas pendientes de Venezuela, ni tampoco la agresión fue llevada a cabo por una coalición de países. Bastó el despliegue tecnológico y la supremacía bélica estadounidense para penetrar el territorio venezolano, asesinar a más de 100 personas, entre civiles y militares, y en una operación de no menos de 2 horas secuestrar al Presidente en funciones y su esposa y dar inicio a un “proceso” en el país que, más allá de las interpretaciones que se le intenten dar, se parece mucho a lo en las guerras imperiales de la antigüedad se le llamaba conquista. Esta vez no hubo proclamas.
Si bien jurídicamente la “ausencia” del Presidente Nicolás Maduro (como consecuencia de su secuestro), ha dado paso a un “gobierno encargado”, no es un secreto para nadie la injerencia directa de los Estados Unidos en la política venezolana desde entonces, especialmente en los referido a la extracción y comercialización del petróleo de Venezuela.
Han sido reiteradas las declaraciones de Donald Trump, desde el minuto 1 del secuestro del Presidente venezolano, así como las de Marcos Rubio, su Secretario de Estado, y otros jerarcas del gobierno estadounidense, sobre sus propósitos con Venezuela a partir del 3 de enero, pero no menos indicativas han sido las visitas a Venezuela de emisarios del gobierno de Donald Trump al país.
La reforma de la Ley de Hidrocarburos, así como la Ley de Minas, por el Parlamento venezolano, llevadas a cabo en tiempo récord, sin dudas como “exigencias” directas al “gobierno encargado”. Son evidencias incontrovertibles de la influencia que ejerce el gobierno de Trump en Venezuela.
Mientras el “gobierno encargado” ha sostenido el relato de la continuidad del gobierno que hasta el 3 de enero condujo Nicolás Maduro, el gobierno de Donald Trump habló desde el principio de una “transición política” que se ejecutaría por fases.
Escasas han sido los discursos que públicamente han denunciado la agresión del 3E contra Venezuela, entre éstas destacamos el del socialdemócrata Cladio Fermín (exadeco que hoy preside el Partido Soluciones para Venezuela) quien sin miramientos no ha dudado en denunciar el atropello y agresión al país, tal como lo expresa en la cita que referimos a continuación
“El mismo 3 de enero, cuando esto ocurrió, mi reacción fue simplemente de indignación, de no saber cómo controlar interiormente mi disgusto, mi contrariedad, por la humillación, por la ofensa de estar siendo bombardeados, de que nuestro suelo, nuestro territorio haya sido pisoteado por una potencia extranjera, de los sucesos, más de 100 muertos, asesinados de una manera artera. Cuando hay una declaración de guerra, pues los Estados que están en guerra están preparados para eso. Aquí no ha habido ni siquiera una declaración de guerra, esto ha sido un acto abusivo, un acto cobarde”, https://www.ciudadccs.info/publicacion/40140-claudio-fermin-alza-su-voz-ante-incursion-gringa-en-venezuela
Mientras muchos en el país actúan como si lo ocurrido el 3E no supusiera la muerte de la República, como si en cualquier momento el país pudiera volver a disponer de la independencia y la soberanía que le fue arrebatada a bombazos el 3E y como si el gobierno encargado, no hubiese asumido la rendición incondicional como una manera de preservar el poder y de preservar la vida de un país que algunos celebran al verlo convertido en un estado vasallo.
No son pocos los que piensan ingenuamente que con elecciones generales Venezuela retomará la senda de la “normalidad”, suponiendo ingenuamente que el imperio soltará la presa que desde el 3E tiene entre sus fauces comenzó a devorar lenta pero progresivamente en su necesidad de mantener su hegemonía mundial. Nadie debe olvidar que Venezuela además de poseer las mayores reservas petroleras probadas del planeta, disponen de riquezas minerales diversas y que el imperio demanda de estos recursos para asegurarse la hegemonía que China le viene disputando.
Hoy cuando vemos a Irán defenderse legítimamente, apelando a sus capacidades propias, desarrolladas durante décadas de enfrentamiento contra un imperio genocida que le ha impuesto la guerra no podemos más que lamentar la ausencia de arrojo, valentía, tenacidad y el empeño que en demasía mostraron las generaciones que forjaron la independencia de nuestro país y del Sur del continente americano.
Carlos Luna Arvelo.
