
Por Gurbet Sarya* – En el Kurdistán sirio (Rojava), los kurdos se apresuran a “demostrar” que son “ciudadanos sirios” con documentos de identidad, documentos de residencia, registros escolares y cualquier documento que puedan reunir. Se han formado largas colas frente a los centros de registro civil abiertos el 6 de abril en las ciudades de Qamishlo, Derik, Hasaka, Chilaxa y Dirbesiye. Mientras enfrentan su pasado, los kurdos exigen una nueva Constitución que garantice todos sus derechos. Declarados “inexistentes” de la noche a la mañana en su propia tierra hace 64 años, han pagado el precio de la negación de su identidad y existencia en todos los ámbitos, incluidos los económicos, sociales, políticos, sanitarios y educativos.
En 1962, bajo el gobierno del entonces presidente Nazim al Qudsi y el primer ministro Bashir al Azma, un “censo especial” realizado en Hasaka como parte del proyecto del “cinturón árabe” devastó la vida de cientos de miles de kurdos. La justificación era la afirmación de que los kurdos habían “infiltrado ilegalmente Siria desde Turquía”. Se realizó un censo durante la noche en la región de Jazira, donde viven predominantemente kurdos, especialmente en Hasaka. Entre 250.000 y 300.000 kurdos fueron despojados de su ciudadanía y se les confiscó sus propiedades.
Algunos kurdos fueron registrados como “ajanib” (extranjeros), mientras que otros no estaban registrados en absoluto y fueron etiquetados como “maktoum” (no registrados). Esta situación evolucionó hasta convertirse en una enorme crisis humanitaria que afectó a cientos de miles de personas con el tiempo. Durante años, los kurdos vivieron en sus propias tierras sin que se escuchara su voz. El régimen del partido Baaz, que gobernó Siria de 1963 a 2024, continuó estigmatizando y aislando a los kurdos en función de su identidad.
En todas partes son “inexistentes”
Quienes fueron clasificados como “maktoum” no pueden obtener diplomas oficiales ni beneficiarse de la educación superior. Además, no pueden trabajar como funcionarios públicos ni poseer casas, coches u otras propiedades a su nombre. Como no pueden obtener pasaportes, no pueden salir legalmente del país por pasos fronterizos o aeropuertos.
El abogado de derechos humanos Xalid Cebir señala que en ese momento ningún grupo, salvo los kurdos en Siria, sufría tal discriminación, citando el siguiente ejemplo: “En Deir ez-Zor, donde viven árabes, tal política no se implementó. Nadie allí quedó sin identidad. Primero, bajo el proyecto de cinturón árabe, los árabes se asentaron en las regiones kurdas; luego se negó la identidad kurda y se les confiscaron todos sus derechos. Imagina: estás enfermo o tienes un funeral, pero no puedes viajar de una ciudad a otra”.
Durante años, los kurdos no solo fueron borrados estadísticamente. Esta falta de reconocimiento causó crisis que afectaron la vida diaria. Por ejemplo, los matrimonios no podían registrarse oficialmente y, en años posteriores, cientos de niños nacieron bajo el estatus de “maktoum” y permanecieron sin registrar. Los kurdos no podían defender sus derechos ante la ley en caso de un delito. El Estado podía confiscar fácilmente sus tierras, y no podían abrir negocios privados.
Al mismo tiempo, la falta de derecho al trabajo y a la apertura de negocios llevó a una pobreza profunda y a la migración hacia Europa. Miles se vieron obligados a emigrar debido a dificultades económicas. Sin embargo, sin documentos de identidad, se enfrentaban a obstáculos burocráticos en los países a los que se dirigían. Hoy en día, se estima que alrededor de 200.000 kurdos de Rojava que viven en Europa aún carecen de identidad oficial.
“Es tu tierra, pero no puedes protegerla”
Jinda Ehmed, del pueblo de Chetale, en Qamishlo, está entre los apátridas y dice: “Mi padre y mis abuelos nacieron aquí. No éramos muy ricos. Teníamos tierras, pero no eran oficialmente nuestras. Para evitar que el Estado las confiscara, amigos de la familia de confianza tenían las escrituras a su nombre. Cientos de personas perdieron sus casas y tierras. Como no tenían derechos legales, no podían recuperarlos. Los kurdos fueron empujados a la pobreza y al hambre. Otros cultivaron sus campos. Existís —la tierra es tuya— pero no puedes protegerla, y no tienes derechos sobre ella”.
Jinda también tiene familiares en la ciudad de Nusaybin, en el Kurdistán del Norte (Bakur, sudeste turco), pero no pudo visitarlos debido a la falta de pasaporte. Señala que esta situación ha destruido efectivamente las relaciones sociales y los lazos entre los kurdos: “Una de las mayores dificultades para mí fue la negación de mi derecho a la educación. Estudié hasta noveno curso, pero no tenía registro oficial. Mi hermana estudió hasta el último año de instituto, pero no le dieron el diploma. Mi tío fue expulsado de la universidad con una sola firma, o tenía que convertirse en informante o su educación terminaría”.
Los hombres sin ciudadanía tampoco pueden realizar el servicio militar obligatorio. Jinda indica que esta era la única ventaja para los kurdos: “Mi padre, mi hermano, mis tíos y mis primos, ninguno de ellos hizo el servicio militar”.
Solo el derecho al trabajo
Mientras los kurdos lucharon durante años con problemas económicos, políticos y sociales debido a su situación apátrida, en 2011 Bashar al Asad anunció, como si fuera un favor, que se les concedería el “derecho a trabajar”. En ese momento, los levantamientos contra regímenes autoritarios —conocidos como la Primavera Árabe— habían comenzado en todo Medio Oriente. En respuesta a los disturbios, el régimen de Asad introdujo una serie de “reformas” y declaró que a los kurdos se les permitiría abrir negocios y trabajar. Sin embargo, con el inicio de la Revolución de Rojava el equilibrio de poder en Siria cambió.
Los kurdos que viven en las regiones de la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (AADNES) han accedido a sus derechos fundamentales. No solo los kurdos, sino también árabes, siríacos, armenios y otras comunidades han podido obtener sus derechos durante 13 años, dentro de un sistema democrático e igualitario. Sin embargo, dado que no existe una Constitución que garantice los derechos de todos los ciudadanos en Siria, la situación sigue siendo frágil.
La administración de Mohammed al Jolani (Ahmed al Sharaa), que tomó el poder en Damasco en diciembre de 2024, sigue políticas similares a las del régimen del partido Baaz. En lugar de una Constitución inclusiva que resolviera la crisis del país, la administración de Al Jolani firmó una declaración constitucional temporal de 53 artículos el 3 de marzo de 2025, válida por cinco años. Está claro que esta declaración —preparada sin implementar mecanismos legales internacionales, sin escuchar las demandas del pueblo y sin garantizar la lengua materna y los derechos culturales— conducirá a nuevas crisis.
Según el acuerdo firmado el 29 de enero entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno de transición en Damasco, los kurdos que habían estado apátridas y privados de derechos básicos desde 1962 debían ser registrados como ciudadanos y recuperar sus derechos. En este marco, se abrieron centros de registro civil en cinco ciudades de Rojava el 6 de abril y comenzaron a aceptarse solicitudes.
Sin embargo, ha salido a la luz que los kurdos están siendo registrados en los formularios de solicitud no como “kurdos”, sino como “árabes sirios” que viven en la “República Árabe de Siria”. Tras las reacciones de los kurdos, la administración de Al Jolani se retiró el 9 de abril, eliminando el término “árabes sirios” y sustituyéndolo simplemente por “sirios”.
Aunque el asunto parece haberse resuelto por ahora y el plazo para solicitar la identidad se ha ampliado un mes, la gente sigue preocupada porque la identidad kurda, la lengua materna y los derechos culturales no están garantizados constitucionalmente. En última instancia, asegurar los derechos de aproximadamente cinco millones de kurdos también garantiza el futuro de Siria.
*ANF / Kurdistán América Latina
