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La implementación de economías sustentables en Argentina

OPINIÓN

Cristian Frers

La economía sostenible es un término relativamente nuevo que se usa para describir una forma de abordar la sostenibilidad económica y social. Esta forma de economía se centra en el desarrollo de una economía rentable que pueda satisfacer las necesidades de la población sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras.

Este tipo de economía se centra en el uso de recursos naturales limitados lo más eficientemente posible. Esto significa que la economía debe ser capaz de producir los bienes y servicios que satisfacen las necesidades de la población, sin comprometer el medio ambiente y los recursos naturales. Esta economía también debe ser capaz de crear y mantener una diversidad de fuentes de ingresos para la población. Esto significa que la economía debe ser capaz de producir productos que sean rentables para los consumidores, a la vez que se evita el uso excesivo de los recursos naturales.

La continua falta de oportunidades de trabajo, la insuficiente inversión y el bajo consumo producen la erosión del contrato social básico subyacente en las sociedades: el derecho de a compartir el progreso. La creación de empleos de calidad sigue constituyendo un gran desafío para casi todas las economías.

Es necesario exigir una reforma en profundidad del sistema financiero para hacer frente al aumento de la deuda, a la incertidumbre económica y a las tensiones comerciales, promoviendo al mismo tiempo una remuneración equitativa y un trabajo digno. 

Un crecimiento económico inclusivo y sostenido puede impulsar el progreso, crear empleos y mejorar los estándares de vida.

Hace un tiempo comenzó a difundirse la idea que es fundamental desarrollarse, pero poner la lupa, en que el desarrollo de hoy no comprometa el desarrollo de las generaciones futuras. Esa idea virtuosa se empezó a difundir en el mundo. Pero al poco tiempo a también se empezó a tergiversar.

El concepto, que es acertado y tiene toda la lógica del mundo, es en sí mismo. Lo que hoy consideramos sostenible, quizás mañana no lo será, o se superará con nuevas tecnologías y procedimientos. Y desde ya, siempre es opinable y sujeto a discusión en cada situación de la economía, si realmente tal cosa es sostenible en el tiempo o no.

La biotecnología es un pilar fundamental de la economía sustentable o bioeconomía, transformando sectores productivos mediante el uso de recursos renovables y procesos biológicos para reducir el impacto ambiental, la dependencia de combustibles fósiles y la huella de carbono. Sus aplicaciones abarcan agricultura eficiente, bioplásticos, biocombustibles y biorremediación, promoviendo la circularidad.

Si tomamos como ejemplo, los humedales artificiales son sistemas de ingeniería ecológica que imitan procesos naturales para depurar aguas residuales, gestionar pluviales y fomentar la biodiversidad. Su implementación es crucial por su bajo coste de mantenimiento, alta eficiencia en la eliminación de contaminantes y su capacidad para restaurar ecosistemas degradados. Es por este motivo, que los vengo impulsando en la localidad de Carmen de Areco – Provincia de Buenos Aires, desde el año 2006 pero sin suerte en el Municipio, incluso podría importarse a otros municipios.

El desarrollo de la producción y el empleo debe apoyarse en un marco de patrones sustentables que tengan como ejes principales el cuidado del ambiente y la calidad de vida de la población. El ambiente es visto, por lo general, como un ámbito en el que surgen necesidades de resolución ex post de problemas, la mayoría de los cuales son evitables.

El desafío para la ciencia, la tecnología y la innovación es el abordaje ex ante del ambiente. El conocimiento científico y la adopción de tecnologías apropiadas son herramientas indispensables para preservar y asegurar una utilización racional de los abundantes recursos naturales con que cuenta la Argentina, de modo tal de prevenir daños de magnitud.

El problema es que el presidente argentino, Javier Milei, prioriza el crecimiento económico basado en el libre mercado, la desregulación y la inversión privada, mostrando escepticismo sobre el cambio climático y las regulaciones ambientales, lo que a menudo choca con la agenda tradicional de desarrollo sostenible. Su enfoque se centra en la inversión en sectores extractivos como forma de desarrollo económico

Los tiempos inciertos que vivimos hoy son diferentes en más de un sentido. Si sentimos que nuestra vida no es segura, es porque no lo es. Estamos navegando por aguas desconocidas, atrapados en las corrientes impredecibles del peligroso cambio planetario, la transformación social y ambiental junto a la polarización de la sociedad. 

 

Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).


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