Ir al contenido principal

La situaci贸n de los derechos humanos en 2025/26

Agn猫s Callamard

313609crop.jpg

A lo largo de 2025, los bienes comunes de la humanidad fueron presa de depredadores voraces, de saqueadores brutales a la caza de trofeos injustos. L铆deres pol铆ticos como Trump, Putin y Netanyahu, entre otros muchos, desplegaron una ofensiva de conquista para lograr el dominio econ贸mico y pol铆tico mediante la destrucci贸n, la represi贸n y la violencia a escala masiva.

Tal como Amnist铆a Internacional ven铆a advirtiendo desde hac铆a tiempo, se estaba fraguando un panorama mundial que pod铆a desatar una ferocidad primitiva. Pero en 2025 se ech贸 le帽a al fuego temerariamente, a medida que bruscos golpes de tim贸n nos alejaban del orden internacional surgido de las cenizas del holocausto y de la destrucci贸n absoluta de las guerras mundiales, que, aun siendo insuficiente, se hab铆a ido consolidando lenta y trabajosamente a lo largo de los 80 a帽os anteriores.

En vez de hacer frente a los depredadores, casi todos los gobiernos, incluidos la mayor铆a de los Estados europeos, prefirieron apaciguarlos. Algunos incluso intentaron imitarlos. Otros se parapetaron tras ellos para protegerse. S贸lo unos cuantos optaron por plantarles cara.

Los cortafuegos fueron cayendo uno tras otro. Por complicidad o por silencio frente a los genocidios y los cr铆menes de lesa humanidad y por la imposici贸n de sanciones severas a quienes se esforzaban por hacer justicia. As铆 es como se recordar谩 2025: por sus depredadores y matones, por la utilizaci贸n de pol铆ticas de apaciguamiento destinadas a encubrir flagrantes incumplimientos de obligaciones internacionales, por el derrotismo, por un jugar con fuego por parte de los Estados que amenaza ahora con quemarnos a todos e incendiar tambi茅n el futuro de las generaciones venideras.

Hay quien dir谩 que en 2025 quedaba ya poco que destruir, que el ahora fallido sistema mundial no serv铆a m谩s que para aumentar el poder del ya poderoso mundo occidental. Hay quien piensa que 2025 simplemente sirvi贸 para disipar una bonita ilusi贸n.

Pero este tipo de discurso distorsiona el relato del orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Olvida el trabajo magistral de generaciones de personal diplom谩tico y activistas de la sociedad civil de todo el mundo que, a menudo en contra de los deseos de agentes mucho m谩s poderosos, contribuyeron a concebir, dar forma y promover ese orden basado en normas, sin dejar jam谩s de exigir que estuviera a la altura de su prop贸sito declarado.

La adopci贸n de la Declaraci贸n Universal de Derechos Humanos y la Convenci贸n sobre el Genocidio en 1948 y los muchos otros instrumentos normativos sometidos a debate y adoptados en los 80 a帽os siguientes no son una ilusi贸n. Constituyen manifestaciones tangibles de un orden surgido tras la guerra mundial, basado en un sistema multilateral de Estados iguales, enraizado en los derechos humanos universales y consagrado a evitar que las atrocidades del pasado pudieran repetirse.

Bien sabemos que las promesas del sistema no se han cumplido, pero no corresponde a quien incumpli贸 una promesa tacharla de fantas铆a.

Adem谩s, ese sistema nunca fue patrimonio exclusivo de los poderosos. En sus or铆genes, las naciones peque帽as superaban a las grandes. Fueron ellas las que aseguraron que en la Declaraci贸n Universal se prometiera a todas personas el respeto “universal” de los derechos humanos, sin “distinci贸n” y en pie de igualdad entre hombres y mujeres. En los a帽os posteriores, numerosas luchas anticoloniales y movimientos de emancipaci贸n se nutrieron de esas mismas afirmaciones y adquirieron as铆 m谩s legitimidad, a menudo en contra de los deseos de Europa. Fueron los nuevos Estados de 脕frica, el Caribe, Latinoam茅rica y Asia los que, junto con la sociedad civil del mundo entero y contra la voluntad de Estados Unidos, impulsaron el desarrollo del Pacto Internacional de Derechos Econ贸micos, Sociales y Culturales, la Convenci贸n sobre los Derechos del Ni帽o y la Convenci贸n Internacional sobre la Eliminaci贸n de Todas las Formas de Discriminaci贸n Racial.

Bajo la influencia de los instrumentos internacionales de derechos humanos, durante los 煤ltimos 80 a帽os se han producido profundas transformaciones positivas en nuestro mundo. Se ha tendido a garantizar mayor justicia, a abordar los desequilibrios de poder entre Estados y a reconocer y proteger los derechos de los pueblos racializados e ind铆genas, de las mujeres y de las personas LGBTI, consagrando en las legislaciones nacionales compromisos universales sobre la igualdad sustantiva, los derechos sexuales y reproductivos y los derechos laborales, por mencionar s贸lo algunos avances.

As铆 que no nos equivoquemos: el anuncio del fin del orden internacional basado en normas resulta exagerado. Los avisos de defunci贸n no se emiten porque el sistema no funcione, sea ineficiente o demasiado lento, sino porque no sirve a los intereses de quienes ostentan el poder pol铆tico y econ贸mico ni a los de quienes han optado por el apaciguamiento. Ahora quieren hacernos creer que todo era una quimera, una ficci贸n reconfortante que ha agotado su raz贸n de ser.

Hay que resistirse a ello defendiendo las salvaguardias normativas, deteniendo los peores ataques contra el orden basado en normas de 1948 y transformando ese orden de manera que puedan mantenerse y cumplirse mejor sus promesas.

Esta resistencia no significa limitarse a encubrir el indignante doble rasero con que este orden ha venido aplic谩ndose, ni restar importancia a su ineficacia o incluso par谩lisis. Tampoco pasa por hacer caso omiso de los numerosos incumplimientos de su promesa de universalidad, que han privado de protecci贸n a millones de personas, entre ellas las v铆ctimas palestinas del genocidio, el apartheid y la ocupaci贸n israel铆es, las mujeres afganas, cuyo pa铆s se ha convertido en una prisi贸n al aire libre, o el gran n煤mero de manifestantes iran铆es que, a principios de 2026, perdieron la vida en masacres que probablemente constituyan el mayor homicidio masivo de la historia reciente de Ir谩n.

Del mismo modo, oponer resistencia a los ataques de Donald Trump o Vladimir Putin al orden basado en normas no implica aceptar la visi贸n de China; porque China tambi茅n ha rechazado sistem谩ticamente los derechos humanos universales y la vigilancia del cumplimiento de los tratados mundiales. Puede que la b煤squeda de hegemon铆a de China adopte una forma distinta y se realice por otros medios, pero sus resultados son los mismos: desigualdad y represi贸n.

¿Cu谩l es la alternativa que se nos brinda frente al experimento global imperfecto iniciado en 1948? Es el menoscabo del derecho penal internacional, los ataques a la Corte Penal Internacional (CPI), la retirada de tratados internacionales y el abandono de organismos de la ONU. Tras paralizar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas mediante un abuso inadmisible de su poder de veto, los depredadores afirman ahora que los mecanismos de paz y seguridad no funcionan, y pretenden sustituirlos por otros que les convienen m谩s.

El orden mundial de los depredadores da la espalda a la justicia racial y de g茅nero, se mofa de los derechos de las mujeres, declara a la sociedad civil enemigo com煤n y rechaza la solidaridad internacional. Promueve un aumento sin precedentes del gasto militar, hace posibles las transferencias il铆citas de armas e impone enormes recortes presupuestarios a la ayuda internacional que amenazan con causar millones de muertes evitables y diezman la actividad de miles de organizaciones que trabajan por los derechos humanos, los derechos sexuales y reproductivos o la libertad de prensa.

Este mundo alternativo depredador silencia la disidencia y reprime las protestas, se vale de una ret贸rica deshumanizadora y facilita la comisi贸n de cr铆menes de odio y la instrumentalizaci贸n del Derecho. No se basa en el respeto de nuestra humanidad com煤n, sino en la supremac铆a comercial y la hegemon铆a tecnol贸gica.

A comienzos de 2026, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, describi贸 la visi贸n de ese nuevo orden como una alianza occidental de pueblos cristianos, liderada por Estados Unidos y arraigada con orgullo y sin complejos en una herencia com煤n, presentada en t茅rminos rom谩nticos a lo largo de su discurso. Pero las palabras no pueden ocultar los hechos: la historia evocada por Marco Rubio es tambi茅n una historia de dominaci贸n, colonialismo, esclavitud y genocidio.

En ese sistema “nuevo” pero que tan bien conocemos ya, los depredadores y quienes los apaciguan reprenden, disuaden y persiguen a quienes propugnan la igualdad entre los Estados y dentro de ellos. En ese sistema se hace mofa de la reparaci贸n de las injusticias del pasado. Rige la guerra, no la diplomacia —el genocidio de Israel contra la poblaci贸n palestina de Gaza contin煤a, a pesar del denominado “alto el fuego”—; los cr铆menes de lesa humanidad cometidos por Rusia en Ucrania se intensifican; Estados Unidos lleva a cabo homicidios extrajudiciales extraterritoriales y ataques il铆citos contra Venezuela e Ir谩n y amenaza con tomar Groenlandia; en Myanmar, Rep煤blica Democr谩tica del Congo y Sud谩n contin煤an cometi茅ndose cr铆menes de manera incontrolada, y la poblaci贸n de Oriente Medio est谩 sumida de nuevo en un caos que amenaza con abarcar cada vez m谩s pa铆ses.

Es una visi贸n de hegemon铆a pura y dura, de un mundo sin br煤jula moral.

Son pocos los Estados que han tenido el valor de alzar la voz contra el estruendo de los ca帽ones que silencia la diplomacia. Algunos ingresaron en el Grupo de La Haya, el bloque de Estados que propugna la adopci贸n coordinada de medidas jur铆dicas y diplom谩ticas en defensa del derecho internacional y la solidaridad con el pueblo palestino. Otros coadyuvaron a la denuncia de genocidio formulada por Sud谩frica contra Israel. Canad谩 inst贸 a las potencias medias a agruparse para invertir en resiliencia colectiva. Unos pocos, como Espa帽a, han denunciado sistem谩ticamente el desmantelamiento de las salvaguardias normativas.

A comienzos de 2026, algunos Estados europeos parecieron evaluar mejor los riesgos y se negaron a participar en los ataques estadounidenses e israel铆es contra Ir谩n, comprometi茅ndose a proteger la soberan铆a estrat茅gica, pero, como la Uni贸n Europea, no llegaron a reafirmar la primac铆a del derecho internacional y los derechos universales.

El temor a sufrir represalias por alzar la voz contra los poderosos es palpable en todo el mundo. Pero a lo largo de 2025 tambi茅n hubo muchas muestras de que los gobiernos segu铆an construyendo el presuntamente “ilusorio” orden internacional basado en normas, as铆 como de la determinaci贸n generalizada de la sociedad civil de defender y promover las normas globales.

El Consejo de Europa estableci贸 el Tribunal Especial para el Crimen de Agresi贸n contra Ucrania. La CPI dict贸 sendas 贸rdenes de detenci贸n contra dos l铆deres talibanes por el crimen de lesa humanidad de persecuci贸n por motivos de g茅nero e hizo p煤blicas las emitidas contra nacionales de Libia por presuntos cr铆menes de guerra y de lesa humanidad. En Rep煤blica Centroafricana, un tribunal penal h铆brido dict贸 sentencia condenatoria contra seis exmiembros de un grupo armado por cr铆menes de guerra y de lesa humanidad. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU estableci贸 un mecanismo de investigaci贸n independiente para Afganist谩n. Rodrigo Duterte, expresidente de Filipinas, fue entregado a la CPI en virtud de una orden de detenci贸n dictada contra 茅l por el crimen de lesa humanidad de asesinato. En la Primera Comisi贸n de la Asamblea General de la ONU, 156 Estados votaron a favor de entablar negociaciones sobre un instrumento internacional relativo a los sistemas de armas aut贸nomos. En julio, la UE ampli贸 el alcance de las prohibiciones de productos establecidas en su pionero reglamento contra la tortura. Se lograron avances considerables en la elaboraci贸n de una convenci贸n vinculante de la ONU sobre fiscalidad. En la COP30, la presi贸n de la sociedad civil y los sindicatos contribuy贸 a promover la adopci贸n de un mecanismo de transici贸n justa para proteger a las comunidades y a los trabajadores y trabajadoras en el tr谩nsito hacia la energ铆a limpia y un futuro de resiliencia clim谩tica. La Corte Internacional de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitieron opiniones consultivas en las que confirmaron la obligaci贸n de los Estados de responder a los da帽os clim谩ticos atendiendo a los derechos humanos. Colombia y Pa铆ses Bajos acordaron acoger conjuntamente la Primera Conferencia sobre la Transici贸n para Abandonar los Combustibles F贸siles en abril de 2026. En Espa帽a, Francia, Grecia, Italia, Marruecos y Suecia se organizaron huelgas nacionales y acciones del personal portuario que interrumpieron las rutas de transporte de armas a Israel. Los gobiernos de B茅lgica, Bolivia, Canad谩, Colombia, Cuba, Eslovenia, Espa帽a, Honduras, Malasia, Namibia y Sud谩frica se comprometieron en 2025 a modificar o detener el comercio de armas con Israel. Las mujeres lograron que se ampliara el derecho al aborto en Dinamarca, Islas Feroe, Luxemburgo, Noruega y Malawi. En Nepal, un levantamiento contra la corrupci贸n liderado por j贸venes derroc贸 al gobierno.

No estamos en un “per铆odo dif铆cil” m谩s. Estamos en el momento preciso en que todo lo construido en los 煤ltimos 80 a帽os corre el riesgo de desmoronarse. Nosotros, los pueblos, estaremos a la altura de este momento hist贸rico. Tendremos la ambici贸n que exigen estos tiempos y el valor de cambiar tambi茅n con ellos. Debemos hacerlo en todos los 谩mbitos: la pol铆tica y la diplomacia, el activismo y el consumo, el trabajo y la producci贸n, la participaci贸n electoral y la inversi贸n, la fe y el valor que nos dan nuestras convicciones. Trabajando de manera conjunta, debemos crear coaliciones s贸lidas de numerosas partes interesadas y animar a los Estados a hacer lo mismo.

En la actualidad, el lema “A pesar de todo, nos levantamos”, inspirado en el poema de Maya Angelou, significa centrarse en lo que debe ser defendido con car谩cter prioritario y a toda costa, en beneficio no s贸lo de nuestros derechos humanos, sino tambi茅n de los de las generaciones venideras. Para resistir, debemos tambi茅n determinar claramente qu茅 debe ser combatido con absoluta prioridad en el tsunami de leyes, pol铆ticas y pr谩cticas desencadenado por los depredadores del planeta, sean agentes estatales o no estatales. Resistencia significa tambi茅n tener claro qu茅 se debe transformar. Dados el ritmo y la magnitud de los cambios que estamos presenciando, tenemos que recurrir una vez m谩s al poder de nuestra imaginaci贸n y a la audacia de nuestra creatividad. Debemos concebir una visi贸n transformada y transformadora de los derechos humanos para el mundo en que nos estamos convirtiendo, no simplemente defender los derechos humanos del mundo que una vez fuimos. As铆, trabajando de forma conjunta y con toda nuestra creatividad, determinaci贸n y resiliencia, podremos materializar esa transformaci贸n.

No somos meros espectadores de la historia. Tambi茅n la escribimos. As铆 que, por el bien de la humanidad, es hora de hacer historia en derechos humanos.

Agn猫s Callamard

Secretaria general

ARCHIVOS

Mostrar m谩s


OTRA INFORMACI脫N ES POSIBLE

Informaci贸n internacional, derechos humanos, cultura, minor铆as, mujer, infancia, ecolog铆a, ciencia y comunicaci贸n

ElMercurioDigital.es, editado por mercurioPress/El Mercurio de Espa帽a bajo licencia de Creative Commons. Medio independiente propiedad de mercurioPress
©Desde 2002 en internet
Otra informaci贸n es posible


--