Un hilo de voz, una voz temblorosa o una voz potente y cantarina son ejemplos de cómo las distintas emociones, buenas y malas, se reflejan en nuestro habla. La voz no engaña, aunque muchas veces seamos capaces de modularla para ocultar lo que sentimos.
EFE.-En el Día Mundial de la Voz, el 16 de abril, la logopeda Laura Martín, especializada en neurociencia y comportamiento vocal, explica a EFE Salud cómo una emoción determinada impacta primero en el cerebro y después en la laringe y determina el tono, la fuerza o el color de nuestra voz.
“Una emoción negativa nos genera una tensión que sentimos en los músculos del cuello y de la mandíbula, se ponen rígidos y, al estar rígidos, el espacio interno por el que respiramos y que es el mismo conducto por el que hablamos, se estrecha mucho. Incluso no se puede mover porque hay una especie de contractura”, detalla.
Y ante el miedo, la tristeza o estar al borde del llanto, lo que ocurre es que ese aire que pasa por la laringe estrechada se encuentra con una resistencia muscular, una especie de nudo en la garganta, que hace que la voz se proyecte de forma temblorosa, a trompicones e incluso que falten las palabras.
En las emociones negativas, “la voz es más opaca, la cadencia más lenta, más monótona y le falta brillo”, lo que provoca también la pérdida de atención del que escucha.
Caso contrario ocurre cuando la emoción es positiva y predomina la alegría: “Hace que tengamos más espacio, que respiremos completamente, que subamos el volumen, que la voz sea muchísimo más aguda y el discurso mucho más rápido, tienes ganas de contarlo todo, te aceleras”, apunta la logopeda.
El estrés y la ansiedad también se notan en nuestra cuerdas vocales: “No hay pausa, son personas que tienden a escuchar menos y a hablar más”.
La voz se educa para que no se chive de las emociones
Actrices y actores o comunicadores son ejemplos claros de cómo trabajar la voz para que exprese las emociones que desean transmitir a los que les escuchan, y a la vez disimular aquellas que realmente sienten. La profesionalidad y la técnica ayuda a ocultar lo personal y evitar que la voz puede ser una chivata.
“Controlar la voz, se puede. La cuestión es cuánto tiempo puede sostenerse”, señala Laura Martín quien considera que, sobre todo, ante una situación de tristeza podemos puntualmente disimular pero, en algún momento, esa voz se rompe.
“Y eso también pasa factura a nivel corporal y emocional, porque tú no puedes estar cambiando de careta todo el tiempo. Tú eres tú al completo en todos los sitios” y pone el ejemplo de una maestra de infantil, que puede estar pasando una mala racha, y cada día tiene que esforzarse y modular su voz para captar la atención de los más pequeños con emociones positivas.
“Esto provoca una lucha interna entre la emoción positiva y la negativa. Y a largo plazo genera más problemas”, advierte.
EFE/Fernando Alvarado
Existen técnicas para controlar la voz, sobre todo cuando es necesario en el ámbito profesional, que pasan por la respiración y por la modulación, es decir, el tono.
“Una voz más plana, con menos dinámica o con una cadencia más lenta ya te muestra una emoción de apatía, de desgana, de cansancio… Y eso se entrena con diferentes técnicas, desde ejercicios sencillos, con pedorretas, con erres y con dinámicas vocales hasta técnicas más sofisticadas con diferentes tecnologías”, apunta.
Impostar la voz
Los profesionales que utilizan el habla como un instrumento de trabajo pueden caer en el error de impostar la voz: “Cuando empiezan a comunicar copia modelos, imitan a otras personas y eso se nota, no es tu identidad y la persona que escucha se da cuenta”.
Según la experta, “se sabe que no es tu discurso porque hay incongruencias con el lenguaje corporal, con las frases, en cómo te desenvuelves…En la voz también está toda la verdad o toda la mentira, hay que encontrar tu propia identidad”.
Esa voz temblorosa al hablar en público
El miedo también tiene su espejo en la voz y uno de los más comunes es el de hablar en público.
“Por un lado quieres hablar, porque lo que vas a comunicar te importa, pero por otro, tu sistema nervioso te dice ¡cuidado!, que te pueden juzgar, te van a criticar”, señala la logopeda.
“Se produce entonces -añade- una incongruencia entre el quiero y no puedo contra el quiero. Y ese miedo se nota en una inestabilidad en la voz, en un temblor. Se suele hablar más rápido para terminar antes”.
Y ese miedo impacta en el sistema nervioso, genera taquicardias, boca seca o sudor frío. Para controlar ese estado, la también directora del Máster Terapia Vocal en la Universidad Católica Cardenal Herrera (CEU) recomienda recibir clases de oratoria.
Saber modular la voz para trasmitir la emoción que deseas en cada momento puede hacer que transmitas ese sentimiento a la persona que te escucha y, así, impactar en sus emociones a la vez. La voz es una potente herramienta para expresar lo que sentimos…o no.
