Manifestación Republicana en Madrid: Por los derechos sociales y contra la guerra imperialista. Por la III República.
Comité de Madrid del PCE (m-l)
En la mañana de ayer, cientos de personas se reunieron en Madrid para conmemorar el aniversario de la II República Española, reivindicando también los derechos sociales, el fin de la guerra imperialista, la salida de España de la OTAN y la denuncia del nazi-sionismo israelí.
Desde las 12 de la mañana de este pasado domingo, cientos de manifestantes congregados en Banco de España, salieron a reivindicar el aniversario de la proclamación de la II República Española, con la clara convicción de avanzar hacia la proclamación de la III. Con consignas como «los Borbones, a los tiburones», «Felipe acelera, que viene la tercera», «14 de Abril, los Borbones a Estoril», «no hay dos sin tres, república otra vez» o «queremos la bandera que tiene tres colores, queremos la república de los trabajadores», junto a gritos de «viva la república», los manifestantes avanzaron por la calle Alcalá.
También estuvieron presentes las consignas por los derechos sociales, tales como «yo quiero una pensión, como la del Borbon», «yo quiero una casita, como la princesita» o «presupuestos militares para escuelas y hospitales», que denuncian la realidad social que viven las clases trabajadoras de nuestro país, avocadas a la precariedad, el aumento del coste de la vida y la sangrante situación de la vivienda.
Tampoco faltaron los cánticos contra la guerra imperialista y el nazi-sionismo israelí, con consignas como «guerra a la guerra imperialista», «OTAN no, bases fuera» o «estado sionista, estado terrorista», denunciando el genocidio que sigue realizándose en Palestina, o la guerra iniciada por el felón Trump junto a su socio sionista Netanyahu contra el régimen iraní.
Una vez en Sol, se leyó el comunicado unitario, firmado por las organizaciones convocantes, que reproducimos a continuación:
HACIA LA IMPRESCINDIBLE RUPTURA DEMOCRÁTICA Y REPUBLICANA
Hace ya mucho tiempo que la ruptura con el modelo político, económico, social y de relaciones internacionales impuesto en 1978 a los pueblos y las clases trabajadoras del Estado español se ha hecho imprescindible para reconquistar la dignidad, los derechos y las libertades que la oligarquía dominante nos niega sistemática y violentamente así como para afrontar y solucionar los graves problemas económicos que este régimen nos impone. Para ello, se sirve tanto de la explotación laboral y la miseria económica como a la difusión del racismo, el fascismo y la discriminación de minorías varias, sembrando el desconcierto, el enfrentamiento y la confusión entre las clases trabajadoras.
Pero la realidad se nos impone cada día. Nuestra clase, la clase trabajadora, no necesita que nadie le hable de la explotación laboral que sufre desde que se incorpora al mercado laboral hasta que alcanza, agotada mentalmente y físicamente destrozada, la merecida jubilación. Nuestra clase no necesita que nadie le explique la insoportable situación de la vivienda, convertida ya oficialmente en una mercancía de lujo con la colaboración activa de las instituciones públicas. Cada día, los trabajadores y las trabajadoras se enfrentan con una situación económica que nos dicen que «va como un cohete» por arriba, pero que en nuestra economía diaria, doméstica, se evapora en cuanto intentamos cubrir las necesidades más básicas. Nuestra clase no necesita que nadie le cuente los peligros que conlleva la privatización de las pensiones, de la sanidad, del transporte público o de la educación, porque cada día sufrimos las consecuencias en nuestras propias carnes; como tampoco necesitamos que nos digan qué consecuencias tiene la sumisión del país a alianzas internacionales que funcionan como verdaderas organizaciones terroristas, exportando guerras y protegiendo genocidios, como vemos en Ucrania, Palestina, Cuba o Venezuela.
Todos estos problemas, verdaderas crisis sociales, son ignorados por las instituciones políticas del Régimen del 78. Éstas, en el mejor de los casos, se limitan a anunciar medidas paliativas, sin verdaderos efectos, porque no pueden abordar la verdadera raíz del problema, que es la relación de poder económico sobre la que se sostiene toda la estructura política y social impuesta en el pacto entre fuerzas fascistas y reformistas que conocemos como «transición». Nadie tiene que explicarnos que el régimen implantado en 1978 rezuma corrupción, especulación, explotación laboral y desigualdad social, porque cada día sufrimos sus efectos.
Por eso, la única salida posible pasa por la ruptura completa con todo lo que implica este modelo, ya evidentemente caducado y podrido, que solo se mantiene en pie gracias a una estructura legal, económica, mediática y política al servicio de una oligarquía cada vez más reducida pero, al mismo tiempo, cada vez más insaciable. Una estructura que, sin embargo, no es tan poderosa como podría parecer, y que solo necesita el empuje de unas clases populares decididas a la ruptura para venirse abajo.
Esa ruptura solo puede ser democrática porque tiene que implicar a la mayoría del pueblo trabajador; solo puede ser republicana porque no podemos seguir siendo un pueblo tutelado, sino una sociedad madura y responsable de sus propias decisiones a todos los niveles; solo puede ser una ruptura con altura de miras, hacia dentro y hacia fuera de nuestras fronteras, respetuosa con los pueblos del Estado y de todo el mundo; y solo puede ser una ruptura radical y decidida a atajar de raíz la desigualdad y el desequilibrio económico que nos convierte en carne de cañón para las guerras y para las empresas de los ricos.
Por todo ello, el próximo 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República Española, deseamos visibilizar que esa ruptura es posible, que hay voluntad de hacerla realidad, y que nuestra clase, la clase trabajadora nunca ha bajado los brazos en la lucha por su dignidad y sus derechos.
VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA
VIVA LA TERCERA REPÚBLICA
