Encuentros en Madrid con MARYAM FATHI, representante en Europa de KJAR, Comunidad de Mujeres Libres de Kurdistán Oriental (Irán)
Sábado 11 abril, 12:45h
Domingo 12 abril, 12:00h
Miércoles 15 abril, 19:00h
APUNTES SOBRE LA SITUACIÓN EN IRÁN
El pueblo kurdo iraní, sus organizaciones civiles y sus partidos políticos llevan 47 años luchando por un cambio de régimen en Irán. Ya en 1979, en los inicios de la Revolución islámica, el ayatolá Jomeini emitió un edicto religioso (fatwa) contra los kurdos que marcó el inicio de una brutal represión contra la población kurda en Irán. Un año después, declaró formalmente la guerra santa (yihad) contra los kurdos, lo que provocó intensos combates y miles de muertes. La acción buscaba aplastar a los movimientos autonomistas kurdos y a los partidos de izquierda que luchaban por el reconocimiento de sus derechos tras la caída del Sha.
Las cárceles de la República Islámica están llenas de presos políticos kurdos y las ejecuciones de personas kurdas se cuentan por cientos. En los últimos años, la represión se ha recrudecido y ha alcanzado a toda la sociedad iraní, especialmente tras la muerte bajo custodia policial de la joven Jina Amini, que encendió la mecha de la revuelta «Mujer, Vida, Libertad».
El pasado mes de enero, la caótica situación económica y la corrupción generalizada provocó nuevos levantamientos populares por todo el país, especialmente en la capital. Según Amnistía Internacional, la represión del régimen iraní contra las protestas en Teherán y la región central del país incluyó el uso de armas militares, como ametralladoras automáticas o semiautomáticas, que anteriormente solo se utilizaban en las remotas zonas kurdas del noroeste.
Desde hace un mes, Israel y EE. UU. han lanzado una guerra contra el régimen de los ayatolás. Desde el principio fue evidente que al primero le mueve su objetivo de convertirse en la hegemonía de Asia Occidental y la creación del Gran Israel, mientras que la Administración Trump no tiene otro interés que hacerse con los recursos naturales de Irán y asegurar sus rutas comerciales. No están allí para apoyar al doliente pueblo iraní, sino que han tratado de utilizarlo para que apoyase su agresión ilegal. También han intentado azuzar a las organizaciones kurdas para que fueran la carne de cañón sobre el terreno. No han conseguido ni una cosa ni la otra.
Por su parte, el hijo del último Shah Pahlevi pretende erigirse en el reemplazo del régimen teocrático, y utiliza insistentemente los medios para publicitar su candidatura. Pero el recuerdo de la crueldad del Sha es demasiado doloroso, y los tiempos han cambiado. Solo algunos nostálgicos parecen apoyarlo.
Los pueblos de Irán quieren paz y libertad. Su unidad y organización son imprescindibles para afrontar los retos que tienen por delante.
