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Para los kurdos de Siria, la educación en la lengua materna es una línea roja


Por Serkeft Hisen* – En todo el mundo, cada nación vive, habla, escribe, se educa y se expresa en su propio idioma. El derecho a usar y aprender en la propia lengua es un derecho legítimo y natural de todos los pueblos, garantizado por los acuerdos internacionales sobre derechos humanos. Nunca debería ser objeto de debate.

En Kurdistán, lamentablemente, la historia es diferente. El pueblo kurdo ha sido sometido a la asimilación y la erradicación durante siglos. Tras la división de Kurdistán en cuatro partes, la asimilación se intensificó. Se impusieron a los kurdos las lenguas árabe, turca y persa. Una de las lenguas y culturas ancestrales de esta tierra se enfrentó a la extinción.

Al mismo tiempo, el pueblo kurdo en las cuatro regiones de Kurdistán y en la diáspora luchó por defender la lengua kurda. Lograron proteger la lengua y la cultura kurdas por diversos medios.

Rojava, o Kurdistán Occidental, fue la región que más sufrió las consecuencias de estas políticas de asimilación. La lengua y la cultura kurdas fueron prohibidas desde los primeros días del régimen baazista.

En un principio, el régimen prohibió la publicación en kurdo y la enseñanza en kurdo en escuelas y universidades. Luego, con la política del “Cinturón Árabe”, comenzaron a cambiar los nombres de las regiones, distritos y aldeas kurdas, y a sustituirlos por nombres árabes.

Esta política no fue un simple cambio. Si se analiza con detenimiento, también tenía como objetivo separar a los kurdos de su historia y normalizar la cultura de la arabización en la mentalidad kurda.

Por supuesto, hablar kurdo en escuelas e instituciones gubernamentales también estaba completamente prohibido. Cualquiera que hablara kurdo era arrestado. Los trabajadores kurdos eran despedidos y no podían encontrar otro empleo. Existen numerosos ejemplos de esto y muchas personas que presenciaron esta política y que aún viven.

Yo misma estudié durante tres años en las escuelas del derrocado régimen baazista. Siempre recordaré cómo nos impedían hablar nuestra propia lengua. Quizás para los niños de otras naciones, las escuelas eran un lugar de conocimiento. Pero para nosotros, fue un shock: allí, el idioma que hablábamos con nuestras madres en casa estaba prohibido. Al presenciar esto me sentí agotada. En un momento dado, le dije a mi madre que no quería ir a la escuela, porque no sabía hablar ese idioma extranjero que nos obligaban a usar y que esperaban que supiéramos.

Por otro lado, nuestros profesores nos decían que quienes hablaran bien árabe podrían ganar premios y obtener oportunidades. Con estas políticas, querían alejarnos de nuestra lengua kurda y fomentar el uso del árabe.

Por supuesto, estas políticas de asimilación no dieron buenos resultados. En Rojava, nuestras madres siempre protegieron la lengua y la cultura kurdas educándonos en casa. El idioma kurdo siempre ha sido defendido por madres kurdas trabajadoras. Hubo lingüistas, escritores y defensores de los derechos lingüísticos que, en secreto, impartieron clases de kurdo a pequeños grupos. Algunos imanes y eruditos religiosos también desempeñaron un papel importante en la preservación del kurdo.

En 2007, en una pequeña aldea alejada de la ciudad, un grupo de activistas fundó el Instituto de Lengua Kurda (SZK, por su sigla original). En condiciones muy difíciles y en total secreto, comenzaron a enseñar su idioma a niños kurdos. Trabajaban con pequeños grupos en casas particulares. A veces, era demasiado peligroso incluso permitir que sus alumnos tuvieran libros de texto.

Sus esfuerzos continuaron de esta manera hasta la Revolución de Rojava. En 2012, al comenzar la revolución, el idioma kurdo se incorporó a la vida pública.

Por primera vez, se abrieron escuelas en kurdo. En ellas, los niños kurdos podían estudiar en el idioma que hablaban en casa. Las primeras escuelas y la primera universidad donde el kurdo era el idioma de instrucción se inauguraron en Afrin. Tan pronto como se elaboró ​​el currículo correspondiente, los estudiantes pudieron estudiar en kurdo desde primaria hasta secundaria. Posteriormente, se fundaron la Universidad de Rojava y la Universidad de Kobane. En estas universidades, la mayoría de los programas se imparten en kurdo, aunque algunos también utilizan el árabe y el inglés.

Hoy en Rojava existe una generación que ha sido educada no solo para conocer su idioma, sino también para sentirse orgullosa de él.

Cuando una persona recibe educación en su propia lengua puede liberar su mente y desarrollarse plenamente. Como periodista, al hablar con estudiantes, me comentan que están muy satisfechos con la educación en kurdo y que ven reflejada en ella su existencia e identidad. Hoy en día, algunos estudiantes kurdos incluso han comenzado a escribir sus propios libros, a detectar errores en materiales antiguos y a comunicarlos a las autoridades competentes.

Tras la caída del régimen baazista y la llegada del gobierno de transición sirio, los kurdos esperaban que el nuevo Estado reconociera el kurdo como idioma oficial y que todas las comunidades de Siria pudieran estudiar y vivir con sus propios idiomas, culturas, literaturas e historias.

Pero ha quedado claro que la lucha continuará y que el pueblo kurdo tiene por delante un camino difícil hacia el reconocimiento constitucional y las garantías para la lengua kurda. El acuerdo de integración del 29 de enero de 2026 entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y el gobierno de transición incluye dos artículos relacionados con la educación kurda. Tras su anuncio, una delegación del Ministerio de Educación sirio se reunió con la autoridad educativa de Rojava. El gobierno también anunció que comenzará a elaborar un currículo kurdo.

Pero la postura del gobierno sobre la educación kurda y las demandas de la mayoría de los kurdos sirios son muy diferentes. Ya existe un currículo kurdo. Los kurdos de Rojava asisten a escuelas donde el kurdo es el idioma de instrucción desde hace más de 10 años.

Por su parte, el gobierno pretende ofrecer tan solo dos horas semanales de clases opcionales de kurdo en algunas regiones. El resto del material didáctico para las demás asignaturas seguirá estando en árabe, como antes. Es decir, pretenden volver a la época de la asimilación, en la que los niños se esforzaban por comprender el idioma en el que se les impartía la enseñanza antes incluso de poder intentar comprender las materias que estudiaban.

El pueblo kurdo rechaza abrumadoramente esta postura. He hablado con muchos estudiantes kurdos y sus familias, quienes afirman que volver a la educación exclusivamente en árabe es impensable. Los kurdos no están dispuestos a regresar al statu quo anterior a 2011. Se han acostumbrado a vivir con su historia, literatura, cultura e idioma, y ​​abordan esta cuestión política desde esta perspectiva. Saben que si renuncian al derecho a la educación en su lengua materna, se quedarán sin estatus: un pueblo que pierde su idioma pronto se encontrará sin nación.

El kurdo como lengua de instrucción desde preescolar hasta la universidad constituye, por lo tanto, una línea roja. El estatus oficial e igualitario del kurdo debe garantizarse en la nueva Constitución siria. La educación en lengua kurda y los diplomas otorgados por la Administración Autónoma (AADNES) deben ser reconocidos. El nuevo currículo debe abordar las cuestiones kurdas desde una perspectiva de igualdad, para que los niños kurdos —al igual que todos los niños de todas las comunidades de Siria— puedan aprender sobre su propia cultura, literatura, arte e historia.

Es importante reconocer que no se trata de peticiones especiales. Son derechos garantizados por convenios internacionales y realidades de la sociedad kurda siria. Los derechos kurdos son la piedra angular de la democratización en la nueva Siria. Sin la participación kurda, la paz y la cohesión social serán imposibles.

Si el gobierno insiste en su política actual, una cosa es segura: los kurdos no renunciaremos al derecho a nuestra lengua. Hoy en Rojava, los niños kurdos comienzan la jornada escolar con las palabras “Be ziman jiyan nabe” , es decir, “sin nuestra lengua, no hay vida”. Nuestro pueblo no aceptará una vida sin la lengua kurda ni una en la que se la reduzca a una condición de segunda clase. Este es un derecho humano fundamental y nuestra línea roja.

*Kurdish Peace Institute 

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