
Comisión de Trabajo y Pensiones del Partido Comunista de España (marxista-leninista)
En este 2026, llegamos a un nuevo Primero de Mayo en el que la clase trabajadora se enfrenta a una realidad cada vez más dura: el recrudecimiento de la guerra imperialista, la intensificación de la explotación capitalista y el deterioro acelerado de las condiciones de vida de millones de trabajadores y trabajadoras.
Hoy, más que nunca, se confirma que la guerra no es un accidente ni el resultado de decisiones aisladas de gobiernos o personajes concretos, sino la consecuencia inevitable de un sistema en crisis. El capitalismo en su fase imperialista, ahogado por sus propias contradicciones, lanza a los pueblos al enfrentamiento para repartirse mercados, recursos y áreas de influencia. En ese escenario, son los trabajadores quienes ponen los muertos, quienes sufren la precariedad y quienes pagan la factura de la guerra. Frente a esta barbarie, la clase obrera comienza a ocupar el lugar que le corresponde: el de vanguardia en la lucha contra la guerra imperialista. Lo hemos visto con claridad en las acciones de los estibadores y trabajadores portuarios que han bloqueado envíos de armas en solidaridad con el pueblo palestino, demostrando que la fuerza organizada del trabajo puede golpear directamente los intereses del capital y sus guerras. Estos ejemplos marcan el camino: la lucha contra la guerra no se libra en los despachos, sino en los centros de trabajo, en las fábricas y en las calles.
La guerra imperialista no solo destruye pueblos lejanos; también empeora las condiciones de vida en nuestro propio país. La inflación, el encarecimiento de la energía y los alimentos, los recortes sociales y el aumento del gasto militar son consecuencias directas de esta dinámica. Mientras las grandes empresas multiplican sus beneficios, los trabajadores ven cómo sus salarios pierden poder adquisitivo, cómo se precarizan sus empleos y cómo se degradan sus derechos. Ante esta situación, se hace imprescindible reafirmar el internacionalismo proletario. Frente a la lógica de la guerra entre pueblos que impone el capital, levantamos la consigna que resume nuestra posición: paz entre los pueblos, guerra entre las clases. Nuestra clase no tiene nada que ganar alineándose con una u otra potencia imperialista; nuestra lucha es contra todas ellas y contra el sistema que las engendra. El internacionalismo no es una consigna vacía, sino una necesidad práctica. Solo mediante la solidaridad y la acción coordinada podrá enfrentarse eficazmente al capital global.
Al mismo tiempo, debemos fortalecer la lucha obrera y sindical frente al capital. Solo la organización en los centros de trabajo y la movilización sostenida permitirán defender y conquistar derechos. Frente a un sistema que impone sacrificios constantes, la respuesta no puede ser la resignación ni el pacto social permanente, sino la lucha consciente y organizada.
En este contexto, resulta cada vez más evidente la alianza entre la extrema derecha y la gran patronal. Las posiciones reaccionarias que avanzan en distintos países no son una alternativa al sistema, sino una herramienta del capital para reforzar su dominio. La actitud de las organizaciones empresariales, alineándose con políticas reaccionarias y con figuras como Trump, demuestra que detrás del discurso “antisistema” de la extrema derecha se esconde la defensa más brutal de los intereses capitalistas. Junto a ello, denunciamos la creciente represión contra el movimiento obrero y sindical. La criminalización de la protesta, las sanciones y listas negras, los despidos y la persecución de sindicalistas son parte de la estrategia del capital para frenar la organización de la clase trabajadora.
La historia del Primero de Mayo nos recuerda que nada ha sido regalado. Cada derecho conquistado ha sido fruto de la lucha colectiva. Hoy, en un contexto de crisis y guerra, esa lección cobra una vigencia absoluta. La tarea que tenemos por delante es enorme, pero también lo es la fuerza de los trabajadores cuando luchan unidos. Es necesario reforzar la organización en todos los ámbitos, estrechar la solidaridad entre los pueblos y levantar una alternativa revolucionaria frente a un sistema que solo ofrece explotación, miseria y guerra.
Este Primero de Mayo, levantamos con firmeza nuestras banderas:Contra la guerra imperialista.Por la unidad y la organización de la clase obrera.Por el internacionalismo proletario.Por la lucha contra el capital.¡Viva el 1º de Mayo!
¡Viva la lucha de la clase obrera internacional!
