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El reto de predecir el tiempo en la Antártida: el trabajo clave de la Aemet en el continente helado

El reto de predecir el tiempo en la Antártida: el trabajo clave de la Aemet en el continente helado:

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Mari Navas. Madrid. EFE.-  En la Estación Juan Carlos I de la base antártica española en la isla Livingston hace, en el momento de escribir esta información, una temperatura de 1,6 grados, una humedad del 91 % y un viento de 2,8 metros por segundo. Unas condiciones meteorológicas que seguramente serían imposibles de conocer desde España si no fuera por el trabajo de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Desde que comenzó a desarrollarse la campaña antártica española en 1988, la agencia no ha fallado ningún verano austral en la campaña con el objetivo de llevar a cabo dos tareas: por un lado, mantener las infraestructuras de recopilación de datos gracias a la que esta periodista sabe la temperatura que hace en estos momentos y, la segunda, hacer predicciones in situ.

Unas labores que conocen a la perfección los predictores Javier Martín y Benito Elvira. Con dos y cuatro campañas a sus espaldas, respectivamente, han sido dos de los cuatro integrantes -dos predictores y dos técnicos- de la Aemet que este año han estado en la Antártida.

Según explican a EFE Verde, van en dos turnos y en grupos de dos, por lo que mientras que Elvira volvió hace menos de un mes junto a uno de sus compañeros técnicos, Martín estuvo en la Antártida entre el 21 de diciembre y el 18 de febrero. Todo, para que el resto de los integrantes de la campaña sepan de primera mano qué tiempo va a hacer.

«Nosotros vamos a hacer allí predicción meteorológica, vigilancia meteorológica, de la misma forma que la hacemos en España, aunque hay diferencias», asegura Elvira. Entre ellas, que los modelos no son tan precisos y que hacen el trabajo para una comunidad científica o militar con la que conviven, que son los trabajadores de la base.

De sus predicciones dependen las actividades de movimiento en tierra y en la bahía de los científicos, es decir, que se puedan desplazar para tomar muestras y lo hagan en condiciones de seguridad.

Un reto

Se trata de un reto para los predictores, según reconocen, ya que los modelos no son tan precisos y buenos como en latitudes medias, ya que hacen frente a una meteorología que es más cambiante que en España.

«Es un reto porque los modelos no son tan precisos, no están tan adaptados a esas latitudes. Entonces, al hacer la predicción, que es una información relevante para organizar las actividades y garantizar la seguridad, pues claro, es un reto impresionante», continúa Elvira.

Durante su estancia, Elvira y Martín hacen predicciones para los dos días siguientes y actualizan las de la jornada antes de que comiencen los trabajos, aunque consideran que lo más importante es la reunión técnica en la que explican al resto las condiciones que se esperan.

«La hora del briefing es cuando transmitimos de palabra lo que pensamos y cómo creemos que va a evolucionar», explica Martín, quien destaca que se trata de un usuario científico que demanda más conocimiento.

En su caso, pasó unos 20 días en la base militar Gabriel de Castilla, a donde la Aemet comenzó a ir en 2022 y que les sirve no solo para conocer mejor las condiciones meteorológicas de la isla Decepción -en la que se ubica-, sino también para acercarse al Ejército de Tierra y realizar tareas de información y sensibilización, según Martín.

Trabajar y disfrutar

«Trabajar y disfrutar». Con esas dos palabras resume Elvira cómo es la vida en la Antártida. Unas jornadas «bastante rutinarias» con «horarios muy extensos» y en los que realmente «se desconecta poco», ya que tu casa es la base y las reglas son más estrictas que en la vida normal.

«Aquí tenemos una serie de reglas, estamos comunicados por radio, si quieres despejarte un poco, pues tiene que pedir permiso [para salir]», afirma Martín, mientras que su compañero explica que, en el poco tiempo libre que tienen, van a ver los pingüinos al lado de la playa y «de vez en cuando», un poco más lejos. 

En el caso de los técnicos, reconocen que sí que pueden gestionar mejor su tiempo.

«Es que tiene que ser vocacional, porque si te plantean que vas a trabajar durante mes y medio a full. Nos levantamos a las seis y algo de la mañana y hasta la hora de cenar, incluso después, no desconectamos porque tenemos que dar asistencia a otro campamento», resume Martín, antes de reconocer que llegan “hechos polvo” a la vuelta.

«Y compensa, yo creo que compensa aunque volvamos agotados», le interrumpe Elvira, que destaca que la gente allí es muy agradecida y «muy comprensiva» con unos fallos «que son inevitables».

Clave para conocer el cambio climático

Junto con el trabajo de predictor, Martín y Elvira han estado acompañados por dos técnicos, Antonio Alcántara y Juan Carlos Suárez, que se encargan de mantener las estaciones automáticas y las series temporales de datos «que son muy importantes, por ejemplo, para monitorizar el cambio climático», según explica el coordinador de actividades antárticas de la Aemet, Samuel Luisán.

«Son trabajos complementarios. Es decir, el trabajo del predictor no se entiende sin la presencia del técnico y viceversa», afirma el responsable, que añade que los datos se utilizan también para compartirlos a nivel internacional y para que los compañeros puedan saber qué está sucediendo en cada zona.

En estas estaciones se han registrado una tendencia «creciente de la temperaturas» que ya es visible en la isla al ver la evolución de los glaciares. 

La costa de la Antártida pierde más de 12.800 kilómetros cuadrados de hielo en 30 años

También hablan de anomalías tanto cálidas como mínimas en un contexto de tiempo «muy severo», con borrascas que son «muy profundas y que siempre lo han sido», con independencia del cambio climático.

Todo ello en un lugar en el que la colaboración es la norma y en el que se comparte información y datos de forma habitual, pero también ayuda logística, según explican los predictores, que recuerdan que el Tratado Antártico de 1959 establece que este continente es un espacio para la paz y para la ciencia, a lo que en 1991 se añadió el nivel de protección ambiental. 

Por cierto, ambos no duden responder que volverían en la campaña del próximo año, aunque mientras tanto, Elvira continuará como jefe de turno de predicción y Martín unido al ámbito aeronáutico. Desde España, claro. 

EFE Verde

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