ESCRITOS CRÍTICOS
Jorge Majfud
Según los rumores de finales del siglo XIX, el presidente McKinley revelaba su dudosa masculinidad con su demora en quitarle Cuba a España. En los diarios, los miembros de la Liga Antimperialista, de la cual Jane Addams era miembro, eran representados vestidos de mujer. Imperialismo y masculinidad eran sinónimos. El debate nacional sobre imperialismo, racismo y machismo no estaba maquillado con tabúes ni usaba máscaras de superhéroes, como ocurrirá luego de la Segunda Guerra mundial, cuando la derrota de los nazis en Europa convierta esa ideología de la clase dominante de Estados Unidos en algo incómodo de defender. Los cañones siempre fueron un poderoso instrumento dialectico. |
Como otros antiimperialistas de la época, Jane Addams luchará también por los derechos de las clases trabajadoras y por la igualdad de derechos de las mujeres. Como mujer, no representaba a una minoría demográfica sino a una minoría en el poder. Por la misma época, otra mujer, Mary Harris Jones, demostraba que antiimperialismo y anticapitalismo, antirracismo y antimachismo seguían juntos como desde los tiempos de la confederación iroquesa. |
En 1914, en su discurso de protesta contra la masacre de mineros, niños y mujeres en huelga en Ludlow―masacre realizada por la Guardia Nacional, financiada por Rockefeller―, Jones dijo: “¿Cuánto valdría el carbón de las minas sin las manos de quienes las sacan de allí?” La maestra de origen irlandés, hoy conocida como Mother Jones, logró impulsar un movimiento masivo que terminó con el trabajo infantil. |
Ciega y sorda desde su primer año de vida, Helen Keller fue educada por la reconocida maestra Anne Sullivan, especializada en educación especial. Logró graduarse de Harvard University, publicar catorce libros y dar conferencias en favor de las personas con discapacidades. Fue aplaudida hasta que, en 1909, adhirió al Partido Socialista de Estados Unidos y se opuso a la intervención de su país en la Primera Guerra, otra guerra vendida al público usando la ingeniería social de la propaganda. |
El 5 de enero de 1916, un año antes de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra, Keller dio un largo discurso en el Carnegie Hall de Nueva York. Denunció a los editores que la habían censurado por considerar que sus posiciones socialistas y antimilitaristas eran consecuencia de la manipulación de otras personas, debido a su condición de ciega y sorda. “Si yo no puedo ver el fuego de sus cigarrillos―dijo―, ustedes tampoco pueden enhebrar una aguja en la oscuridad. Todo lo que les pido, caballeros, es igualdad de condiciones y ningún favor especial… El futuro del mundo está en manos de Estados Unidos. El futuro de Estados Unidos está sobre las espaldas de 80 millones de trabajadores… Los pocos que se benefician quieren organizar a los trabajadores en un ejército que proteja los intereses de los capitalistas. A la pesada carga que soportan, deben sumar la de un ejército con sus buques de guerra… No nos estamos preparando para defender nuestro país. No tenemos enemigos prontos para invadir Estados Unidos. Sin embargo, por todas partes oímos que el miedo se usa como argumento a favor del armamentismo.” |
Otra mujer de coraje fue la enfermera, profesora y activista Emma Goldman. Al igual que Eugene Debs, fue arrestada por oponerse a la Primera Guerra Mundial. También fue arrestada por entender que la criminalización del control de natalidad era un problema ideológico. El 5 de abril de 1916, fue juzgada por una conferencia sobre anticonceptivos. En su defensa, acusó: “Mi presencia ante ustedes demuestra que no existe la libertad de expresión en Nueva York… Se me acusa de haber proporcionado información a hombres y mujeres sobre cómo prevenir la concepción… Según el boletín del Departamento de Salud, treinta millones de personas en Estados Unidos están desnutridas y con exceso de trabajo. Su Señoría, ¿qué clase de hijos cree que estos padres pueden traer al mundo? Le diré: niños tan pobres y anémicos que mueren antes de cumplir un año. 300.000, según la asociación para el bienestar infantil… Una mujer con doce hijos, viviendo en tres habitaciones miserables, muere en el confinamiento. El hijo mayor, sostén de los doce huérfanos, tiene 14 años. Estas son solo algunas de las víctimas de nuestra economía, que prima la pobreza, y de nuestra ley puritana que mantiene una conspiración de silencio… Estadistas, políticos, clérigos, hombres que poseen la riqueza del mundo, necesitan una raza numerosa, por pobre que sea. ¿Quién más haría su trabajo y moriría en sus guerras? Es una guerra de los oprimidos de la tierra contra sus enemigos: el capitalismo y el Estado…” |
Goldman fue declarada culpable y encarcelada dos semanas. Luego, dos años. En 1919 fue deportada a la Unión Soviética―junto con otros 248 disidentes―donde también tuvo problemas por su disidencia. Emigró a España en 1936 para apoyar a los anarquistas durante la guerra civil. |
La misma suerte les tocó a otros que cometieron similares crímenes de opinión. El 16 de junio de 1916, en medio de una intensa campaña del gobierno de Wilson para que los estadounidenses dejen de resistir la intervención de su país en la Primera Guerra mundial, el candidato del Partido Socialista dio un discurso que le costó la cárcel. Las palabras prohibidas de Eugene Debs fueron: “La clase dominante siempre ha declarado las guerras; la clase sometida siempre ha librado las batallas”. Fue acusado bajo la Ley de Espionaje y juzgado en 1918. En su defensa ante la corte declaró: “Me opongo a un orden social en el que es posible que un hombre que no hace absolutamente nada útil amase una fortuna de cientos de millones de dólares, mientras millones de hombres y mujeres que trabajan todos los días de sus vidas consiguen apenas lo suficiente para una existencia miserable…” |
Debs fue condenado a prisión y la Corte Suprema ratificó el fallo por unanimidad. Todo lo cual confirma la fórmula que propusimos hace algunos años, inducida por la historia imperial: P=d.t―el poder (P) es proporcional al producto de la disidencia (d) por la tolerancia (d); cuando es seriamente cuestionado por la disidencia, la tolerancia se reduce en la misma proporción. |
El heroico movimiento feminista que, como analizamos antes, fue inspirado en la experiencia nativoamericana, continuó resistiendo y anotándose logros sociales y legales. El poder dominante―el patriarcado capitalista―no pudo suprimirlo, así que optó por secuestrarlo. |
El primer secuestro ocurrió cuando el padre de la propaganda y de la manipulación de la opinión moderna, Edward Bernays, lo usó en los años 1920 para vender cigarrillos. La ahora célebre campaña publicitaria (“Antorchas de libertad”) asoció la gran causa del feminismo a un tic, a un apose: la mujer feminizada tomando un puesto masculino: el de fumador social. Durante la Segunda Guerra mundial, el secuestro fue de la mujer obrera―desmovilizada, individualizada―ocupando los puestos de los obreros convertidos en soldados. Luego, fue la mujer soldado, cajera de supermercado, obrera explotada como símbolo de liberación de género. |
Uno de los últimos secuestros ocurrirá en el siglo XXI, con la asociación del feminismo a la cultura woke, también basada exclusivamente en distracciones, sobre luchas válidas pero no radicales, como la lucha de clases, como el cuestionamiento al orden económico, social y mediático. Luchas centradas exclusivamente en el uso de una palabra aquí o de una forma de vestir allá, lo cual cumplió la función de alejar el foco de la conciencia social, cultural y política de problemas estructurales―como la lucha radical del feminismo nacida en la igualdad social y económica de la cultura nativoamericana y, luego, de la crítica marxista. |
Jorge Majfud, mayo 2026 |
Del libro El secuestro de la democracia, a publciarse en 2026 |
