La identidad y su relaci贸n con la literatura, o c贸mo la literatura puede ayudar en la b煤squeda de la identidad o, como dice la autora, de una «ciudadan铆a castrada». Sobre esta cuesti贸n reflexiona Trifonia Melibea, de nacionalidad espa帽ola y ecuatoguineana. El hilo conductor lo traza una de sus obras, Las mujeres hablan mucho y mal, editado por Sial/Casa 脕frica en el a帽o 2018.
Trifonia Melibea. Mundo Negro.- El libro Las mujeres hablan mucho y mal, publicado en 2018, naci贸 de mi «ciudadan铆a castrada». Soy espa帽ola, pa铆s cuyo himno nacional apenas tiene letra, y ecuatoguineana, pa铆s cuyo himno nacional redact贸 un presunto golpista –Atanasio Ndongo Bidyogo–. En el colegio, de peque帽a, y con el saludo fascista, cant谩bamos el himno nacional, responsable de celebrar, oficialmente, la negritud. Con el canto del himno nacional inmortaliz谩bamos, adem谩s, el nazismo, responsable de transmitir la omnipresencia de un hombre vestido de castrense con mirada de desaf铆o, e insertado en una fotograf铆a pegada en la pared. Mi identidad escritora –o lugar de enunciaci贸n–, est谩 envuelta en una identidad temeraria, por lo que Las mujeres hablan mucho y mal constituye un compendio de relatos cortos en los que dialogo con una espa帽olidad y una guineaneidad desmarcadas de esta castraci贸n.
La palabra «castraci贸n», seg煤n la RAE, procede de «castrar», t茅rmino que significa esterilizar, mutilar, apocar, arrancar, etc. Desvinculo del libro y con rabia la identidad de una ni帽a, cuando aprend铆 que «las mujeres hablan mucho y mal», un adagio que en el texto utilizo para recordarles a Espa帽a y a Guinea Ecuatorial que ya soy ciudadana-mujer y no solo una mujer condenada al silencio. Y es que la «castraci贸n de la ciudadan铆a» en una Guinea Ecuatorial sin identidad de pa铆s y vinculada sin reconocimiento institucional a una Espa帽a colonial y poscolonial, fabrica identidades h铆bridas con cuerpos que viven con los dos pa铆ses en guerra y armon铆a a la par. De hecho, en uno de los relatos de la obra, «La negra», narro la vida de una adolescente que migra de Malabo a una ciudad espa帽ola. La conciencia del cambio de un Estado a otro se solapa con una identidad ecuatoguineana que se achica frente a una Espa帽a fascista que se qued贸 en la Guinea Ecuatorial poscolonial sin perspectivas de marcharse.
Las mujeres hablan mucho y mal revela que la poblaci贸n ecuatoguineana/guineoespa帽ola –con independencia del pa铆s de residencia y de crecimiento– est谩 en la obligaci贸n de adoptar conductas, identidades y roles establecidos como filtros para la aceptaci贸n social y pol铆tica: filtros desmarcados del principio de igualdad y alienados con la ideolog铆a de una negritud que esencializa lo bant煤. La normalizaci贸n pasa por ser una persona bant煤. Una buena bant煤, un buen bant煤, prioriza a su grupo 茅tnico antes que a ning煤n otro; prioriza la masculinidad, al hombre puro y negro; prioriza la heterosexualidad. Pero una mujer subyugada que se queja no es una buena bant煤: prioriza la fe cat贸lica africanizada, el papado es cosa de blancos y prioriza a la raza negra porque la blanca se tiene que ir.
No fue hasta el a帽o 2016 cuando termin茅 de escribir Las mujeres hablan mucho y mal, cuatro a帽os despu茅s de haber acabado la carrera en la Universidad de Murcia y regresado a Guinea Ecuatorial. Me encontr茅 con un pa铆s que nunca fue m铆o y dej茅 atr谩s otro pa铆s, Espa帽a, que tampoco fue m铆o. Hab铆a crecido con dos identidades que me trataban como a una subalterna. Le agradezco a mi «ciudadan铆a castrada» que la literatura me haya ofrecido el derecho a hablar. Y anda si habl茅, pero con las ara帽as venenosas de Malabo que a mi cama se sub铆an para dormir conmigo, pudiendo darme muerte. Si me iba al Banco Nacional de Guinea Ecuatorial y lo encontraba sucio, desorganizado, tomaba una silla y escrib铆a, observando. Para m铆, la escritura se merece ser directa, mordedora, cultivadora y sinverg眉enza.
Y volv铆 a Espa帽a, con la mente, porque la quer铆a insultar. Hab铆a aprendido desde peque帽a que si Guinea Ecuatorial no funcionaba la culpa era de Espa帽a. Guinea Ecuatorial me regres贸 a Espa帽a para insultarla. Y termin茅 escribiendo un libro desgarrador, Las mujeres hablan mucho y mal, que a m铆 me da miedo leer, que refleja a una ciudadana en el pasado, castrada, sin identidad, llena de miedo. Cuando escrib铆a esta obra me recordaba a m铆 misma con el brazo nazi en alto, cantando el himno nacional, que es el «Cara al Sol» enmascarado, hasta que aprend铆, escribiendo, que la patria me la tengo que dar yo porque escribir me produce placer.
