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'Li Cham', Ana Ts’uyeb


Li cham es el renacimiento de tres mujeres tsotsiles. Después de perder la vida de sus bebés y sus familiares a causa de violencias patriarcales, parte de ellas muere. Con la llegada del zapatismo, sus sueños vuelven a florecer y defienden lo más valioso que tienen: su tierra y una vida con independencia y esperanza.





Género: Documental
Duración: 74 min
País: México
Casa Productora: Bolomchon Films
Guión y dirección: Ana Ts’uyeb
Producción: Benjamin Fash y Ana Ts’uyeb
Con: Juana Vázquez Gómez,
Margarita Hernández Hernández

y Faustina Cruz Ruíz

Fotografía: José A. Jiménez
Edición: Ana Ts’uyeb
Sonido directo: Lorena Gómez
Diseño sonoro: Lena Esquenazi
Mezcla: António Pórem Pires
Colorista: Néstor Jiménez
Postproducción: Víctor Gómez
Música original: Valeriano Gómez Díaz


PRENSA

“Li Cham (Morí), dirigido por la cineasta tsotsil Ana Ts’uyeb, ha llevado el cine de Chiapas a lo más alto en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde fue reconocido como Mejor Largometraje Documental.”.
– Alberto Herrera, Verás Noticias

‘LI CHAM (MORÍ)’ DE ANA TS’UYEB: CRÓNICA DE LAS MUJERES QUE RENACEN
– IMCINE

La lucha por la autonomía y la libertad: Entrevista a Ana Ts’uyeb, directora de LI CHAM
– Ariadna Lucas Coronel, FICM





‘Li cham (Morí)’ de Ana Ts’uyeb: crónica de las mujeres que renacen

Entrevista de Carlos Ramón Morales

Juana, Margarita y Faustina han muerto. Asediadas por la violencia, con historias de pareja abusivas, jornadas de trabajo extenuantes, embarazos y partos malogrados, declinaron sus estrellas hasta descender a lo más oscuro de sí mismas. Pero también, Juana, Margarita y Faustina han renacido: aun con las desgracias atisban los valles verdes y el sol cálido, y la enseñanza de los cultivos, que algo saben de ciclos, y mueren y viven cada vez más fuertes, más sabias, con más entereza. 

Li cham (Morí), largometraje documental de Ana Ts’uyeb, celebra la resistencia y la insistencia de tres mujeres tsotsiles, Margarita, Juana y Faustina, desde ásperas historias de vida, han sabido renacer y convertirse en mujeres plenas, referentes de sus comunidades, desde su trabajo en la siembra, la cosecha y el cuidado del café. 

En paralelo, Li cham da testimonio de la influencia que significó el zapatismo para estas mujeres: una mirada desde las comunidades tsotsiles a un movimiento que logró sembrar la lucha y la resistencia en cada conciencia.

Li cham recibió el apoyo del ECAMC, y ha tenido su estreno mundial en el 22° Festival Internacional de Cine de Morelia. A  partir del 7 de mayo tendrá su estreno comercial. Platicamos con Ana Ts’uyeb sobre esta experiencia desafiante y amorosa de dialogar y compartir la muerte y el renacimiento de tres mujeres poderosas.

¿Quiénes son Juana, Margarita y Faustina? ¿Cómo las eliges para que participen en este documental?

Margarita es mi mamá, Juana mi tía y Faustina mi cuñada. De mi madre sabía que atravesó una vida dura en la niñez y la adolescencia, sorprende ahora ver a una mujer con esa fortaleza. Juana es un referente en la comunidad, ha tenido cargos comunitarios en Naranjatic. Faustina llegó a la comunidad porque se casó con mi primo, después mi mamá la apoyó.

Decidí trabajar con mujeres de tres generaciones que comparten un pasado en el zapatismo y juegan diferentes roles en el trabajo del café y en su familia. Al inicio quería enfocarme en la defensa de la Tierra, pero al hablar desde los usos y costumbres entendí cómo limita los derechos a una vida libre. Mi mamá decía que le cortaron las alas: no le permitieron estudiar y eso la condicionó a ser madre y esposa. En el 94, con el zapatismo, las mujeres toman fuerza para defenderse. No sólo era defender sus derechos como indígenas, también era luchar contra el machismo en su comunidad y su familia. 

Quise contar esta historia desde mi perspectiva como mujer tsotsil. Cuestionar cuántas veces las mujeres morimos en alguna etapa de la vida por dar la vida, como mi mamá, que pierde sus primeros embarazos por explotación del trabajo; o Faustina, que pierde su bebé. Las tres voces representan la voz de muchas mujeres tsotsiles.  

Sé que tienes cortometrajes con tono noticioso. ¿Qué diferencia hay entre la Ana que hace noticias a la Ana que cuenta una historia como cineasta?

Trabajé en Canal 10 de Chiapas, en el programa Palabra en flor, que le da espacio a mujeres que destacan en ámbitos culturales, académicos, artísticos y políticos. Después trabajé con ONGs nacionales e internacionales, haciendo historias de vida de mujeres, pero no había hecho nada de mi comunidad. 

En 2019 me di cuenta que necesitaba tener mi propia postura y no copiar formatos. Desde mi cosmovisión tsotsil podía plantear esta historia. Por ejemplo, en esta película hablo de la muerte, de la lucha, del trabajo. Es la diferencia con mis trabajos anteriores. Antes era prácticas: en la escuela te dicen cómo deben ir las escenas; en esta película, con el fondo del ECAMC, tuve un montón de asesores, pero respetaron la postura del director, lo ven de otra forma.

¿Cómo creabas la confianza para que Margarita, Juana y Faustina te contaran sus historias?

Al principio pensaba dejar las entrevistas en cuadro. El primer intento lo hice con mi mamá: desde que estudié comunicación hacía mis prácticas con ella, pero no era lo mismo ir sola con mi cámara y mi micrófono, a este momento, que iba con otro fotógrafo, sonidista e iluminación. Descubrí que al entrevistar a cuadro la conversación no fluía, opté por hacer una charla con mi mamá en un cuarto, donde sólo estuviera mi sonidista. Ellas tomaron la charla como un desahogo. Ahí descubrí cosas que ajustaron la idea de la película, porque ellas tomaron el espacio para soltar y ser escuchadas. Por eso decidí usar voz en off: yo hago una pregunta y ellas fluyen y terminan respondiéndome media hora después. Las tres estaban conscientes de que yo era una loca que no tengo tabús y se sentían cómodas contándome. 

Cuando hablamos del zapatismo desde fuera, lo hacemos desde un punto de vista político, poco conocemos del zapatismo que colaboró con las personas. ¿Por qué agregaste este tema en tu documental?

Es indispensable en la vida de estas tres mujeres, y de la mía también. No se podía partir de cómo asumen esa rebeldía y rompen estereotipos culturales sin hablar del zapatismo. Ahí empezó todo. Pero además, yo crecí durante 15 años en la comunidad zapatistas, desde pequeña traía esta formación de su lucha. 

¿Pues de qué año eres? Pareces más joven que el levantamiento zapatista...

El zapatismo surgió en 1994, yo nací en el 97. 

Estoy hablando con una mujer educada en el zapatismo...

Sí. El zapatismo en Chiapas tuvo mucha influencia. Hubo mucho acercamiento de los medios audiovisuales y cinematográficos con nuestras comunidades por el zapatismo. Empezaron participando personas mayores como mis papás, y yo soy el fruto de esa lucha. Lograron crear escuelas, hospitales públicos, algo a lo que no teníamos acceso.

¿Ya vieron Li cham Juana, Margarita y Faustina?

 Cuando tenía el primer armado se los mostré y quedaron muy sorprendidas. Sobre todo Juana, me decía: “yo pensé que solo venías a perder tu tiempo, no sabía que estabas haciendo algo así”, y sus hermanas, su hija, su nieta, estaban emocionadas. La vimos en su cocina. 

Cuando las grabé creían que solo quería registrar sus historias, cuando ven el armado fue impactante. Cuando les di la noticia de que terminé y les compartí el DCP estaban muy emocionadas, hicimos convivio. Están súper emocionadas, es la primera vez que ven a alguien hacer una película.

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El documental chiapaneco que reivindica derechos de mujeres mayas-tsotsiles

David Álvarez | Ciudad de México -EFE.- La cineasta mexicana Ana Ts’uyeb se cuestiona para su primera película por qué la violencia patriarcal era defendida muchas veces como una cuestión de costumbres y tradiciones, sobre todo en su comunidad maya-tsotsil de los Altos de Chiapas, donde tres mujeres explican en su documental Li Cham las dificultades que han sufrido para poder ser libres.

“Las mujeres de este documental me han marcado mucho. Han roto estereotipos dentro de su comunidad al ser las primeras mujeres en defender su derecho a la Tierra”, explica en entrevista con EFE por el estreno de su ópera prima en más de 40 salas.

Estas mujeres no son otras que su madre Margarita, su tía Juana y su cuñada Faustina, quienes renunciaron a la compañía de los hombres para poder tener tierras propias, decidir cómo trabajarlas y sembrarlas, y permitir que generaciones futuras, como las de Ts’uyeb, decidieran quedarse a trabajar la tierra, o por ejemplo, estudiar cine.

"Me cortaron las alas"

“Mi generación es el fruto de lo que está cosechando mi mamá. Ella siempre dice: ‘me cortaron las alas’, explica.

Sin embargo, esa lucha por los derechos a la tierra le dio poder, voz y autonomía para defender los derechos de sus hijos, y que en mi caso esté viajando por todo el mundo”, desarrolla la directora de 29 años.

Además de la disputa por la herencia de las tierras que les corresponden, muchas mujeres indígenas se tenían que enfrentar en sus hogares a los hombres con los que se casaban, a los padres de estos y vejaciones continuas y violencia que en muchas ocasiones las llevaban a perder embarazos consecutivos o tener hijos con malformaciones.

La violencia empieza desde los roles de género que se enseñan en la infancia y se va acumulando hasta alcanzar otras formas de dolor, como la pérdida de sus bebés. Al final, prefieren vivir solas una vida tranquila, a que alguien les esté limitando”, reconoce la joven sobre la decisión de sus familiares.

Adicionalmente de la pelea de cada una de estas mujeres, Ts’uyeb dedica un tiempo del metraje a explicar la relevancia que tuvo el movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), e intenta tratar de romper el estigma violento de la organización.

“Muchas veces solo se habla del zapatismo de pasamontañas y no de lo que provocó en el interior de la comunidad en la vida del estado. Está claro que el Estado no ha logrado sacudir de esa forma a los pueblos originarios”, argumenta.

Cine indígena

Tras ganar el Premio Ojo a Mejor Largometraje Documental Mexicano en el 22° Festival Internacional de Cine de Morelia, el más importante de México, Ts’uyeb siente que la industria cinematográfica mexicana ha comenzado a observar un tanto más el cine hecho por comunidades indígenas, logrando que se la primera cinta chiapaneca en llegar a salas comerciales.

“Los realizadores de pueblos originarios estamos luchando frente a una industria, frente a un sistema, y también generando esta conciencia hacia un público que está acostumbrado solo a consumir películas de Marvel”, comenta.

Ts’uyeb reconoce además que, producir desde los pueblos originarios, implica competir en condiciones desiguales, como demuestra la financiación de Li Cham, realizada con fondos mucho menores a los que suelen recibir las producciones de la industria nacional.

Li Cham documental México

La directora mexicana Ana Ts'uyeb, posa al término de una entrevista con EFE, en Ciudad de México (México). EFE/Sáshenka Gutiérrez

En ese sentido, cree que la nueva Ley de Cine mexicana tampoco contempla realmente a las comunidades indígenas.

“La nueva ley no fue pensada para nosotros”, lamenta sobre el borrador de la norma que aún está pendiente de ser aprobada por el Senado.

La realizadora considera que el cine mexicano sigue estando centralizado en Ciudad de México y orientado hacia las grandes productoras, mientras que las comunidades del sur del país continúan teniendo dificultades para acceder a fondos, formación y distribución.

“De por sí ya tenemos muy pocas posibilidades de acceder a apoyos. No nos falta voz, lo que falta es ser escuchadas”, concluye.

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