Plantar 100.000 posidonias en Formentera, el plan de «jardinería submarina» para restaurar «el pulmón del Mediterráneo»
Mari Navas. Madrid. EFE.- El color del mar es lo primero que llama la atención en Formentera. Parece un tópico, pero es tan intenso que incluso provoca que esta periodista se olvide de que está en un barco y que se suele marear.
Para conocer el secreto de estas aguas, en cambio, hace falta neopreno, gafas y sobrevivir a los 19 grados de temperatura que tiene el mar a principios de mayo. Pero merece la pena. Bajo la superficie, una pradera submarina de posidonia oceánica y, buceando al lado, las personas responsables de plantar y cuidar «el pulmón de la costa mediterránea».
«La posidonia es una planta importantísima, tanto en Formentera como en el Mediterráneo», explica el biólogo marino y fundador de la Asociación Vellmarí, Manu San Félix, ya sin el neopreno puesto tras volver a tierra.
Clave para los ecosistemas
La posidonia oceánica es endémica del Mediterráneo y tiene un papel muy similar al de los corales, aunque es curioso que a los segundos se les conozca más que a los primeros pese a que las praderas entre Ibiza y Formentera fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.
Esta planta acuática funciona como dique que protege las playas de Formentera, ya que «tiene una capacidad superlativa para dibujar la costa», y hasta el 80 % de la arena viene de organismos que viven en sus praderas.
Además, un metro cuadrado de posidonia libera aproximadamente 20 litros de oxígeno al día -de ahí el agua cristalina- y es el sistema «más efectivo que hay en la naturaleza secuestrando dióxido de carbono (CO2)», ya que se calcula que es capaz de retener hasta 16 veces más de este gas que un bosque amazónico, por lo que es un aliado necesario contra el cambio climático, según explica el biólogo.
Plantar más de 100.000 en un año
Sin embargo, está en retroceso. En los últimos 50 años, las praderas de posidonia han perdido el 34 % de la superficie en el Mediterráneo occidental debido a actividades humanas, como la presión constante de los barcos, o la subida de la temperatura del mar.
Un problema mayor si se tiene en cuenta que su tasa de crecimiento es extremadamente lenta. Para luchar contra este proceso, la Asociación Vellmarí trabaja, con el apoyo de la Fundación MSC, en un programa de «jardinería submarina», como lo define el biólogo.
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Se trata, en realidad, de plantar posidonia gracias a la ayuda de voluntarios y de sensibilizar al resto de la importancia que tiene esta planta para los ecosistemas.
«Queremos no solo ayudar a recuperar las praderas, sino conectar la sociedad con el mar, con la naturaleza, y plantar posidonia es una buena forma de hacerlo», asegura San Félix.
Sabe de lo que habla. El biólogo llegó a principios de los 90 a la isla y, aunque entonces pensaba que la situación solo podía mejorar, reconoce que todo ha ido a peor. De ahí que Vellmari -que hace referencia a vell mari, como es conocida la foca monje en las Islas Baleares- dejara de ser solo una escuela de buceo para convertirse en un lugar en el que enseñar y conservar la posidonia.
De hecho, desde que comenzó el proyecto en 2021, han plantado más de 86.000 posidonias, con una tasa de supervivencia superior al 92 %, lo que les ha permitido restaurar casi 3.000 metros cuadrados de territorio de la mano de más de 10.000 voluntarios. Para este año, la ambición es mayor y San Félix apuesta por superar las 100.000 plantas solo en 2026.
Siembra en el fondo del mar
Se trata de un trabajo en el que, desde la asociación, han optado por recolectar los fragmentos de rizoma desprendidos, debido a que cuando el ser vivo está más formado es más fácil que sobreviva, y plantarlo en un sustrato que sea apto, principalmente roca.
«Usamos un clavito y un martillo chiquitín. Hacemos una pequeña perforación y fijamos directamente con un alambre de aluminio que luego se degrada y causa un impacto mínimo», aseguran desde la asociación, con el objetivo de fijar lo máximo posible la planta al sustrato para que crezca rápido.
A los seis meses de este momento, la planta comienza a soltar raíces y tarda alrededor de un año en engancharse al sustrato.
Un proceso de restauración, pero también con un alto valor científico, ya que uno de los objetivos del programa es poder contar con una metodología de siembra de la posidonia que se pueda exportar a otros países, según explica a EFE Verde la consejera delegada de la Fundación MSC, Daniela Picco.
«El objetivo es identificar un proyecto escalable que podamos exportar a cualquier lugar del mundo ya que, como he dicho antes, la posidonia y las praderas marinas son muy importantes para el ecosistema, por lo que nos gustaría llevar este proyecto a donde sea necesario», afirma Picco, después de sumergirse también en el mar.
Proteger el Mediterráneo
A través de la conexión con la posidonia, San Félix también quiere establecer «crear un movimiento para proteger el 30 % del Mediterráneo español», en línea con el compromiso de la comunidad internacional para proteger el 30 % de la Tierra de aquí a 2030.
«Tenemos un sueño y ese sueño es ayudar a recuperar el Mediterráneo y lo podemos conseguir si protegemos el 30 %», asegura.
En su opinión, «lo más importante para recuperar es proteger», por lo que considera que, ante todo, hay que cambiar la ambición colectiva en la defensa de la ecología: «Aparte de restaurar, lo primero es, vamos a vivir como nos gusta vivir, pero sin dejar la huella que estábamos dejando, haciendo las cosas mejor».
En este aspecto señala, por ejemplo, que se puede disfrutar del barco sin tener que echar el ancla en posidonia, para así evitar degradar este ecosistema.
El poder de la educación
«El problema es grande y hay que poner soluciones grandes», para lo que San Félix considera «clave» contar con dos sectores: los medios de comunicación y las empresas, las cuales cree que tienen esa «capacidad ejecutiva». A las instituciones, por su parte, les pide «apoyo».
¿Retirar los arribazones de posidonia? El pulmón del Mediterráneo que protege las playas
Desde la asociación, además, apuestan por la educación, para que los más pequeños conozcan el mar, conecten con la ciencia y no repitan los mismos errores que los adultos. Ejemplo de ello es el grupo de cuarto de primaria de un colegio de la isla que ese día acude a una charla en sus instalaciones.
Porque San Félix lo resume a la perfección: «El futuro lo cambias a mejor educando, pero eso se notará dentro de 10, 15 o 20 años. Entonces, mientras, plantamos posidonia». EFE Verde

