Comunicado de Anticapitalistas
La imputación del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero por un presunto delito de tráfico de influencias y otros conexos supone un nuevo escándalo más de la clase política. No sabemos todavía si los hechos son legales o ilegales, pero sí queremos transmitir una serie de reflexiones.
El hecho de que algo sea legal o ilegal no implica que sea ético. El enriquecimiento, la explotación, el uso del dinero público para fines privados o la destrucción del planeta son hechos legalizados bajo el capitalismo que, diga lo que diga la ley, no tenemos por qué aceptar. El lobbismo y el enriquecimiento personal a través de la política son prácticas despreciables, las haga quien las haga.
El hecho de que el principal responsable político de los recortes, de la imposición de la reforma del artículo 135 de la Constitución y de las políticas de miseria que golpearon con dureza a la clase obrera tras 2008 se haya estado forrando y beneficiando a su familia después de aplicar la austeridad (y cobrando además un sueldo vitalicio como expresidente) nos parece que refleja ya una corrupción moral que la izquierda debe rechazar sin concesiones.
Es cierto que el poder judicial opera como un órgano político de la derecha. También es cierto que la derecha roba y es corrupta. Pero no debemos cerrar los ojos ante la corrupción progresista. Por supuesto, jamás nos movilizaremos con la derecha. Precisamente para evitar que instrumentalice esta situación, es necesario que la izquierda mantenga una posición independiente.
Es fundamental construir una ética política ligada a la reforma moral que necesita el Estado español. Es evidente que la clase dirigente actual está incapacitada para ello, incluidos amplios sectores del progresismo y de la izquierda, que participan de esa lógica del beneficio económico a través de la política. Solo mediante la organización política puede imponerse una nueva lógica: que ningún diputado gane más que un trabajador cualificado, acabar con el lobbismo, establecer el control social de lo público y perseguir a las empresas corruptoras. Ese es el camino para dignificar la esfera pública y evitar la dinámica actual, en la que el escándalo forma ya parte del paisaje cotidiano de la política oficial.
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