Otra información es posible

Frente Nacional Feminista y la Contradicción

OPINIÓN de Sara Lovera, México.- Las fuerzas conservadoras, desde la era de la Ilustración hasta el día de hoy, conspiran contra la vida, la libertad, los derechos y la autonomía de las mujeres. Para contrarrestar a lo largo de la historia las feministas se han organizado, han transgredido las leyes de su tiempo y se han planteado alianzas para avanzar.

Rumbo al 8 de Marzo

OPINIÓN de Sara Lovera, México.-  Este 8 de marzo de 2017 será una fecha sustantiva. El llamado internacional a una huelga de mujeres, la reacción encadenada, mundial, frente a la violencia contra las mujeres, como un fenómeno de nuestros días, que atenta contra la civilización y muestra los límites de la justicia, se vuelve contra la democracia, revela que las mujeres no nos hemos sentado a mirar el paisaje y continuamos en pie de lucha.

Feminismo: el discurso educa, la presencia más

OPINIÓN de Sara Lovera/ Palabra de Antígona.- Lo sucedido el sábado 21 de enero de 2017 en 673 ciudades del mundo, con la Marcha de las Mujeres (Women´s March, en inglés), mostró que, a lo largo de 40 años, la segunda ola del feminismo pudo horadar y ser hoy un elemento movilizador real. Millones de mujeres fueron convocadas para defender todo lo construido por el movimiento feminista internacional a lo largo de cuatro décadas. En la conciencia y en las acciones.

México. Aniversario del voto femenino

OPINIÓN de Sara Lovera.- Esta semana de octubre ya abrimos con varias actividades que se hacen cada año para celebrar el aniversario del voto ciudadano para las mujeres decretado el 17 de octubre de 1953. Un gran paso político que, sin embargo, durante años no significó gran cosa para las mujeres de a pie.

Mujeres y desarrollo

OPINIÓN de Sara Lovera, México.- La incorporación de las mujeres al desarrollo fue el slogan de 1975 cuando las naciones empezaron a preocuparse por la condición mundial de la mitad de la población.

Hoy la agenda 2030 habla de lo mismo, pero en una crisis tremenda de empleo indecente, despidos, un volumen gigante trabajo informal entre las mujeres, migración y trabajo forzado, todo ello en medio de la desigualdad entre habitantes de una nación, como entre hombres y mujeres.

La situación política de América Latina es un ingrediente adicional. Los saldos de la democracia son los más terribles, por el ambiente delincuencial y la inseguridad ciudadana. Las mujeres estamos sosteniendo al mundo, desde sus ocupaciones, sus “obligaciones” de género y su propia historia.

En México, además, producimos hasta 21 por ciento del Producto Interno Bruto por el trabajo que hacemos sin paga. Una de cada tres hemos sufrido algún evento de violencia y el asesinato en pareja de mujeres productivas tiene cifras inaceptables, sólo en ´México siete diarias, en la región, sin México, la cifra es igual, según ONU, siete diarias.

Hace unos días en Asunción, Paraguay, donde se reunieron 15 organizaciones gremiales y sindicales de periodistas, de 14 países de la región, incluido México, quedó claro que la crítica a la desigualdad, al sistema, a quienes siendo hombres o mujeres lo operan, da como resultado el ataque a la libertad de expresión, afecta el derecho a la información y produce agresiones desde empujones en las coberturas periodísticas hasta el asesinato.

En esta reunión, seminario previsto para analizar cómo la condición de género afecta de manera diferenciada a hombres y mujeres, dejó claro que la costumbre sindical ha dejado fuera este análisis, que en la Federación Internacional de Periodistas (FIP) convocante del seminario hay una seria preocupación por incluir la perspectiva de género en el trabajo sindical de las y los trabajadores de la prensa.

Fueron elocuentes los informes: toda perspectiva de género se reduce a contar hombres y mujeres receptores de la violencia, sin más. Para profundizar ahí se discutió el panorama doble: situación de desigualdad en la región y violencia contra las mujeres.

Al menos comenzó un camino difícil y tortuoso, porque además en los medios de comunicación se oculta aún la condición social de las mujeres, los debates de género. Sus publicaciones con lenguaje masculino y sectario son todavía el pan de cada día. Por eso fue importante discutir cómo son hostigadas, acosadas y discriminadas las periodistas en sus centros de trabajo. Un seminario para reflexionar y conectar cómo la violencia y la desigualdad en la región, está relacionada con la inseguridad del trabajo periodístico.

Y cómo el ingreso sistemático de las mujeres a la profesión, aumenta su riesgo, por ser mujer y por ejercer la libertad de expresión, dos partes de un binomio, pero dos cosas distintas. Lo más urgente es que las dirigencias sindicales y gremiales cambien su óptica y comprendan la desigualdad de género.

Un segundo paso será, como ahí se propuso hacer contrataciones con perspectiva incluyente y desde las mujeres y tomar consciencia de que las y los periodistas tienen la obligación de informar sobre esa condición, incluir un lenguaje no sexista y entender que las mujeres hoy llegan a ser 50 por ciento en las redacciones de los medios; cómo las redes sociales siguen reafirmando la discriminación y a través de ellas se acosa y hostiga a muchas mujeres. En fin que este remojón de realidad latinoamericana contribuye a la tarea desde la Casa de Periodistas, la de nuestras agencias informativas en la región y por supuesto en la tarea periodística cotidiana.

Este año perdieron la vida siete periodistas en México, Anabel Flores fue secuestrada y asesinada el 2 de febrero último, es la más reciente de entre más de 11 periodistas mexicanas. En los últimos cinco años en nuestro país ha habido 17 ejecuciones, incluida la veracruzana Anabel Flores. Como se relató en Asunción, la mayoría de estos asesinatos quedan impunes.


http://www.semmexico.org/mujeres-y-desarrollo

#VivasNosQueremos todas a las calles

OPINIÓN de Sara Lovera, México.-  Con el hashtag #VivasNosQueremos todas a las calles, las redes sociales y los grupos organizados de mujeres en al menos 15 entidades del país preparan una movilización para hacer visible la preocupación sobre todas las violencias machistas. Cada día se suman más organizaciones que el próximo domingo 24 estarán en muchas plazas del país.

Una movilización de esta naturaleza, desde que se corrió la cortina que ocultaba el tamaño de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, es esperada por la militancia feminista y de defensa de los Derechos Humanos.

Inopinadamente ante los hechos en Veracruz, el de los cuatro niños bien llamados Porkis, se reavivó la indignación, como dice la campaña, por todas las violencias machistas. Tras casi 22 años desde que se hicieron presentes las asesinadas de Ciudad Juárez.

Muchas cosas han ocurrido, pero quizá la más evidente es que el feminicidio como concepto y palabra tomó los espacios de la opinión pública. La investigación, los hechos, el surgimiento de asociaciones, grupos y personas cuya conciencia fue creciendo, mostraron cómo, esto que es el extremo de la violencia, el asesinato de mujeres por ser mujeres, significaba muchas otras cosas, pero principalmente hizo clara a la impunidad y cómo el Estado está rebasado: gobierno, sociedad e instituciones.

Dicen quienes promueven la movilización que la violencia machista parece no tener límites y agregan que está en ascenso. A pesar de que la investigación mostró que a 25 años de distancia hacia atrás, en 2004, 10 años después de los hallazgos de Esther Chávez Cano, era claro que la violencia contra las mujeres, su asesinato, estaban simplemente ocultos, se habían normalizado.

Antes, habíamos creído que el extremo de la violencia contra las mujeres era la violación sexual y descubrimos que los hogares son el lugar más peligroso; se hicieron leyes de violencia familiar y se concretó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, conocida popularmente como la Convención Belem Do Pará.

Es decir, ya en 2004 el diagnóstico era aterrador. La violencia machista, en los estados “democráticos”, en los gobiernos dictatoriales, en los gobiernos familiares, en la escuela, en la calle, en todos los espacios de desarrollo de las mujeres se ha manifestado, con una crueldad insoportable, sobre todo cuando de guerra se trata o de situaciones de alta conflictividad social y política. Habría que recordar casos emblemáticos, las indígenas violadas en Chiapas; las atacadas por militares en Oaxaca y Guerrero; las decenas y miles que viven con sus queridos esposos, las niñas del kínder a la profesional, etc.

Pero la situación escandalosa de “Los Porkis juniors”, quienes violaron a una joven en Veracruz, puso al descubierto que hemos sido omisas, sociedad y gobierno; que a la violencia contra las mujeres, cuya raíz profunda es la discriminación, le tendimos una nueva cortina de humo: el feminicidio.

No porque el asesinato me parezca algo menor, ¡No! al contrario es la punta del iceberg de una línea continua que comienza en la vida diaria de relación.

Claro que entre la discusión de la Belem Do Pará, las historias de Juárez, (se escribieron unos 50 libros) y la demanda de Alerta de Violencia de Género centrada en el asesinato, miles de casos, reportados en la páginas rojas de los medios; los expedientes archivados en los juzgados y la seguridad de que menospreciar con la palabra, el grito, el golpe, la burla, el abuso, el acoso, a las mujeres, no se veía.

Por desgracia habría que celebrar el caso de “Los Porkis juniors”, como uno de clase, que haya generado tal indignación.

Y si la movilización tiene éxito, habremos avanzado años luz. No importa que hayamos estado parcialmente dormidas. Claro que no, pero este es un golpe fuerte.

En todos mis años de periodista no había visto, como ahora, el interés de los medios tan agudo, interesado y diverso. No les importaba para nada las violaciones, ahora hay una danza de datos impresionante, no se sabe bien qué sucede en las aulas universitarias y hay datos contradictorios en el tema de las violaciones sexuales. Estimaciones fenomenales que hablan de unos 600 mil delitos sexuales, frente a sólo un 20 por ciento de denuncias que ahora se invocan; tampoco se habla de la profundidad de las motivaciones, y en cambio se habla de los niños ricos; no de los militares, ni de los maestros abusadores, ni de los maridos que siguen teniendo el control de la vida de las mujeres.

Y por supuesto que este llamado será fundamental. No hay justicia en todos los casos de violencia de género, es risible lo que la ley dice sobre acoso y hostigamiento; es inoperante la política pública con policías, ministerios públicos y jueces que ni se dan cuenta de que la denuncia de acoso puede terminar en violación y asesinato.

La violencia contra las mujeres es el centro del problema de las relaciones desiguales, de la discriminación y de múltiples formas de desprecio a las mujeres, sólo por ser eso.

El gran tema, que debería ser una consecuencia de esta protesta social tan esperada y necesaria, es reconocer que en una sociedad como esta, existe la discriminación contra las mujeres, que no es cosa menor, que no puede significarse en el espacio del escándalo, mientras muchas personas que ahora se asombran, se preguntan, discuten, se hagan la pregunta fundamental: ¿Dónde se halla el fondo y cómo hacerle”.

Hay leyes, estudios profundos y asequibles, explicaciones sociales, psicológicas, feministas, jurídicas; hay instituciones que se pagan con nuestros impuestos; centros de justicia para las mujeres; agencias de delitos sexuales; centros de atención a víctimas, toda una parafernalia que no funciona, porque esos medios asombrados de la conducta de los Porkis, fomentan todos los días esa discriminación, como los maestros en las aulas y las familias en sus casa.

Celebremos la movilización, vayamos a las marchas en todas las plazas y todo el país, pero no lo volvamos a olvidar. Por todas y en todas partes.

Porque la violencia no cesa, rompamos el pacto patriarcal contra las mujeres. #VivasNosQueremos todas a las calles.

saraloveralopez@gmail.com
http://www.semmexico.org/vivasnosqueremos-todas-a-las-calles/


México. Mujeres políticas en riesgo

OPINIÓN de Sara Lovera, México.- El 29 de noviembre en la edición mensual del suplemento Todas, que edita el Instituto Nacional de las Mujeres la magistrada Carmen Alanís Figueroa propuso elaborar cuanto antes un protocolo de 10 acciones inmediatas para garantizar la seguridad de las candidatas que participarán en las elecciones de 2016, en que se renovarán al menos mil 353 autoridades estatales, municipales y de los congresos locales en 13 entidades del país.

La magistrada, integrante de Mujeres en Plural, sabía que la violencia contra mujeres en la política está a la vista. Por ser mujeres, por transitar en un espacio antes reservado a los hombres y minado por el contexto belicoso de la vida de México.

Por ello, advertía que un protocolo es más práctico que esperar la discusión, la aprobación y luego la promulgación de una ley para acotar y perseguir la violencia contra las mujeres en la política; sabía que el riesgo existe, porque hay numerosas querellas, ejemplos, situaciones ríspidas en la lucha electoral e intereses bastardos, de caciques y del crimen organizado.

Las mujeres no están exentas. Lo sucedido el 2 de enero en Temixco, Morelos, responde a un mapa de características donde las mujeres o se prostituyen o las matan; obedecen o las matan; se adhieren a los usos políticos o las matan. No estoy hablando de asesinarlas; también las matan políticamente o las desprestigian. Es decir, en un espacio dominado por el crimen o un ambiente patriarcal extremo, es caldo de cultivo para llegar al extremo de la violencia feminicida.

¿Qué no son machísimos los dueños de la política, el comercio, el turismo o el dinero, el tráfico y las armas?

Gisela Mota Ocampo tenía 33 años, una carrera política exitosa, pertenecía al grupo que domina al Partido de la Revolución Democrática (PRD), con estudios, criterios y discurso; formada en la social democracia y con un perfil de actuaciones en defensa de los ingenios azucareros, de las y los trabajadores en una entidad. Originaria de Temixco, en la zona conurbada con Cuernavaca.

En Temixco hay una modesta vida turística, la ex hacienda y sus piscinas son un atractivo. Es una zona alta, seguramente llena de pinos y flores (muchas rosas), pero su zona de cultivo es mediana. Se produce cerámica. ¿Por qué matarla?

Es una zona incluida en los municipios de la Alerta de Género contra la Violencia, donde hay asesinatos repetidos de mujeres; ¿es una víctima del feminicidio?

Tal vez en Temixco hay intereses del crimen organizado. Pero sus 108 mil habitantes son rurales en mayoría y los urbanos se van a trabajar a Cuernavaca. El prepuesto es modesto. ¿Está en la ruta del narco? No parece haber suficiente información. Y a dos días del asesinato hay claroscuros. Lo más fácil es decir que se oponía a la corrupción y los malosos la mataron.

Morelos, además de la visión mortuoria y tremendista que dan los medios y los dueños de la opinocracia, es una entidad con historia, donde nació Emiliano Zapata; donde se desarrollaron la industria del azúcar, de las flores de exportación; de haciendas y también de caciques históricos. Donde, se decía, hay lugares de primavera eterna, como Cuernavaca.

Su historia incluye la voracidad por la tierra urbana y rural. Temixco no era la excepción seguramente, y ¿cuál es su riqueza? Me sigo preguntando como para disputar el gobierno municipal. No hubo amenazas tampoco. No se sabe de ello, ningún miembro de su partido ha hablado ello. ¿Qué sucedió realmente?

De ahí la importancia de investigar a fondo. ¿Qué saben las autoridades que la mayoría de nosotras no sabemos? Que nos digan, que se pare la violencia contra las mujeres en la vida pública; que se instale el protocolo propuesto por Mary Carmen Alanís, que de verdad se analicen los contextos y los espacios que se abren a las mujeres. Todo lo demás es un riesgo y se habla fácilmente de las motivaciones.

La propuesta del protocolo de seguridad para las mujeres involucra a siete instituciones relacionadas con el poder judicial, el aparato electoral y encargadas de la igualdad de las mujeres. Alanís Figueroa, ex presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), advierte en su propuesta que el tema es buscar garantías efectivas a las candidatas.

Y señala que quienes sean víctimas de la violencia política deberán recibir atención inmediata. Ello evitará que sufran daños personales, al tiempo de proteger a sus familias y personas cercanas que colaboran en sus campañas.

Si hubo amenazas o no para Gisela Mota Ocampo, su partido político debe saberlo. No es clara la respuesta del PRD en lo inmediato, sólo lamentaciones. ¿Pero que sabían de su situación y, si había, qué tipo de intereses? Tampoco sabemos nada de con qué tipo de intereses se topó la ex diputada cuando defendió obreros y campesinos. Necesitamos una mejor explicación que los golpes de pecho.

Es importante implementar el protocolo porque en 2016 cada partido debe presentar al menos a 676 candidatas, unas siete mil mujeres estarán en riesgo, más aquellas que formarán parte de las planillas municipales, en sentido horizontal y vertical, como lo señalan las jurisprudencias del TEPJF.

Las aprehensiones hechas rápidamente en Morelos, con menores de edad involucrados; con opacidad en cómo fue nos deja un mal sabor de boca. Necesitamos mucha más información.

Ojalá que nos digan la verdad y que pare la violencia contra las mujeres. Que en Morelos la Alerta de Género se tome en serio.

*SemMéxico. Cd. de México, 3 de enero de 2016.



El 8 de Marzo: Mujeres y el Poder

OPINIÓN de Sara LoveraPalabra de Antígona.-

La conmemoración anual del 8 de marzo cuyo carácter es universal desde la primera década del siglo XX no obedece a un hecho aislado. La creencia de que se escogió por el “sacrificio de las trabajadoras” ha sido develada y derribada por las historiadoras feministas.

Se eligió para mantener una jornada de reflexión y lucha, para pensar, para organizarse, para analizar el entorno político y contextual de cada país, cada momento y para evaluar el estado de la traída y llevada democracia.

El 8 de marzo, propuesto por la alemana Clara Zetkin, se inscribe en un contexto rico y complejo de acontecimientos políticos internacionales que fueron examinados por la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas y Comunistas realizada en Copenhague, Dinamarca, el 27 de agosto de 1910, en dónde estas mujeres, intelectuales y trabajadoras valoraron con visión de futuro, la importancia de la participación femenina en la política, en la toma de decisiones, para el arreglo del desastre en manos de los hombres.

En 1910 el escenario era elocuente. Estaba a punto de suceder la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la lucha universal por el sufragio femenino, las pugnas entre socialistas y sufragistas, además del creciente auge del sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo XX en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Durante mucho tiempo se quiso ocultar el origen del 8 de marzo, para arrancarnos una conmiseración sobre los sacrificios de las mujeres obreras, cuando en realidad el Día Internacional de la Mujer surge para hacer propaganda a favor del sufragio femenino, para defender los derechos laborales de las trabajadoras y manifestarse contra la guerra. Tres elementos sustantivos, todavía vigentes.

Y 103 años después de aquella Conferencia de Socialistas, hay quienes nos dan flores como si el día de la mujer fuera una festividad comercial o de reconocimiento de un día, como el día de las madres, o de las comadres.

Más de cien años de reclamo y acción en favor del reconocimiento, ese sí, al valor de la palabra femenina, de su bagaje de conocimientos para hacer de las democracias occidentales una forma de vida y de relación social humana y justa, es todavía difícil de comprender por el poder y por quienes desde su atalaya se resisten a considerar a las mujeres como seres humanos completos.

Todo esto por la conmemoración. Por la jornada que se avecina llena de discursos y promesas vacías, por ese afán de manipular y engañar. Increíble, en México está a debate la ciudadanía femenina, la iniciativa para la paridad en los procesos electorales propuesta por el Grupo Plural de Mujeres, sigue dormida en el Congreso y este año amanecimos con la intensión de los gobernantes, de la federación y de las entidades de la República, de reducir los presupuestos para el avance de las mujeres.

Nos colocaron frente a la intentona del nuevo régimen de disminuir la calidad y tarea de las instituciones creadas para fortalecer el liderazgo femenino y me temo que pronto sabremos que los partidos políticos no destinaron el dos por ciento de sus recursos a esa tarea, tal como fueron sentenciados por el Tribunal Electoral el año pasado y veremos hasta donde son capaces de maniobrar para evitar la llegada de más y más mujeres a los puestos de decisión.

Por ello vale mucho la pena contar que al menos el Instituto Electoral de Zacatecas, que acaba de editar una guía ciudadana para ejercer los derechos políticos y electorales de las mujeres, es una muestra del interés que todos los órganos electorales debían hacer. Porque son esos órganos los llamados a velar por el Estado de Derecho para las ciudadanas mexicanas. La guía, que muestra y orienta el camino a las mujeres, se suma a un sinnúmero de esfuerzos por hacer realidad las normas, que frecuentemente son violentadas por los dueños de los partidos políticos. No es un asunto de oportunidades sino de derechos.

Este año habrá elecciones en 14 entidades de la República. Según mis propias cuentas se repartirán, vía el voto directo y ciudadano 2 mil 149 puestos de representación popular, de ellos 409 diputaciones son locales, mil 348 presidencias municipales, 391 presidencias de comunidad sólo en Tlaxcala y una gubernatura en Baja California.

Todas las elecciones se realizarán el 7 de julio. Ahora mismo en cada entidad donde habrá elecciones ya los partidos políticos nacionales y algunos locales se aprestan para construir mecanismos para elegir sus candidaturas.

Las mujeres tendríamos que estar ahí, exigiendo el derecho, el cumplimiento de los estatutos partidarios, concursando para estar en las listas, haciendo programas de gobierno para enderezar al país, todas levantadas para todos los pendientes de la agenda de las mujeres, discutida en aquella Conferencia de Socialistas, peleada en todos los foros internacionales y construida con todas las necesidades de la mitad de la población.

Pero ¿qué sucede? que la ciudadanía femenina está restringida. Por una parte están los derechos, ahora perfectamente inscritos en la Constitución (artículos 1º, 2º, 3º, y 4º), en el mandato general de que nos deben dar recursos para ello, en la obligación adquirida en los foros internacionales para promover los liderazgos femeninos, en las garantías individuales y colectivas, en el famoso llevado y traído, violado y maltratado estado de Derecho.

La guía a que me refiero, escrita por Alicia Villaneda, para su divulgación general por acuerdo del Instituto Electoral de Zacatecas, cuya consejera presidenta es Leticia Catalina Soto, enmarcada con imágenes producidas artísticamente por la caricaturista Martha Barragán, muestra el sentido de la apuesta de mujeres zacatecanas quienes fueron las primeras mexicanas (1824) en reclamar al gobierno de la independencia sus derechos, es, como otros muchos esfuerzos, una nueva reiteración de que las resistencias son contrarias a los discursos que derramarán miel y promesas este 8 de marzo.

La peor de las manipulaciones que yo conozca. Porque en este país de la impunidad y la violación a la ley, no existe la voluntad política para incluir a las mujeres. La impunidad rodea el acontecer cotidiano donde el feminicidio se yergue como evidencia de discriminación y exclusión de las mujeres, como muestra del fracaso de las también llevadas y traídas políticas públicas: donde el sistema de justicia deja libres a violadores, asesinos y hostigadores de mujeres; en el que él órgano encargado de los Derechos Humanos permite que sus funcionarios abusen de las mujeres, sin rendirnos cuentas. Un sistema de simulación. Ya se verá en los discursos, otra vez reafirmando que las mujeres son las responsables de sus familias, “los ángeles del hogar”, y que reafirma y revictimiza a la mitad de la población, colocándola en el papel construido ideológicamente en el siglo XIX.

Hecha la ley, hecha la trampa como dijo en Zacatecas la representante de ONU Mujeres, Ana Güezmes García, quién sin mencionarlo decía en subtexto que en los procesos electorales en marcha, los dirigentes de los partidos políticos harán lo imposible por no cumplir con sus estatutos y en muchos casos con las leyes electorales que deben garantizar, al menos un 40 por ciento de mujeres.

Ellos dicen: “las mujeres no quieren” mientras que decenas de ellas si quieren y tienen que recurrir a los tribunales cuando las trampean; buscan cómo en la práctica no pueden hacer la doble jornada; ya no se agachan y lloran por ser exclusivamente madres y quieren quitarse el peso de las responsabilidades familiares que las atan.

El peor de los casos, dijo ahí la ex candidata presidencial, Patricia Mercado, es el tema de los ayuntamientos, donde las mujeres no llegan ni al siete por ciento de los más de dos mil 500 municipios; y nada parece alterar las conciencias de los gobernantes que dejan hacer.

Si hubiera un estado de Derecho, al analizar los gastos de los partidos, al menos dos perderían el registro: Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo, que estoy cierta, aunque no sé si se podrá documentar, no se aplicó el dos por ciento para capacitar a sus militantes femeninas. Y otros partidos procuraron “cumplir” sin dar poder real a sus seccione de género, a sus militantes.

Sus representantes populares conspiran con las libertades femeninas, al cuerpo (el asunto del aborto), al trabajo (que han de mediar con la tarea doméstica), a los derechos al menospreciar la ley, a la discriminación (argumentando la ley natural); al reconocimiento (promoviendo sólo excepciones) y por supuesto a considerarnos menores e incapaces. La ideología subrayada en las aulas, en los templos y en los medios de comunicación. Y no saben que sí, que las mujeres, muchas de ellas, quieren el poder. Y lo quieren, como diría una brillante feminista, para poder hacer.

Este 8 de marzo habría que exigir al gobierno federal que se defina. Que ponga cartas sobre la mesa, en lugar de ocultar y manipular la información. Hasta ahora poco se sabe y difunde qué está haciendo el instituto Nacional de las Mujeres; nadie se ha hecho cargo de la disminución de funcionarias públicas, proceso de paridad que había avanzado, por ejemplo en el Distrito Federal y en el Gobierno Federal, ahora reducido en 60 por ciento, es decir, vamos para atrás.

Tampoco hemos visto una cruzada nacional para detener las muertes evitables, como la muerte materna, aborto inducido o cánceres femeninos. Y los partidos son responsables de que miles de mujeres indígenas, campesinas o urbanas pobres no tengan su tarjeta de elector, su acta de nacimiento y a falta de orientación, información y educación, desconozcan sus derechos.

La realidad indica que las mujeres comprometidas con los derechos de las mujeres, esa muestra que dieron nuestras antepasadas para poner el énfasis de estos derechos cada 8 de marzo, tienen hoy el compromiso de imponer el Estado de Derecho y hacer exigibles todos los derechos de las mujeres, pospuestos una y otra vez. Hacerlo de frente y sin ambages, con todas las palabras.