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Borges

José Saramago

15-12-2008

María Kodama regresó a Portugal, esta vez para asistir a la inauguración de un monumento a Jorge Luis Borges. Había bastante público en el Jardín del Arco del Ciego, donde el memorial fue implantado. Una banda filarmónica tocó el himno de Argentina y también, no el himno nacional portugués, sino el himno de María da Fonte, expresión musical de la revolución a la que se le dio ese nombre allá por los anos 1846-47 y que todavía hoy sigue siendo tocado en ceremonias civiles y militares.


El monumento es simple, un bloque vertical de granito de la mejor calidad en el que se abre un vano donde una mano dorada, molde directo de la mano derecha de Jorge Luis Borges, sostiene una pluma. Es sencillo, evocativo, mucho mejor que un busto o una estatua ante la que nos cansaríamos buscándole semejanzas. Improvisé unas cuantas palabras sobre el autor de Ficciones, a quien continúo considerando el inventor de la literatura virtual, esa literatura suya que parece haberse desprendido de la realidad para revelar mejor sus invisibles misterios. Fue un buen principio de tarde. Y María Kodama estaba feliz.

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