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Más de la mitad de la comida que se produce en todo el mundo acaba en la basura

- EL MERCURIO DIGITAL -
SERVIMEDIA.- Las cifras son escalofriantes. Más de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo. Y lo que es peor: mientras casi un tercio de la población es víctima de la inanición, en los países desarrollados no dejamos de tirar alimentos en buen estado. De hecho, se calcula que más de la mitad de la comida que se produce en todo el mundo acaba en la basura.

Según

el informe 'El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2012', publicado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura-FAO, el FIDA y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), una de cada ocho personas pasa hambre en el mundo. En total, estamos hablando de más de 870 millones de personas, es decir, un 12,5 por ciento de la población mundial.

La situación es escalofriante. Aún más si a estas cifras le sumamos esta otra: más de la mitad de la comida que producimos en todo el mundo se tira a la basura o acaba pudriéndose. Estamos hablando de entre 1.200 y 2.000 toneladas de alimentos desechados, según un demoledor informe realizado por el Instituto de Ingenieros Mecánicos (IME) británico titulado 'Global food: Waste not, want not', y que se publicó en enero de este mismo año.

La ya mencionada FAO pone ejemplos de lo que supone este despilfarro, totalmente insostenible, injusto e inmoral. Según esta organización, el total de alimentos que acaba en la basura en los países ricos ?en total unos 222 millones de toneladas? equivale a la totalidad de la producción alimentaria neta del África subsahariana. Pero, ¿a qué se debe este despilfarro?

EL ORIGEN DE ESTE DESPILFARRO

Muchas veces se pone el punto de mira en los supermercados, en las normativas de etiquetado que, según critican las organizaciones de consumidores, no protegen al ciudadano, sino a la industria alimentaria. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de los alimentos acaban en la basura por culpa de los ciudadanos, de su escasa concienciación.

Así se desprende del 'Estudio sobre el desperdicio de alimentos en los hogares' realizado por la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (HISPACOOP), un trabajo que se publicó en diciembre del año pasado y que tenía como objetivo conocer qué niveles de desechos de alimentos se producen en el ámbito doméstico, obtener información sobre el tipo de alimentos que se desperdician y los motivos por los que se desechan.

También pretendía conocer cuáles son los comportamientos y actitudes de los consumidores españoles ante el correcto aprovechamiento de los alimentos, averiguar los motivos por los que ellos creen que se desechan estos, determinar qué hábitos lo propician, y averiguar el grado de conocimiento que tienen sobre las fechas de consumo de los alimentos y su comportamiento ante las mismas.

Las conclusiones del estudio son demoledoras, y no dejan al ciudadano en muy buen lugar. Según explica Carmen Redondo, responsable del Área de Consumo de la organización, "la realidad es que la mayoría de los alimentos que se tiran provienen de alimentos que han sobrado de otras comidas". Algo que se contrapone con la percepción que tiene el consumidor, que no es consciente de que ser el causante principal de este despilfarro de comida.

FALTA DE CONCIENCIACIÓN

El estudio se realizó en 413 hogares, distribuidos geográfica y demográficamente de forma representativa de la totalidad de hogares españoles, sobre los desechos de alimentos producidos durante siete días seguidos correspondientes con una semana tipo.

Durante esa semana, el responsable de la gestión de los alimentos en el hogar detalló durante cuatro momentos diferentes del día (esto es, en el desayuno, la comida, la cena y en otros momentos) cada alimento desechado, la cantidad tirada del mismo y el motivo por el que ha ido a la basura.

Los resultados obtenidos fueron, cuanto menos, preocupantes. En total, se desecharon 554 kilos de alimentos, lo que equivale a que, al año, estos mismos hogares desechan más de 30.000 kilos de alimentos. "Comprobamos", explica Redondo, "que, por persona, se está tirando más de medio kilo de alimentos a la semana. Si esto lo vemos por hogar, y digamos que la media por hogar es de 2,7 personas, al año se tiran más de 76 kilos y medio de alimentos al año por hogar. Si este dato lo elevamos a la población general en España, comprobamos que al año se está tirando un millón y medio de toneladas de alimentos. Alimentos que podrían haber sido consumidos".

El problema es aún más grave, porque lo peor de todo es que el consumidor no es consciente de que él es el principal responsable del despilfarro de alimentos que se produce en los países desarrollados. "El consumidor no es consciente", explica la representante de HISPACOOP, "de cuántas cantidades de alimentos está tirando a la semana. La percepción que tiene es que realmente no se tiran alimentos en su hogar, y que, si lo hacen, son de muy pocas cantidades".

El estudio muestra cómo el mayor porcentaje de alimentos desechados corresponde al pan, a los cereales y a otros alimentos de pastelería, seguidos de las frutas y verduras, la leche, yogures, quesos y otros derivados lácteos, y las pastas, arroces y legumbres.

En cuanto al momento del día en que más alimentos se tiran, el estudio revela que es la comida, seguido de la cena, el desayuno y, por último, en otros momentos.

El problema no se da solamente en España. Aunque no hay datos concretos al respecto, es común a todos los países desarrollados. De hecho, un estudio de la Unión Europea ya apuntaba que un porcentaje muy elevado dentro de la cadena alimentaria del desperdicio de alimentos ?en torno al 42 por ciento? corresponde a los consumidores.

Carmen Redondo explica que lo importante es cambiar los hábitos del consumidor. Son pequeñas cosas que pueden hacer mucho: como planificar bien sus alimentos antes de comprar, revisar su despensa periódicamente ?para que antes de introducir cosas nuevas en el frigorífico se saquen cosas del mismo? o comprobar las fechas de caducidad de consumo preferente.

En este sentido, reconoce que se produce una importante confusión entre los consumidores en cuanto al significado de la fecha de caducidad y la de consumo preferente de los alimentos. "Aclarar esto evitaría que se desperdiciara mucha comida", añade.

A este respecto ya se manifestó el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, hace unos meses, cuando explicó que su departamento impulsará previsiblemente un cambio normativo en lo relativo al etiquetado de todos los productos.

En una entrevista concedida a la cadena de televisión Antena 3, Arias Cañete desgranó los detalles de los trabajos que está realizando el Ministerio de Agricultura para evitar el desperdicio de alimentos en la cadena alimentaria. Uno de los puntos más importantes es la modificación en el sistema de etiquetado de los productos que, aseguró, será "más sofisticado" para permitir un margen de maniobra mayor.

EL PAPEL DE LA INDUSTRIA

Pero aunque son la parte principal de este problema, los consumidores no son los únicos causantes. También las grandes cadenas de supermercados tiran ingentes toneladas de alimentos que se podrían consumir, aunque su fecha de caducidad haya pasado.

Hay que reconocer, sin embargo, que esta actitud está cambiando. Como ejemplo de este cambio se puede mencionar a la Fundación Solidaridad Carrefour, que colabora desde 2001 con la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), participando activamente en las acciones que esta entidad realiza.

Como fruto de esta colaboración, tan solo en el año 2012 y a nivel nacional, la entidad entregó a FESBAL un total de 4.161.013 kilos de alimentos. De ellos, un 75 por ciento procedió de la donación de Carrefour, y el 25 por ciento restante de la donación ciudadana.

La Fundación Solidaridad Carrefour y FESBAL también organizan anualmente dos jornadas nacionales de recogida de alimentos, en las que Carrefour duplica la cantidad de productos donados por los clientes en beneficio de familias sin recursos o en situación de vulnerabilidad.

Además, en el marco de esta colaboración, la Fundación también dona a FESBAL maquinaria y equipamiento de carga (carretillas, apiladoras y furgonetas) para la gestión de sus almacenes, contribuyendo, de este modo, a incrementar la capacidad de recogida de alimentos de la Federación y su posterior distribución entre los colectivos más desfavorecidos.

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