- EL MERCURIO DIGITAL -
Mar Gallego - Pikara Magazine.- Mar铆a Calvo fue ‘La Macorina’. La misma que encandil贸 al mundo a trav茅s del tema de Chavela Vargas y cuya historia real, sin embargo, resulta muchas veces desconocida. Fue la primera mujer en conducir un coche en Cuba y en obtener licencia para ello. Por conquistar este derecho tuvo que enfrentarse a la moral cat贸lica de entonces que la lleg贸 a tachar de “diab贸lica”. Conocer su historia es hacer una inmersi贸n a la glamurosa Habana del Tropicana y los g谩nsters. Tambi茅n a la vida del trabajo sexual, a modo de “cortesana”, de la que ‘La Macorina’ fue su mayor representaci贸n.
Un d铆a le dije: “Macorina te voy a llevar conmigo alrededor del mundo. Vas a recorrer de mi mano muchos mares y tierras lejanas. Se lo dije as铆 y ella sonri贸. Qui茅n sabe si en ese momento me hab铆a cre铆do, seguro que no, pero vivi贸 el tiempo suficiente como para darse cuenta de que cumpl铆 mi promesa. Cuando ella muri贸, en 1977, ya mi Macorina hab铆a ido y venido alrededor del mundo”.
As铆 explicaba la cantante mexicana Chavela Vargas, en una entrevista a Mar铆a Cortina (Dos vidas necesito. Las verdades de Chavela), c贸mo la figura de la ‘Macorina’ recorri贸 de su mano el mundo a trav茅s de una poema del asturiano Alfonso Cam铆n hecho canci贸n. La melod铆a tuvo su origen en la propia Chavela y su estribillo “Ponme la mano aqu铆, Macorina, ponme la mano aqu铆” escandaliz贸 al mundo. Se trataba, dicen, de la primera canci贸n er贸tica que una mujer dedicaba a otra. El tema fue prohibido en Espa帽a durante el Franquismo.
Y yo sin saber qu茅 hacer -contin煤a la canci贸n- de aquel olor a mujer, a mango y a ca帽a nueva con que me llenaste el son, caliente de aquel danz贸n… Este danz贸n original al que hace referencia la canci贸n popularizada por Chavela no es otro que el cantando por Abelardo Barroso que, de la mano de la orquesta Sensaci贸n, retomaba la figura de Macorina con el mismo estribillo -Ponme la mano aqu铆- y daba, adem谩s, alg煤n dato m谩s de su biograf铆a: Ella gasta gasolina en su carro colorao […] All谩 va la Macorina en su carro colorao…
Sin duda, esta an茅cdota puede tomarse como ejemplo de lo que ser铆a la historia (milagro y vida) de Mar铆a Calvo, alias ‘La Macorina’ (apodo que, seg煤n asegur贸 en la 煤ltima y casi 煤nica entrevista que le realizaron, detestaba). Y digo ejemplo porque, si bien la figura de ‘La Macorina’ como musa protagoniz贸 numerosas obras literarias, musicales y art铆sticas, la historia de su persona ha quedado diluida entre leyendas. En los libros del cementerio donde yacen sus restos consta que su nombre original fue Mar铆a Constanza Caraza Vald茅s. Este art铆culo, es un intento por “rescatarla”.
La primavera o las ganas de vivir
En 1958, a sus 66 a帽os, Mar铆a Calvo fue entrevistada para la revista Bohemia, por el 煤nico periodista que logr贸 hacerlo, en su cuarto de la calle Apodaca en La Habana. Tras preguntarle c贸mo fue su ni帽ez y su adolescencia, ella contest贸: “Nac铆 en l892 [en Guanajay] en el seno de una familia bien […]. Viv铆amos en un pueblo en las afueras de La Habana. La primavera en el campo embriaga. Yo ten铆a 15 a帽os y la sent铆a en la piel, en los ojos, en el alma. La primavera me empuj贸 a escapar de casa con un hombre que prometi贸 amarme por siempre. Mis padres intentaron que regresara, pero segu铆 en La Habana con mi primer y 煤nico amor, aqu茅l que recordar茅 hasta mi muerte. 脡l apenas pod铆a garantizar nuestra seguridad econ贸mica. Un d铆a apareci贸 una mujer que dijo saber la forma en que pod铆amos vivir lujosamente. Yo acced铆 y con ese tremendo error comenz贸 una etapa de mi vida que dio origen al mote, al danz贸n y al son que tanto odio”.
No queda claro, tras esta declaraci贸n, si Mar铆a se refer铆a por “familia bien” a una familia adinerada o si hablaba de una familia con “moral cristiana”, tal y como se exig铆a en la mojigata Cuba de entonces, heredera de la moral familiar espa帽ola, y marcada por tab煤es r铆gidos sobre la sexualidad femenina que daban lugar a vidas de mujeres encerradas entre conceptos opuestos y totalmente contradictorias.
Mar铆a Calvo empez贸 a convertirse en una especie de cortesana de la 茅poca ejerciendo el trabajo sexual de una manera muy selectiva.
Tal y como retrat贸 Miguel de Carri贸n en la narrativa naturalista de la 茅poca, dos modelos imperaban: la “burguesa honrada” y la “pobre impura”. Mar铆a Calvo no lleg贸 a encarnar en vida ninguno de estos dos papeles, y su decisi贸n de quedarse en La Habana bien podr铆a reflejar un s铆 a la ciudad. La capital ofrec铆a, en este sentido, mayores oportunidades a la juventud cubana de entonces.
Diez a帽os despu茅s de nacer Mar铆a, naci贸 tambi茅n la Rep煤blica de Cuba, que empez贸 a percibir un esplendor econ贸mico durante las dos primeras d茅cadas de primeros de siglo. No obstante, 茅sta naci贸 condenada a no sostenerse ya que se sustentaba de manera casi exclusiva en el cultivo del az煤car y en las relaciones mercantiles con los Estados Unidos. Los vaivenes econ贸micos de la isla marcaron, sin duda, esta historia que puede contarse al un铆sono de los mismos.
Y es que, fue precisamente esta imagen de esplendor la que constituy贸 el otro escenario decadente y alborotado de la Cuba de los a帽os 20 hecha de g谩nsters, droga, fiestas a raudales y santer铆a: la Cuba del emblem谩tico Tropicana. Fue tambi茅n 茅ste el entorno en el que Mar铆a Calvo empez贸 a hacerse un nombre, a convertirse en una de las mayores presencias de los “salones de vida alegre”, a modo de una especie de cortesana de la 茅poca ejerciendo el trabajo sexual de una manera muy selectiva.
Su p煤blico no era otro que los beneficiarios de aquella nueva clase social que viv铆a en la opulencia. De esta forma, su belleza, irreverencia y una personalidad, seg煤n figura en su leyenda, sin antecedentes hicieron que Mar铆a se convierta en una de las mujeres m谩s deseadas y cotizadas de la 茅poca. Logr贸 hacer fortuna con ello y conquistar algunos derechos que han hecho historia.
Macorina de la Charangas, personaje que un hombre populariz贸 en estas fiestas
Con las manos al volante. “Circulaci贸n diab贸lica”
Su estatus econ贸mico conseguido en los salones de la 茅poca no hizo, sin embargo, que Mar铆a se ausentara de la vida p煤blica y social de La Habana. Muy al contario, 茅sta hizo notar su presencia al m谩ximo y logr贸 gozar de una independencia a la que no ten铆an acceso la mayor铆a de mujeres. Despert贸, tambi茅n a su paso, muchas envidias.
Miguel de Carri贸n logr贸 hacer un retrato de ella en su obra Las impuras (1919), en la que construye una narraci贸n fidedigna de c贸mo era el trabajo sexual en la 茅poca. La obra tambi茅n se vio marcada por el tab煤 y fue prohibida para las mujeres solteras. 脡sta inmortaliz贸 a Mar铆a Calvo en el personaje de ‘La Aviadora’, sobrenombre por el que tambi茅n se la conoc铆a entonces. El p谩rrafo siguiente es parte de esta obra:
“En La Habana es dif铆cil que una mujer galante pueda vivir de sus liberalidades de un solo hombre […]. Por eso, la mayor铆a de las mujeres como Carmela, tienen que conformarse con que sus gastos sean pagados por una especie de sociedad de comandita, en la cual los deberes y los derechos de los socios est谩n cuidadosamente reglamentados. La Aviadora ten铆a a Don Pl谩cido, al general, a Pendales, a Angel铆n y a los que la enviaban a buscar de las tres o cuatro casas de citas con las cuales manten铆a relaciones de negocios. Ten铆a un auto, que guiaba ella misma, dos o tres mil duros en el banco, aquel lindo departamento en la Avenida del Golfo y tres criadas […]. Pertenec铆a, pues, a la aristocracia del hetairismo habanero, y se le tributaban homenajes y envidia por las infelices que no hab铆an podido llegar a tal altura […]”.
El acceso a su independencia tambi茅n fue peleado por Calvo que, apasionada de los coches europeos, decidi贸 conducir el suyo propio y acceder as铆 a la licencia que la ley denegaba a las mujeres. Por aquel entonces, como bien explicaba Ciro Bianchi en el Diario de Juventud Cubana, “a los permisos de conducir no se les llamaba cartera dactilar ni licencia de conducci贸n. Se les llamaba t铆tulos. Y esos t铆tulos equival铆an para aquellos ch贸feres a un diploma universitario”.
Finalmente el prop贸sito de Mar铆a Calvo de conducir su famoso convertible rojo con licencia se hizo realidad en 1917, convirti茅ndose en la primera mujer en obtener su ‘t铆tulo’ y en conducir un autom贸vil con pleno derecho en Cuba. Esto le llev贸 a ser una figura representativa de la lucha feminista de la 茅poca, que empez贸 a despertar entonces debido a la gran influencia francesa que tanto gustaba a ‘La Aviadora’ y que reproduc铆a en su est茅tica con su pelo a lo garz贸n, su cigarrillo al volante y su bufanda alrededor del cuello. Asimismo, Mar铆a lleg贸 a dominar el franc茅s bajo el fin de relacionarse con los negociantes que llegaban a la isla. Su trato y la cultura que domin贸 la caracterizaban como una mujer bastante ‘refinada’ para sus or铆genes.
Sin embargo, su logro no fue bien recibido por la moral cat贸lica de la 茅poca y Calvo fue acusada de “diab贸lica” por parte de los representantes eclesi谩sticos, que aseguraban que era todo un “un litigio” que una mujer obtuviera licencia. La situaci贸n provoc贸 la celebraci贸n de varios juicios (hay prueba de ellos en el archivo jur铆dico de la naci贸n), que acabaron con una sentencia favorable para Mar铆a.
No obstante, todo hay que decir, no existen testimonios directos que demuestren que Mar铆a Calvo mantuviera relaciones amatorias o sexuales con otras mujeres
Tras este hecho, los comit茅s cat贸licos insistieron en usar su figura como “mal ejemplo” para otras mujeres. Algo que no pareci贸 afectar a Calvo que, tras la consecuci贸n de su licencia, se pase贸 triunfante con su coche en los alrededores de Prado tocando el cornet铆n y mostrando su documento ante los aplausos de varias personas, que o la admiraban o se unieron a la fiesta. El Diario de La Marina reflej贸 este hecho en una nota en la que titulaba: ‘La primera mujer ch贸fer de Cuba’. Posterior a ello, Mar铆a inst贸 a otras mujeres a que obtuvieran su licencia.
Como recordaba Chavela en aquella entrevista: “Pasaba en las tardes por donde yo viv铆a, en Prado y Malec贸n. Todo el mundo la volteaba a ver por su belleza y porque no era nada com煤n que una mujer manejara. Y es que ella no era una mujer com煤n”. El artista pl谩stico Cundo Berm煤dez dedic贸 a este hecho, a su coche rojo y a Mar铆a Calvo, un conocido cuadro.
A pesar de llevar una vida tan opulenta, testimonios de la 茅poca han asegurado que Mar铆a Calvo era una mujer muy comprometida con quienes no gozaban de sus mismos privilegios econ贸micos. As铆, colabor贸 con hospicios de ni帽as y ni帽os de escasos recursos econ贸micos. Evidentemente, estas acciones no fueron bien recibidas por los comit茅s de damas cat贸licas, a quien Calvo enfrentaba, sostienen estas fuentes, llam谩ndolas “putas hip贸critas”.
Anecdotarios de un apodo
¿Por qu茅 el sobrenombre de ‘La Macorina’? “Fue as铆 de sencillo: en La Habana de entonces hab铆a una popular cupletista a quien llamaban ‘La Fornarina’. Una noche me paseaba por una de las calles m谩s populares de la ciudad, cuando un borrach铆n, confundi茅ndome con ella y pensando que su nombre era ‘Macorina’, comenz贸 a llamarme a grandes voces. La gente celebr贸 el suceso con risotadas y a partir de ese momento me endilg贸 ese nombre. Hace 25 a帽os reniego de 茅l”, seg煤n cont贸 Mar铆a Calvo en aquella entrevista para Bohemia.
Aunque 茅sta sea la versi贸n oficial por tratarse de la que la propia Mar铆a Calvo cont贸, existen muchas especulaciones en torno a este apodo. Una de esas historias es la que cuenta que ‘La Macorina’ en realidad hace referencia a un hombre que se disfrazaba de mujer en las famosas Charangas de Bejucal. Lorenzo Romero Mi帽oso, nacido en 1880, era un alba帽il que se vio obligado a dejar su oficio a causa de un accidente laboral. Se cuenta que, en 1912, Lorenzo decidi贸 participar activamente en las fiestas y que se cre贸 para ello una doble identidad a la que llam贸 ‘Macorina’: una mujer con abultados pechos y mofletes que todav铆a hoy tiene presencia en esta fiesta.
Lo curioso de esta historia es que tanto la compa帽era de Lorenzo como el resto de su familia desconoc铆an a qu茅 dedicaba 茅ste su tiempo en el mes de diciembre, un actividad que mantuvo durante 50 a帽os. Sobre esta historia existen dos versiones: la primera apunta a que ‘La Macorina’ de las Charangas estaba antes que la de Mar铆a Calvo por lo que este sobrenombre podr铆a venirle a ra铆z de esta historia; la otra versi贸n sostiene que ‘La Macorina’ de Lorenzo era una parodia de la ya muy conocida Mar铆a Calvo.
Pero las leyendas en torno a la palabra ‘Macorina’ no se quedan ah铆. Se ha llegado a afirmar que ‘macorina’ no es m谩s que un anagrama de ‘maricona’, por lo que el apodo se pod铆a referir a relaciones sexuales que Mar铆a Calvo podr铆a haber mantenido con otras mujeres. Esta teor铆a no resulta nada ins贸lita si se tiene en cuenta que en la Cuba de entonces se empezaba a hablar del feminismo a trav茅s de lecturas recurrentes como las de la escritora francesa George Sand. Consecuencia de esto hubo tambi茅n una incipiente ‘actividad l茅sbica’ entre mujeres con cierto estatus: escritoras, acad茅micas, artistas… No obstante, todo hay que decir, no existen testimonios directos que demuestren que Mar铆a Calvo mantuviera relaciones amatorias o sexuales con otras mujeres.
Mar铆a Calvo y la soledad
Entre sus conquistas, una de las m谩s visibles desde el punto de vista hist贸rico fue su vinculaci贸n con el presidente Jos茅 Miguel G贸mez, alias ‘El Tibur贸n’, a quien Mar铆a fue leal hasta el final. As铆 lo demostr贸 al defenderlo en el conflicto llamado ‘La Chambelona’.
A pesar de su fidelidad, de su historia con muchas personalidades importantes de la 茅poca, el poder adquisitivo de Mar铆a Calvo como del entorno que la rodeaba lleg贸 a su fin en el periodo de ‘las vacas flacas’, a causa de la post guerra y de la crisis mundial de 1929 que azot贸 fuerte la econom铆a de la isla.
Todas las personalidades que hab铆an compuesto su clientela sufrieron una etapa econ贸mica en la que muchos se arruinaron. Jos茅 Miguel G贸mez muri贸 de pulmon铆a en 1929. A esto se un铆a la edad de Calvo, que ya no era tan reclamada entre los hombres. Mar铆a opt贸 por vender todas sus pertenencias para salir adelante.
As铆 pas贸 sus 煤ltimos d铆as en la popular calle Galiano: sin familia, a pesar de las cantidades de dinero que siempre le remit铆a mensualmente, sin amistades ni gente conocida y con muy pocos recursos, m谩s alg煤n vestido que guard贸 de recuerdo. Casimira Lamas, una de sus vecinas, fue la 煤ltima persona que la vio con vida. Asegur贸 que Mar铆a le pidi贸 que el d铆a de su muerte le pusiera el vestido amarillo y que no le dijera a nadie que era ‘La Macorina’. Se certific贸 su muerte por un problema cardiaco y Mar铆a Calvo dej贸 de vivir el 15 de junio de 1977, a sus 85 a帽os de edad.
Al contrario de lo que se pueda pensar tras conocer su historia, el estribillo de aquel tema que recorri贸 el mundo gracias a Chavela Vargas hac铆a alusi贸n al supuesto poder curativo que ten铆an las manos de Mar铆a Calvo que, se cuenta, practicaba una especie de reiki que era solicitado , a veces a modo de broma, por quienes la conoc铆an.
Las manos de Mar铆a Calvo tambi茅n fueron las primeras en sostener con derechos un volante de un coche en Cuba y que guardaron secretos e intrigas de muchos de los pol铆ticos, artistas y hombres influyentes que marcaron la pol铆tica y el negro contexto de La Habana de los 20. Un contexto hip贸crita, marcado por una doble moral que la dej贸 en la cuneta cuando elegirla implicaba romper tab煤es y enfrentarse a ellos. Seg煤n ella misma declar贸: “Los que antes me adulaban, ahora volv铆an la cara”
Ante la pregunta “¿eres feliz?” realizada por aquel reportero de la Bohemia, Mar铆a Calvo contest贸: “Siempre he sido feliz y desgraciada al mismo tiempo, como ahora. Hoy no tengo ilusiones, pero s铆 paz. Vivo acompa帽ada en soledad. […] Yo s茅 por qu茅 te lo digo”. En soledad pas贸 sus 煤ltimos a帽os la famosa ‘La Macorina’. Tal y como una vez asegur贸 Chavela Vargas, “no hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, 茅se es el precio que tienes que pagar: la soledad”. Conocer su retrato es acceder a un contexto social 煤nico que s贸lo se vivi贸 una vez en Cuba y que ten铆a reservado para las mujeres, una vez m谩s, binomios insostenibles que al menos Calvo logr贸 romper, un poco, en vida.
Mar Gallego - Pikara Magazine.- Mar铆a Calvo fue ‘La Macorina’. La misma que encandil贸 al mundo a trav茅s del tema de Chavela Vargas y cuya historia real, sin embargo, resulta muchas veces desconocida. Fue la primera mujer en conducir un coche en Cuba y en obtener licencia para ello. Por conquistar este derecho tuvo que enfrentarse a la moral cat贸lica de entonces que la lleg贸 a tachar de “diab贸lica”. Conocer su historia es hacer una inmersi贸n a la glamurosa Habana del Tropicana y los g谩nsters. Tambi茅n a la vida del trabajo sexual, a modo de “cortesana”, de la que ‘La Macorina’ fue su mayor representaci贸n.
Un d铆a le dije: “Macorina te voy a llevar conmigo alrededor del mundo. Vas a recorrer de mi mano muchos mares y tierras lejanas. Se lo dije as铆 y ella sonri贸. Qui茅n sabe si en ese momento me hab铆a cre铆do, seguro que no, pero vivi贸 el tiempo suficiente como para darse cuenta de que cumpl铆 mi promesa. Cuando ella muri贸, en 1977, ya mi Macorina hab铆a ido y venido alrededor del mundo”.
As铆 explicaba la cantante mexicana Chavela Vargas, en una entrevista a Mar铆a Cortina (Dos vidas necesito. Las verdades de Chavela), c贸mo la figura de la ‘Macorina’ recorri贸 de su mano el mundo a trav茅s de una poema del asturiano Alfonso Cam铆n hecho canci贸n. La melod铆a tuvo su origen en la propia Chavela y su estribillo “Ponme la mano aqu铆, Macorina, ponme la mano aqu铆” escandaliz贸 al mundo. Se trataba, dicen, de la primera canci贸n er贸tica que una mujer dedicaba a otra. El tema fue prohibido en Espa帽a durante el Franquismo.
Y yo sin saber qu茅 hacer -contin煤a la canci贸n- de aquel olor a mujer, a mango y a ca帽a nueva con que me llenaste el son, caliente de aquel danz贸n… Este danz贸n original al que hace referencia la canci贸n popularizada por Chavela no es otro que el cantando por Abelardo Barroso que, de la mano de la orquesta Sensaci贸n, retomaba la figura de Macorina con el mismo estribillo -Ponme la mano aqu铆- y daba, adem谩s, alg煤n dato m谩s de su biograf铆a: Ella gasta gasolina en su carro colorao […] All谩 va la Macorina en su carro colorao…
Sin duda, esta an茅cdota puede tomarse como ejemplo de lo que ser铆a la historia (milagro y vida) de Mar铆a Calvo, alias ‘La Macorina’ (apodo que, seg煤n asegur贸 en la 煤ltima y casi 煤nica entrevista que le realizaron, detestaba). Y digo ejemplo porque, si bien la figura de ‘La Macorina’ como musa protagoniz贸 numerosas obras literarias, musicales y art铆sticas, la historia de su persona ha quedado diluida entre leyendas. En los libros del cementerio donde yacen sus restos consta que su nombre original fue Mar铆a Constanza Caraza Vald茅s. Este art铆culo, es un intento por “rescatarla”.
La primavera o las ganas de vivir
En 1958, a sus 66 a帽os, Mar铆a Calvo fue entrevistada para la revista Bohemia, por el 煤nico periodista que logr贸 hacerlo, en su cuarto de la calle Apodaca en La Habana. Tras preguntarle c贸mo fue su ni帽ez y su adolescencia, ella contest贸: “Nac铆 en l892 [en Guanajay] en el seno de una familia bien […]. Viv铆amos en un pueblo en las afueras de La Habana. La primavera en el campo embriaga. Yo ten铆a 15 a帽os y la sent铆a en la piel, en los ojos, en el alma. La primavera me empuj贸 a escapar de casa con un hombre que prometi贸 amarme por siempre. Mis padres intentaron que regresara, pero segu铆 en La Habana con mi primer y 煤nico amor, aqu茅l que recordar茅 hasta mi muerte. 脡l apenas pod铆a garantizar nuestra seguridad econ贸mica. Un d铆a apareci贸 una mujer que dijo saber la forma en que pod铆amos vivir lujosamente. Yo acced铆 y con ese tremendo error comenz贸 una etapa de mi vida que dio origen al mote, al danz贸n y al son que tanto odio”.
No queda claro, tras esta declaraci贸n, si Mar铆a se refer铆a por “familia bien” a una familia adinerada o si hablaba de una familia con “moral cristiana”, tal y como se exig铆a en la mojigata Cuba de entonces, heredera de la moral familiar espa帽ola, y marcada por tab煤es r铆gidos sobre la sexualidad femenina que daban lugar a vidas de mujeres encerradas entre conceptos opuestos y totalmente contradictorias.
Mar铆a Calvo empez贸 a convertirse en una especie de cortesana de la 茅poca ejerciendo el trabajo sexual de una manera muy selectiva.
Tal y como retrat贸 Miguel de Carri贸n en la narrativa naturalista de la 茅poca, dos modelos imperaban: la “burguesa honrada” y la “pobre impura”. Mar铆a Calvo no lleg贸 a encarnar en vida ninguno de estos dos papeles, y su decisi贸n de quedarse en La Habana bien podr铆a reflejar un s铆 a la ciudad. La capital ofrec铆a, en este sentido, mayores oportunidades a la juventud cubana de entonces.
Diez a帽os despu茅s de nacer Mar铆a, naci贸 tambi茅n la Rep煤blica de Cuba, que empez贸 a percibir un esplendor econ贸mico durante las dos primeras d茅cadas de primeros de siglo. No obstante, 茅sta naci贸 condenada a no sostenerse ya que se sustentaba de manera casi exclusiva en el cultivo del az煤car y en las relaciones mercantiles con los Estados Unidos. Los vaivenes econ贸micos de la isla marcaron, sin duda, esta historia que puede contarse al un铆sono de los mismos.
Y es que, fue precisamente esta imagen de esplendor la que constituy贸 el otro escenario decadente y alborotado de la Cuba de los a帽os 20 hecha de g谩nsters, droga, fiestas a raudales y santer铆a: la Cuba del emblem谩tico Tropicana. Fue tambi茅n 茅ste el entorno en el que Mar铆a Calvo empez贸 a hacerse un nombre, a convertirse en una de las mayores presencias de los “salones de vida alegre”, a modo de una especie de cortesana de la 茅poca ejerciendo el trabajo sexual de una manera muy selectiva.
Su p煤blico no era otro que los beneficiarios de aquella nueva clase social que viv铆a en la opulencia. De esta forma, su belleza, irreverencia y una personalidad, seg煤n figura en su leyenda, sin antecedentes hicieron que Mar铆a se convierta en una de las mujeres m谩s deseadas y cotizadas de la 茅poca. Logr贸 hacer fortuna con ello y conquistar algunos derechos que han hecho historia.
Macorina de la Charangas, personaje que un hombre populariz贸 en estas fiestas
Con las manos al volante. “Circulaci贸n diab贸lica”
Su estatus econ贸mico conseguido en los salones de la 茅poca no hizo, sin embargo, que Mar铆a se ausentara de la vida p煤blica y social de La Habana. Muy al contario, 茅sta hizo notar su presencia al m谩ximo y logr贸 gozar de una independencia a la que no ten铆an acceso la mayor铆a de mujeres. Despert贸, tambi茅n a su paso, muchas envidias.
Miguel de Carri贸n logr贸 hacer un retrato de ella en su obra Las impuras (1919), en la que construye una narraci贸n fidedigna de c贸mo era el trabajo sexual en la 茅poca. La obra tambi茅n se vio marcada por el tab煤 y fue prohibida para las mujeres solteras. 脡sta inmortaliz贸 a Mar铆a Calvo en el personaje de ‘La Aviadora’, sobrenombre por el que tambi茅n se la conoc铆a entonces. El p谩rrafo siguiente es parte de esta obra:
“En La Habana es dif铆cil que una mujer galante pueda vivir de sus liberalidades de un solo hombre […]. Por eso, la mayor铆a de las mujeres como Carmela, tienen que conformarse con que sus gastos sean pagados por una especie de sociedad de comandita, en la cual los deberes y los derechos de los socios est谩n cuidadosamente reglamentados. La Aviadora ten铆a a Don Pl谩cido, al general, a Pendales, a Angel铆n y a los que la enviaban a buscar de las tres o cuatro casas de citas con las cuales manten铆a relaciones de negocios. Ten铆a un auto, que guiaba ella misma, dos o tres mil duros en el banco, aquel lindo departamento en la Avenida del Golfo y tres criadas […]. Pertenec铆a, pues, a la aristocracia del hetairismo habanero, y se le tributaban homenajes y envidia por las infelices que no hab铆an podido llegar a tal altura […]”.
El acceso a su independencia tambi茅n fue peleado por Calvo que, apasionada de los coches europeos, decidi贸 conducir el suyo propio y acceder as铆 a la licencia que la ley denegaba a las mujeres. Por aquel entonces, como bien explicaba Ciro Bianchi en el Diario de Juventud Cubana, “a los permisos de conducir no se les llamaba cartera dactilar ni licencia de conducci贸n. Se les llamaba t铆tulos. Y esos t铆tulos equival铆an para aquellos ch贸feres a un diploma universitario”.
Finalmente el prop贸sito de Mar铆a Calvo de conducir su famoso convertible rojo con licencia se hizo realidad en 1917, convirti茅ndose en la primera mujer en obtener su ‘t铆tulo’ y en conducir un autom贸vil con pleno derecho en Cuba. Esto le llev贸 a ser una figura representativa de la lucha feminista de la 茅poca, que empez贸 a despertar entonces debido a la gran influencia francesa que tanto gustaba a ‘La Aviadora’ y que reproduc铆a en su est茅tica con su pelo a lo garz贸n, su cigarrillo al volante y su bufanda alrededor del cuello. Asimismo, Mar铆a lleg贸 a dominar el franc茅s bajo el fin de relacionarse con los negociantes que llegaban a la isla. Su trato y la cultura que domin贸 la caracterizaban como una mujer bastante ‘refinada’ para sus or铆genes.
Sin embargo, su logro no fue bien recibido por la moral cat贸lica de la 茅poca y Calvo fue acusada de “diab贸lica” por parte de los representantes eclesi谩sticos, que aseguraban que era todo un “un litigio” que una mujer obtuviera licencia. La situaci贸n provoc贸 la celebraci贸n de varios juicios (hay prueba de ellos en el archivo jur铆dico de la naci贸n), que acabaron con una sentencia favorable para Mar铆a.
No obstante, todo hay que decir, no existen testimonios directos que demuestren que Mar铆a Calvo mantuviera relaciones amatorias o sexuales con otras mujeres
Tras este hecho, los comit茅s cat贸licos insistieron en usar su figura como “mal ejemplo” para otras mujeres. Algo que no pareci贸 afectar a Calvo que, tras la consecuci贸n de su licencia, se pase贸 triunfante con su coche en los alrededores de Prado tocando el cornet铆n y mostrando su documento ante los aplausos de varias personas, que o la admiraban o se unieron a la fiesta. El Diario de La Marina reflej贸 este hecho en una nota en la que titulaba: ‘La primera mujer ch贸fer de Cuba’. Posterior a ello, Mar铆a inst贸 a otras mujeres a que obtuvieran su licencia.
Como recordaba Chavela en aquella entrevista: “Pasaba en las tardes por donde yo viv铆a, en Prado y Malec贸n. Todo el mundo la volteaba a ver por su belleza y porque no era nada com煤n que una mujer manejara. Y es que ella no era una mujer com煤n”. El artista pl谩stico Cundo Berm煤dez dedic贸 a este hecho, a su coche rojo y a Mar铆a Calvo, un conocido cuadro.
A pesar de llevar una vida tan opulenta, testimonios de la 茅poca han asegurado que Mar铆a Calvo era una mujer muy comprometida con quienes no gozaban de sus mismos privilegios econ贸micos. As铆, colabor贸 con hospicios de ni帽as y ni帽os de escasos recursos econ贸micos. Evidentemente, estas acciones no fueron bien recibidas por los comit茅s de damas cat贸licas, a quien Calvo enfrentaba, sostienen estas fuentes, llam谩ndolas “putas hip贸critas”.
Anecdotarios de un apodo
¿Por qu茅 el sobrenombre de ‘La Macorina’? “Fue as铆 de sencillo: en La Habana de entonces hab铆a una popular cupletista a quien llamaban ‘La Fornarina’. Una noche me paseaba por una de las calles m谩s populares de la ciudad, cuando un borrach铆n, confundi茅ndome con ella y pensando que su nombre era ‘Macorina’, comenz贸 a llamarme a grandes voces. La gente celebr贸 el suceso con risotadas y a partir de ese momento me endilg贸 ese nombre. Hace 25 a帽os reniego de 茅l”, seg煤n cont贸 Mar铆a Calvo en aquella entrevista para Bohemia.
Aunque 茅sta sea la versi贸n oficial por tratarse de la que la propia Mar铆a Calvo cont贸, existen muchas especulaciones en torno a este apodo. Una de esas historias es la que cuenta que ‘La Macorina’ en realidad hace referencia a un hombre que se disfrazaba de mujer en las famosas Charangas de Bejucal. Lorenzo Romero Mi帽oso, nacido en 1880, era un alba帽il que se vio obligado a dejar su oficio a causa de un accidente laboral. Se cuenta que, en 1912, Lorenzo decidi贸 participar activamente en las fiestas y que se cre贸 para ello una doble identidad a la que llam贸 ‘Macorina’: una mujer con abultados pechos y mofletes que todav铆a hoy tiene presencia en esta fiesta.
Lo curioso de esta historia es que tanto la compa帽era de Lorenzo como el resto de su familia desconoc铆an a qu茅 dedicaba 茅ste su tiempo en el mes de diciembre, un actividad que mantuvo durante 50 a帽os. Sobre esta historia existen dos versiones: la primera apunta a que ‘La Macorina’ de las Charangas estaba antes que la de Mar铆a Calvo por lo que este sobrenombre podr铆a venirle a ra铆z de esta historia; la otra versi贸n sostiene que ‘La Macorina’ de Lorenzo era una parodia de la ya muy conocida Mar铆a Calvo.
Pero las leyendas en torno a la palabra ‘Macorina’ no se quedan ah铆. Se ha llegado a afirmar que ‘macorina’ no es m谩s que un anagrama de ‘maricona’, por lo que el apodo se pod铆a referir a relaciones sexuales que Mar铆a Calvo podr铆a haber mantenido con otras mujeres. Esta teor铆a no resulta nada ins贸lita si se tiene en cuenta que en la Cuba de entonces se empezaba a hablar del feminismo a trav茅s de lecturas recurrentes como las de la escritora francesa George Sand. Consecuencia de esto hubo tambi茅n una incipiente ‘actividad l茅sbica’ entre mujeres con cierto estatus: escritoras, acad茅micas, artistas… No obstante, todo hay que decir, no existen testimonios directos que demuestren que Mar铆a Calvo mantuviera relaciones amatorias o sexuales con otras mujeres.
Mar铆a Calvo y la soledad
Entre sus conquistas, una de las m谩s visibles desde el punto de vista hist贸rico fue su vinculaci贸n con el presidente Jos茅 Miguel G贸mez, alias ‘El Tibur贸n’, a quien Mar铆a fue leal hasta el final. As铆 lo demostr贸 al defenderlo en el conflicto llamado ‘La Chambelona’.
A pesar de su fidelidad, de su historia con muchas personalidades importantes de la 茅poca, el poder adquisitivo de Mar铆a Calvo como del entorno que la rodeaba lleg贸 a su fin en el periodo de ‘las vacas flacas’, a causa de la post guerra y de la crisis mundial de 1929 que azot贸 fuerte la econom铆a de la isla.
Todas las personalidades que hab铆an compuesto su clientela sufrieron una etapa econ贸mica en la que muchos se arruinaron. Jos茅 Miguel G贸mez muri贸 de pulmon铆a en 1929. A esto se un铆a la edad de Calvo, que ya no era tan reclamada entre los hombres. Mar铆a opt贸 por vender todas sus pertenencias para salir adelante.
As铆 pas贸 sus 煤ltimos d铆as en la popular calle Galiano: sin familia, a pesar de las cantidades de dinero que siempre le remit铆a mensualmente, sin amistades ni gente conocida y con muy pocos recursos, m谩s alg煤n vestido que guard贸 de recuerdo. Casimira Lamas, una de sus vecinas, fue la 煤ltima persona que la vio con vida. Asegur贸 que Mar铆a le pidi贸 que el d铆a de su muerte le pusiera el vestido amarillo y que no le dijera a nadie que era ‘La Macorina’. Se certific贸 su muerte por un problema cardiaco y Mar铆a Calvo dej贸 de vivir el 15 de junio de 1977, a sus 85 a帽os de edad.
Al contrario de lo que se pueda pensar tras conocer su historia, el estribillo de aquel tema que recorri贸 el mundo gracias a Chavela Vargas hac铆a alusi贸n al supuesto poder curativo que ten铆an las manos de Mar铆a Calvo que, se cuenta, practicaba una especie de reiki que era solicitado , a veces a modo de broma, por quienes la conoc铆an.
Las manos de Mar铆a Calvo tambi茅n fueron las primeras en sostener con derechos un volante de un coche en Cuba y que guardaron secretos e intrigas de muchos de los pol铆ticos, artistas y hombres influyentes que marcaron la pol铆tica y el negro contexto de La Habana de los 20. Un contexto hip贸crita, marcado por una doble moral que la dej贸 en la cuneta cuando elegirla implicaba romper tab煤es y enfrentarse a ellos. Seg煤n ella misma declar贸: “Los que antes me adulaban, ahora volv铆an la cara”
Ante la pregunta “¿eres feliz?” realizada por aquel reportero de la Bohemia, Mar铆a Calvo contest贸: “Siempre he sido feliz y desgraciada al mismo tiempo, como ahora. Hoy no tengo ilusiones, pero s铆 paz. Vivo acompa帽ada en soledad. […] Yo s茅 por qu茅 te lo digo”. En soledad pas贸 sus 煤ltimos a帽os la famosa ‘La Macorina’. Tal y como una vez asegur贸 Chavela Vargas, “no hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, 茅se es el precio que tienes que pagar: la soledad”. Conocer su retrato es acceder a un contexto social 煤nico que s贸lo se vivi贸 una vez en Cuba y que ten铆a reservado para las mujeres, una vez m谩s, binomios insostenibles que al menos Calvo logr贸 romper, un poco, en vida.



