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Latinoamérica escrita por mujeres

La literatura femenina latinoamericana demanda mayor atención sobre sí misma. La explosión de un boom literario de autores masculinos ha eclipsado la producción de escritoras latinas, que a pesar de conquistar numerosos lauros entre la crítica y el público no gozan del mismo prestigio que sus homólogos varones 

•elmercuriodigital ▫ Danislady Mazorra Ruiz, Cubahora.-
Latinoamérica se piensa y se escribe en clave varonil: escritores, protagonistas, antagonistas, credos, enfoques e ideologías responden a una visión patriarcal de la realidad, que deforma la mayor de las veces la figura femenina y su papel en la sociedad.

No obstante, en los últimos veinte años, una nueva oleada de escritoras, publicaciones e investigadoras se insertan en el mundo editorial con éxito, con lo cual las voces femeninas cobran importancia y reconocimiento. Pero aun no es suficiente.

Luisa Valenzuela

Protagonistas de esta renovación literaria son las escritoras Elena Poniatowska (México), Luisa Valenzuela (Argentina), Ana Lydia Vega (Puerto Rico) y Diamela Eltit (Chile), creadoras que han diversificado la literatura hacia temas, perspectivas y estilos poco explorados anteriormente.

Tal escenario fue descrito en el seminario Escritoras hispanoamericanas contemporáneas que sesionó en el Centro Hispano-Americano de Cultura, una suerte de coloquio sobre estas cuatro importantísimas escritoras del continente, marcadas no solo por la exquisitez y el triunfo literario, sino también por las metáforas de experiencias vivenciales que reflexionan sobre temas de género, identidad, política y sociedad.

Luisa Campuzano, junto a las también críticas y narradoras Laidi Fernández de Juan, Margarita Mateo y Zaida Capote, presentaron la obra de dichas escritoras como parte del movimiento de renovación literaria que vive Latinoamérica en la actualidad.

Las palabras de Luisa Campuzano, que reproduzco en las líneas siguientes, resumen a grandes rasgos los rasgos que caracterizan a estas cuatro grandes escritoras: “La literatura latinoamericana contemporánea escrita por mujeres se caracteriza -como buena parte de la escritura femenina de las últimas década- por un espíritu transgresor, subversivo, contestatario, que se expresa en una praxis polémica. Entre los objetivos fundamentales de sus autoras se han señalado la búsqueda de la visibilidad y de la identidad femeninas y, en relación con esta, la revisión de las falsas imágenes de las mujeres acuñadas a lo largo de los siglos por el discurso patriarcal.”

Pero es válido agregar, además, que no solo una postura de redefinición de lo femenino caracteriza la creación de estas escritoras, sino que sus inquietudes se amplían hacia horizontes más profundos, que incluyen firmes cuestionamientos de la sociedad, de la historia y de la identidad nacional.

Signadas por realidades políticas confusas, donde dictaduras, dependencias, tiranías y corrupciones se suceden en los gobiernos, estas cuatro voces femeninas enrumban sus discursos literarios en metáforas que parodian, objetan, y desenmascaran las realidades de sus contextos regionales. Es por ello que las conferencistas coincidieron en que, a pesar de las diferencias que las distinguen, las autoras comparten un mismo interés alrededor de temas relacionados con la historia y “el silencio” de los marginados.

Por ejemplo, las obras testimoniales de Elena Poniatwska incorporaron a la literatura no sólo la perspectiva vital de los oprimidos y marginados, sino también su lenguaje. Periodista, activista, narradora y ensayista, Poniatowska desde un inicio se enfocó en registrar lo que en las zonas más pobres y marginadas de México sucedía. Premio Cervantes 2013, sus novelas Hasta no verte Jesús mío y La noche de Tlatelolco constituyen obras cumbres de la literatura testimonial del continente.

Luisa Valenzuela se inscribe, por su parte, dentro de la “novela de la censura”, que nace bajo el signo de las dictaduras que en las últimas décadas afectaron al cono Sur. Su obra burla la censura tematizando los efectos de la represión con estructuras fragmentadas y un discurso metafórico que exige la participación del lector.

La puertorriqueña Ana Lydia Vega, por otro lado, se caracteriza por una obra donde la vocación literaria se funde con el afán de una renovación política para su país, por lo que feminismo, independentismo y escritura se fusionan en sus palabras. Sus novelas son muchas veces metáforas de la subyugación, donde el humor, lo erótico y lo transgresor crean un estilo único de expresión.

Por último, la obra de Diamela Eltit vuelve sobre los imaginarios de lo marginal, la identidad latinoamericana, la sexualidad femenina y la sobrevivencia en la realidad política de un país que vive bajo una cruenta dictadura. Su producción, genial y audaz, impugna los estereotipos del cuerpo femenino y de lo marginal, a la vez que cuestiona lo político desde el símbolo literario.

El dominio del lenguaje, la excelencia literaria, la complejidad de las tramas, las imágenes simbólicas, el estilo… son, además, otro de los grandes méritos de las presentes escritoras.La vocación y el talento, en cada uno de los casos, es acompañada por un alto nivel intelectual, plural y multifacético, que se extiende más allá del ámbito de la escritura creativa, para abarcar campos como el periodismo o los estudios lingüísticos-literarios. De aquí que se combinen magistralmente el don, el estudio y la práctica con la curiosidad y el activismo cívico, que generan textos indispensables en la historia de la literatura latinoamericana de los últimos tiempos.

El seminario Escritoras hispanoamericanas contemporáneas, convocado por la especialista y filóloga Mirna Montes de Oca, y que contó además con la presencia del Dr. Fernández Retamar y la Dra. Adelaida de Juan como parte del auditorio, sirvió, pues, de plataforma de actualización de lo que en literatura contemporánea se genera en nuestro continente.

Sin embargo, el hecho de que aún sea necesario escoger intencionadamente nombres femeninos para que estos sean estudiados revela que la literatura femenina, a pesar de sus incuestionables valores, aún no forma parte de la historia grande de la literatura continental. Las autoras todavía permanecen ubicadas en el, quizá, estrecho margen de una literatura feminista o hecha por mujeres, cuando sus aportes literarios, estilísticos y temáticos, merecen incorporarse a la historia de nuestra literatura, sin más acotaciones.

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