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Ayotzinapa: Un año de indignación y lucha

MÉXICO •elmercuriodigital ▫ Emmanuel Gallardo Cabiedes. RNW.- La indignación sacó hasta a los más pequeños a protestar en la avenida Paseo de la Reforma. En el primer aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa las voces que rugieron en apoyo a los padres de los estudiantes eran de todas las edades.

El silencio no es opción. ©Emmanuel Gallado
©Emmanuel Gallardo





El contingente de los “Niños con Ayotzinapa”, compuesto por niños y niñas de 10 a 11 años, lideró arengas que los adultos respondían en perfecta coordinación. Joshua, de 10 años, marchaba junto a otros ocho chicos que sostenían su pancarta de protesta adornada con globos y con dibujos de tortugas de colores.

Todos mojados, cubiertos de plásticos azules y amarillos; el de Joshua era azul y dijo firmemente que marchaba porque “hay mucha corrupción en el país”, y que el “manifestarse era un acto de responsabilidad”.


Detrás del bloque de los pequeños, el andar de los padres de los normalistas desaparecidos hace un año en Iguala, Guerrero, era lento. La gente, los medios, los gritos de protesta y de indignación giraban en torno a ellos desde que comenzó la marcha; una manifestación empapada de apoyo solidario y que ha sido energía pura para las piernas incansables de aquellos que no han vuelto a ver a sus hijos, aquellos que sólo han bajado los brazos para descansar por momentos el cartel con la foto de su muchacho ausente.

El cielo terminó de cerrarse en un gris tristísimo y la lluvia tupida también recibió consignas: “¡No está lloviendo, el cielo está llorando!” Una anciana y su esposo con el puño izquierdo arriba no querían que nada menguara los ánimos. Otro grupo proveniente de Puebla compuesto por puras mujeres estudiantes de la licenciatura en educación, sostenían una enorme manta roja con el Che Guevara. A su paso, cantaban a todo pulmón:

“No somos todos, señores, nos faltan 43. Desde Tijuana hasta Chiapas, señores, la lucha contra el poder”.

Y es que desde Tijuana hasta Chiapas la indignación por los tres normalistas masacrados y los 43 desaparecidos se ha hecho presente. Incluso en Londres, París, Nueva York, La Paz, Buenos Aires, la gente recordó a los estudiantes.

Las redes sociales se volcaron en apoyo y los hashtags #Ayotzinapa, #Ayotzinapa1año, #DíadelaIndiganción, #EstudiantesNormalistas fueron trending topic. La solidaridad con los papás, hombres y mujeres de piel cobriza, manos duras y ojos encendidos, ha sido determinante para que las “verdades históricas” no queden impunes.

No hubo tortas, no hubo despensas, ni dinero; es más, no hubo una banda de música popular mexicana que incentivara la presencia de multitudes. Tal vez ha sido el hartazgo, la catarsis que inunda un corazón cuando escucha a miles de gargantas compartir su enojo, su indignación reflejada en el infierno que viven estos 43 padres, quienes desde hace un año ya, son parte de las más de 26 mil familias en México con familiares desaparecidos.

Al menos un estadio de fútbol podría llenarse con esta cantidad de personas que se han esfumado en un país donde su presidente tiene los peores niveles de popularidad y que pareciera gobernar de lejos, ajeno a la realidad que millones de sus gobernados viven. Ayotzinapa ha sido un claro ejemplo de cómo la élite política mexicana atiende los problemas de su abundante “prole”; de forma torpe, descuidada, mentirosa…, históricamente mentirosa.

La marcha llegó al Zócalo bajo una lluvia pertinaz. El templete ya estaba instalado frente a Palacio Nacional. Uno de los líderes estudiantiles de Ayotzinapa dijo con voz clara al micrófono: “No venimos a llorar ni a dar lástima, estamos aquí para exigir justicia”, mientras que uno de los padres reconoció la solidaridad expresada por los 15 mil asistentes a la marcha: “la gente, aún con sus problemas, tiene espacio en sus corazones para nuestros 43 hijos”.
La marcha por el primer aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes terminó en paz.

Los padres de las víctimas convocaron a una Asamblea General Popular, para el próximo 16 de octubre, en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, donde definirán el plan de acción para los próximos meses. Al salir del Zócalo, por Madero, un joven normalista con el pelo a rape y el suéter goteando sostenía una cartulina mojada. Las letras negras escurridas dejaban leer la frase “¿por qué quieren desaparecer el futuro?”




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