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“Estoy discapacitado, no impedido”

Tuvo que caminar durante años con dos piernas izquierdas y con una prótesis atada con alambres •elmercuriodigital ▫ Manuel, quien lleva dos años detenido, perdió la pierna derecha en un accidente de tránsito y, desde entonces, tiene que usar prótesis. La que tenía estaba tan deteriorada que, por 50 mil pesos (menos de 20 dólares), le compró una de segunda a otro interno. Con un problema: era una prótesis para la pierna izquierda. Como él, 12 detenidos de La Picota, en Bogotá, recibieron dispositivos ortopédicos nuevos con ayuda del CICR.

Colombia: Manuel ya no camina con dos piernas izquierdas
CC BY-NC-ND/CICR/Andrés Monroy




Caminar por los pasillos del Complejo Penitenciario y Carcelario La Picota, de Bogotá, no se hizo más fácil para este hombre de 62 años. Como la prótesis no era adecuada, para Manuel era complicado continuar con sus labores de electricista dentro de la cárcel.

Él es una de más de 120 mil personas que están recluidas en centros de detención del país, donde el nivel de hacinamiento supera el 55 por ciento. Resulta evidente el desafío de garantizar condiciones de vida dignas para los detenidos en Colombia, aún más para aquellos que están discapacitados: 750 según los últimos datos oficiales. (Únase a nuestra campaña Humanos adentro y afuera).

Para las personas como Manuel, que necesitan un dispositivo ortopédico o de movilidad para hacer frente a sus limitaciones físicas, la privación de la libertad adquiere dimensiones particulares.

“Me considero un buen electricista. Trabajando en la cárcel consigo para mi café, pan, galletas, cigarrillos y para comprar herramientas y elementos personales. A mi familia no le pido nada”, cuenta Manuel. Y agrega que no desea ser una carga para sus seres queridos, quienes ya tienen que lidiar con otros gastos.

Ante esta problemática, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), junto con las entidades estatales responsables de la salud de los detenidos y la Fundación CIREC, impulsó una primera brigada que benefició a 12 internos. Ellos recibieron dispositivos ortopédicos, sillas de ruedas y fisioterapia. Otras 12 personas fueron valoradas para realizar una segunda brigada.

Manuel recibió una prótesis nueva, dejó atrás los días en los que tenía que caminar con dos piernas izquierdas y hoy se mantiene optimista. “Estoy preso porque hice un daño, pero quiero trabajar. Ahora es difícil por mi edad y mi situación física, pero puedo producir, servir, aportar”, dice.


 “Estoy discapacitado, no impedido”

Luis tiene una historia distinta pero comparte las mismas necesidades de Manuel a la hora de caminar. Como integrante de un grupo armado, cayó herido en un combate en febrero de 2001 y perdió su pierna derecha. Dos meses más tarde fue capturado por los organismos de seguridad estatales y fue condenado a 30 años de prisión.

Las anteriores prótesis que Luis usaba funcionaban mal. Hace diez años recibió una que, si bien fue la más adecuada para sus requerimientos, se deterioró con el paso del tiempo. Una prótesis debe ser cambiada cada dos o tres años. Ahora, con el proyecto impulsado por el CICR, Luis recibió una nueva prótesis que es más liviana y completamente adaptada a sus necesidades.

“Yo tengo una discapacidad, pero no estoy impedido. He recorrido ocho cárceles y en todas he podido convivir, porque mi lesión no es tan grave como la de otros que están en silla de ruedas o con problemas de columna. En todo establecimiento debería haber un sitio especial para las personas discapacitadas”, afirma Luis.

Usaban alambres para ajustarse las prótesis

Varias de las personas beneficiadas con este proyecto “se amarraban las prótesis con medias o las ajustaban con alambres. A otros pacientes el muñón se les ha reducido, por lo que era necesario cambiar la prótesis”, indica Alexander Cubillos, miembro de CIREC y experto en la fabricación de prótesis y soportes de ortopedia y fisioterapia.

Cubillos explica que para fabricar los dispositivos nuevos fueron necesarias cuatro visitas a la prisión. Primero, un médico fisiatra evaluó a los pacientes. Luego se tomaron las medidas de las partes del cuerpo y se hizo un molde en yeso. Con esos insumos, los moldes se pulieron y se hizo el montaje del dispositivo en las instalaciones de CIREC. Antes de la entrega final, se hicieron pruebas para corregir algunas posibles molestias.

Para Luis, esta entrega cambió positivamente su vida: “En nuestra calidad de presos, somos seres humanos, también merecemos apoyo para mejorar las condiciones de vida. No importa el delito por el que lleguemos, lo que importa es que haya un apoyo social. No deberían excluirnos de la sociedad y debe haber más conciencia del dolor ajeno”.

https://www.icrc.org/es/document/detenidos-con-discapacidad-paso-digno

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