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El secuestro de la democracia

ESCRITOS CR脥TICOS
Jorge Majfud


Es probable que, luego del secuestro (privatizaci贸n) de las IA por parte de la micro elite plutocr谩tica y psic贸pata (que no s贸lo tiene un concepto fara贸nico de s铆 misma, sino que ni todo el poder acumulado del mundo les provee de tanto placer como el sufrimiento ajeno), ocurra el secuestro de la biotecnolog铆a: los ricos vivir谩n a煤n m谩s de lo que viven en promedio sobre el resto, revertir谩n su envejecimiento y sufrir谩n de menos enfermedades gen茅ticas. Todo en base a la creatividad y al esfuerzo parasitado de la Humanidad.

Todo mientras puedan hacerlo, claro. La creciente concentraci贸n de poder y sus derivados―diferencias sociales, guerras, marginaci贸n―s贸lo terminar谩 en y con una chispa que encienda el reseco bosque. Un efecto Luigi Mangione masivo. Se lo llamar谩 violencia, y lo ser谩, aunque nada en comparaci贸n con la violencia del esclavista. Ser谩 cuando los insaciables descubran que el oro no se puede comer; que el valor de los capitales y la resistencia de una pompa de jab贸n tienen algo en com煤n; que cualquier n煤mero multiplicado por cero da cero.

La super elite de oligarcas billonarios lo sabe y le teme. Por eso est谩n mudando sus bunkers de los jardines del Primer Mundo a los subsuelos de lejanas colonias. Es posible que un d铆a no se atrevan ni a caminar por las calles―si todav铆a lo hacen. Es posible que la chispa que encienda una revuelta global, derive en un ba帽o de sangre, tanto en la elite como en el resto de la sociedad, que siempre es la que debe pagar compensaci贸n para liberarse de sus amos.

Las democracias liberales no lo evitar谩n. Por el contrario, son las que lo est谩n haciendo posible. El hecho de que las democracias liberales contin煤an siendo instrumentos de las elites capitalistas se demuestra cuando vemos que las frustraciones de las clases trabajadoras no se han traducido en un incremento del poder de los partidos o de las ideolog铆as de izquierdas, por siglos los gremios aglutinantes de las clases productivas, de los trabajadores sin capitales en un mundo capitalista, sino su opuesto: las ideolog铆as de derecha.

As铆, un multimillonario como Trump es el l铆der de los trabajadores. Los esclavos asalariados le agradecen a Musk y a Bezos por permitirles arrastrarse hoy por salarios de hambre y ser echados ma帽anas a la calle por razones de eficiencia empresarial. Quienes multiplican sus fortunas en y con los gobiernos repiten el serm贸n fan谩tico de Reagan y Thatcher: “el problema es el gobierno”. Como en el siglo XIX, los oligarcas que firman multimillonarios contratos con los gobiernos repiten en los altavoces globales que, gracias a los amos, los esclavos comen dos veces al d铆a y un d铆a, si se esfuerzan y ahorran, en 27,4 millones de a帽os alcanzar谩n a acumular tanta prosperidad como Thiel o Zuckerberg.

Los mes铆as del ego铆smo puro y del evangelio de la riqueza como 煤nica soluci贸n para los eternos desesperados, son defendidos por los pobres. ¿Por qu茅? Por dos razones: (1) los medios proselitistas est谩n en manos de la elite capitalista; (2) los componentes centrales de las derechas son primitivos y coinciden con la simplicidad de la propaganda: nacionalismo, raza, banderas, dioses, religiones, masculinidad frustrada, patriarcado, antiintelectualismo, armas, tribalismo, brujer铆a, pensamiento m谩gico, oscurantismo y gritos que convierten el deseo en realidad. Las izquierdas no poseen un men煤 tan profuso y variado.

Lo sab铆a Plat贸n y lo sab铆an los iroqueses de formas diferentes: la democracia, tiene sus debilidades. Como sistema social, es una casi imposibilidad. De la misma forma en que no existe un sistema electoral que sea representativo de todos los habitantes de una sociedad, existen mejores y peores. Como la libertad, toda democracia debe convivir con una tr谩gica paradoja: su tendencia a convertirse en la dictadura de los idiotas, ya que mide cantidad y no calidad. Los votos se cuentan, no se pesan.

Para resolver esta paradoja, Plat贸n despreci贸 la democracia y elogi贸 la aristocracia, “el gobierno de los mejores”. Los iroqueses, lo supieron y lo practicaron: todos ten铆an voz en las grandes decisiones, pero el l铆der deb铆a satisfacer caracter铆sticas b谩sicas: deb铆a ser lo suficientemente inteligente para convencer al pueblo sobre la superioridad de sus argumentos y (2) deb铆a ser lo suficientemente altruista para no corromper el bien com煤n y ponerlo al servicio de una minor铆a―el tercer punto que hac铆a de la democracia nativa una democracia real se basaba en algo que ya elaboramos en detalle: no aceptaban propiedad privada de acumulaci贸n, la que consideraban una locura propia del hombre blanco, del esp铆ritu sin paz.

El hecho de que nuestra cultura est谩 basada en la escritura y el prestigio del canon cl谩sico; el hecho de que en Occidente conocemos casi en detalle las ideas de Plat贸n y de all铆 tratemos de extraer soluciones y moralejas, no significa que los nativos americanos no tuviesen una mejor soluci贸n a nuestros problemas. Como creo que vimos en el extenso estudio a publicarse (Tawiscara), fueron ellos el origen verdadero del sistema cultural, social y pol铆tico m谩s importante de la Era Moderna. El 煤nico problema fue su severa distorsi贸n en la pr谩ctica.

El sistema electoralista griego es anterior a la democracia igualitaria iroquesa. Aunque el ejercicio de elecciones es constitutivo de una democracia popular, un sistema electoralista es independiente del mismo concepto de democracia y, por lo general, se ha opuesto a la democracia, unas veces neg谩ndola como derecho real (universal) y casi siempre, en la Era Moderna, secuestrando el mismo concepto de democracia―como siempre, ese secuestro fue realizado por la elite olig谩rquica.

La democracia est谩, por lejos, m谩s pr贸xima a la anarqu铆a que a lo que hoy se conoce como democracia liberal, organizada de forma vertical en un sistema de poderes vigilantes, regidos por el poder econ贸mico y financiero. Sobre todo, y aunque escandalice a una mayor铆a de lectores nacidos y criados en la selva el fanatismo capitalista, una condici贸n b谩sica para la democracia real es, como lo demuestran los nativoamericanos, la abolici贸n de la propiedad privada. No de la propiedad privada de uso, sino la propiedad privada como acumulaci贸n de capitales, de poder medi谩tico e institucional. La abolici贸n de la propiedad privada como dogma, como derecho natural inoculado en tiempos de John Locke, como sin贸nimo de libertad―la misma libertad que repet铆an los esclavistas: la libertad de acumular, de capitalizar el trabajo y la existencia ajena; la libertad de esclavizar al otro en beneficio propio.

No existe democracia real fuera de un sistema nativo comunista. El problema radica en cu谩l sistema comunista que, a su vez, no contradiga la democracia en s铆 misma, como la historia europea m谩s reciente. Para que esta contradicci贸n no exista, es necesario que este sistema no est茅 enmarcado de una civilizaci贸n capitalista con poderes hegem贸nicos, acos谩ndolo y destruy茅ndolo.

¿Es esto posible con una revoluci贸n pol铆tica? No. Cuando hablamos de super ciclos, las revoluciones no son planificadas. Son consecuencia de (1) una de las cl谩sicas crisis civilizatorias, producida por alguna cat谩strofe social, biol贸gica o clim谩tica, la que luego de un tiempo considerable conduce a (2) un nuevo sistema civilizatorio. ¿Podr铆a ser este nuevo sistema civilizatorio un regreso al comunismo iroqu茅s? Creo que es m谩s que probable. Es inevitable.

Si miramos a la historia, no hay muchas razones para ser optimistas. Si consideramos la primera ley de la vida en el planeta, la conservaci贸n y reproducci贸n explican por qu茅 estamos aqu铆. Una se basa en el miedo a la muerte y la extinci贸n; la otra en el placer de la convivencia, tanto sexual como social. Estos dos principios suelen entrar en contradicci贸n mortal. La primera es, por lejos, la m谩s fuerte.

Como el optimismo es un subproducto del principio de conservaci贸n y la raz贸n un subproducto del deseo irracional de vivir y sobrevivir, como humanos civilizados podemos buscar en la oscura historia de la humanidad algunos ejemplos que nos devuelvan alguna esperanza ante tanto realismo. Los ejemplos como la democracia iroquesa―con todos sus defectos―son una peque帽a luz al final del t煤nel oscuro.

Una peque帽a llama que se deber铆a considerar en serio.

Jorge Majfud

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