Otra información es posible

La industria oculta de los óvulos

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- El control de la reproducción ha sido siempre un espacio de lucha política. Bajo el eufemismo de “donación”, se sostiene un mercado en el que los cuerpos de las mujeres precarias son sometidos a tratamientos e intervenciones agresivas. Entonces, ¿cómo es que el feminismo español no incluye este tema en su agenda?

Un nuevo 8 de marzo

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- Otro 8 de marzo, y cada uno de ellos es distinto. Cada 8 de marzo las mujeres tenemos la ocasión de pensar en cómo estamos, hacia dónde vamos, a qué velocidad avanzamos y qué obstáculos nos encontramos en el camino. Todas las mujeres feministas del mundo tenemos nuestra propia historia qué recordar alrededor de este día. Un 8 de marzo nunca es igual a otro y, por supuesto, tampoco es igual en cada parte del mundo. En cada manifestación o acto celebrado alrededor de este día las mujeres hacemos un recordatorio de nuestra propia situación, pero además es imposible no acordarse de la situación de las demás mujeres en otros lugares sabiendo que nuestra suerte, la de unas y otras, está entrelazada. Ninguna mujer del mundo podrá considerarse completamente igual y completamente a salvo mientras existan mujeres, en cualquier otro lugar, cuyas vidas valgan menos que las de sus hermanos. 

Todo era Marbella

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- Cuando en los años 90 Jesús Gil llegó a la alcaldía de Marbella y hacía política metido en una bañera con unas chicas en bikini, aquello parecía un episodio de una saga de gangsters. Y vaya si lo fue. Al alcalde de la bañera le siguió Julián Muñoz con el pantalón por las axilas, un secretario de ayuntamiento con un Van Gogh en el cuarto de baño y varias folclóricas. Durante años seguimos sus andanzas, sus líos, sus amoríos y, al final, les vimos entrar a (casi) todos ellos en la cárcel. Era evidente que en Marbella todo estaba podrido y era evidente que todos aquellos personajes que durante años nos entretuvieron por los programas de televisión eran, en realidad, delincuentes. Aun así, los veíamos como algo exótico, lejano, algo que tenía que ver con una España de pandereta en retirada o con el carácter de Jesús Gil, un mafioso sin complejos. Lo que no sabíamos es que, en realidad, aquello no era una España en retirada, sino una avanzadilla de lo que venía. No es que Marbella no fuera España, es que toda España era Marbella.

Esto que algunos llaman “el sistema” y otros “el “régimen”, está tan agujereado como un pollo deshuesado o un edificio sin vigas y sujeto por andamios. La carcasa resiste pero por dentro no tiene nada, está hueco y amenaza con derrumbarse. Comenzamos diciendo que los políticos eran corruptos y se nos dijo que eso era populismo, que hay muchos muy honrados. Puede que sí, seguramente que sí, pero todos han participado de la corrupción, del silencio culpable o, en último caso, de la falta de voluntad de regeneración real. La carcasa institucional está tan podrida y agujereada que tiene que explotar. Y está explotando, no otra cosa es el vuelco electoral. Aun ahora hay quien no lo entiende y sigue a sus cosas, como si nada. Y como si nada es haciendo lo mismo de antes, es decir, asegurar que se van a tomar medidas para tomar medidas en el sentido contrario o para no tomar ninguna. Lo que ahora se ha puesto de moda es gritar ante un auditorio de fieles la siguiente frase: “¡¡¡Quien la hace la paga!!” (Esto lo han dicho desde Mª Dolores de Cospedal hasta Susana Díaz, siempre muy alto y de manera muy enfática).

Pero como la verdad es que nadie la paga (o casi nadie) no deja de crecer la profunda sima que existe –y ya no tiene remedio– entre la ciudadanía y la clase política. La verdad es que estos partidos no pueden regenerarse de ninguna manera, tienen demasiadas deudas pendientes, hay demasiados favores que se deben, hay una red clientelar y de silencios que si se corta a las bravas haría que todo el edificio cayera. Es posible –y deseable– que caiga en las urnas. Nuestras instituciones y nuestra clase política están tan podridas que la noticia de que un Presidente de la Generalitat recibía a los constructores y les cobraba una comisión por las obras públicas causa una conmoción… pero menos. A los pocos días la noticia ya no ocupa las primeras páginas de los diarios y en poco tiempo ya no sabemos si estamos leyendo de Jordi Pujol o de Julián Muñoz, tan parecido es el modus operandi: cobro de comisiones, bolsas de basura negras llenas de billetes, amantes y ex amantes etc. No sé si otro país resistiría este nivel de corrupción que Felipe González, modelo de Pedro Sánchez, no cree que sea corrupción. No sabemos si porque para González este modo de actuar es tan corriente y lo conoce tan bien que lo ve normal. En realidad, normal deben verlo los que lo sabían y callaron, es decir, todos.

Los partidos no pueden regenerarse; simplemente no pueden. Para poder regenerarse de verdad, tendrían que expulsar a cientos, quizá miles de cargos públicos de sus filas, de alcaldes y alcaldesas, concejales/as, consejeros/as e incluso Presidentes de Comunidad. Los ERE, la Gürtel, Navarra, Valencia, Alicante, Bárcenas, Cataluña, Galicia, ahora también Aragón… Yo me callo aquí y tú no me molestas allí. Más que de la casta yo hablaría de la mafia. Los partidos son la mafia y como tal se han comportado en estos años, adueñándose de los huesos del Estado, de las vigas del edificio institucional, hasta dejarlo vacío.

Hay una cuestión básica sobre la que se levanta todo el sistema y que está tan asumida que pocas veces se cuestiona ni desde los medios ni desde los propios partidos. No es normal, no es políticamente decente, que los políticos se conviertan en millonarios. Un político millonario es sospechoso, sí, y debería impedirse que tal cosa pudiera darse. Sólo hay dos maneras de hacerse millonario en política: o bien robando, o bien convirtiéndose en empleado de los poderes financieros o empresariales y haciendo las políticas que estos exigen; es decir, robando dinero o hurtando la democracia a la ciudadanía. Los políticos se supone que son representantes transitorios de la ciudadanía, deben asumir su cargo un tiempo, tener un sueldo digno y adecuado a su cargo, y marcharse de nuevo a sus anteriores ocupaciones. Mientras la política siga convertida en un pasadizo rápido a la riqueza personal, no podrá regenerarse nada, porque todos se cubren.

Pensábamos que Marbella era una excepción y que Jesús Gil y Julián Muñoz eran unos ladrones de medio pelo. Ahora sabemos que lo único que les diferenciaba de los grandes ladrones es que eran unos horteras. Por lo demás… más o menos lo mismo. Todo era Marbella, aunque en los 90 no lo sabíamos. Ahora sí.


*http://beatrizgimeno.es/

Hacia un nuevo debate sobre la prostitución


25.10.13. OPINIÓN de Beatriz Gimeno.-  La prostitución que cuestionaron las feministas de la Segunda Ola tiene hoy unos rasgos muy diferentes de aquella que era objeto de su crítica.

Después de que el feminismo lleve más de 40 años debatiendo, a veces agriamente, sobre la prostitución, creo que es el momento de hacer una revisión de las posiciones que mantenemos las feministas y del debate en sí mismo. Para empezar, porque la prostitución que cuestionaron las feministas de la Segunda Ola tiene hoy unos rasgos muy diferentes de aquella que era objeto de su crítica; en segundo lugar, porque la sociedad en la que la prostitución se inserta ha cambiado también radicalmente en estas cuatro décadas, especialmente en la consideración que hace de la sexualidad, que ha pasado de ser un tabú o un estigma a ser una permanente celebración de la que resulta difícil entresacar ningún rasgo negativo o siquiera político. Y, por último, porque las feministas que pensamos que regular la prostitución sería un paso atrás en la igualdad y en la situación de todas las mujeres deberíamos preocuparnos porque estamos perdiendo el debate social, especialmente entre sectores del feminismo más joven, el que debería ser la punta de lanza de una generación que considerara intolerable la actual normalización de la prostitución.

La prostitución ha experimentado en las últimas dos décadas un crecimiento espectacular tanto en varones que la usan, como en mujeres que se dedican a ella, como en importancia económica; también en el carácter mismo de la institución, que ha pasado de ser una salida individual para las mujeres más pobres, a convertirse en una parte fundamental de uno de los negocios globales que más dinero mueve, tanto legal como ilegal: el negocio del sexo. Dominado por mafias internacionales que se dedican lo mismo al sexo que a las drogas o a las armas, el negocio de la prostitución es hoy uno de los pilares fundamentales del orden patriarcal, pero es también un negocio de dimensiones globales tan importante que puede incluso determinar el PIB de algunos países. Existe, de partida, un claro interés por parte de estas mafias en estimular la demanda por todos los medios a su alcance.

El negocio del sexo (el capitalismo) estimula permanentemente una demanda que el patriarcado también está interesado en mantener. Si historizamos la prostitución nos daremos cuenta de que su función ha ido cambiando según las necesidades del patriarcado. La función de la prostitución hoy día, además de ser una fuente de riqueza para algunos, no es otra que la de ser un espacio, uno de los pocos que quedan, para que los varones puedan seguir poniendo en práctica la masculinidad tradicional a través de una performance sexo-genérica determinada; uno de los pocos espacios en los que aún puede actuar una masculinidad que se encuentra acosada -gracias al feminismo- en todos los demás ámbitos de la vida: en los espacios sociales, políticos, familiares, sexuales, etc. En todos estos espacios los hombres han tenido que recolocarse, y lo están haciendo con mucha dificultad. La prostitución ayuda a mantener un espacio incontaminado de igualdad para que la masculinidad hegemónica, basada -no lo olvidemos- en una determinada ideología sexual, no se ahogue. Es en ese sentido en el que la prostitución como institución es intolerable: se trata del lugar en el que se aprende, se perpetúa y se refuerza la desigualdad a través de la puesta en práctica de una performance de género y sexual que dificulta la necesaria demolición de las masculinidades y feminidades tradicionales.

Es aquí donde creo que tenemos que incidir: en la prostitución como institución, que enseña/perpetúa y refuerza la desigualdad y los roles de sexo/género más tradicionales y patriarcales; tenemos que preguntarnos por qué se configura como una salida económica sólo para las mujeres y no para los varones; tenemos que explicar que la prostitución es una práctica social y sexual que no tiene que ver sólo con las mujeres que se prostituyen, sino que nos afecta a todas las mujeres (y a todos los hombres). Y, sin embargo, a veces nos empeñamos en cuestiones que, en mi opinión, no son las más importantes ahora. Las mujeres (las que no son víctimas de trata, se entiende) se dedican a la prostitución por dinero; cualquier mujer podría hacerlo. El asunto de si el consentimiento es válido o no nos enreda vanamente. Tiene razón Nancy Fraser cuando afirma que el problema de la prostitución no es el consentimiento, ya que nos movemos en un marco de consentimiento liberal aceptado para todos los ámbitos de la vida, siendo así que parece que sólo a las prostitutas se les exige un consentimiento especialmente cualificado. No todas las prostitutas son mujeres más victimizadas que otras personas (hombres y mujeres), sometidas a condiciones de explotación capitalista y cuyo consentimiento no se pone permanentemente en duda. Fraser dice que es perfectamente entendible que muchas mujeres se dediquen a la prostitución para ganar dinero; que eso no es lo que la hace intolerable. La mercantilización y cosificación de los cuerpos de las mujeres no puede sino reforzar la desigualdad de género, pero esto ocurre no porque las mujeres se sitúen en relación de dominación con un hombre en concreto en el momento de la transacción prostitucional, sino porque la prostitución codifica significados que son dañinos para las mujeres como clase. Y es esto lo que tenemos que explicar mejor. Lo que resulta intolerable de la prostitución es la desigualdad del marco basado en la división sexual del trabajo y en una ideología que naturaliza la diferencia, especialmente la diferencia sexual. En ese sentido no podemos aceptar ninguna regulación: la desigualdad no puede regularse sino combatirse.

Pero, dicho esto, es fundamental dar voz a las propias prostitutas, dejar de victimizarlas, reconocer su agencia y respetar la manera que eligen para salir de la pobreza o para mejorar sus condiciones de vida; respetar sus elecciones. Hay que hablar con ellas, aunque lo que digan no nos guste. Ellas son prostitutas porque hay demanda, así que es ésta la que hay que combatir y estigmatizar. Esto tenemos que hacerlo denunciando qué tipo de sexualidad, qué ideología, qué construcción del género y de la subjetividad masculina se ponen en funcionamiento cada vez que un hombre piensa que necesita, no tener un orgasmo, sino recrear una sexualidad masculina ideológicamente determinada por un orden de género basado en la subordinación de las mujeres.

*http://revista.conlaa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=567&Itemid=582

La caridad televisada de la derecha

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- 14.09.13. 

A la derecha la solidaridad y la organización popular le produce urticaria; a pocas cosas le tiene tanto miedo como a que la gente piense, imagine, se organice, conquiste espacios comunes y de solidaridad. Toda su estructura económica, política y social se basa en fomentar el individualismo y la competencia de todos contra todos. Para paliar la mala conciencia o para “luchar” (es un decir) contra las situaciones más terribles fomentan la caridad que tratan de hacer pasar como aquello a lo que la gente debe aspirar si quiere mejorar su situación. El neoliberalismo pretende que la gente se olvide de que tiene derechos. La ofensiva ideológica camina en este sentido, no se tiene derecho a nada, cada uno que se arregle como pueda y, con suerte, que espere que le caiga una limosna.

El programa de televisión “Entre todos” que se estrenó hace un par de semanas en la 1 es una muestra repugnante de la sociedad a la que la derecha pretende que nos acostumbremos. Heredero del “ponga un pobre a su mesa en Navidad”, el programa presenta a personas desesperadas que harían cualquier cosa por paliar sus necesidades más básicas, llorar o reír cuando hace falta o lo pida el realizador, agradecer efusivamente cuando toque, esforzarse por conmover al público, que si no no hay premio y, sobre todo, utilizar un lenguaje que no tenga nada que ver con los derechos ni con la reivindicación. Usar un lenguaje anti-político, exclusivamente sentimental. Lo más importante es no enfadarse, lamentarse sí, pero nunca enfadarse. Personas que necesitan una silla de ruedas para vivir o un tratamiento especial para su hijo, algo a lo que hasta ayer mismo tenían derecho, algo por lo que no tenían que someterse a la compasión ajena, ni esperar que les tocara la lotería de un programa de televisión en el que humillarse; algo para lo que no hacía falta que fueran simpáticos o capaces de despertar los buenos sentimientos de los televidentes, tienen ahora que “vender” su desgracia a ver si hay suerte y alguien les paga algo. Si no te esfuerzas y no despiertas la suficiente compasión, la suficiente simpatía, te quedas sin silla de ruedas, tu hijo se queda ciego. Es lo que hay. Y las ONG de la caridad se prestan gustosas y patrocinan este engendro inmoral en el que todo el mundo llora.

También lloran algunos rectores al ver que muchos de sus estudiantes, los que no tienen dinero para pagar las nuevas tasas, no pueden seguir estudiando. Y una rectora se ha inventado ahora lo de “apadrine a un estudiante sin dinero” Si la cosa se extiende, y es muy posible que se extienda, pronto los propios estudiantes tendrán que buscar la manera de que un rico les patrocine una carrera. Veremos a gente pidiendo un patrocinio o una ayuda para poder operarse o para recibir quimioterapia. Naturalmente que no tengo nada contra estas personas que hacen lo que pueden en situaciones muy difíciles pero me gustaría que ni ellos ni nadie olvidara que también hasta ayer mismo estudiar era un derecho que no dependía del dinero que tuviera tu familia. Un derecho de los más peligrosos, por cierto, para este régimen que padecemos. La educación universal es siempre algo potencialmente peligroso para los que pretenden imponer una sociedad intelectualmente mediocre en la que poder ganar elecciones eternamente. Sólo una sociedad inculta y mal informada puede tolerar mucho tiempo a unos gobernantes como los que tenemos cuya mediocridad intelectual, moral y política es tan evidente ya para todo el mundo.

La organización popular es su enemigo. Bolsas de comida entregadas por las organizaciones de caridad –mejor si son religiosas- sí, pero vecinos que se organizan para repartir la comida que tienen entre todos y todas, gente que es capaz de articular soluciones imaginativas para paliar necesidades y que de esta manera se hacen conscientes y ayudan a concienciar a otras personas de que lo que sucede no es mala suerte ni una jugarreta del destino, sino una injusticia; es decir, gente que piensa, que se organiza, que actúa, entonces no, entonces se encienden las alarmas. De ahí que una mesa plegable con unos libros de texto usados y con unos cuantos bolígrafos y gomas haya despertado el interés del concejal del Partido Popular de un barrio de Madrid, que se ha apresurado a enviar a la policía municipal a desmantelarla.

La mesa en la que los vecinos pretendían dejar material escolar usado para que lo utilizaran otros vecinos que no pueden pagarlo, es un artefacto peligroso que un político de derechas no podía dejar pasar. Y este no dejar pasar es literal, ni media hora duró en la calle la peligrosa mesa de destrucción masiva. Ellos, pobres ingenuos, habían pedido incluso su correspondiente permiso, pero les contestaron que el trueque no está contemplado en las ordenanzas, naturalmente. Las ordenanzas contemplan únicamente la posibilidad de actividades de compra-venta; las ordenanzas exigen ánimo de lucro, pero ninguna actividad gratuita y solidaria; nada de eso en la calle. Al ser preguntado el concejal José Antonio González de la Rosa por las razones por las que envió a la policía a desmantelar la mesa con material escolar gratuito respondió que no estaba demostrado que hubiera un interés vecinal. Hay miedo a la organización social pero hay también un inmenso clasismo que late debajo de todas las decisiones que toma el partido popular; absoluto desinterés por las necesidades reales de la gente; desprecio de clase.

Habrá que explicarles a estos vecinos que si quieren libros y no tienen con que comprarlos que vayan a la televisión, que pongan las caritas llorosas de sus niños y niñas en unos carteles a ver si alguien con dinero se conmueve, ¡que se esfuercen, vamos, que las cosas no pueden ser gratis!


*Beatriz Gimeno pertenece al colectivo econoNuestra. beatrizgimeno.es

ESPAÑA - Cifuentes como síntoma

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- 24.08.13. 

En esta semana que termina he asistido un poco asombrada a una guerra en las redes que en realidad versaba sobre “como hay que sentirse” ante el accidente de Cristina Cifuentes. He visto/leído a gente que le deseaba la muerte y después a los que criticaban a los anteriores. He leído a amigos míos muy escandalizados por el odio que destilaban algunos comentarios en contra de Cifuentes. He leído a Don Ricardo arrepentirse de haber llegado a escribirle a la Delegada: “¡muérase!”. He leído que Juan Torres también se escandalizaba de que hubiera gente de izquierdas deseando la muerte de esta señora. He leído también los tweets de Gaspar Llamazares en los que no desea la muerte a nadie pero en los que no deja de incluir su pésima opinión sobre Cifuentes, lo que le valió una avalancha de twees de gente escandalizada por su actitud en los que no dejaban de desearle la muerte a él. En general, hay que decir que la derecha se escandaliza de que le deseemos la muerte a alguien haciéndonos ver que nos desean la muerte a todos y todas. También los trabajadores sanitarios de la pública han deseado a gritos que Cifuentes fuera a curarse a un hospital privado y ese gesto demuestra, según los medios de la derecha, que los trabajadores de la sanidad pública no tienen corazón y son unos egoístas desalmados, por lo que hay que despedirles e incluso meterles en prisión, según leí en los comentarios a esta noticia. Bastantes de esos comentarios decían que quedaba comprobado que los asistentes a esa manifestación eran chusma y que estaba claro que merecían todos la muerte.

Me parece evidente que si se ha desatado el debate de manera especialmente cruda en esta ocasión es porque algo ha cambiado respecto a otras situaciones en las que hemos vivido enfermedades o muertes de personas significadas de la derecha. Al respecto tengo que decir que me he alegrado alguna vez de la muerte de alguien cuya desaparición física ha traído o podría traer la desaparición de un régimen opresivo. Me alegré de la muerte de Franco y en mi casa, como en tantas, brindamos; me alegré (aunque ahora esté mal decirlo) de la muerte de Carero Blanco por el papel que le tenían asignado en la perpetuación del régimen. Me alegraría de que se murieran dictadores, torturadores…Pero, aun así, creo que no es la muerte de estas personas en cuestión lo que me produce alegría sino lo que estas muertes significan. Es decir, no me alegro de su sufrimiento, sino de que dejen de torturar o de matar y de que se abran posibilidades de liberación.

Seguramente la alegría personal por la muerte de alguien sólo es posible en el caso de que esa persona te haya hecho algo personalmente a ti o a alguien querido. Supongo que se alegran los torturados de que muera un torturador, o las víctimas de que se muera el asesino. En el caso de alguien vinculado de manera general, como otros miles de personas, a unas determinadas políticas que hacen realmente daño, como en el caso de Cifuentes, no me alegro de que se muera, enferme o le pase algo. No pienso en esos términos. Además, no soy partidaria de la pena de muerte, ni de ninguna ley del talión. En ningún caso. Jamás me produce ningún tipo de alegría que alguien pague con la vida sus crímenes. Estoy convencida de que nadie merece la muerte haga lo que haga. No me resultaría humano alegrarme del dolor ajeno, ni siquiera del dolor del peor malvado de la tierra. Creo que ese sentimiento no está en mi naturaleza, y creo que es un mal sentimiento, un sentimiento que, si se tiene, es mejor combatir.

Dicho esto -que no deseo que nadie muera y que tampoco puedo sentir alegría porque nadie enferme- tengo que decir que lo que ha ocurrido con Cifuentes demuestra que mucha gente ya no percibe a los ejecutores de las políticas neoliberales como adversarios, sino como enemigos; y tienen buenas razones para pensar así. Me cuesta entender a esos bloggeros, a esos políticos, a esos tweeteros bienintencionados que cuando alguien del PP enferma aparcan todas sus diferencias, como si estas fueran un pequeño lance político superable; como si estas diferencias pudieran no afectar a lo personal. Eso podía ser así hace un tiempo pero en estas circunstancias históricas las políticas que se hacen se hacen contra nosotros y nosotras; las políticas austericidas dejan víctimas. Quien las aplica no puede esperar recibir indiferencia por parte de la gente que las sufre.

La palabra “adversario” está bien para el juego electoral, para aquel que comparte un mismo planteamiento de principio, de marco fundamental, aunque no comparta muchos de los detalles; adversario es aquel que ocupa una posición diferente pero con quien puedo convivir tranquilamente en la discrepancia. Adversario es aquella personas con la que, a pesar de no estar de acuerdo, siempre puedo irme a tomar un café. Los políticos del PP han roto cualquier marco básico que pudiéramos compartir. No respetan siquiera el marco democrático básico cuando se niegan reiteradamente a condenar el franquismo, cuando se empecinan en no cumplir con la Ley de la Memoria Histórica, cuando no quieren condenar a sus elementos fascistas, cuando destinan miles de euros para restaurar ese monumento al franquismo que es el Valle de los Caídos, cuando reprimen con brutalidad cualquier protesta, cuando multan sin motivo a los manifestantes etc. Esto en cuanto al marco institucional. En cuanto al marco social, han declarado una guerra que consiste en expropiar todo lo público para repartirlo entre ellos y los de su clase. Y mucha gente se ha dado cuenta.

Cuando las políticas de un gobierno son las responsables de que no puedas pagar las medicinas de un hijo, o el cuidador que necesita para su enfermedad, o te expulsan de tu casa, te dejan sin medio de vida, impiden que tu madre pueda ir a una residencia o tu hija a la universidad, entonces quienes dictan estas políticas o las apoyan no son adversarios, son enemigos. Para muchos y muchas de nosotrxs “esto” no es pugna política, es cuestión de vida o muerte. ¿Las decisiones políticas que hunden en la miseria a la gente no significan nada en el plano personal? ¿Si un diputado vota que se retiren los fondos a las becas después nos vamos con el/ella a tomar un café? ¿Reímos sus chistes, le deseamos lo mejor en el plano personal? ¿Qué se supone que es el plano personal? ¿Quedarnos sin sanidad pública, sin sillas de ruedas gratuitas, por ejemplo, sin ambulancias para diálisis no es personal? Los políticos que hacen estas políticas y los que las apoyan, son personas despreciables que nos roban la vida. Cuando les va mal, tienen un accidente o una desgracia, yo no les deseo lo mejor. ¿Por qué iba a hacerlo?

Yo no me alegro de la caída de Cristina Cifuentes ni le deseo la muerte, aunque entiendo que tanta gente la odie. En realidad, lo que le pase a Cristina Cifuentes me da exactamente igual. No deseo ni dejo de desear su recuperación. No le mando mis mejores deseos para que se recupere pronto, tampoco deseo que se muera, no me ocupo de su situación, esa señora no es nada mío y, como política, no voy a fingir sólo porque ha tenido un accidente que le tengo respeto o simpatía. Que los médicos hagan su trabajo y que a ella le vaya como le tenga que ir que lo que yo le desee no va a afectarle en nada.


De héroes, heroínas y bestias

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- 21.08.13. 

Para convertirse en un héroe, en una heroína, no hace falta hacer grandes cosas. En según qué circunstancias basta con negarse, con decir que no, y sólo con eso cualquier pequeño gesto que se haga se convertirá en un gesto heroico. Ahí está Amina Sbui, una feminista que se hizo una foto en topless y la colgó en el Facebook. Eso le costó una “fatua” y pasar varios días en un cárcel tunecina y ya sabemos que ninguna de esas dos cosas son una broma. Después Amina salió y, lejos de amilanarse, lo ha vuelto a hacer. Su gesto tiene un valor extraordinario en el contexto de las luchas que las mujeres árabes están llevando a cabo contra sus gobiernos machistas, contra sus religiones machistas y contra sus revoluciones machistas.

Anton Krasovsky es el presentador ruso de un programa de televisión, un hombre normal que seguramente jamás pensó en convertirse en un héroe. Ganaba mucho dinero y tenía lo que la mayoría consideraría una posición envidiable. Pero Rusia ha emprendido una cruzada fascista contra las personas homosexuales y Krasovsky, que es gay, decidió no callarse. Se limitó a decir que era gay por la televisión y a defender su humanidad. Podía haberse callado pero no lo hizo. Le despidieron esa misma noche y eso es lo menos que le puede pasar en un país en el que declararse gay te pone en el punto de mira de la violencia extrema.

Amina y Antón son dos personas que han demostrado que cualquiera puede resistirse a la barbarie; que todo ser humano guarda en sí mismo/a la capacidad de defender su dignidad y la de los/las demás. Siempre se puede decir que no, lo único que hace falta –y no es poca cosa- es desatender al propio miedo o, al menos, vencerlo. Estos son héroes, son valientes, pero están acompañados por muchas otras personas. Les acompañan todos aquellos, todas aquellas, que se niegan a quedarse en silencio, que se niegan a hacer como que no se enteran de lo que pasa.

Les acompañan todos aquellos que, simplemente, piensan que no lo quieren dejar pasar. En este grupo están las saltadoras suecas Emma Greeny Moa Hjelme que han competido en Rusia con las uñas pintadas del color del arcoíris; simplemente porque no lo quieren dejar pasar. Quizá no se jueguen nada, pero todo el mundo tiene que elegir constantemente entre opinar o dejarlo pasar. Y ellas han decidido expresar su opinión. Su pequeño gesto adquiere así una enorme importancia.

Y luego están los otros. Esta misma semana hemos visto las imágenes de los jóvenes de NNGG del PP riéndose de un anciano preferentista. Ese señor podía perfectamente ser un votante del PP, supongo que muchos de los estafados con las preferentes han votado a este partido. Pero es que eso no importa, no se trata de política, se trata de humanidad, de algo tan básico como que los humanos solemos sentir lástima y mostrar respeto por los que sufren o son débiles. Los fascistas no, claro. El corazón ideológico del fascismo no tiene que ver con la política, sino con la barbarie, es el desprecio absoluto por los débiles. Cuando vi las imágenes en la televisión, cuando vi a esos jóvenes, prepotentes, seguros de su posición en el mundo, sintiéndose invulnerables, demostrando esa crueldad con una persona que, como poco, ha sido estafada y a quien, seguramente, le han robado los ahorros de toda su vida, se me pusieron los pelos de punta. La actitud de esos jóvenes daba miedo porque bajo su apariencia aparentemente normalizada se percibe una absoluta inhumanidad. Al fin y al cabo la capacidad de sentir empatía es lo que nos hace humanos. La completa falta de empatía les sitúa del lado de la bestialidad, del lado de la patología social que es el fascismo.

El mundo está lleno de personas que se comportan como héroes y como heroínas sólo porque se niegan a ser reducidos al estado de cosa y reivindican su plena humanidad y la dignidad de cada ser humano. Y está lleno también de personas que han borrado de sí cualquier rasgo de humanidad y se han puesto del lado de la barbarie. Esa es la elección que tenemos que hacer todos los días.

Para acabar una fe de erratas: la semana pasada escribí que el alcalde de Lugo había dicho que los condenados a muerte por el franquismo se lo merecían. No fue el alcalde de Lugo, claro, sino el alcalde de un pueblo de Lugo, Baralla. He recibido decenas de mails pidiéndome que rectificara. Rectificado está.


*Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales) http://beatrizgimeno.es

Están aquí

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- 10.08.13. 

Todos y todas nos hemos preguntado en qué pensaba la gente cuando vivía el ascenso del nazismo; si eran conscientes de que la bestialidad mostrada en sus primeros discursos, y que tantas personas apoyaban y aplaudían, iba a acabar como acabó; todos nos hemos preguntado si la indiferencia o la secreta connivencia de muchos otros incluía la despreocupación ante los asesinatos en masa de millones de seres humanos, o si pensaban que aquello no llegaría a tanto. Muchos nos hemos preguntado por qué los judíos no huyeron a tiempo. ¿Pensaron quizá que cuando les expulsaron de las universidades la cosa quedaría ahí? ¿Cuándo quemaron sus negocios? Y cuando les cosieron una estrella amarilla ¿pensaron que eso sería lo último, que nada podía ser peor?

Yo me pregunto si ya se está repitiendo, si ya está aquí y no lo estamos sabiendo identificar, si las instituciones supuestamente democráticas y la población en general ya estamos mirando para otro lado. Un senador italiano, exministro y vicepresidente del Senado, Roberto Calderoli, compara a la ministra Cécile Kyenge, que es negra, con un orangután. Cada vez que acude a un acto público a la ministra le tiran plátanos y, al parecer, eso no es un delito ni se detiene a nadie. El primer ministro, Enrico Letta, se ha limitado a decir por Twitter que esas palabras son inaceptables. Lo cierto es que no serán tan inaceptables cuando se han aceptado sin mayores problemas. Las palabras de Calderoni sobre la ministra fueron: “Me encantan los animales, los osos, los lobos, como todo el mundo sabe, pero cuando la miro me viene a la cabeza un orangután”. Y a mí cuando miro al vicepresidente del Senado me viene a la cabeza un asesino al que hay que parar antes de que comience a asesinar, pero debo ser la única a la que el ministro le produce esta impresión.

¿Sólo insultos? ¿Sólo Italia? No, por todo el continente crece el racismo, la xenofobia y el odio a los pobres; el fascismo, en definitiva. Ya sabemos que los fascistas de Amanecer Dorado están en el Parlamento griego con sus esvásticas. Uno de sus diputados más famosos es Kassidiaris que se refiere a los inmigrantes como ‘sub humanos’ desde el atril parlamentario y que hace unos meses se lío a golpes en la televisión con dos parlamentarias de izquierdas. Al parecer en Grecia eso no hace que te expulsen del Parlamento. Lo que no es extraño porque las prácticas fascistas están tan arraigadas en ese país que el ministro de Salud de Grecia, del partido Nueva Democracia, ha aprobado hace bien poco un decreto para permitir la detención forzosa de personas para realizarles la prueba del VIH. No confundir al partido Nueva Democracia –partido perfectamente serio y avalado por Bruselas y por los socialistas entre otros- con ese otro partido, Amanecer Dorado, que cualquier día llega al Gobierno, se hace serio y es avalado Bruselas y por lo que quede de los socialistas. El fascismo es contagioso, y me gustaría recordar que este decreto que menciono ya fue aprobado y puesto en práctica justo antes de las elecciones generales de mayo de 2012 por el entonces ministro socialista Andreas Loverdos. Este socialista obligó a decenas de mujeres, muchas de ellas drogadictas, a realizarse las pruebas del VIH. Algunas de ellas dieron positivo en las pruebas y sus datos y fotografías fueron publicadas en internet. A todas ellas se las señaló como prostitutas aunque la mayoría no lo eran (y aunque lo fueran). Y a cuenta de todos estos “delitos” se las encerró en prisión. Allí han estado meses con el democrático cargo de “tentativa de daño corporal”. El triángulo negro de los nazis marcaba a las mujeres que no se dedicaban a lo suyo: casarse y tener hijos. El triángulo negro marcaba a prostitutas, madres solteras, lesbianas, enfermas… Le faltó al socialista Loverdos encargar una señal para que se la cosieran a la vestimenta y por la calle pudieran señalarlas y/o lincharlas. Nadie puso el grito en el cielo en Europa, tampoco por esto.

Podríamos pensar que esto sólo pasa en Grecia ese país en el que Europa ha decidido concentrar todas las miserias humanas o en Italia, país cuyas fascistadas son minimizadas al atribuirlas a un señor del que se vende una imagen cómica como Berlusconi. Pero no, es la misma Europa y el mismo nivel de miseria que emplea la republicana y “socialista” Francia, que ha sido denunciada por la ONG Romeurope con un informe en el que denuncia entre otras cosas “desalojos repetidos, expulsiones, y [restricción del] acceso a los derechos fundamentales [vivienda, sanidad, trabajo, escuela y derechos sociales]” para los gitanos”. El flamante ministro socialista del Interior, Manuel Valls, ha calcado e incluso superado la política de desalojos y expulsiones de su antecesor de derechas, Claude Guéant.

Y todo esto sin hablar del fascismo de aquí, de que tenemos varios concejales directamente fascistas (España 2000) o de que ahora nos estamos dando cuenta de que el franquismo nunca se fue, que está en las instituciones representado por cargos electos del PP. El alcalde de Lugo ha declarado sin complejos: “Los fusilados por Franco se lo merecían”. Y podríamos terminar diciendo que en Rusia se ha abierto la veda para matar a las personas gays y lesbianas y que allí el fascismo institucional ha alcanzado cotas de enorme intensidad.

Es cierto que racismo o fascismo hay siempre, pero si el racismo explícito y criminal está ya en las instituciones, si se manifiesta con tanta desvergüenza, con la seguridad absoluta de que no pasa nada y, es más, con la seguridad de que eso da votos, quizá hemos atravesado una línea roja. ¿No hay nadie, en esta Europa de vergüenza, que le dé a estas cuestiones la importancia que tienen? Pues no parece, porque en esta Europa de los mercaderes que se nos ha impuesto lo único que parece preocupar es proteger los intereses de los poderosos, y eso bien vale unos insultos racistas o unos cuantos asesinatos de gays. Así que sí, además del paro masivo, las desigualdades económicas, la injusticia y el aumento de la pobreza que se dieron en los años 30, no nos falta lo otro: la bestialidad racista y xenófoba, la inhumanidad contra los más vulnerables, la designación de estos como chivo expiatorio para desviar la atención de los efectos de sus políticas. Ya no quedan en Europa judíos bastantes como para odiarles; los gitanos puede que no sean suficiente para calmar a la bestia: ¿Homosexuales? ¿enfermos infecciosos? ¿prostitutas? ¿discapacitados? ¿pobres sin más?

No es una exageración, están aquí, se sientan en los parlamentos y en los gobiernos por toda Europa. La mayoría, no sé si como entonces, vivimos sin darle a esto demasiada importancia, tenemos otros problemas. Y sin embargo yo a veces me pregunto, ¿cómo es posible que los judíos de entonces no se dieran cuenta de lo que se les venía encima? Y después… ¿en qué momento exacto tenemos muchos/as que empezar a preocuparnos? ¿O podemos seguir pensando que eso sólo va a pasarles a los negros o a los gitanos? ¿Es posible una democracia cuando los que gobiernan no son demócratas?


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ESPAÑA - El decreto andesahucios, el PP y la Troika

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.- 27.07.13. 

El decreto andaluz antidesahucios es una medida modesta e insuficiente para la gravedad del problema al que se supone que se enfrenta, como denunció en su día la plataforma Stop-desahucios. Es una medida que en la mayoría de los casos sólo va a retrasar el problema, que no acoge a todas las familias que lo necesitan sino únicamente a aquellas que están en una situación ya desesperada, que fija un plazo temporal demasiado breve para garantizar la estabilidad vital necesaria en esta situación de paro masivo y que, además, no supone una mejora sobre lo más importante: la existencia de cientos de miles de familias atrapadas por deudas que no van a poder pagar, con vivienda o sin ella, ya que estamos en un contexto no sólo de paro, sino también de importantes rebajas salariales.

No obstante, el decreto supone una solución de emergencia para familias en situación límite, visibiliza el derecho a la vivienda como derecho social básico y además incluye una batería de medidas complementarias que incentivan el alquiler y desincentivan la posesión de viviendas vacías. Esto sirve para visibilizar también algo que debería ser obvio, que está incluso en la Constitución, pero que se ha convertido en un tabú innombrable en estos tiempos: la función social de la propiedad. Por eso, el decreto abre una grieta, aunque sea pequeña, en el discurso único y monolítico de que no existen otras políticas posibles que las que se están aplicando con mano de hierro. Existía, además, la posibilidad de que otras comunidades se fueran sumando a esta medida (Canarias, Navarra…) extendiéndose así la idea no sólo de que es posible hacer otras políticas que no sean las de salvaguardar los intereses de los bancos a toda costa, sino que también, a la sombra de éstas, se podría ir extendiendo la certeza de que estas políticas que se nos imponen son inhumanas y profundamente inmorales, así como de que es posible cambiar las cosas, mediante el voto, por ejemplo. Resulta que si se comprueba que –incluso en esta situación- es posible hacer cosas diferentes, tener en cuenta otros intereses, los de la gente, por ejemplo, entonces los mercaderes que nos gobiernan quedan en evidencia como lo que son. Su obsesión es que parezca que no hay opción.

El decreto abre una grieta en el hasta ahora único argumento de que lo único que importa es la “estabilidad financiera”, frase que parece inocua, alejada de la realidad de las personas normales pero que, en realidad, en este contexto, es una manera de decir que lo único que importa son los intereses financieros, caiga quien caiga, es decir, nosotros. El Partido Popular no podía permitir que esta grieta se fuera haciendo más y más grande y ha corrido a recurrir el decreto, lo que ha supuesto su paralización temporal. Para hacerlo necesitaba una excusa, algo que pudiera ayudarles a no dar la impresión de que ayudan sólo a los bancos y no a la gente, sino que lo que ocurre es que hay problemas mayores, como la “estabilidad financiera” que no permiten otra manera de actuar. Porque naturalmente la inmensa mayoría de la gente apoya el decreto, incluida la mayoría de los votantes del PP. Recordemos que la simpatía popular por la PAH, por sus acciones, por sus reivindicaciones, ya obligó al PP a tener que hacer el paripé de admitir a trámite la IPL presentada por la PAH, para poder desactivarla luego desde el mismo parlamento. Y les obligó después a hacer otro paripé, el de presentar y aprobar su propia ley antidesahucios, presentada entre sollozos por la vicepresidenta y que no sirve absolutamente para nada porque, ésta sí, se preocupa por la estabilidad financiera, y no por los desahuciados.

La excusa que el PP buscaba se la prestaron raudos los mercaderes de la Comisión Europea y del Banco Central con un informe en el que advierten de los males que se avecinan en caso de que el decreto siguiera adelante. A Bruselas no le ha hecho falta mucha presión para venir en auxilio del Partido Popular porque tampoco allí se pueden permitir una grieta, siquiera dialéctica, en los argumentos utilizados para implantar sus políticas de expolio generalizado. Estas políticas se ejecutan en medio de una batalla ideológica en la que el lenguaje juega un papel fundamental. Por eso todas estas medidas vienen siempre con su correspondiente “kit” de instrucciones que consiste en un argumentario construido en base a su particular neolengua; una lengua que sirve para ocultar y hacer ininteligible la realidad. La Comisión Europa y el Banco Central han escrito una carta y han presentado un informe en el que presentan el decreto andaluz como un terrible peligro para el sistema financiero, nada menos; ese mismo que se llevó por delante Lehman Brothers, con el ahora ministro de Guindos al frente. Así que con la “estabilidad financiera” como bandera, la Troika demuestra una vez más que no es más que el brazo armado de una panda de mercaderes preocupados por sus propios intereses y sin ninguna relación con la ciudadanía, con sus parlamentos o sus democracias. El parlamento europeo está desaparecido ¿alguien sabe para qué sirve exactamente? La democracia está tomada por los poderes financieros que nos han dejado claro que es posible expropiar cientos de casas particulares para construir campos de golf, como se ha venido haciendo a lo largo de todo el territorio, pero no es posible retener la propiedad de los pisos que tienen vacíos los bancos (no es realmente una expropiación) durante tres años para que familias sin otra vivienda tengan un techo.

En otra muestra de ese lenguaje con el que se busca que la realidad no se haga presente, el gobierno ha recurrido el decreto antidesahucios diciendo que vulnera el derecho a la vivienda, de la misma manera que nos roban la sanidad pública argumentando que lo hacen para mejorar la sanidad pública, o acaban con la educación mientras dicen que lo hacen buscando la excelencia. Ahora Bruselas le da al gobierno la coartada que buscaba para paralizar este decreto argumentando que ayudar a familias en situación límite para que no sean expulsadas de sus casas durante tres años, puede afectar negativamente a la recuperación económica… de los bancos. ¡Acabáramos! me suena a que, sin quererlo, la Comisión Europea ha dado por una vez en el clavo: aquí, o nos recuperamos nosotros y nosotras, o se recuperan los bancos; que nadie se crea que es lo mismo o que vamos en el mismo barco. No es lo mismo y esto me suena a lucha de clases; y no es broma.

ESPAÑA - Yolanda, entonces y ahora

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.-  

Hace un par de semanas nos enteramos de que el asesino de Yolanda González, Emilio Hellín, iba a declarar como perito en el juicio en el que se juzga a José Bretón por el asesinato de sus hijos. Esto ha vuelto a revolver las tripas que ya se nos habían revuelto cuando supimos que este personaje trabajaba habitualmente para la policía. Naturalmente en todo este tiempo no ha habido una sola palabra condenando esta situación por parte de personas, asociaciones o partidos especializados en sacar réditos electorales del terrorismo, siempre que sea el de ETA , y que no dejan pasar una ocasión para condenar cualquier intento de un exterrorista de llevar una vida normal.

Hellín Moro asesinó a Yolanda González, una chica de 19 años, a sangre fría por motivos políticos, porque ella era una estudiante comprometida en la lucha contra el fascismo y él era un fascista. A Yolanda la sacaron de su casa de noche, la llevaron a un descampado, le pegaron dos tiros en la cabeza, luego el tiro de gracia y después la dejaron tirada. Emilio Hellín fue el autor de los dos primeros tiros. ¿Imaginan si eso lo hace ETA y años después el estado contrata al asesino para formar a la policía?

Y eso que ni la familia ni nadie del entorno de Yolanda ha dicho nunca que se oponga a que Hellín Moro viva su vida. Nosotros creemos (yo lo creo y la familia así lo ha manifestado) que todo el mundo –incluso los peores asesinos- tiene derecho a cambiar y a reinsertarse. Tanto la familia como las personas que quisieron y acompañaron a Yolanda durante su breve vida creen en la posibilidad de reinserción de los delincuentes y no en la venganza. Pero una cosa es que los culpables puedan rehacer su vida y vivir en paz y otra muy distinta es que el estado les contrate para impartir formación a la policía. Eso es una inmoralidad y un insulto a la memoria de Yolanda y a su familia. Es una manera también de dejar bien claro que para el estado no todos los terroristas son iguales y desde luego no lo son tampoco las víctimas, que son más o menos víctimas en función de quienes sean sus verdugos, como ya hemos tenido ocasión de sobra de comprobar a raíz de los atentados del 11M.

Pero, sobre todo, la contratación de Hellín Moro por parte de la policía acrecienta las sospechas que siempre se tuvieron respecto a aquel crimen, respecto a su investigación y la posterior huida del asesino a Paraguay: que la policía o los servicios secretos estuvieron implicados de alguna manera o bien en la planificación del asesinato, o bien en la protección posterior del asesino. El de entonces era un aparato policial y político completamente permeado por elementos franquistas, había una enorme ansiedad por acabar con las protestas sociales que se extendían y se buscaba alguna manera de atemorizar a la población y dar un escarmiento. Hellín pudo en su momento escapar de España porque alguien le ayudó; y alguien le siguió ayudando mucho después a borrar su pasado y a introducirse en los círculos policiales, alguien se cuidó de que a Hellín no le faltase trabajo, un buen trabajo. Alguien sigue pagando favores; quizá personas que fueron ideólogos de aquel crimen.

Es imposible creerse que la policía desconocía el pasado de Hellín cuando le contrató; a la policía no se le pasan esas cosas. Así que o bien alguien debería dar explicaciones porque desde dentro de la propia policía se haya ayudado y contratado a un terrorista para labores sensibles relacionadas con la seguridad, o bien alguien tendría que dar explicaciones por el hecho de que la policía no se haya enterado de que contrataba a una persona con un pasado criminal más pesado que una losa y que puede encontrarse en cualquier archivo periodístico. En este segundo improbable caso, una vez desvelado por los medios de comunicación el asunto, el ministro del interior debería informar de las gestiones que se están haciendo para que Emilio Hellín no vuelva a cobrar dinero público. Naturalmente, el ministro no dice nada, nadie dice nada, Emilio Hellín testifica como perito y seguirá instruyendo policías porque este es un país infestado de franquistas nostálgicos y cómplices del franquismo, que además ahora están en el poder.

Yo conocí a Yolanda cuando ambas éramos representantes de nuestros respectivos institutos públicos en la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media, en pie de guerra entonces contra la LAU. Es imposible no recordar y pensar en los muertos, en los que siempre ganan y en los que siempre pierden; en la represión de entonces, en la de ahora. Y es imposible no pararse a pensar en la lucha que mantuvimos los estudiantes de entonces contra la LAU y los de ahora contra la LOMCE. Ambas leyes contaron con el repudio de toda la comunidad educativa, ambas fueron fuertemente contestadas y aun así se aprobaron. Recuerdo que entonces la Coordinadora mantenía que la LAU era la puerta que se abría a la privatización de la enseñanza. 33 años después si aquella ley fue la puerta que se abría, la LOMCE pretende ser la puerta que se cierra, la que cierra el ciclo, la encargada de separar a los alumnos y alumnas según su origen social, la encargada de que las barreras sociales sean aún más infranqueables de lo que ya lo son. Y ahora, cuando la lucha por la educación pública se recrudece, aparece de nuevo el asesino de Yolanda como una persona honorable que sigue trabajando para la policía, quizá como entonces, quién sabe.

Las víctimas y sus familias no se cansan de repetir “Memoria, Dignidad, Verdad y Justicia” pero está claro que no se refieren a todas las víctimas, sino sólo a las suyas. Yolanda también fue asesinada en un acto terrorista pero no se guarda su memoria, se pisotea su dignidad y la de su familia, no se hizo nunca justicia y mucho menos se busca la verdad o la reparación. El franquismo sigue vivo.

Cunnilingus en ‘prime time’

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.-

Hace unas semanas el actor Michael Douglas concedió una entrevista al periódico inglés The Guardian. En ella aseguraba que su cáncer de garganta se originó debido al virus del papiloma humano (VPH) contraído por practicar sexo oral. Esta declaración por parte de una persona con una enorme proyección pública no podía pasar desapercibida y, efectivamente, no lo hizo. A mí me sorprendió que la mayoría de las reacciones suscitadas en las redes sociales fueran negativas, no leí nada positivo acerca de una cuestión que, a mi parecer, tiene más aristas de lo que parece.

En las escenas de sexo vemos un coito en el que ella siempre disfruta, y mucho. Sexo oral es, para la mayoría, una felación. El cunnilingus es una práctica invisibilizada porque rompe con la prescripción de que la mujer se pone al servicio del placer del hombre

Me pareció positivo que el cunnilingus se visibilizara, aunque lo hiciera en estas circunstancias. El silencio sobre el sexo oral recibido por las mujeres es casi total en las representaciones sexuales habituales, en el cine, en la televisión e incluso en el porno. Cuando en cualquier película aparece una escena de sexo, lo que vemos es un coito en el que ella siempre disfruta, y mucho. Sexo oral es, para la mayoría, una felación. El cunnilingus es una práctica invisibilizada porque, de alguna manera, rompe con el sexo normativo que prescribe que la mujer se pone al servicio del placer del hombre; normalmente se entiende que en ese ponerse al servicio del placer de él, ella encontrará el suyo. Naturalmente no es así, pero así nos lo cuentan, y así lo recogen la mayoría de las representaciones sexuales que nos llegan. Además, ese “ponerse al servicio de” incluye que si alguien se pone de rodillas es ella, y no él. El sexo se sigue pensando, por supuesto, en términos jerárquicos, y ofrecer placer sin recibirlo sigue siendo cosa de mujeres. Por otra parte, cuando se habla del cunnilingus se hace casi siempre en tono de broma. Por lo general, las mamadas serán lo que sean pero no suelen ser objeto de broma; son siempre una cosa seria.

Así ocurrió también en los comentarios que se hacían en las redes sociales acerca de las declaraciones de Michael Douglas. Estos comentarios se pueden dividir en dos grupos. Los negativos pero que se lo toman a broma, y los que se lo toman en serio, aunque también lo valoran de manera negativa. Entre los primeros, muchos eran del tipo: “Claro, como al vejestorio no se le empina…” Y había muchos otros que se referían a Michael Douglas como “maricón”. Para los primeros, practicar el cunnilingus es propio de hombres mayores que no pueden recurrir a la práctica heterosexual por excelencia, el coito. Es decir, se ofrece sexo oral a las mujeres cuando no se les puede ofrecer sexo “normal”, cuando uno ya es tan viejo que tiene que recurrir a estas cosas para poder tener sexo porque es incapaz de tener una erección, cosa que se supone de mucho más valor que el cunnilingus. Por otra parte, un viejo está mucho más propenso a humillarse ante una chica, ya que a su edad no puede aspirar a mucho más si quiere tener sexo. Es lo que creían quienes opinaban que la culpa de lo que le ha pasado a Michael Douglas la tiene el empeñarse en casarse con una mujer como la suya. Suponemos entonces que Catherine Zeta-Jones estaría mucho más contenta si dispusiera de un marido con una potente erección.

Por tanto, sexo oral sólo cuando el pene no funciona bien, como último recurso. Y siempre considerado algo gracioso, banal, sexo de segunda categoría, no verdadero sexo. Lo más curioso es que entre quienes opinaban así había algunas feministas, lo que en mi opinión demuestra lo naturalizado que tenemos el coito como auténtico sexo heterosexual y la poca importancia que le damos a las prácticas sexuales en la determinación o significación del género.

En cambio, en los comentarios que calificaban al actor de maricón, está claro que lo que se considera normal es que en caso de que se chupe algo, esto sea un pene. Cuando comenté la noticia en mi trabajo, la mayoría de la gente dijo sin especial mala intención: “no sabía que Michael Douglas fuese gay”, es decir, suponían que el actor había contraído el VPH practicando felaciones a otros hombres. Como he dicho, sexo oral es siempre una felación. A mis compañeros de trabajo no se les pasaba por la cabeza la idea de que las mujeres pueden recibir sexo oral y no sólo darlo. A la mayoría no le parecía lógico que un hombre heterosexual, famoso y rico además, y por tanto sin problemas para tener las mujeres que quiera, se “rebaje” a practicar sexo oral a una mujer. A un hombre sí porque estas son cosas que hacen los gais.

Algunas feministas hablan de criminalización del cunnilingus y de la vuelta al mito de “la vagina dentada”; otros piensan que se la criminalización se hace extensiva a todo sexo oral. No les falta razón, viendo lo que ha publicado el ABC

El segundo grupo, el de los que hacían comentarios serios, está compuesto por los que piensan que con esta noticia se está intentando criminalizar el sexo oral. Y entre estos también podemos distinguir dos tipos de comentarios. Están por una parte algunas feministas que piensan que toda la información ofrecida es alarmista y tendenciosa; que de lo que se trata es de criminalizar el cunnilingus específicamente y hablan de la vuelta al mito de “la vagina dentada”, la vagina como foco de inmundicia, una imagen tradicional de nuestra misógina cultura. Y por otro lado están los que piensan que esta criminalización se pretende hacer extensiva a todo el sexo oral, a cualquier práctica que no sea el coito normativo. A estos no les falta cierta razón en cuanto a que es verdad que algunos medios conservadores se han lanzado por la pendiente de relacionar sin más cáncer y sexo oral. El ABC va claramente en ese sentido, con un artículo que cita un estudio (que no cita nadie más) en el que se asegura que la infección con el virus del papiloma humano (VPH) ha superado como causante de cáncer oral al tabaco y el alcohol. La redacción de esta noticia es un ejemplo de mal periodismo porque, después de afirmar esto, más adelante afirma lo contrario; además, toda la información que ofrece contradice a la información científica más confiable. Para quienes están seriamente preocupados por las posibilidades reales de desarrollar cáncer a partir del contagio del virus del papiloma humano que se transmite muy a menudo a través de la práctica del sexo oral, la web de Materia ofrece una información precisa y ajustada.

En todo caso, es mejor no frivolizar con este tema. Yo recuerdo que cuando llegó el sida en los ochenta, también pensábamos que era algo que se decía para criminalizar el sexo gay y muchas asociaciones se negaron en un principio a realizar campañas de prevención por esta razón. No nos lo creímos. Pero eran otros tiempos. Las enfermedades de transmisión sexual no son una broma y muchas de ellas son muy serias. El sexo seguro no es de ahora ni se refiere sólo al VIH. Pero respecto al cáncer de garganta o boca y al VPH, parece que por ahora no hay que cambiar hábitos ni preocuparse en exceso. Álvaro Vives, responsable del departamento de infecciones de transmisión sexual de la Fundación Puigvert de Barcelona dice: “No está nada claro cómo llega el virus allí (a la garganta). Asegurar que es a través del sexo oral es una animalada”. Y de hecho, considera que el sexo oral “es el más seguro, en especial el cunnilingus”. Así que tan sólo hay que tomar precauciones adecuadas al nivel de riesgo. Una de estas precauciones, ya lo sabemos, es el uso de preservativos. Y acompañando a la visibilización del cunnilingus estos días hemos podido ver en la televisión algo hasta ahora invisible, preservativos femeninos. Es verdad que yo no soy muy partidaria de ellos ya que creo que el nivel de riesgo es perfectamente asumible, pero eso es una decisión personal y, además, depende de muchos otros factores. En todo caso, y para variar un poco, ahí ha estado el cunnilingus durante unos días, en ‘prime time’ y eso sí me parece buena cosa.


*Beatriz Gimeno es escritora, feminista y activista por la igualdad. Fundadora de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales

ESPAÑA. La imparcialidad de “El Objetivo” y el aborto

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.-  

Me cuento entre las muchas personas a las que no les gustó el nuevo programa El objetivo, dirigido y presentado por Ana Pastor el domingo por la noche en La Sexta. Según la propia web del programa: “El Objetivo de Ana Pastor quiere explicar lo que ocurre sin partidismos, sin ideología. Con afán de divulgación, quiere conocer los hechos más allá de las opiniones, busca aportar luz sobre las polémicas y saber qué es cierto y qué es falso de lo que nos cuentan. Llega para ofrecer los datos y será el espectador quien saque las conclusiones”. En realidad, toda esta premisa es falsa. No hay información sin ideología, es decir sin posición, sin un sistema de ideas que la sustente. Precisamente, esa pretensión de los discursos que manejan cifras y datos de constituirse en discurso verdadero, sostenido a base de esos datos supuestamente objetivos, ya es parte de ese sistema de ideas.

No hay manera de no ocupar una posición, pero mucho menos en un programa breve que apenas puede presentar una pincelada de la cuestión. Se supone que el programa da datos, que luego un experto los comenta procurando no incluir ninguna opinión, y después el espectador saca sus conclusiones. Todo esto no tiene sentido a no ser que se dirija a un espectador que no tiene ninguna opinión previa sobre los asuntos expuestos y que la pretensión final sea que ese espectador saque la conclusión que el programa quiere que saque. Porque todo en el programa induce a que estas personas, supuestamente sin opinión, se formen una y muy determinada.

Comencemos por la elección de las cuestiones que se presentan; elección que es naturalmente ideológica. ¿Cómo y quién elige los temas que luego se pretenden examinar? ¿Por qué se eligen unos temas y no otros? Pongamos, por ejemplo, que se presenta como tema a debate unas declaraciones de Elena Valenciano a propósito del aborto. Se pueden elegir sus declaraciones más desafortunadas y hacernos llegar después a la conclusión de que dichas declaraciones son mentira; sin considerar –de acuerdo con el contexto, que puedan ser una exageración dicha al calor de un encendido e importante debate. ¿Por qué se eligen las declaraciones de Valenciano y no, otro ejemplo, las de Gallardón afirmando que el aborto es violencia estructural contra las mujeres? ¿Acaso eso es verdad? Así que hay un posicionamiento previo muy determinado; de objetividad nada; de datos nada.

Una vez escogido el tema de debate hay que decidir cómo se va a enfocar y para ello se presentan datos que se suponen asépticos, pero que naturalmente no lo son. No es que los datos no puedan serlo, es que para eso habría que manejar todos los datos; los datos en sí y los datos relacionados. En principio, los datos tienen también una lectura ideológica porque según el tipo de datos que presentemos, la manera en que se lean o las relaciones que dichos datos establezcan con el contexto sacaremos una conclusión u otra. Por ejemplo, si hablamos del aborto, se pueden ofrecer las cifras de abortos ilegales, de muertas en el mundo por aborto; los datos que relacionan los derechos reproductivos con el índice de desarrollo de un país; las cifras de embarazos adolescentes, las cifras que relacionan derechos de las mujeres con derecho al aborto, las cifras de mujeres partidarias de este derecho, la relación entre derecho al aborto e igualdad entre hombres y mujeres… etc. Se pueden ofrecer estos datos o se pueden ofrecer datos para demostrar que España, con la ley de aborto de Gallardón estará más cerca de Irlanda que de Malta. Se puede demostrar eso, claro, pero también se podrían ofrecer datos para demostrar que con la ley actual estamos más cerca de Dinamarca, Alemania o Francia, es decir, más cerca de la cabeza de Europa que de Irlanda, que es donde nos va a poner la futura ley que nos augura el ministro de justicia. Cuando se comparan unas cosas con otras también hay un posicionamiento ideológico.

El programa El objetivo nos presenta los supuestos datos objetivos y después nos presenta a un –solo uno- experto para analizar dichos datos. El experto escogido ¿no tienen opinión sobre las cosas? ¿Por qué ese experto y no otro? ¿Ha pasado un test de imparcialidad? Sobre todos los temas que se trataron el domingo pasado yo podría citar a otros expertos, igual de expertos, que analizarían los mismos datos de manera diferente y que harían llegar al espectador, supuestamente desinformado, a diferentes conclusiones. Finalmente, acercarse a un tema de derechos fundamentales, como lo es el de los derechos reproductivos de las mujeres, reduciendo la complejidad del asunto y su relación con los derechos humanos, a unas declaraciones muy concretas y más o menos afortunadas, de una dirigente política, implica hacer un ejercicio no muy honesto, informativamente hablando. Se toma un asunto fundamental para las vidas de las personas, se banaliza al reducirlo a la cuestión de una frase mal dicha, se omite el contexto, se omite todo lo importante… …¡voila! Ya tenemos la conclusión: la ley del aborto que se prepara no es tan mala, no hay para tanto y las mujeres que luchan por mantener la que tenemos son unas exageradas cuando no unas mentirosas.

Yo presté atención a la cuestión del aborto, pero lo mismo puede decirse de la manera en que el programa trató las privatizaciones realizadas por Aznar, de donde lo único que parecía sacarse en claro es que ojala Rajoy dispusiera ahora de todas esas empresas públicas para poder privatizarlas él mismo. En ningún momento se ofrecían datos que indicaran que las empresas públicas son más eficientes, ni datos que demostraran que las empresas públicas cumplen una función social imprescindible, ni se ofrecían criterios de derechos constitucionales, o derechos humanos, de justicia o ética pública… ¡Ah no, que eso son cuestiones ideológicas!

No son provida, son fascistas

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.-

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador ha rechazado la solicitud de aborto de una joven que padece diversas enfermedades y la ha ordenado continuar con el embarazo de un feto sin cerebro, un embarazo que pone en riesgo su propia vida. En el colmo de la impudicia, el tribunal sostiene que “los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobre los del nasciturus (el que ha de nacer) ni viceversa”. En realidad, los derechos de una persona sí pueden privilegiarse sobre los de un nasciturus, que no es persona, que no tiene la consideración de persona en la mayoría de los códigos civiles. Las personas lo son cuando nacen y antes de eso son fetos cuyas vidas merecen cierta protección, nunca una protección igual a la de las personas.

Pero, además, ocurre que en este sangrante caso el derecho del nasciturus (un nasciturus condenado a morir a las pocas horas de nacer) está de hecho primando sobre el derecho a la vida de la mujer, puesto que se permite que este feto la ponga en grave riesgo; se condena a Beatriz a permitir que su embarazo ponga en peligro su vida. Nos encontramos así con que las mujeres embarazadas sometidas al fanatismo religioso son los únicos seres humanos sobre la tierra a los que se les exige que pongan su vida en peligro por salvar la de otros, en este caso, no nacidos. Aun suponiendo que mereciera exactamente la misma consideración moral o legal una persona que un feto no nacido, resulta que a ninguna persona se le exige (se le impone) ese sacrificio. Si vemos que alguien se ahoga y no movemos un dedo por ayudarle estaremos incurriendo en el delito de “denegación de auxilio” que será castigado dependiendo de las circunstancias, pero jamás en ningún código legal, ni en ninguna sociedad, se exige a una persona que ponga su vida en peligro por salvar la de otro. Puede que arriesgar la propia vida para salvar la de otro sea algo que merece mucha consideración, pero es una elección, jamás una exigencia.

Pero a las mujeres embarazadas el integrismo fanático sí que les impone ese sacrificio. El caso de la joven salvadoreña Beatriz hace que tengamos que recordar, tantas veces como sea necesario, que cuando luchamos por el derecho al aborto lo hacemos por ese derecho concreto sí, porque no haya más jóvenes en una situación como la de Beatriz, pero que luchamos también por el estatus social de las mujeres, porque nuestras vidas sean tan valiosas como las de los hombres, porque se nos reconozca dueñas de nuestros cuerpos y autónomas en las decisiones que nos conciernen. La lucha por el derecho al aborto es una lucha por los derechos humanos puesto que ser obligadas a arriesgar la vida por una idea (el machismo es una ideología, además de una práctica) es fascismo.

La propia Comisión Nacional de Bioética de El Salvador ha acusado al estado de imponer “las opiniones externadas por algunos grupos [que] buscan el cumplimiento de sus principios/motivos personales y no la conservación de la vida de B.C.”. Es decir, de imponer una idea sobre una vida. Poner en peligro la vida de una mujer por una idea que le es ajena a ella es fascismo puro porque convierte a esta mujer en un medio al servicio de una ideología en la cual los seres humanos mujeres no valen tanto como los seres humanos hombres, ocupan un lugar diferente y su estatus es menor. Es fascista porque no se les reconoce a estos seres humanos mujeres la plena capacidad para tomar decisiones que afectan de manera fundamental a sus vidas, a su salud, a su futuro, a su equilibrio psicológico, a su bienestar. Porque se les pone al servicio de una determinada organización social en la que se les obliga a llevar inscritos en sus cuerpos ese menor estatus, esa menor valía, esa menor capacidad de decisión. Es fascismo someter a una persona, a una mujer, a una situación en la que se la obliga a arriesgar su vida contra su voluntad (supuestamente para salvar la de otro, aun cuando esta no sea la causa real).

La ideología patriarcal es naturalmente compleja pero en lo que se refiere al aborto lo que prescribe es que las mujeres son eso, un medio para garantizar la inscripción de un menor estatus: cuerpos al servicio de, no seres humanos para sí mismas con capacidad de tomar sus propias decisiones en lo que hace a sus cuerpos, a sus embarazos y partos, a sus vidas. El sistema patriarcal ha otorgado a los hombres el control de los úteros de las mujeres como manera de asegurar el control de la reproducción, es decir, que la descendencia era suya. Ese es el origen de ese control que hoy ha derivado en patología social, patología personal en muchos casos y en fascismo ideológico en muchos otros, como esta sentencia del Tribunal Constitucional de El Salvador. Si Beatriz muere nadie será culpable ni nadie irá a la cárcel o será juzgado. La vida de Beatriz, como de la cualquier mujer en El Salvador y en tantos lugares en los que el fanatismo católico todavía tiene poder, no vale casi nada. Este es el camino que aquí pretende abrirse paso poco a poco.

ESPAÑA. El gobierno tiene un plan

OPINIÓN de Beatriz Gimeno.-  

La rueda de prensa del gobierno posterior al Consejo de Ministros del 26 de abril fue recibida por todos los medios con críticas feroces. Era la rueda de prensa posterior a la EPA de los más de 6 millones de parados y se esperaba que el gobierno dijera algo. Todo el mundo, desde los más críticos con el gobierno hasta sus más acérrimos partidarios, esperaban “algo”. Pero al parecer no hubo absolutamente nada. Al día siguiente las críticas eran demoledoras. No había plan, ni proyecto ni nada. Hasta la extrema derecha abandonaba a Rajoy al día siguiente.

Sin embargo, yo soy de otra opinión, el gobierno sí que declaró tener un plan en esa rueda de prensa y lo dijo el ministro de Guindos y lo detalló también Rajoy en los días siguientes. Preocupada la gente como está con esto del desempleo universal hay tal algarabía de protestas que no se escucharon bien las palabras del Ministro o del propio Rajoy, palabras que además presagian un cambio significativo en lo que se viene haciendo hasta ahora. Hasta ahora nos han dicho que las cosas van a ir mejorando. Así, primero aseguraron que el PP acabaría con el paro al ganar las elecciones; después que la recuperación comenzaría en 2013, luego en 2014, luego en 2015; después nos decían que las cosas estaban mejorando, aunque nadie lo notase, después que aunque el desempleo no dejaba de crecer, en realidad, crecía menos de lo que estaría creciendo sin su intervención.

Sin embargo, en la esta rueda de prensa del día 26 se produjo un cambio significativo y perceptible en la estrategia que van a seguir a partir de ahora; así que sí, tienen un plan. La cosa consiste en que a partir de ahora van a poner las cosas tan mal que incluso la peor de las realidades nos va a parecer liviana. Si hasta ahora mismo eran mentirosos por defecto, ahora lo van a ser por exceso. Si antes el paro crecía siempre menos de lo que crecería sin su intervención, ahora nos avisan que va a crecer tanto que por mucho que crezca nunca llegará a lo que esperábamos. Así que ahora lo más seguro es que el discurso del gobierno sea el de asegurar que el paro comenzará a decrecer para el año 2245 o también que la cifra de parados es posible que llegue a 30 millones, aunque están trabajando mucho y se esfuerzan y no conocen el descanso.

La razón de este cambio no es otra que las elecciones. El anterior discurso se hizo para ganar las elecciones y se mantuvo un tiempo, ahora que comenzamos a dar la vuelta a la legislatura y en el horizonte están ya algunas elecciones autonómicas o municipales, hay que cambiar el discurso, claro, no las políticas. Así que para cuando lleguen las elecciones, si en vez de 30 millones de parados andamos por los 7 millones, dirán que es un gran éxito de su política económica y Fátima Báñez podrá salir a leer unos folios –con la dificultad que la caracteriza- en los que se explicará que los 7 millones de parados se deben a la política del gobierno y a las bondades de la reforma laboral. Este plan lo explicaron clarísimamente en su rueda de prensa del día 26. Es su plan, el único que tienen y han tenido en toda la legislatura y, si lo pensamos bien es perfectamente coherente con todo lo que han hecho y dicho hasta ahora. Incapaces de incidir de ninguna manera en la realidad, este gobierno es experto en retorcer el lenguaje. Así que no es verdad que no tengan un plan, lo tienen, es este y lo contaron. No se le dio la importancia que tiene porque casi todo el mundo está muy preocupado con la situación como para seguir día a día los jeribeques lingüísticos del gobierno, pero no me negarán que es imaginativo. Yo lo escuché, me reí un poco y pensé: “son tan tontos que lo cuentan”. O quizá los tontos seamos nosotros que lo aguantamos, no sé.


*Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales). Fuente: http://www.elplural.com/2013/05/03/el-gobierno-tiene-un-plan/