Santiago de Chile - Rosita Ergas En tiempos de creciente polarización, crecen los culpables y se fabrican y alimentan los enemigos. Culpamos con rapidez, señalamos con certeza y simplificamos realidades complejas en relatos donde hay buenos y malos, víctimas y victimarios, justos e injustos. Sin embargo, esta forma de comprender el mundo no solo es insuficiente: muchas veces es el origen mismo de la violencia que decimos querer erradicar. Existe un proceso silencioso, previo a toda violencia, que rara vez vemos: la construcción del enemigo. A este fenómeno algunos autores lo llaman “enemización”. Consiste en transformar al otro —persona, grupo o pueblo— en una amenaza, en alguien a quien dejamos de reconocer en su humanidad completa. El otro ya no es alguien con historia, esperanzas, fracasos, contradicciones, sino “el problema”, “el peligro”, “el culpable”. Y cuando eso ocurre, algo se quiebra profundamente. Porque una vez que el otro es visto como enemigo, la violenc...
