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Mientras busquemos culpables, seguiremos en guerra



Santiago de Chile - 

En tiempos de creciente polarizaci贸n, crecen los culpables y se fabrican y alimentan los enemigos. Culpamos con rapidez, se帽alamos con certeza y simplificamos realidades complejas en relatos donde hay buenos y malos, v铆ctimas y victimarios, justos e injustos. Sin embargo, esta forma de comprender el mundo no solo es insuficiente: muchas veces es el origen mismo de la violencia que decimos querer erradicar.

Existe un proceso silencioso, previo a toda violencia, que rara vez vemos: la construcci贸n del enemigo. A este fen贸meno algunos autores lo llaman “enemizaci贸n”. Consiste en transformar al otro —persona, grupo o pueblo— en una amenaza, en alguien a quien dejamos de reconocer en su humanidad completa. El otro ya no es alguien con historia, esperanzas, fracasos, contradicciones, sino “el problema”, “el peligro”, “el culpable”.

Y cuando eso ocurre, algo se quiebra profundamente. Porque una vez que el otro es visto como enemigo, la violencia comienza a justificarse. Ya no parece tan grave excluir, descalificar, da帽ar o incluso eliminar. La historia lo ha mostrado con crudeza: antes de cada gran tragedia colectiva hubo siempre un proceso de deshumanizaci贸n. Hay muchos ejemplos conocidos previo al holocausto, los jud铆os eran presentados como par谩sitos, plagas, responsables de la crisis econ贸mica. En Ruanda los tutsis como cucarachas, y amenazas …en 100 d铆as 800.000 eliminados. Para colonizar Am茅rica, los indios fueron presentados como salvajes, inferiores, sin alma….¿Como se presentan hoy los gazaties para el gobierno de Israel? , ¿los Israel铆es para el gobierno de Ir谩n?, ¡para que hablar de todos los pa铆ses que se transformaron en enemigos para el gobierno actual de EEUU!.

Pero este fen贸meno no ocurre solo en los grandes conflictos. Tambi茅n est谩 presente en lo cotidiano: en la familia, en la pareja, en el trabajo, en la pol铆tica. Cada vez que reducimos al otro a una etiqueta o a un culpable —“es manipulador”, “es ego铆sta”, “son peligrosos”, “ellos son el problema”— estamos participando, quiz谩s sin darnos cuenta, de este mismo proceso.

Aqu铆 aparece una idea inc贸moda, pero profundamente liberadora: no hay culpables pero s铆 hay responsabilidades compartidas.

Esto no significa negar el da帽o ni justificar la violencia. No significa poner en el mismo lugar a quien agrede y a quien sufre. Significa algo m谩s sutil y m谩s exigente: reconocer que los conflictos humanos son tramas complejas, donde m煤ltiples factores, historias, heridas y decisiones se entrelazan. Y que, en distinta medida, todos participamos en la construcci贸n del clima que los hace posibles.

Mientras nos centramos 煤nicamente en encontrar culpables, dejamos intacta la l贸gica que genera la violencia. Porque buscar culpables suele ir de la mano con enemizar: necesitamos que alguien sea “el malo” para sentir que nosotros estamos del lado correcto. Pero esa aparente superioridad moral tiene un costo alto: perpet煤a la divisi贸n, endurece las posiciones y cierra la posibilidad de comprensi贸n.

Tal vez ha llegado el momento de cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos “¿qui茅n tiene la culpa?”, podr铆amos preguntarnos:
¿C贸mo comprender en profundidad los distintas factores involucrados en la violencia que vemos hoy ?

¿Como superar la l贸gica de bandos y la mirada simplista, polar y dial茅ctica?

¿Como hemos contribuido, cada uno desde su lugar, a que esto ocurra?
¿Qu茅 podemos hacer distinto hacia adelante?

Este cambio no es menor. Desplaza el eje desde el juicio hacia la responsabilidad. Desde el pasado hacia el futuro. Desde la violencia a la no violencia activa.

Dejemos de buscar culpables y quiz谩s una nueva mirada se abra paso, que nos permita comprender la violencia con m谩s profundidad, para empezar a caminar en direcci贸n a liberarnos de ella a nivel social y personal. 

Rosita Ergas

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