Otra información es posible

Las lágrimas de Boabdil al perder Granada

OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- Si hoy presto oídos
escucho una música que viene de muy lejos,
del pasado también,
de cuanto ha muerto,
de horas y signos distintos de los de hoy,
y de otras vidas.

Quizás la nuestra
-y nosotros mismos, no somos otra cosa que ella-
no sea más que música
porque todos fuimos alguna vez mejores,
o más felices y más dignos:
no obstante, toda música cesa…
…hasta en nuestro recuerdo…
toda música cesa…

Boabdil (último rey de Granada 1460-1527)

PSOE: un ciclo cerrado

OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- Entretenidos y expectantes nos querían, y entretenidos y expectantes hemos estado. Es verdad que unos más que otros. Las decisiones no se producen por el deseo de quien las espera. Las deciden los que son soberanos. No es que estuviera escrito en las estrellas –nada de lo humano se escribe tan lejos- pero casi. Las razones por las que el PSOE se entrega en brazos del PP son las mismas que explican el comportamiento racional de los grupos que buscan maximizar su utilidad material, sea una empresa multinacional, una ONG o la mafia: el interés personal y cortoplacista de quienes pueden tomar las decisiones. De ahí que no era conveniente que opinaran las bases. De ahí que hiciera tiempo que el resultado estaba cantado.

No serás rey, Felipe (I y II)

OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- El loco, decía Lacán, no es el desequilibrado mental que se cree rey, sino el rey que se cree rey. Ser rey en 2013 es como usar un calcetín para no preñar, creer que la luz eléctrica la enciende el diablo o darse con un látigo de cinco puntas en la espalda para que los pecados se blanqueen. Por eso las coronaciones o los matrimonios reales necesitan ser tan efectistas: tienen que compensar con oropel y maneras antiguas lo increíble del asunto. ¿Te acuerdas, Felipe, de tu boda y todo aquel gasto descomunal? Los reyes, además, tienen que llenar de brumas su pasado, para que no aparezca un puñal, un veneno, una traición, un matrimonio de conveniencia, un soborno, una matazón de campesinos. ¿Quién fue el primero de la saga? Reyes, dinastías, príncipes herederos, argumentos legitimistas... Pudo ser o no. Los borbones son un accidente. Viendo la historia, un desafortunado accidente. No es que los Habsburgo, vulgo Austrias, fueran mejores. Ni mucho menos. Pero los de la flor de lis, quizá por la cercanía, vienen frenando lo inteligente en la historia reciente desde, cuando menos, la Revolución Francesa. De Fernando VII, ni hablamos.

No queremos que seas rey, Felipe. Ya no son tiempos. Tu bisabuelo entendió que este pueblo ya no lo quería. Se marchó. Si se hubiera quedado, lo hubieran encarcelado. Pese a los intentos de la derecha de exonerarle de toda culpa. Tu padre, tú mismo, soy millonarios gracias al dinero heredado. (Lo de tu hermana se está discutiendo en sede judicial). Por decirlo amable. No heredáis solamente el derecho de convertirnos en súbditos. Siempre heredáis mucho dinero. Y luego lo sabéis mover muy bien. Por decirlo amable. Los republicanos somos amables. Sabemos que el futuro, de no mediar un apocalipsis nuclear, será republicano. Si hay catástrofe, habrá reyes. Otra razón para no quereros reinando. Nos da mal fario.

A tu padre lo nombró un dictador. Franco. A ti te nombró tu padre. Juan Carlos de Borbón. Siguiendo vuestras normas, le correspondía, por edad, a tu hermana Elena. No la dejasteis. Luego os molesta que el pueblo haga diferencias entre las personas listas y las personas tontas. Aunque viendo el comportamiento de la lista, más nos valdría que no lo fuera tanto. No hay momento en el que hayáis reinado en el que la inteligencia no os haya repudiado. Tantos siglos y no habéis dejado ni siquiera un buen libro escrito por alguno de vosotros, una sinfonía, un cuadro, una patente. A ti te pusieron en una ocasión a presentar una serie sobre la naturaleza. Tu padre ya se había bajado a unos cuantos elefantes, osos y demás animales con ojos lo suficientemente grandes como para estremecerte cuando les disparas. Bien lo sabías, pero te pusiste a darnos lecciones de respeto a la naturaleza. Siempre nos dais lecciones de lo que no hacéis. Como cuando tu padre nos habla el 24 de diciembre de la familia cristiana. De Corina, ni hablamos.

Como la iglesia, decís una cosa y hacéis otra. Hasta ecologista te han presentado. ¿Cuánta gente de la familia real está vinculada a consejos de administración de empresas altamente contaminantes? No podemos quereros. Es la voluntad de un pueblo. Necesitamos la República. La República en España es algo más que una forma de gobierno. Siempre lo hemos vinculado a un cambio de régimen lleno de simbolismo emancipador. En la historia de nuestro país, en ese mito de las dos Españas, invariablemente habéis estado en la misma. Una pequeñita donde siempre estaban también el grueso de los militares y los sacerdotes gruesos (es decir, todos), financiados por banqueros y por Santas Alianzas internacionales. También, claro, por ese pueblo abducido para vuestra causa por tener el verdugo en sus cabezas. Claro que al final hay gente de vuestro lado. Nos habéis llevado a misa a ostias y a hostias. También haciéndonos creer que los ricos también lloran o que podemos vivir vicariamente a través de vuestros palacios y vuestras fiestas. Hace más daño Salsa Rosa, el Hola y el confesionario que el Mein Kampf.

No serás rey, Felipe. Cuando estudiaste en Canadá, te dieron el premio al mejor compañero. Podrían haberte dado el de física, el de matemáticas, el de historia o el de redacción. Pero tuviste que venirte con el de mejor compañero. No haberlo recibido. Nos gustaría que fuera os celebraran por inteligentes o por solidarios, no por vuestro glamour aristocrático. Sabemos que después de los asesinatos de Al Qaeda en Atocha -qué lástima, tu padre podía haber salido a decir que no había sido ETA, pero se quedó callado, dando por buena la mentira del gobierno de Aznar y del candidato, entonces, Rajoy-, digo, después de aquella barbarie, anulaste tu luna de miel. Pero no fue verdad. Nos enteramos después de que te habías ido, en secreto, de viaje. En un avión sólo para vosotros, tus amigos -donde no hay noticia de que haya ningún trabajador-, al Caribe. Nos enteramos porque hubo un incidente en un aeropuerto en Estados Unidos. Dijiste que anulabas el viaje en solidaridad con el dolor que teníamos por los casi 200 muertos. Pero no te dolía, porque te fuiste a la playa a celebrar. Como Ana Botella con las muchachas muertas en el Madrid Arena, de las que informaba entre viaje y viaje a un balneario en Portugal. Sois la misma España. Una que no queremos. Una que necesitamos superar.

Fuiste hace poco a Caracas, a las exequias de Chávez. Escuché que te abucheaban. Te fuiste pronto. Ni siquiera te quedaste a la toma de posesión del Presidente electo, Nicolás Maduro. No tenías tampoco nada que charlar con Evo Morales, con Rafael Correa, con Cristina Fernández, con Mel Zelaya o Fernando Lugo. Esa gente ya no está en esa lógica de las Cumbres que se inventó Felipe González para hacer negocios con sus amigos. Vaya vaya con la "madre patria".

Es cierto que nunca pedisteis disculpas por el "por qué no te callas", ese tuteo autoritario de tu padre contra un Presidente electo. Nunca se contó bien esa historia. En aquella Cumbre, Aznar, nada más bajarse del avión, insultó, al pie de la escalera, a Chávez -qué gran Presidente fue Aznar, el corresponsable de la masacre de Irak-. Después de escuchar las declaraciones de Aznar, Chávez, enfadado, recordó la participación de nuestro gobierno en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. En el cierre, Zapatero, sin corresponderle la palabra, intervino, de nuevo para defender a Aznar y reprender al Presidente venezolano. Ahí es donde Chávez protestó. Y ahí es donde tu padre, quizá con una digestión pesada, saltó con esas maneras tan borbónicas. Ya ni siquiera ayudáis a una buena relación con América Latina. Por esto, tampoco puedes ser rey, Felipe.No serás rey, Felipe.

Tenemos que crecer como ciudadanos. Asumir las consecuencias de nuestros propios actos. Necesitamos solventar nuestra relación entre los diferentes pueblos de España. Con un rey es imposible ese diálogo. Tenemos que sentarnos en igualdad de condiciones.Y necesitamos discutir también nuestra relación con esa iglesia que se mete en nuestras escuelas, en nuestras camas, en nuestras universidades y en nuestros laboratorios. Con un rey católico, apostólico y romano no es posible. Necesitamos frenar el papel de los lobbies, las intermediaciones empresariales, los patrocinios interesados que invitan a tantas oscuridades. Con reyes ricos y lobistas eso no es posible.. Sois un mal ejemplo para otro tipo de emprendedores. ¿Cuantos yates y vacaciones os han financiado empresarios con intereses confesados e inconfesables?

Tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro en nuestras manos. En la crisis actual del modelo, una crisis que es integral, ninguna solución pasa por tutela alguna. Para eso necesitamos ser ciudadanos plenos. Con un rey, no es posible. El pueblo necesita decidir quién tiene que representar nuestra aventura común como sociedad y cómo articulamos nuestras relaciones. Asumir esa responsabilidad. Crecer. Seguramente tú, Felipe, vas a priorizar el mantenimiento de tu puesto de trabajo. Es tu principal interés. Te educaron para eso. Tu interés por un lado, el nuestro por otro. A ti te hacemos siempre falta nosotros. A nosotros no nos haces falta tú. Y porque nosotros somos el pueblo, no vas a ser rey, Felipe. Pero tranquilo: no depende de ti. Sabemos que esa tarea es exclusivamente nuestra. Estamos en ello.

II
El Rey abdica. Otro de los efectos del 25M. Todos los consensos del régimen del '78 se han quebrado: el de la Iglesia (que el Papa ha salido rojo), el de la judicatura (que va en moto, ebria y saltándose semáforos constitucionales), el del diario El País (que ya es una suerte de amarillismo y conservadurismo interesado), el del bipartidismo (que ya no llegan al 50%); el de la patronal (con su jefe más emblemático en la cárcel por chorizo). Faltaba la monarquía. Y ya ha saltado.

¿Será Rey Felipe? Lo escribimos en su día. Y sigo pensando lo mismo: no vas a ser rey Felipe. Nos va la democracia en ello.

*http://www.aporrea.org/internacionales/a189145.html

Mover ficha: volver a saber que sí podemos


OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- Corría el año de 1553 y Éttiene de la Boétie, en su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, se preguntaba cómo era posible que una sola persona gobernase sobre todo un reino. Acertaba a señalar que la rutina era la principal enemiga del cambio. Hoy sabemos que la obediencia al poder político tiene también otras razones junto a la resignación (que crece y crece cuando no se ven alternativas). La coacción, como siempre ha sabido el poder, es bien importante para sembrar miedo (“hijo, tú no te signifiques”). De hecho, siempre es su última razón. También consentimos si vemos legitimidad en el poder político. En nuestros países esa legitimidad viene del proceso electoral y del cumplimiento de los procedimientos. No es de menor importancia la inclusión ciudadana (disfrutar de todas las ventajas de la vida social). Si la sociedad te abandona ¿por qué no va a abandonar tú los compromisos con la sociedad? Y, por supuesto, razón no le faltaba a de la Boétie, sigue siendo esencial para el orden existente impedir que el pueblo salga del sopor conformista al que invita el elevado muro de la imposibilidad y la inutilidad del cambio que arman los que mandan. Todas estas razones de la obediencia están rotas en España. ¿Entonces?

Nos distraemos con quimeras, nos conformamos con migajas, construimos horizontes con espejitos, nos asustamos con bravuconadas y nos resignamos con el relato de nuestra supuesta impotencia. Intuimos que somos muchos y muchas y que la indignación nos va creciendo. Pero al igual que el mundo griego y romano prohibía a los esclavos vestir de la misma forma para evitar que se supiera que eran muchos, nosotros nos prohibimos a nosotros mismos encontrarnos en ese gesto que nos cuente que estamos en la misma pelea. Aunque nos repitamos mil veces que la unión de los que tienen razón hace la fuerza.

El poder sabe mejor que nosotros mismos cuál es nuestra potencia. Y nos tiene más miedo del que imaginamos. ¿Por qué ahora una ley ciudadana que convierte en delito casi cualquier protesta en el país con menor índice de delincuencia de Europa? ¿Por qué llenar el barrio burgalés de Gamonal de antidisturbios? ¿Por qué presentar cada disenso como una escuela de terrorismo? ¿Por qué presentar el derecho a decidir como un delito y no como una oportunidad? Porque el régimen del 78 sabe que la situación en España está cogida con las meras pinzas de nuestro convencimiento. Y no tienen mucho más. Y si empezamos a decir que sí se puede…

Bastó que se expropiasen en el supermercado de una multinacional cuatro carritos con aceite, lentejas y garbanzos para que pareciera que se hundía la civilización occidental. La ciudadanía protesta en Burgos porque les están robando la ciudad y el gobierno del PP tiene que redoblar la represión porque necesita creer que detrás no está el tío Juan y la tía María sino comandos itinerantes financiados por Fu Man Chú (y un lugarteniente suyo con txapela). Decenas de miles de jóvenes se han ido de España porque aquí no tienen trabajo, y como el gobierno tiene claro que pueden regresar de golpe a exigir lo que es suyo, quiere convencerles de que están en verdad en un viaje de aventura. El Papa Francisco dice que el capitalismo es contrario a la ética cristiana y Rouco Varela, en conversación con Rajoy y Dolores de Cospedal, pone un amplificador a la guitarra de los Kikos y grilletes a las mujeres, no vaya a ser que sigan creciendo en derechos y digan que no aceptan ningún recorte más a sus libertades.

El vapor de la indignación flota en el ambiente. Falta la caldera que lo concrete y ponga a trabajar las turbinas. ¿Nos imaginamos una hucha común donde pudiéramos meter todos los ahorros de nuestra desobediencia? Una referencia sentida como propia entre los que luchan en Gamonal, en las mareas, en la verja de Melilla, en cada oposición a un desahucio, abriendo comedores populares, presionando a la burocracia en Bruselas, personada en las fosas y reclamando la memoria histórica, siendo voz contra el fracking y los transgénicos, ayudando a los emigrantes, siendo acusación particular en cada caso de corrupción, la voz común en el señalamiento a los corrompidos órganos de los jueces, defendiendo la ley de plazos en el aborto, siendo el impulso de cada atrevimiento a reinventar la convivencia común de los pueblos del reino, llenando de razón cada esquina del Estado para acabar con la medieval institución de la monarquía, velando por el cumplimiento de los derechos humanos por todos los rincones, impulsando órganos ciudadanos que regresen la mercancía “información” a su condición de bien común, siendo capaz de ser la patria que nos robaron en 1936. ¿Tan difícil es?

No tiene sentido que en mitad de la mayor crisis que nadie recuerda en nuestro país, la capacidad política de respuesta siga sumida en la impotencia. El PSOE desperdició su conferencia política por no querer escuchar a sus bases que le pedían incorporar demandas nacidas del 15M. Izquierda Unida, que siempre dijo que el espíritu de la indignación era el suyo se empeña en desperdiciar cada ocasión que se le brinda para romper con la lógica burocrática que fagocita a los partidos. En otros lugares del Estado, la izquierda más novedosa se ha acomodado en la identidad nacional y su principal fuerza y necesidad reside en que no hay nadie fuera que represente con credibilidad la invención -porque nunca la hemos inventado- de una España federal y de izquierda que se aprenda a sí misma de otra manera.

Estamos en un escenario donde el PP está cambiando el contrato social que hemos construido durante los últimos 35 años. La posibilidad que utiliza la derecha está en nuestra perplejidad convertida en impotencia. Por eso, la respuesta de la izquierda no puede ser la fragmentación eterna, contentarse con esperar que le caigan las migajas electorales de la mesa de los poderosos, resignarse a ser un mero corrector -hasta donde se pueda- de los desmanes del neoliberalismo, o pretender representar, desde la misma matriz de la resignación, lo nuevo, sin entender que antes le toca reinventarse a sí misma. ¿O es que puede la izquierda pedir al país que haga un proceso constituyente cuando la izquierda ha sido incapaz de poner en marcha ese proceso en su propia casa?¿Va a pedir a la gente que haga lo que ella no se aplica?¿Con qué credibilidad?

La respuesta de la izquierda no puede ser tampoco el reproche interminable dentro de las propias filas (a los que les pese demasiado el oprobio biográfico debieran tener la generosidad de dar un paso atrás). No puede ser, de igual manera, la reivindicación de demandas envejecidas o vestidas de gris que ignoren la necesidad de un nuevo lenguaje y un nuevo gesto. No puede ser en absoluto el maximalismo que se niega a seguir adelante porque ve sombras en cualquier amanecer (¿nos acordamos en la Puerta del Sol de asambleas de miles de personas frenadas porque una sola persona cruzaba los brazos negando su acuerdo?) ni la intransigencia de quien quiere imponer el cien por cien de sus presupuestos. Y, por supuesto, no puede ser una fachada de reivindicación de las mayorías, de reinvención de la democracia si no asume la radicalidad que exige la época para acabar con la corrupción, con el autoritarismo, el sexismo en todas sus expresiones, la destrucción de la naturaleza, el oprobio a los inmigrantes, la falta de honestidad en lo público y, en consonancia con lo que sigue siendo la contradicción principal de nuestras sociedades, que no asuma que el mundo del trabajo necesita ser reconstruido para que cada ciudadano y cada ciudadana tenga la posibilidad de relacionarse con los demás a través de un trabajo que no le robe la dignidad y le permita desarrollarse como persona.

Hace falta romper las tablas de la aburrida partida de ajedrez en la que estamos detenidos. Hace falta una candidatura unitaria a las elecciones europeas que nazca de un proceso de deliberación y decisión populares. Es el lugar y el momento. Quienes se nieguen a aprovechar la coyuntura para consolidar el proceso de unidad de la izquierda no han entendido lo que nos estamos jugando. Nunca fue más cierto que no nos sirve un trozo de la tarta: necesitamos reclamar la tarta entera. Los contratos sociales los arman las mayorías. Pero delante de nuestras narices lo están desmantelando las minorías. La Troika y su amparo alemán, el sector financiero nacional e internacional, el austericidio, las patronales europeas, se han erigido en enemigos de la democracia. Por eso decimos que el miedo tiene que cambiar de bando. Para que pierdan esa impunidad que tienen los ladrones, los corruptos, los que ofrecen trabajos basura, los que ofenden a las mujeres, los que quieren regresar a una España de sacristía, los que insultan la memoria histórica, los que vibran con Franco, los que expulsan a los universitarios de las aulas, los que niegan el acceso a una sanidad digna, los que tienen a este pueblo con la alegría robada. Los zapatistas se taparon el rostro para que se les viera. Ahora nosotros decimos que no para que podamos construir un sí que nos emocione.

Por todo eso movemos ficha. Para que todos y todas entiendan la oportunidad de hacer lo mismo.


*Juan Carlos Monedero es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid.comiendotierra.es

El arrepentimiento de ETA y el perdón de los borbones


OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- Acostumbrada la monarquía Borbón a no ser en ningún caso un ciudadano más, le bastó al rey decir: “lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir”, para que se pasara página, se lavara la cara a la institución medieval y volvieran a escucharse las sempiternas cantinelas acerca de una “segunda transición” (que prepare el advenimiento del hijísimo). Con esa preparada y abstracta frase -mal presentada como algo espontáneo, manteniéndose esa costumbre regia de tratar a la ciudadanía como imbécil- se querían perdonar varios decenios bien concretos de oscurantismo, de doble moral, de colaboración con régimen dictatorial armado (más grave, qué duda cabe, que la colaboración ocasional con banda armada), enriquecimiento no explicado (y, por tanto, a día de hoy no justificado), trato de favor familiar, información privilegiada usada en interés particular, y otros tantos asuntos que los Juan Nadie del Reino de España no podrían transitar sin acabar rindiendo cuentas a la justicia común. Pero el Rey anda cansado. De segundas transiciones…

El problema al que más vueltas le ha dado la democracia española desde la muerte del dictador, el terrorismo de ETA, parece en vías de solución. Lo que durante tanto tiempo hemos exigido -que ETA dejara la violencia y optara por salidas políticas-, ha avanzado mucho más de lo que hubiéramos pensado hace unos años. Para ello ha hecho falta hacer ver a ETA y sus apoyos, con medidas judiciales y policiales, que la violencia terrorista no tenía espacio alguno. E igualmente, ha hecho falta hacer ver a ETA y sus apoyos, con coraje ciudadano y político, que ni la sociedad vasca ni la del resto del Estado tenían voluntad de acompañar esa vía de reivindicación de los problemas territoriales del Reino de España. Problemas que, precisamente la monarquía, no ha permitido solventar al negar la posibilidad de una república federal que nos hubiera permitido llevar más de tres décadas reencontrándonos en un nuevo espacio político.

Por buscar una salida política a ETA, Arnaldo Otegui está en la cárcel, algo que sólo puede alegrar a los que sienten algún tipo de nostalgia enferma (incluida la de la venganza política). Y por lo mismo, por avanzar en las soluciones políticas, algunos sectores integristas del PP, la AVT, la Razón, el ABC y el Mundo y UPYD -entre otros- querrían ver en la cárcel de nuevo a los que en su día fueron condenados y encarcelados durante decenios por pertenecer a ETA y que ahora escenifican su reconocimiento de culpa. Y de paso a todo lo que digan, otra vez, que es ETA (sean feministas, el 15M, los sindicatos o desahuciados sin esperanza). Incluidos jueces europeos que, como diría Berlusconi, son comunistas porque no apoyan leyes franquistas. Dependiendo de los gustos, perdonamos y condenamos. Que para eso la iglesia ha sido históricamente muy lábil. Especialmente la española.

Leyendo los editoriales de la prensa, parece que estamos ante un “perdonamómetro”. ¿Cuánto arrepentimiento deben mostrar los que han actuado contra la sociedad? ¿Lo mide una frase, un comunicado, asumir pasos que antes nunca se habían dado? ¿O en verdad al perdón, como a la justicia, hay que separarlo entre el del amigo y el del enemigo? Hay en nuestra democracia, parece, señores feudales con derecho a dictar la sentencia que su ánimo les sugiera. Y si no son escuchados, insultan con maneras de señorito al juez que no ha prevaricado –ahora el juez Pedraz- negándose a actuar como un guardaespaldas de los voceros del oligopolio del dolor.

Claro que las víctimas siempre tienen razón. Está en su enunciado como víctimas. El problema surge a la hora de establecer quiénes son víctimas -los del oligopolio, por ejemplo, no soportan a las víctimas del 11-M, solamente porque no les bailan el agua- y cuál es el papel político de las mismas. Sabemos que tiene que ser moderado. Como en una ley perversa, hay una relación inversamente proporcional entre el mayor protagonismo de los que se reclaman como voceros únicos de las víctimas y la solución del conflicto en cuestión. La Reina de Inglaterra le dio la mano al jefe militar del IRA. Ser un hombre de estado o un terrorista no es una cuestión moral. Es una cuestión política. Y la política tiene este oscuro rostro de Jano.

“Aceptamos toda nuestra responsabilidad en lo relativo a las consecuencias del conflicto”, dicen los excarcelados de ETA junto a los que aún están en prisión. La foto es sobrecogedora. Ahí están los responsables de más de 150 asesinatos. El que habla le descerrajó unos cuantos tiros a su compañera Yoyes, que se había cansado de tanta muerte. Nos detenemos en cada uno de los rostros avejentados viendo detrás de sus ojos los cadáveres. Para hacer política hay que tener el cuero duro. Sus víctimas no pudieron envejecer. Pero las recompensas también son altas cuando, por virtud o por azar, se hacen bien las cosas. Dicen los que siempre fungieron como el sector duro de ETA que asumen la legislación penitenciaria, que renuncian a la violencia como vía para obtener sus reclamaciones territoriales, que saben que han hecho mucho daño. ¿Podían haber ido más allá? Claro. Ayer fueron cobardes. ¿Por qué habrían dejado hoy de serlo? Pero han dado un importante paso. Lo entiende cualquiera que le dé más importancia hoy a la política que a la venganza.

Al rey se le perdona todo pese a que su permanencia no ayuda a avanzar a la democracia española. A ETA o su ámbito político no se le perdona nada -incluso cuando han pagado con años de cárcel su apuesta- aunque esa generosidad ayudara a que se terminara definitivamente ese pozo sin fondo de la violencia y la intransigencia nacionalistas (incluida la contraparte españolista -recordemos los GAL- tan necesaria para el nacionalismo periférico). Encontrar el punto de equilibrio entre lo deseable y lo posible es una virtud política, de la misma manera que lo es forzar lo posible en la dirección de los deseos. Es bueno que las sociedades se politicen. Repartida esta carga entre todas y todos siempre es más sencillo encontrar soluciones.

Mientras que poco a poco, el problema del terrorismo se resuelve, el Gobierno de Rajoy da de comer a sus huestes más montaraces reforma de la ley del aborto –que paguen las mujeres-; pone en la mesa el endurecimiento del discurso centralista –que paguen los que se sientan pueblos diferentes-; cierra el monte para que nadie moleste a los que gustan de disparar a animales –que paguen los que sientan con las bestias-; aumenta las rentas del capital y disminuyen las del trabajo –como ya dijo la Fabra, “que se jodan” los trabajadores-; y ofrece una ley de seguridad ciudadana para que los que se emocionan con el retrato de Franco se sepan vencedores –que paguen los demócratas-.No todo iban a ser buenas noticias.

Qué ironía que el fin de la violencia de ETA venga acompañada del auge de la violencia del gobierno crecientemente autoritario del PP. Pero no nos vamos a despistar con esas comparaciones. Les encantaría que alguien volviera a cometer los mismo errores. Al PP, como a la monarquía, se les derrota en las urnas. Echarles será nuestra manera de gestionar nuestros perdones.


*comiendotierra.es

Monarquía Fum Fum Fum


OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.-  Como cada año, el rey va a felicitarnos las navidades. Con cara de Borbón, que todo va en el apellido.

Con gesto de circunstancias, el rey Juan Carlos I, va a felicitarnos las fiestas. A todos. Sin distinciones. Incluidos los seis millones de parados, los casi dos millones de hogares en donde no entra ni un euro, los cientos de miles de jóvenes que se han tenido que ir del Reino de España porque aquí no han encontrado trabajo -”Queridos españoles y españolas, en estas fechas señaladas…”-; a los cientos de miles de desahuciados, a los que pasan hambre en la cuarta economía del euro, a los estudiantes que ya no lo son porque no han podido pagar las tasas, a las mujeres a las que se las condena a parir hijos que no han querido y que ven como, de golpe, la historia retrocede 30 años – “La Reina y yo y los príncipes de Asturias queremos desearos en familia…”-; a los erasmus que se van a quedar con las ganas, a los que no van a poder manifestarse porque los multan o los detienen, a los inmigrantes que se curan de las heridas de las cuchillas en la verja. Va a felicitarle las fiestas al que pasa un año en la cárcel por romper un parquímetro, al que paga cuatro años de cárcel por estampar una tarta en una política imputada por corrupción, al político vasco que está en la cárcel por llevar a ETA fuera del tiro en la nuca, y al político indultado porque ha tenido el gusto de robar por todo lo alto, a la Ministra que se encuentra un Jaguar en el garaje, a la secretaria general que ve como su marido gana cada vez más y más dinero; va a felicitar a los compañeros de Murcia detenidos por defender la democracia y a la dirigencia del PP a la que un juez les ha tenido que intervenir la sede porque no entregaban los papeles. Da tranquilidad que el rey nos felicite a todos. Así, todos juntos, es que se hace patria -”Desde la Casa Real queremos felicitaros estas entrañables fiestas…”-.

Un rey amigo de actrices, de cupletistas, de Corinna zu sayn-wittgenstein , de 40 años de dossieres escondidos, diciéndonos que tenemos que comportarnos según los cánones de la iglesia católica, que para eso es un rey sancionado por la iglesia y por Franco -porque nosotros no lo hemos votado nunca- y que para eso la reina, enemiga de las mujeres, consiente en silencio con su escarnio. Un rey asiduo de la compañía de delincuentes juzgados y encarcelados hablándonos de las bondades de la honestidad. Un rey padre y yerno de muy presuntos ladrones contándonos que, pese a las dificultades, tenemos que actuar conforme a las leyes, al igual que haríamos si nos sobrara el dinero. Un rey que llegó a España pobre y que ahora es una de las grandes fortunas del reino, contándonos, con la excusa del Cristo que nació pobre en un pesebre, que aguantemos los rigores de la crisis. Un rey que es lobbista y que cobra por hacer gestiones económicas gracias al cargo de rey que es algo de todos nosotros -¿no nos merecemos una parte?-, hablándonos de solidaridad, de humildad, de austeridad. Un rey que quiso colocar a su sospechoso yerno en Telefónica, fuera de España, diciéndonos, como cada Nochebuena, que seamos pacientes. Un rey que no reprocha al PP la red Gürtel ni al PSOE y al PP la reforma del artículo 135 de la Constitución, ni a CiU el saqueo del Liceo o la financiación del 3% de los partidos de orden, pero que ve con preocupación el enfado de los ciudadanos. No vaya a ser que, de paso, digamos que tampoco nos gusta la monarquía. Un rey que mintió a todos los españoles diciendo que le dolía la crisis mientras estaba matando elefantes en Botswana y que tan impune se siente que le bastó decir: “Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir” para que todos sus pecados fueran perdonados. ¿Tendremos alguna vez los demás mortales tan regio privilegio? Un rey amigo de sátrapas, de dictadores, de encarceladores de sus pueblos, de sojuzgadores de las mujeres. Un rey familia de las dictaduras árabes que se atrevió a decirle a unPresidente legítimo de América Latina -Chávez- que se callara o que no tuvo el coraje de salir a defender a otro Presidente, también suramericano -Evo Morales-, cuando EEUU lo secuestró en un avión mientras buscaba a Snowden. Se siente más a gusto con los jefes de Estado que nadie elige.

Es un trágala tener una monarquía en 2013 sobre la que no nos hemos pronunciado, un trágala que no se nos haya reconocido la madurez democrática como para decidir la forma del Estado, un trágala tener que comernos con impotencia el sainete corrupto que rodea ahora mismo a la Casa Real. Y como si no bastara, la noche del 24 toca el discurso del rey. Quizá mereciera la pena si aprovechara el monarca la ocasión para anunciar su abdicación y la apertura de un proceso constituyente para debatir la forma futura del Estado.

Pero sabemos que no es así. Que la monarquía forma parte de esta democracia demediada que sufrimos y que, hasta que no hagamos algo en contra, la merecemos. En Nochebuena siempre ha sido facil opinar al respecto: son las 21:00 y se apagaban buena parte de las televisiones. Fum fum fum. Que, me recuerdan, además, es una canción catalana.

*comiendotierra.es

Ganar sin Chávez, consolidar el chavismo


OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.-   Dijeron que era un plebiscito y fueron con todo. Que los ricos siempre van sobrados. Aún más si te apoyan los Estados Unidos. Contaban con que el empujón definitivo contra Maduro venía este 8 de diciembre. Llevaban unos meses en la tarea. Desabastecimiento inducido, sabotaje eléctrico, acaparamiento, inseguridad. Más los errores propios del gobierno (que eso ya lo ponen ellos). El mismo escenario que le prepararon a Allende antes del golpe de 1973. Desde Estados Unidos, Roger Noriega escribió la tesis del colapso total, que vendría a rematar, cuando la situación fuera insostenible, el ejército norteamericano. Que Venezuela tiene demasiado petróleo. Pleno acuerdo de una parte importante de la oposición. Por fin, el chavismo aniquilado. Fin de la pesadilla. Malditos rojos.

Dijeron que las elecciones eran un plebiscito. Que andaban convencidos. Y lo repitió El país y el ABC, El Mundo y Clarín, el New York Times y Newsweek, la CNN y la RAI, Excelsior y el Heraldo. Eran elecciones municipales, pero ¿a quién le importa? Se presentaban alcaldes y concejales que debían rendir cuentas de baches, suministros, agua, mercados o el tráfico. Elecciones municipales por vez primera sin Chávez. ¿Para qué perder la ocasión? Dijeron que eran más que unas municipales, que el chavismo sin Chávez estaba herido mortalmente, que si no cayó en las elecciones presidenciales, las que ganó Maduro por la mínima, ahora sí, ahora iba a tener que abandonar el Palacio de Miraflores (Elecciones cuyo resultado la oposición no reconoció, con resultado de 11 asesinatos y, de manera insólita, sin la imputación del líder Henrique Capriles, instigador de la desobediencia con resultado de muertes).

La situación llegó a ser dramática. ¿Son libres unas elecciones en las que la oposición tiene la capacidad de golpear la legitimidad del gobierno a través de una guerra económica? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran suspendido las elecciones por esa ofensiva de la oposición? ¿Acaso no las estaba suspendiendo la oposición con su capacidad de presión económica? Dijeron que era un plebiscito, y actuaron como si fuera una lucha a muerte. Que cuando la derecha no está en el poder, no le hace muchos ascos a romper las reglas del juego.

Pero a la fuerza ahorcan. Maduro despertó. El gobierno bolivariano se libró del shock de la ausencia de Chávez y reaccionó al sexto mes (las elecciones que hicieron Presidente a Maduro fueron en abril). Puso en marcha una nueva misión, la Gran Misión Barrio Nuevo-Barrio Tricolor (que volvía a atender a los más humildes); decidió ir contra los especuladores que estaban ganando hasta un 8000% (sí, un ocho mil por cien) aprovechando que recibían dólares subvencionados desde el gobierno para importar, robando a los venezolanos el sueldo mensual con sus abusivos precios (especialmente a las clases medias). Y detuvieron a unos cuantos corruptos de nivel medio. Al tiempo, la oposición calculó mal las ganas de batalla de la población, quien terminó recriminándoles su ánimo insistentemente golpista y vehementemente saboteador. Presentaron las elecciones como un plebiscito. Porque iban a tumbar a Maduro. Y cavaron su estúpida tumba. O no, que también para la oposición vale ser del Caribe y les aplica lo del realismo mágico.

Maduro sacó a Capriles un 1,5% en las elecciones de abril. En estas elecciones, le ha sacado el 6,5%. Casi esa distancia a la que nos había acostumbrado Chávez. Los que presentaron las elecciones como un plebiscito ¿no debieran asumir que lo han perdido? Y obrar en consecuencia. A no ser que sean simplemente unos bocazas que sólo juegan a la desestabilización.

La oposición ha ganado algunas alcaldías muy grandes –con ciudades de las más pobladas del país, como Maracaibo, y también San Cristobal, la alcaldía metropolitana, Barquisimeto o Valencia, sin olvidar Barinas (en el estado donde nació Chávez)-, aunque en todas ellas por la mínima. En términos de porcentaje, el grueso de los municipios (el 75%) está vestido de rojo. En porcentaje de alcaldías y número de votos, Maduro ha vuelto a revolcar a Capriles. Aunque no quieran hacer las cuentas. La Mesa de la Unidad lleva cuatro derrotas. Las dos últimas, sin Chávez. Si hubiera cielo o infierno, el Comandante se estaría riendo. El rostro de Capriles no era precisamente una fiesta. ¿Se sabrá ya amortizado?

El proceso revolucionario de Venezuela se ha consolidado. Aunque, como bien sabemos en Europa, no hay derechos irreversibles ni situaciones eternas. El Plan de la Patria, segundo plan socialista de desarrollo económico y social de la nación 2013-2019, fue presentado por Chávez a su pueblo como programa electoral, votado mayoritariamente por los venezolanos, vuelto a presentar por Maduro en las siguientes elecciones presidenciales, vuelto a votar popularmente y, ahora, tras ser aprobado por la Asamblea, vuelve a ser ratificado en las elecciones municipales donde el chavismo ha aumentado la distancia con la oposición. En algunas alcaldías el chavismo fue dividido. En Maturín, contaba Maduro en esta noche electoral, perdió el Gran Polo Patriótico por 2000 votos frente a la Mesa de la Unidad. Un candidato disidente del chavismo que decidió presentarse sacó 40.000 votos. Ganó la derecha. La unidad, de la que tanto hablaba Chávez, parece necesaria cuando se opta por la vía electoral.

En 14 años, los venezolanos han tenido 19 elecciones. El chavismo ha ganado 18. Estas últimas fueron presentadas como un plebiscito por la oposición. Pensaban que, con la tensión económica, con la ausencia de Chávez, con el durísimo ataque mediático nacional e internacional, el “hijo de Chávez” ya estaba fuera. Pero no ha sido así. Maduro ha ganado. Y ha acumulado fuerzas para ahondar en las medidas socialistas que se estaban haciendo esperar. Hay voces que dicen que los socialdemócratas de la Mesa de la Unidad, Acción Democrática, andan cansados de los comportamientos de extrema derecha de parte de las fuerzas de la oposición. La que presentó estas elecciones como un plebiscito. El que han perdido. ¿Dimitirá Capriles? Mientras que la oposición se aclara, la revolución bolivariana sigue su rumbo. Algo debió hacer bien Chávez cuando en su ausencia su obra sigue. Su pueblo ha salido a festejar a la Avenida Bolívar. A diferencia de las últimas elecciones, cuando la oposición salió a matar gente, esta noche gobierna la alegría en Caracas. Chávez no ha arado en el mar. Maduro ha hecho su parte. Ahora, como siempre, le corresponde al pueblo seguir alumbrado soluciones. En una discusión en el barrio de San Agustín, una mujer le dice a otra: “¡Ay chica, tú es que hablas como Chávez!”. Y la señora le contesta: “No, es que Chávez hablaba como nosotros”. Y así anda este pueblo. Hablándose, encontrándose, convocándose.


*comiendotierra.es

ESPAÑA - ¿Dónde están los jóvenes que no murieron en el Madrid Arena?


OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.-  Ya vamos sabiendo que hubo, como siempre, muchos delincuentes cruzados en la rapiña que desembocó en el asesinato de cinco jóvenes en el Madrid Arena. Cinco personas empezando a la vida que perdieron el futuro por la suma de egoísmos de empresarios canallas, de políticos descerebrados y sinvergüenzas, de funcionarios apoltronados, de empleados sin criterio y de particulares inconscientes. De gentes que no tuvieron el más mínimo interés en pensar en las consecuencias de sus actos. O que lo pensaron pero les dio lo mismo. Aunque pagaran por ello con su vida o con la vida de otros.

Sabemos que hubo empresarios de la noche sin escrúpulos; médicos de la noche sin escrúpulos; guardas de seguridad de la noche sin escrúpulos; trabajadores obedientes sin escrúpulos (cómo no volver a pensar en los periodistas de Canal Nou arrepintiéndose tan tarde), de políticos igualmente nocturnos e igualmente indolentes, más preocupados por ir a darse barros terapéuticos en un spa en Portugal que dedicar su tiempo a desembarrar a los madrileños pese a que ya los párpados apenas quieren abrirse. Todo con resultado de muerte.

¿Va a solventarse el problema con otra ley más? ¿Va a dilatarse el juicio hasta que la memoria se desvanezca? ¿No tienen acaso dinero de sobra los empresarios para adentrar en la noche de los tiempos –esa noche tan suya- las causas judiciales? ¿Acaso no vemos que siguen reproduciéndose idénticos comportamientos? Seguimos viendo, cada noche, a jóvenes abarrotando abarrotadas discotecas que multiplican el aforo para hacer más caja. ¿Una juventud suicida? Una pregunta sigue golpeando a la puerta de nuestro sentido común: ¿y los demás jóvenes que participaron en ese asesinato? ¿Y esos jóvenes tratados como carne de cañón? ¿Y esos jóvenes obilgados a convertirse en verdugos? ¿Acaso hay que presuponerles la incapacidad total de no ver los riesgos de las ratoneras en donde les están poniendo los gatos del capital? ¿Dónde está la rabia de esas muchachas y muchachos a los que intereses particulares les mete en laberintos sin salida? ¿Por qué no están pidiendo cuentas a sus victimarios? ¿Duermen bien por las noches sabiendo que formaban parte de ese tapón mortal? Quizá les compense la rabia seguir viendo películas de zombies o de vampiros.

Un conocido ron lleva años dirigiendo sus campañas publicitarias hacia la pulsión de muerte de los jóvenes. Jugarse la vida, arriesgar la desaparición, atreverse a cruzar la frontera de la existencia. Beber, encerrarse en trampas, romper los límites de la velocidad, saltar por acantilados, meterse en el fuego, desaparecer. Jóvenes que no piden cuentas a los que les matan, a los que les expulsan de su país, a los que les cierran la universidad, a los que les cierran las puertas a la vida pero les abren las cancelas a las cuevas donde mueren de una manera o de otra. Ser indomable no es pelear por otra sociedad. Ser indomable es beber hasta caerse por las escaleras de la muerte.

El Partido Popular endurece las penas ante las protestas. Los partidos parlamentarios pactan un Consejo General del Poder Judicial al que tratan como a un lupanar donde cada cliente escoge su concubina. Las tasas judiciales hacen una justicia para ricos y otra para pobres. Viene la Navidad y el gobierno nos dice que juguemos a la lotería a ver si alguien, de entre todos, se salva con el dinero del resto. La Constitución cada vez más se convierte en papel mojado. Antes en España la justicia era un cachondeo. Antes, también ser mileurista era un insulto. Hace cinco años Obama, Merkel, Sarkozy dijeron que había que refundar al capitalismo. Pensaban que la gente iba a salir a la calle a colgarlos de las farolas. Menos mal que no pasó nada. Por eso algunos dicen que el miedo tiene que cambiar de bando.

*comiendotierra.es

ESPAÑA - De absoluciones: la Conferencia de Rubalcaba, la basura de Botella y la plastilina de Rajoy


OPINIÓN de Juan Carlos Monedero. 14.11.13.  Los jueces absuelven al PP en el asunto del Prestige. El PP absuelve a un juez taimado y sospechoso y lo nombra Presidente del Tribunal Constitucional. El PSOE se absuelve a sí mismo en su Conferencia Política y Cayo Lara y el diario El país condenan a David Fernández de las CUP por blandir ante un presuntogangster una alpargata que, curiosamente, no estaba hecha en China y ni siquiera parecía muy sudada. Sí gastada. Incluso enfadada. Ya dijo Bertolt Brecht que los que vivieron en Tiempos sombríos arrastraron las sandalias por polvorientos y duros caminos. Los chinos, que usan sandalias, andan absolviendo por sus polvorientos caminos a EEUU porque tienen muchos de sus dólares en su contaminada economía. EEUU absuelve a Siria y de momento no la invade, que no tiene ahora fuelle parra meterse con Rusia a la que le sobra hombría de oso y vodka barato. Rusia condena a las Pussy Riot y manda a una de ellas a Siberia, al tiempo que absuelve a Snowden, que, sin embargo, es más amigo de las cantantes desobedientes que de Putin. El PSOE y el PP se absuelven mutuamente y negocian los nombres de los jueces que van a integrar el Consejo General del Poder Judicial, y los miembros del Consejo General del Poder Judicial, si arrecian mucha las críticas por la sentencia absolutoria de los responsables de la mayor catástrofe ecológica de España, absolverán a sus propios jueces y sancionarán la absolución autoadministrada de los partidos y, de paso, la suya propia.




El PSOE dice que ha vuelto, aunque nadie sabe a dónde se había ido (salvo que se refiriera al Congreso Extraordinario del PSOE de 1979, cuando renunciaron al marxismo –como los rusos-, pero no es el caso porque la unica izquierda del PSOE que ha vuelto es el pensamiento Talegón Chupiguay V Asamblea). El PP dice que hizo lo correcto en la gestión del Prestige –como los americanos con el Exxon Valdés-, aunque el Ministro estuviera de caza –como Putin- o el actual Presidente Rajoy se liara en su día con aquello de la plastilina, que ya sabemos que en la asignatura de Trabajos Manuales salía todo el mundo medio moco por el maldito pegamento Imedio o el Uhu, que además era amarillo –como los chinos-. Quizá por eso se ríen del pajarito de Maduro pero no les llama la atención que una paloma -que también vale como pájaro- dejara encinta a la Virgen. Los salvajes siempre son los otros. Y vas y te absuelves. Que aquí andamos pidiendo a la Virgen por boca ministerial que solvente el desempleo o fulmine con un rayo a los que ejercen el constitucional derecho a la huelga.

Ana Botella, alcaldesa, hoy, de la capital mundial de la mierda, dice que no tiene nada que decir sobre las ratas y se absuelve a sí misma afirmando que los servicios de limpieza están “externalizados”, que es la palabra cool para llamar a la privatización, que la hizo Esperanza Aguirre, quien se ha absuelto recientemente de la Gürtel diciendo que fue ella y sólo ella la que sacó a relucir el asunto de Correa, a quien nunca conoció y cuyo nombre ni le sonaba, que a la boda de Aznar fue mucha gente y no te hermanas con alguien solo por compartir langostinos. Langostinos y alguna langosta había en la presentación de las memorias de Aznar. Le ha absuelto José María Fidalgo, el que fuera Secretario General de CCOO, presentándoselas, las memorias, porque dice que va a donde le invitan y que es una demagogia afirmar que su foto con Aznar suponga una naturalización del comportamiento del Presidente de la guerra, porque no es así, insiste, sin dar muchas pruebas, porque es un pragmático que dice que los trabajadores quieren un sindicato eficaz, bienhallado, como un mecánico que repare una rueda o un fontanero que desatasque una tubería (así nos dijo ayer en Valladolid). A Fidalgo no le dio con una tubería, sino con el palo de una pancarta un trabajador de SINTEL que sabía que los problemas laborales no son técnicos sino políticos, pero Fidalgo se absuelve a sí mismo porque le gusta prescindir de la gente y gusta de llamar a los expertos, para no insistir en las ideologías -de izquierda- porque son ajenas a su idea de sindicato. En su mismidad biografica, Aznar se ha absuelto diciendo que en Iraq, en su saber y entender había armas de destrucción masiva, y que si luego no las había no era porque antes no las hubiera, sino por luego no las había, que anda que no hay desiertos lejanos y montañas nevadas, porque las armas de destrucción masiva, como las brujas, no existen pero haberlas haylas. Y si no bastara la absolución de la desmemoria de la guerra de Iraq, de la foto de las Azores, de los pies en la mesa de Bush o de que Correa estuviera en su mesa de invitados, se absuelve del atentado de Atocha y de culpabilizar a ETA, porque, dice, lo pasó tan mal esos días que todo se ha de perdonar y Fidalgo lo entiende y le da palmadas al hombro y Aznar le devuelve las palmadas en el hombro y lo absuelve. A Bárcenas lo absuelve su dinero; a Cristina de Borbón, su padre; a Blesa, a Rato o a Moral Santín; la misma desmemoria que se olvidó que Esperanza Aguirre vino detrás del Tamayazo; y a las constructoras de la red Gürtel la absuelven los medios de comunicación que ellas mismas financian.

Por todo esto, es fascinante lo poco que ha durado la absolución autogestionada por el PSOE en su conferencia. Fascinante la poca credibilidad de la absolución constante del PP – pese a jueces, Marhuendas, ABC, El mundo, RTVE y COPE de por medio-, desde que, recién iniciado su mandato, empezó a incumplir el programa por el que le habían elegido los españoles. Fascinante la imagen deshecha, triste y sin maquillar de la alcaldesa de Madrid rodeada de bolsas de basura, detritos y ratas (y esto no es una metáfora de quienes la sostienen y menos de quienes la votaron, aunque hay decisiones que nos hacen saber que hay gente que no es decente), Ana Botella, heredera de Gallardón en la alcaldía sólo por los enredos internos del poder y no por poseer la mínima capacidad técnica, a la que ha salido a defender el PP (y Fidalgo haciendo álbumes de sonrientes fotos), al igual que lo ha hecho, no menos fascinante, con el Ministro Wert, que además de absolverse todo el rato con maneras de emperador, busca una absolución estética con maneras de trilero que, a lo sumo, generan a su paso voces entregadas de la entrada en años tuna de Medicina de la Complutense que dicen “TÚ-ERES-EL PUTO-AMO”.

Después del desastre del Prestige, el PP ganó la elecciones en los golpeados pueblos de Galicia. Rubalcaba, que piensa igual que el PP en las cosas de la intendencia política, gana a sus oponentes en su conferencia y sigue gestionando a ver si le pasa como al PP y gana a fuerza de dar por envilecido al votante medio que se muere de ganas por poder volver a votarles. El Presidente del Tribunal Constitucional no dimite y la alcaldesa madrileña utiliza una empresa pública amenazada por un ERE para reventar el derecho a la huelga de los trabajadores de los servicios de la limpieza que les hacen un ERE sin jueces ni testigos. Parece evidente que todos los trabajadores madrileños que no defienden a los trabajadores de la limpieza ahora mismo, poniendo en ello todas sus fuerzas, están apostando para que les pase lo mismo en el breve plazo de los próximos seis meses. Pero como en la conocida frase, cuando vengan a por ellos ya no habrá nadie que les absuelva. Como en el Canal 9 de Valencia. Lo dicen en Venezuela, a ver si aquí llega el trinar: “tarde piaste, pajarito”.

¿Las claves de todo? Como siempre, esa obstinada resignación del pueblo soberano al que aún le huelen los pies a franquismo. El pueblo, que el 18 de julio de 1936 se echó a la calle a exigir que le dieran armas y el 23-F se metió debajo de la cama de tanto miedo como le habían metido. El que ve al nuevo Papa salirse de la norma y repite, multiplicando su resignación hasta cuando quiere ser buena persona: “este va a durar poco”. El pueblo que tiene prisa porque seguro que hay partido. No ese otro, decente, que se la juega, que sabe que las mareas crecen por la noche, que sabe que ya no quiere aguantar más. Y que entiende lo que significa agitar en el aire una alpargata. Alpargatas que lejos de absolver a nadie saben que sin arrepentimiento no hay perdón, y que sin restitución no hay arrepentimiento.


* comiendotierra.es



ESPAÑA - Siempre que el PSOE se hunde nace una Nueva Izquierda



*4.11.13. OPINIÓN de 
Juan Carlos Monedero.- Invariable. Con la precisión de un reloj suizo hecho en China. Con escrupulosa exactitud. No falla (aunque sea barato). Basta la marca. Lo decía Galbraith: la memoria de los timos piramidales dura una generación. Aquí, con tan poca memoria para la historia democrática, olvidamos también más deprisa. Y ahí tenemos otra vez el mismo guión gastado. Ahora esa izquierda dice que es abierta. Antesdeayer, carrillista. Ayer era el PDNI. De ahí vino Diego López Garrido. El que dijo como portavoz del PSOE que no hacía falta someter a referéndum la reforma del artículo 135. El derecho constitucional también es muy abierto. Como esa izquierda. Lejos de nosotros la funesta manía del chiste fácil.

Cada vez que al PSOE le crujen las costuras surge una Nueva Izquierda. De sus crisis, el PSOE no sale nunca por la izquierda, con una propuesta ideológica que logre enamorar a una ciudadanía hastiada de las mismas caras diciendo lo mismo o caras diferentes diciendo igualmente lo mismo. De las crisis sale renunciando al marxismo, defenestrando a Borrel, gritando a los cuatro vientos su fe atlantista y europeísta y, sobre todo, trayendo a sus filas a gentes provenientes del entorno ideológico allende sus filas. Vamos, del entorno del PCE y, ahora, de Izquierda Unida. Si sube la izquierda no socialdemócrata ¿para qué demonios hicimos una transición y una ley electoral tan amañada?

Ahora entendemos mejor el artículo de Baltasar Garzón defendiendo a Felipe González y la Transición. Estas cosas se anuncian un día pero se gestionan paso a paso. Siempre hay que hacer gestos de buena voluntad. Entonces, viene el juez Garzón y dice que Felipe González ya no es Mister X sino que es un hombre preclaro de esos que aparecen solamente una vez cada cien años. Como decía Neruda de Bolívar. Y de paso, rescata también a Fraga. Las estrellas brillan mucho porque están acabándose. Por eso, con una mano exhumas fosas y con la otra insultas la memoria de las víctimas –las que murieron luchando contra el fascismo y su promesa de dictadura- diciendo que Fraga nos hizo a todos más demócratas. Así no salimos del foso en el que estamos.

Por qué Llamazares deja a su “entorno” hacer todo esto no lo entiendo. Es uno de los escasos referentes de la izquierda, pero parece empeñado en tirar por la borda lo construido. Los intentos desesperados del “entorno” por hacerse un hueco terminan dando la sensación de que él también está desesperado. Aunque en estos asuntos, hablar del “entorno” es peligroso. Por culpa del entorno se cerraron periódicos y se encarceló y torturó a gente. Luego vinieron los jueces europeos a decirnos que eso no se hace. Pero esa Europa es menos atractiva. No entiende nuestros entornos. Los entornos son lábiles, como la opinión pública, la mayoría silenciosa o la intención de voto. Cambian con el viento. ¿Cómo que el rector de la UCM, José Carrillo, se acerca al PSOE? No. Siempre lo ha sido. ¿Cómo es que se acerca al PSOE quien ha sido asesor del PSOE? Es curioso ver cómo los que ya estaban vuelven a estar sin haberse ido. Bucles curiosos. ¿Por qué no anunciar que Rubalcaba vuelve al partido? Las necesidades de los entornos todo lo enturbian. Estas cosas siempre se pactan en grupo. En un momento de crisis tan recia ¿tiene nadie derecho a ser tan chapucero? Los entornos ya no son lo que eran. Enrique Curiel se hizo enterrar con la bandera del Partido Comunista. El PSOE no le dejó ser diputado pese a habérselo prometido. La dirección del PCE no fue al sepelio. El PSOE traicionó sus promesas. ¿Es que no vemos que tenemos que cambiar esta manera de hacer política?

Claro que hay que unir a la izquierda. En eso anda buena parte de la gente decente de este país. Pero operaciones de mercadotecnia como la que ha puesto en marcha el “entorno de Llamazares” frenan los análisis e impiden la autocrítica. Cansa. ¿Otra vez darle cuerda a un PSOE cuya máxima renovación viene de gente que nunca ha trabajado fuera de la política -basta mirar los cambios en Andalucía- o de gente que desde hace décadas está trabajando en la política? Con esta dirección del PSOE que firmó con el PP la reforma del artículo 135 y no ha mostrado ni asomo de enfrentar radicalmente a la Troika ¿qué lejos quiere llegar nadie que se sitúe en espacios reales de transformación? Otra vez, como viene siendo común desde 1975, el PSOE se alimenta ideológicamente sólo del miedo que despierta el PP. El fin del guión suena manido: los dos grandes partidos pactando la continuación del bipartidismo, la sumisión a los mandatos europeos, la continuación del Concordato, los recortes sociales, las leyes contra los inmigrantes o la defenestración de los federalistas (que Alfonso Guerra ya ha hablado). ¿O no llevamos 30 años diciéndole al PSOE que los asuntos de España se solventaban de manera federal? Maldita mala memoria.

El que no haya ido a votar con la nariz tapada nunca que tire la primera piedra. O que vuelva a tocar la misma puerta donde viven los que no pueden sino volver a hacer lo mismo que vienen haciendo. ¿O alguien cree que basta estar fuera del poder para realmente cambiar los presupuestos ideológicos? Esos los cambian la necesidad de los pueblos. Anden pues con cuidado: de tanto taparse la nariz al final surgen graves problemas respiratorios que pagamos todos.

*comiendotierra.es

El asco de Albert Pla y el sabor de las manzanas


21.10.13. OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- A Manolo Vázquez Montalbán, que ya nos falta desde hace diez años

Mueren centenares de hombres y mujeres sin patria en la costa de Lampedusa. Una ley italiana impide ayudar a los náufragos, bajo riesgo de recibir una acusación de apoyo a la inmigración ilegal. La Unión Europea tampoco ha movido un dedo. En su día pactó con Gadafi para que frenara la inmigración africana. Cuando dejó de serles útil, movieron sus fichas para que fuera asesinado. Llegan inmigrantes muertos y más muertos y más muertos al Dorado europeo. Conforme crece el número de ahogados, disminuyen los minutos que se les concede en televisión. Libia es hoy un pozo de desorden y muerte. También para los millones que ya están pasando hambre y necesidad en el tercer mundo dentro de este primer mundo. Nos sobran inmigrantes, gitanos, desobedientes, manifestantes, defensoras del derecho al aborto, defensores de los derechos sociales, reclamantes de una vivienda digna, estudiantes expulsados de las aulas… Esta Europa da asco. A mí, Europa me da asco. Y a quien no le dé asco es que tiene el nivel de repugnancia muy alto. Al Papa Francisco, la Italia de Lampedusa, del Vaticano, de la mafia y Berlusconi le da asco. En España los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. A quien no le dé asco debe de ser, entonces, porque le da gusto. Si alguien cree que decir que España da asco es insultar a los que se levantan todos los días a las seis de la mañana para ir a levantar España casi seguro es porque no madruga para trabajar. O siente con los que no madrugan. Hay gente que pone el corazón en su verdugo.

Dice Albert Pla que le da asco ser español. Han salido muchos españoles a decir que el asqueroso es él: “¡Asqueroso!”, le ha gritado mucho buen español, en un insulto muy de urinario de colegio. “¡Asqueroso!” le han llamado desde Ana Botella al quiosquero de mi barrio, dolidos en su amor patrio. Que si España da asco no menos asco damos, en un sencillo silogismo, los que no podemos hacer otra cosa que ser de la patria que nos escoge. No pocos pensadores han dicho que hacer esencia del accidente de haber nacido en un lugar o en otro peca de facilismo e, incluso, de estupidez (no lo dice Albert Pla, que lo dice, entre otros muchos, Santayana, que para muchos fue uno de los más importantes filósofos españoles, aunque los españoles a los que les da asco Albert Pla no lo sepan). Porque si una de las cosas más importantes de tu vida es ser vasco, catalán o español, cuando bien podías haber nacido en Marruecos, en Alemania, en Venezuela o en los Estados Unidos, es que están midiendo mal las cosas importantes de tu vida. Lo más relevante no puede ser fruto de una casualidad. Atrévete a escoger qué quieres ser. No seas una manzana.

Como decía Sartre, hay más humanidad en el sabor de un pollo al mole (cuya salsa lleva decenas de chiles variados cocinados durante horas) que en el sabor de una manzana. La manzana sólo puede saber a manzana. Y las manzanas no solamente no nos dan asco, sino que nos gustan. Confundir el lugar de uno en el mundo con el sabor -determinado- de las manzanas limita la inteligencia a un lugar muy infantil. Uno siempre espera un poquito más de los seres humanos. No es extraño que las esencias de cualquier patria siempre estén más ancladas en el interior profundo -el interior de la tierra y también en el interior de la historia, construido como si fueran surcos reales en la lectura interesada del pasado-. A las patrias les gusta el inmovilismo. Suele ser lugar común que cuanto menos te mueves, más patriotero eres. El nacionalismo se cura viajando.

En una canción de Pla, dos que se acaban de conocer en un bar terminan follando encima de la mesa. Cuando el camarero llega a echarlos, le piden que los case. Cosas de la amor. El camarero, después de dudar, dice “venga, va”. Una fiesta donde todo prometía un drama. Terminan convidando a todo el mundo y celebrando la luna de miel en el garito. En otra canción, su novia es una terrorista. No sabe qué hacer, si denunciarla o darle más amor para que cambie su comportamiento. “Un policía muerto, un policía menos”, dice un estribillo. Y al igual con un político, con un guardia civil. Al final, matan a la peculiar novia. Pla termina “Una novia muerta es una novia menos”. En otra, un gallo afónico que no puede anunciar el nuevo día cree que llega el fin del mundo. Va a buscar a dios, pero resulta que dios no existe. Sólo existe el gas de los pedos que se tiran los gusanos que se comen los cadáveres. En otra, un príncipe ahoga a su hermanito para que su acceso a la corona no peligre. No podemos olvidar la cabeza cortada de un espalda mojada mexicano que, decapitado por los agentes federales con el cigarro en la boca y rodando y rodando, manda al carajo a todo el imperio norteamericano prendiendo con ese cigarrito fuego a todo país “¡A tomar por culo Guasintón!”, grita el cantante. La embajada norteamericana aún no lo ha invitado el 4 de julio. Parece sensato que a quien no le haga gracia este humor, no tiene por qué contratar a Pla. La iglesia católica nunca financiaría una conferencia de Nietzsche, Dawkins o Leo Bassi para que les dijera en su cara y en sede eclesiástica que si uno tiene un amigo invisible está loco pero que si cien millones tienen un amigo invisible son una religión respetable. Ni parece sensato que lo invite la guardia civil ni la unidad de antidisturbios en el día del cuerpo. Terminarían usando las defensas, eso que antes llamábamos porra.

En cambio, cuando un político, aunque sea de Gijón, confunde lo público con su sacristía, está privatizando lo que es de todos. Incluidos a los que les gusta el sarcasmo de Pla. Políticos que censuran a artistas, alcaldes que prohíben conciertos, concejales que sacan cuadros de exposiciones o alcaldesas que retiran unas banderas o prohíben un encuentro al tiempo que hacen exposiciones nazis y franquistas en colegios públicos o celebran a los caídos por dios y por España dan asco. Igual que da asco que se beatifiquen a casi seiscientos religiosos fatalmente asesinados durante la guerra civil mientras ciento veinte mil demócratas republicanos siguen asesinados en fosas comunes, simas, zanjas y carreteras. Tanta desigualdad da asco. El asco selectivo es mentira. Si eres sensible, lo eres con todo. De lo contrario, tu asco es hipocresía.

Decía Cernuda, más elegante que Albert Pla, que era “español sin ganas”. Buena parte de los que han pedido la cabeza del artista catalán, harían otro tanto con el poeta sevillano. De hecho, murió en el exilio. Lo exiliaron los franquistas. Los que dieron un golpe de Estado en nombre de España. Algún día, Pla dirá -si no lo ha hecho ya, cosa bastante probable- que le da asco ser catalán. Y le daría asco ser italiano, francés, alemán, británico o norteamericano. Es que este mundo da asco. Algunos no escuchan campanas cuando la patria vibra. Los cazadores de herejes, de cualquier lado, se encontrarían en el mismo pelotón de fusilamiento. No pongan sus sucias manos sobre Mozart. Algunos no queremos medir el arte con el criterio de lo políticamente correcto expendido en los grandes centros comerciales. Cuando Pepe Rubianes dijo que la España que asesinó a Lorca le daba asco, le castigaron prohibiéndole representar una obra de Lorca. ¿Quién era el asqueroso?

Somos el único animal que siente repugnancia. Nos ayuda a mantener la salud. La democracia ha construido sociedades más decentes que las autoritarias. La clase obrera que sembró la democracia lo hizo en nombre del internacionalismo. El nacionalismo latinoamericano reivindicó contra la colonia una gran patria -Nuestramérica-. Las patrias sin más, reflejadas solamente en sí mismas, tienen el alcance moral del campanario. Con demasiada frecuencia la reivindicación patriotera de las patrias -una de sus expresiones más comunes- ha generado tanto dolor, tanto daño, tanta ira, tantas separaciones que sólo los que tienen un estómago muy agradecido pueden no sentir asco. Hay un lugar común que da fuerzas y paz, y otro que está construido con muros, barrotes y lágrimas ajenas. Una cosa es sentir muy por dentro ese lugar donde “los niños sueñan con truchas” y otra exterminar a alguna antipatria en nombre de la patria. Seremos un país decente cuando esto segundo nos dé a todos asco. Mucho asco. Un asco tan profundo que tengamos que inventarnos otra cosa. Para que las manzanas sean solamente eso, manzanas, y la democracia, ni más ni menos, democracia.

*comiendotierra.es

Españoles que ya no son celebrando genocidios que fueron


13.10.13. OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- Los que sentimos hermanos a los que viven en el continente americano, desde México a Tierra de Fuego, y también a todos los que siente su tierra aunque estén en cualquier Norte, no podemos celebrar el 12 de octubre. Porque no se celebra el haber hecho daño, porque no se celebran las conquistas, porque no se celebran las masacres – las buscadas y las provocadas aunque no fuera la intención-. Porque no se puede celebrar el sometimiento de un continente, la esclavitud, la devastación, el robo. Porque no se celebra la vergüenza de haber pretendido descubrir a nadie. Porque no se celebra, si se es decente, cuando los “celebrados” aún andan esperando una disculpa que permita el verdadero encuentro. América Latina se sabe hija de tres continentes. Nosotros, desde esta España irreconocible e irreconocida, no les dejamos sentir propio el decantado europeo que también les pertenece. De aquí salieron los conquistados. Allí estaban los que resistieron.




La hispanidad no existe. De hecho, ni siquiera España ahora mismo existe. La hispanidad, seguramente ya no lo hará nunca y, además, es bueno que sea así. De ser algo el deseado diálogo entre América y las Españas, será en el futuro, lejos del eurocentrismo, lejos del desprecio que animó a los que inventaron y propagaron el concepto, lejos de las nuevas formas de colonialismo económico. La España que celebra con un desfile militar y con reyes, príncipes y princesas el día de la aventura común de vivir juntos es precisamente la España que ya no vale. Una España oxidada, rancia, casposa, biliosa, fea, autoritaria, centralista y desagradable. Llena de parados, de gente expulsada de las aulas, sin sanidad, sin educación, sin respeto. Una España odiosa que esconde la España que podría ser si recuperáramos nuestras decisiones. La España federal, republicana, social que permitiera a las diferentes naciones que aquí han convivido seguir siendo un viaje común en una referencia amable que incorpore y no expulse. Una España que, lejos de segundas transiciones, traiga por fin una primera ruptura. Que permita entender ese pasado terrible compartido y que termine con viejas y nuevas ficciones (donde también están las que levantan los que andan inventando desde diferentes rincones de la peninsula su propia historia queriendo desentenderse de la compartida realidad negra -no la leyenda- de la conquista).

Si los pueblos de España deciden finalmente convivir y seguir juntos nunca escogerán el 12 de octubre como el día de celebración de estar unidos. Esa otra España federal y social tendrá que reconstruir su presente y su pasado, se disculpará por tanto daño hecho a otras personas y grupos (al menos desde la expulsión de judíos y moriscos en 1492) y hará lo posible para resarcir el atraso que ha contribuido a crear en otras partes del mundo.

Entonces cada vez que nos celebremos, los pueblos de América Latina quizá tengan también ganas de celebrar con nosotros por todo lo que compartimos. Esa España federal y republicana, comprometida con la democracia y la justicia social, podrá ser tan atractiva como lo fue en los años treinta. Cuando Neruda se sentía en Madrid o en Barcelona como en casa, Oliverio Girondo compartía tertulia en Pombo con Gómez de la Serna o Lorca cruzaba el continente sin salir de su patio andaluz. Ese horizonte suena tan hermoso que uno no se explica por qué estamos tardando tanto. Mientras tanto, disculpen un año más, hermanos y hermanas de América Latina, por esta absurda y terrible celebración. Acepten como regalo que este año los legionarios no han gritado ¡Viva el Rey! Sé que no es mucho, pero imaginen cómo estamos que nos vale afirmar que algo es algo.

ESPAÑA - ¿Salvar a la Transición para seguir en política?


09.10.13. OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.-  Hay algunos movimientos políticos que se me escapan. O quizás no. Quizás me gustaría que se me escaparan.

Tengo la sensación de que hay una generación de gente de la política o de su entorno que ha llegado a la conclusión de que si las nuevas generaciones impugnan la Transición, también van a impugnar a los actores que la protagonizaron. Razón no les falta. La última etapa de ZP y el posterior gobierno de Rajoy, unido a la crisis de El país y también a la crisis del país, corrió hacia a la izquierda a los constructores de la versión oficial de la Transición y también a parte de sus principales voceros públicos. Corremos pues el riesgo de que los que nos hicieron comulgar con las ruedas de molino de aquel proceso, quieran venir ahora a rescatarnos precisamente de esa mentira. De una manera improductiva. Ellos saben que nosotros sabemos que su hora ya ha pasado. No necesitamos una segunda Transición. Necesitamos una primera ruptura.

Los que tienen biografías ligadas a la Transición se mueven en zigzag logrando ciertamente desconcertarnos. Han firmado demasiados manifiestos contradictorios entre sí, pero siguen queriendo ser los abajofirmantes y arribapresentes que marquen la pauta del reino de España. Es necesario sumar y es mejor que estén en el bando de la decendencia que en el de la indecencia. Hacen mucha falta. Pero ¿tienen que seguir siendo las cabezas visibles? ¿Tienen que estar siempre en el puente de mando? ¿Nunca va a llegar un recambio generacional a este país? ¿Tienen que venir a los mismos, con las maneras de salvadores de siempre, a organizar un cambio desde las cúpulas?

Algunos requiebros sorprenden más que otros. En el fondo, los que fueron felices en el pasado quieren regresar a los lugares donde vivieron encantados de conocerse. Sin hacer muchas preguntas. Falta generosidad. Ahí se agarra la derecha, como acaba de hacer Gallardón, para justificar esa insultante ley de amnistía que fue una ley de punto final para los asesinos.

Por más que me esfuerzo, no entiendo qué hace el Juez Baltasar Garzón afirmando: “En la historia de la humanidad son pocos los verdaderos protagonistas de la misma. Son aquellos que la construyen día a día, con sus aportes, sus ideas y la coherencia del pensamiento con la práctica de sus postulados. A nivel local, en la España democrática, también son muy pocos los que se incluirían en ese club selecto. Personas tan dispares ideológicamente como Manuel Fraga, Adolfo Suárez, Felipe González y Santiago Carrillo, entre otros, se dieron cita en ese grupo”.

¿Qué quedó de Mister X? ¿No cerraba la ecuación la posterior afirmación de Felipe González fardando de que pudo volar la cúpula de ETA, así, sin juicio de por medio ni zarandajas de leguleyos? ¿Y no fue Fraga quien firmó sentencias de muerte y se jactó siempre de honrar y celebrar el franquismo? ¿Cabe preguntar, como hizo Garzón con nuestro apoyo, por los 114.00 asesinados y enterrados en cunetas, zanjas y fosas comunes y, al tiempo, colocar en la “España democrática” a la persona que rapó a las mujeres de los mineros, justificó el asesinato de Julián Grimau, dijo que la calle era suya mientras morían trabajadores en Vitoria o falsificó los diarios del estudiante Enrique Ruano para presentar su asesinato por la policía como un suicidio? No entiendo nada. O lo entiendo todo. Quizá ellos saben que nosotros sabemos que la solución ya no viene de héroes mediáticos. Y que hay que revisitar la página mal leída de la Transición. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Por eso una la necesidad de La transición contada a nuestros padres. No porque pensemos que nadie traicionó a nadie (como en estas páginas escribía Luis García Montero, no queriendo entender las miradas críticas con el fraude de la Transición y, sobre todo, de su relato). No es una buena táctica simplificar nuestro discurso. Aunque tampoco es tan complicado: no hay reinvención de la democracia sin revisitar la Transición. Con el relato oficial -donde se encuentran Gallardón y los que desde la izquierda no terminan de sacar las conclusiones correctas- y con los actores de siempre en los papeles estelares no vamos a salir del agujero. Sobre esto versa tambien esta entrevista en Radio 3 sobre “La Transición sin mitos” que motiva estas letras (¿tenemos que seguir aguantado que personas como Juan Linz, que minimizó las 2000 fosas con cadáveres de demócratas sobre las que se asentó el franquismo, eran poca cosa? ¿Esos son nuestros premios Príncipe de Asturias?).

Tenemos que volver a recordar a los que quieran ponerse la capa de Batman que aunque España se parezca cada vez más a Ciudad Gótica, aquí somos más de 13 Rue del Percebe. Esa casa de vecinos donde todos hacen falta incluso con sus defectos. Donde la gente decente se encuentra todos los días con la gente decente. Y con la indecente. Y por eso sabemos quién es el ratero, quién el que nos engaña con la báscula, y también quién está triste y quién no nos deja ser felices. Quién vive en el primero y quién en el quinto. Y sabe que no hacen falta los de siempre para volver a hacer lo mismo.

*comiendotierra.es

ESPAÑA - Alternativas desde abajo, a la izquierda y muy lejos


07.10.13. OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.-   Siguen los intentos, esperanzados o desesperados, de unir a las fuerzas de la izquierda en el Reino de España. A diferencia de lo que ocurrió durante el 15-M, ahora habita el convencimiento de que sin voluntad política, sin ocupar los espacios del poder, sin disputar la cabina de mando a los capitanes del bipartidismo, cualquier ola de indignación será devorada por el aparato del Estado y por sus secuaces (añadamos: también puede ser devorada por los egoístas que no dudan en salvar la cara a la Transición –incluso a Fraga y a Felipe González- sólo porque así creen que van a salvar su pellejo político. Malditas herencias generacionales…).

Convocatoria y Alternativas desde abajo (reunidas esta semana en Madrid), Frente Cívico, Manifiesto Convocatoria Cívica, Procés Constituent, Frente por la cultura, etc. son todos intentos de construir algún proceso de unidad electoral que rompa con la hegemonía del PSOE y del PP, convoque a los millones que se declaran hastiados del sistema y tenga la fuerza suficiente como para negociar una alternativa a la esclavitud por deudas que ofrece la Troika. Si la izquierda renunció –con inteligencia- a la lucha armada para alcanzar el poder, la opción electoral reclama sumar muchos votos.

Sin embargo, y pese a los logros, algo sigue sin parecer funcionar. ¿Cómo es posible que la crisis brutal del capitalismo no convoque a millones en el esfuerzo de superarlo? Aunque son evidentes algunos “pequeños grandes avances” (por ejemplo, que determinadas fuerzas políticas se sienten a discutir allí donde ayer se mataban, o que el mundo “indignado” haya salido de su entonces innegociable desprecio por las instituciones), sigue consternando la relación inversamente proporcional entre la gravedad de las situación y el apoyo social a estos esfuerzos de armar una fuerza electoral que represente a los de abajo. Los que participan en estos intentos de articulación, especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid siguen preguntándose por qué no acude más ciudadanía a estos espacios. ¿Y si la pregunta fuera al revés? ¿Y si la pregunta fuera “por qué la ciudadanía debiera estar interesada por estos encuentros?

No hay respuestas sencillas pero planteemos un par de hipótesis que pueden dar cuenta de estas limitaciones (en unos días llega a las librerías Curso urgente de política para gente decente, donde intento una explicación más amplia).

Cuando se hunde la Unión Soviética en 1991 y hay que reinventar las bases teóricas de la izquierda, nos encontramos con que el aparato teórico está viejo y es de poca aplicación. Es curioso que lo más válido de la tradición marxista venga de los heterodoxos. Por su parte, la izquierda socialdemócrata se hizo directamente y sin complejos liberal. La burbuja económica le cubría las espaldas. La izquierda comunista de vocación parlamentaria se hizo socialdemócrata, una vez que los socialistas habían abandonado el socialismo, y el grueso de su propuesta consistía en regresar al Estado social que ayer fustigaba con encono. Otros, a modo de revival, pasaron a reivindicar a Stalin, con argumentos por lo general muy débiles –prolifera la figura del adolescente iletrado entre los voceros de Stalin- aunque a veces hay opiniones más astutas –es el caso de Lusardo-. Sin embargo, aunque fuera cierto que Stalin no tuvo otra alternativa a comportarse como lo hizo por culpa de los tiempos sombríos –y hace falta mucho cuajo para justificar las purgas o el Gulag-, no conozco a nadie capaz de ofrecer en 2013 las bondades de vivir en un país estalinista (salvo que se crea miembro seguro del Politburó o sueñe con ser el Cao de Benós de una futura Rusia neoestalinista). El resto de la izquierda se convirtió con el cambio de siglo en algo testimonial. ¿No será tiempo de revisitar la tesis 11 sobre Feuerbach de Marx y establecer que ya toca volver a interpretar el mundo antes de transformarlo? Ahí nos vamos a dar cuenta de que ser de izquierdas es algo que suele venir demasiado grande a la gente y que, a día de hoy, el grueso de los de abajo aún no cuestiona el capitalismo sino apenas sus excesos. El neoliberalismo está vivo y coleando y es la racionalidad hegemónica de nuestra época. No verlo nos convierte en la mosca chocando obstinadamente y sin éxito contra el cristal.

Vivimos en un mundo lleno de incertidumbres. Para salir de la parálisis, es esencial rebajarlas. En el miedo la derecha tiene todas las de ganar. Molesta menos la gente en un centro comercial o en un rastro –que no deja de ser un mercado- que en otro tipo de concentraciones donde cada cual hace lo que quiere y no hay previsión posible. Se trata de dejar claras las reglas de la convivencia. En ese sentido, quien sea capaz de establecer las reglas, gana. ¿Cuáles son las nuevas reglas del socialismo? ¿Va a seguir conformándose con ser la portadora de malas noticias, la aguafiestas de la fiesta capitalista? Aquí aparece entonces el asunto de la emoción.

España, envenenada de europtimismo estúpido –por eso regalamos a Europa nuestro parque industrial y ahora le regalamos nuestro Estado social- se ha olvidado de su condición latina, de su sangre mediterránea, de su modernidad peculiar, y se ha lanzado a imitar un prusianismo que tiene poco que ver con nuestra cultura. No se trata de reivindicar ni mucho menos el regreso de la oligarquía y el caciquismo sino, todo lo contrario, usar las herramientas propias de nuestra historia en la lucha contra la oligarquía –que hoy se llama SICAV o multinacionales- y el caciquismo –que sigue vivo en buena parte del país, como demuestran los Fabra, las Aguirre, los Baltar- para encontrar nuestro propio modelo. El fascismo se impuso en Europa por las urnas o con un paseo militar. Aquí le costó tres años y un genocidio. La izquierda tiene espacio creciente en Cataluña y en el País Vasco porque no han renunciado a ser quienes son. Es una tarea pendiente en el resto del Estado. La derecha sabe por qué frena la memoria histórica. Parece que la izquierda no.

Y por último, está el tema de los liderazgos. El populismo latinoamericano, tan denostado por la derecha mundial, puede ayudarnos a entender un posible camino. El populismo hay que entenderlo como un momento destituyente, no como las bases del proceso constituyente. Es una apelación al pueblo, muy cargada de sentimiento, que busca tumbar esas instituciones que no terminan de marcharse y alumbrar esas instituciones que no terminan de llegar. El sentimiento que la ciudadanía profesa por sus regímenes sólo es superable por un sentimiento mayor que permita pensar en la alternativa. Ese es el papel de los liderazgos. Las diferencias entre los grupos, las disidencias históricas, la confianza en la alternativa que rompa con el “no se puede” del poder, el impulso para desatar la participación va a venir de nuevos liderazgos (liderazgos en plural, nacidos de las luchas, implicados con las peleas y, por eso, con capacidad de sumar con ese ejemplo la representación del conjunto de las luchas). Cuando el triunfo llegue, el populismo se retirará y dejará paso a nuevas formas de institucionalidad. Ahí los líderes pueden pesar más de lo necesario y corresponderá a la ciudadanía no ser rehén de los mismos. En la fase de crear la alternativa, la participación debe sustituir la dirección que ejercía el liderazgo, y la nueva institucionalización –donde pueden y deben caber formas de autogestión política- debe sustituir a la fase de alta acción colectiva. Que nadie cuente con un pueblo movilizado de manera extrema durante todo el tiempo necesario para sentar las bases del nuevo régimen.

En Madrid, todos estos elementos negativos siempre se acentúan. Mientras que la izquierda madrileña no se olvide de querer inventarse España -cuando no es capaz de inventarse a sí misma-, no va a salir de su postración. En ese esfuerzo, le ha dejado a la derecha gobernar Madrid durante casi dos décadas. El día que el Tribunal Constitucional esté en Segovia y el Tribunal Supremo en Sevilla, la Comisión Nacional del Mercado de Valores en Cáceres, los periódicos nacionales se impriman en Barcelona y el defensor del pueblo esté en Girona, el BOE se haga en A Coruña o RTVE esté en Bilbao, este país no va a ser federal. Y como queda mucho para que la gente entienda esto, Madrid debe empezar a pensar en sí misma. Quizá un Madrid de izquierdas y de verdad federal pueda ayudar a reinventar la vida en común de los diferentes pueblos de la península. Pero para cumplir esa tarea, tiene que convencer. Bien puede comenzar limpiando las letrinas de los partidos, contaminados de ladrillismo, gerontocracia y vieja política. Y, tarea no menor, debe lanzar el mensaje de que tiene capacidad de manejar el aparato del Estado, escogiendo a las y los mejores en los cargos relevantes.

La última vez que la izquierda del reino de España se unió sucedieron previamente dos cosas: la movilización social contra la OTAN, dispuesta a romper con Europa y a quebrar una de las exigencias de la Transición, y la existencia de una figura como Julio Anguita. Por ahora, no tenemos ninguna de estas dos cosas. La izquierda que quiere sumar debe construir liderazgos creíbles –es el lastre terrible de Izquierda Unida, especialmente en algunas partes del Estado, condenada a la impotencia por la biografía de sus líderes- y debe apelar antes a la emoción de la ciudadanía que a su necesidad de organizarse electoralmente. Las casas no se construyen por el tejado. Salvo que los techadores de profesión logren convencernos de lo contrario. La izquierda que quiera salir de la marginalidad y no se contente con recibir las migajas electorales que caen de la mesa del PSOE, debieran tener como tarea inmediata emocionar a y con las mareas. Ahí habrá dado un primer paso. Pero se dará cuenta que para emocionar a las mareas tiene que disolverse en su flujo. No pretender dirigirlo. Y entonces volvemos a la casilla de salida.

ESPAÑA - Marea verde: ejemplo en Baleares de las nuevas luchas

30.09.13. OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- Decenas de miles en la calle. Juntas y juntos. La iniciativa la han tenido los que han entendido que toman las riendas de su suerte o están fregados. Que los que ayer tenían esa responsabilidad ya no cumplen. Les puede el miedo y la barriga. Luego, cuando la marea creció como la mar con la luna, vinieron esos que decían que “hay que pensarse mucho otra huelga” y los de “es imposible convocar una huelga indefinida” y también los de “es que hay mucho cansancio” a sumarse y colgar en la nueva pelea sus viejas responsabilidades. En cualquier caso, bienvenidos.




Todos los mecanismos con los que el poder se hacía eco de las demandas ciudadanas han sido desconvocados. Les dan lo mismo ya las huelgas de un día, las manifestaciones, las comparecencias parlamentarias, las entrevistas en los medios, las reconvenciones judiciales. Han descontado ya todos estos mecanismos. Sólo van a volver a escuchar cuando tengan miedo y crean que van a perder más si no ceden. Y para lograr que el miedo cambie de bando, hace falta que seamos muchas y muchos. Sobran los agoreros del no se puede, los aguafiestas del vamos a empeorarlo, los paniaguados del hay que esperar. Sólo el pueblo salva al pueblo.

Sabemos entonces cinco cosas: que es mejor una huelga de un mes que 30 huelgas de un día; que nadie va a organizar a los ciudadanos si no es que se organizan ellas y ellos mismos; que hay que encontrar luchas que reflejen la lógica criminal del sistema y unirnos en torno a ellas; que caben todos menos los infiltrados del pesimismo y los violentos que trabajan, sabiéndolo o sin saberlo, para el sistema (sean mercenarios policiales o de la extrema derecha o encapuchados que no tienen la madurez política para diferenciar la lucha política y su rabia infantil).

*comiendotierra.es

ESPAÑA - La necia nostalgia franquista del Partido Popular

OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- 31.08.13. 



El portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, dice que la República fue responsable de un millón de muertos en la guerra civil. Además de un reaccionario es un ignorante. Las nuevas investigaciones sobre las víctimas de la guerra civil rebajaron esa cifra literaria. Y han demostrado, al tiempo, la voluntad genocida del levantamiento. Desde antes del levantamiento les sobraba media España. Su única legitimidad, ayer y hoy, es el botín de guerra. Huele a lo mismo cuando dicen: ¡Tenemos mayoría absoluta! No terminan de quitarse ese fascista que les habla al oído.

¿Cómo puede un dirigente político igualar la democracia y la dictadura? Tontos y amables con el fascismo. Típica dirigencia PP. Le ha faltado decir que los judíos son responsables de seis millones de asesinados en los campos de exterminio, que los tutsis fueron responsables de asesinarse a sí mismos a machetazos en Ruanda o que los izquierdistas fueron los responsables de su asesinato por Suharto, que en realidad eran ellos mismos. Aunque, en verdad, van a decirlo en un par de días cuando las democráticas bombas del Nobel de la paz Obama masacre a la ciudadanía en Siria. La culpa, obviamente, es de las víctimas.

No ha dejado claro Rafael Hernando si la República fue responsable por haber impedido el golpe de Estado de los militares en 1936, por haber resistido durante tres años o porque los republicanos derrotados luego siguieron luchando por la democracia enfrentando a Hitler y Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial. Con la bandera republicana en el morral. El tanque Guadalajara entró de los primeros a liberar París. A los republicanos que lucharon en la Resistencia los homenajean en Francia. A Franco no. Franco –dictador genocida que tuvo en sus gobiernos al fundador del PP, Manuel Fraga- es un fascista en todos los libros de historia de Europa. Menos aquí. Esas cosas de nuestra Transición. Empezamos este nuevo curso insistiendo en una vieja idea: sólo en España puedes ser demócrata sin ser antifascista.

Dice Hernando que la bandera republica es inconstitucional, al igual que la bandera franquista. Nunca entendieron qué significa una Constitución. En España, durante cuarenta años, por su culpa, no tuvimos una. Siguen en las mismas. Son tan reaccionarios que ni siquiera entienden que en democracia, la voluntad popular sirve incluso para dotarnos de una nueva Constitución e, incluso, de una república. Mientras que la bandera franquista era la bandera de una dictadura que asesinaba o encarcelaba a los disidentes, la bandera republicana tenía detrás una Constitución que otorgaba el derecho a cualquiera para construir un nuevo régimen si tenía los votos para ello. Pero Falange, el partido al que confiaron los franquistas su política, sólo confiaba, como decía Primo de Rivera (hijo de dictador) en la “dialéctica de los puños y las pistolas”. Hernando es tan necio que no ve las diferencias. Portavoz adjunto del PP en la sede de la soberanía popular. Empezamos bien.

Los cachorros del PP -que expresan lo que han aprendido a la hora de comer la paella el domingo en la casa familiar o en las escuelas de verano de su partido-, levantan el brazo a lo nazi, añoran el franquismo y volverían a cazar rojos como en los mejores años de sus mayores. El PP les ríe la gracia y avala ese quehacer. El Parlamento español sigue sin condenar en un pleno el golpe de 1936 y la dictadura franquista. No chirría. Siguen en las calles los nombres de los asesinos y los genocidas o la Basílica de la Macarena de Sevilla da reposo a un psicópata, Queipo de Llano, que invitaba a las tropas moras a violar a las mujeres españolas responsables del delito de ser esposas de los milicianos. Un buen católico. La ayuda para remozar la tumba del dictador en el Valle de sus caídos salió en el BOE el 18 de julio de este año. Somos la única especia animal que tenemos el sentimiento de repugnancia. Pues va a ser verdad.

*comiendotierra.es

ESPAÑA - Una modesta proposición para salir del sainete democrático

OPINIÓN de Juan Carlos Monedero.- 

El Belén ya lo tenemos montado. Está la tramoya, casi todos los actores y también el guión que, si bien no es muy bueno, tampoco en un sainete se necesitan caracteres demasiado graves ni un texto muy profundo. Reflejar la verdad de la época no puede tener excesivo brillo porque mejoraría a los garbanceros que nos rigen y tampoco es el caso.

El contexto –el colapso político y los figurantes de la Moncloa como zombies-, arma un escenario de fondo con posibilidades. Puede hacerse más tenebroso con un aumento de la prima de riesgo, aunque no con nuevas informaciones (¿queremos entender que les da lo mismo, salga publicado lo que salga publicado? ¿Queremos entender que, por poner sólo un ejemplo, ahí está la Mato, recortando en sanidad con el Jaguar en el garaje y que no dimite porque en ese business, como ocurre con las bandas de atracadores de las películas, nadie, de entrada, delata, nadie dimite y nadie exige a los demás que dimitan? ¿Queremos entender que ellos saben que se trata de “aguantar” porque es la lectura, como clase, que llevan sacando desde hace cuando menos doscientos años?). El negociado de la prima de riesgo, además, queda fuera de valoración porque va por canales vedados a los ojos del gran público (está al margen, incluso, de los vaivenes de un vulgar Presidente del Gobierno de la semiperiferia. La prima de riesgo subirá si hay posibilidades de negocio, no porque le vaya mejor o peor a Rajoy, cosa que puede ser irrelevante).

Tenemos, pues, el escenario, también el atrezzo y buena parte de los actores. Recapitulando someramente: están los trajes, los sobres, los sobresueldos, los mensajes de sms (¿qué musiquita le sonará en el móvil a Rajoy cuando le entran los mensajes de Bárcenas? Igual es una de esas al uso y cuando suena en consejo de gobierno todo quisque se echa mano al teléfono pensando que es para ellos. No es mala metáfora de este gobierno de confabulación). Tenemos, decía, a los ministros pringados, al Presidente que sabe que todo es verdad salvo alguna cosa, y a altos cargos también cobrando ilegal e inmoralmente cantidades exorbitantes de dinero mientras nos daban discursos de austeridad (porque están en política, hay que insistir, por el mero business). Están también los personajes oscuros e importantes. Los grandes empresarios y banqueros que representan la parte económica final de esta trama de corrupción. Son los que han sabido todo desde el principio (¿no se reunieron en 1976 para autorizar que fuera Suárez quien sustituyera al torpe Arias Navarro?). También habrá algún periodista, que aunque no tenga matrículas de honor en la carrera. Lo relevante es construir un sujeto despreciable, como el Don Latino de Luces de Bohemia, que aparezca lambiscón sólo para reforzar lo que sus jefes dicten.

No olvidemos tampoco que hay secundarios que ayer eran actores principales. Por eso, en este sainete (¿o convendría mejor un esperpento?) están también los ERE de Andalucía (con ese dramatismo de dinero robado a los parados), los famosos ERE que tanto debilitan a Rubalcaba, y está Pepiño Blanco reuniéndose en una gasolinera como en una versión castiza de El padrino, y está el ex alcalde de Cudillero, y el ex alcalde de Sevilla, todos del PSOE. Y, por supuesto, está CiU, que da mucho juego con su elegancia, su seny, su hacer peores a los demás para ser ellos mejores, sus Palau de la Música saqueados, sus ITV amañadas (con un Pujol que las pasaba con menores dificultades que el resto de los conductores). Dejemos flotando algo con misterio para que completen los espectadores. Detrás, en el fondo, un ventanuco, a contraluz, que nos recuerda todo lo que no sabemos pero sospechamos.
¿Y si fuera en vez de un sainete una zarzuela? ¡Falta la Casa Real! Cierto es. ¡Viva España! ¡Pon otra ronda! ¡Ay que me caigo! Siempre dan mucho juego. Sea en un sainete o un esperpento o una zarzuela. Aunque quizá son personajes sin mucha complejidad. Presentados pues, quedan.

Vamos a la proposición.

Aparece un juez honrado que, visto el comportamiento de las principales fuerzas políticas y abochornado del comportamiento de su gremio, decide actuar. Sin pedir permiso a sus superiores –sabe lo que le contestarían- aplica a todas estas organizaciones citadas la vigente ley de partidos. No le costará mucho demostrar que se han comportado como asociaciones para delinquir con un comportamiento recurrente conspirativo para el dolo y la trampa con resultado de muerte (suicidios, infartos, accidentes, enfermedades, depresiones). En diez hojas llenará los datos de las tramas generalizadas, las cúpulas implicadas, los pactos de silencio, el pago de costas de abogados, las venganzas internas, las conversaciones para amañar resultados, las trampas electorales, los créditos impagados, las obras concedidas a dedo, las privatizaciones amañadas, los abusos en empresas públicas (incluidas las televisiones)… De un plumazo, todos los partidos de gobierno del régimen de 1978, prohibidos. Qué descanso.

Nadie de los que se hayan presentado en sus listas podrá volverse a postular a un cargo político bajo unas nuevas siglas (de lo contrario, ese partido, aunque parezca nuevo, será una resurrección de esos viejos estigmatizados e ilegalizados). Como elemento negativo –por eso la proposición es modesta- deja fuera de juego político a alguno de los jóvenes, pero visto lo que han tragado estos años y la falta de coraje para confrontar a sus mayores, tampoco perderemos gran cosa. Más estamos perdiendo con los jóvenes que tienen que emigrar otra vez a la aventura.

Esa ilegalización del PP, del PSOE y de CiU obligará a que en las nuevas listas políticas que surjan, como le ocurrió a Bildu, tendrá que presentarse gente nueva que nunca antes haya optado a un cargo electo. Con las posibilidades de renovación que eso implicaría. Los responsables del desastre, inhabilitados y nueva gente obligada a participar en política. Es la parte optimista del sainete. La gente aplaude e, incluso, puede sonar alguna canción popular. Si debe bailar una cabra o no, aquí no es relevante. Es la parte animosa de la pieza.

Presentándose gente nueva con esas siglas viejas, no le resultará difícil a otro tipo de formaciones menos contaminadas –o directamente nacidas de la propia crisis- impulsar un frente democrático para navegar el momento actual (que nadie piense que es sencillo acabar con el régimen político de 1978). ¿Que es ventajismo? Claro, pero ya tenemos el caso del gobierno en el País Vasco, donde no se permitió que gobernase la izquierda abertzale y le abrió el paso al PSOE y al PP. Precedentes hay.

Ese nuevo Parlamento cambiará todo el escenario. Dejará claro que en el país hay voluntad de cambio. Le corresponderá, pues, impulsar un proceso constituyente que decida si queremos monarquía o república, qué tipo de relación queremos mantener los diferentes pueblos de esto que, aún en ese momento, se llamará España, de quién son las deudas que nos reclama la Troika y garantiza el artículo 135 de la Constitución – y cuáles resulta legítimo pagar-, qué relación queremos con la iglesia y con la Unión Europea -y también con Europa, que no son lo mismo-, y quién tendrá que pagar más impuestos en nuestro país.

No sabemos si en ese momento la familia real habrá cogido un barco como hizo el abuelo Alfonso en 1931, pero si toma esa decisión no será por ningún tipo de imposición popular violenta. Nada de toda esta modesta proposición debe hacerse fuera de los cauces constitucionales.

Por eso falta el otro actor: el pueblo. El que hace posible lo imposible. Cierto que en el escenario nunca cabe por tan numeroso, pero se le puede presentar metafóricamente, mientras el verdadero está en su lugar, en las calles, en las plazas, porque ha entendido, mirando a su propia historia -y ahora mismo a Egipto-, que si sales de las calles estás fregado.

Y así, sin darnos cuenta apenas, podríamos empezar a ganar la democracia que estamos perdiendo antes incluso de haberla tenido. Y en vez de un sainete, un esperpento o una zarzuela, podemos intentar representar esa obra que tantas veces hemos visto interrumpida en nuestra historia.