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Conflicto en Magallanes. El centralismo en apuros

Por Alexis Meza S谩nchez

La reciente crisis del gas, que moviliz贸 a la regi贸n de Magallanes, concitando una amplia y extendida simpat铆a ciudadana en todo el pa铆s, deja en evidencia una vez m谩s la fr谩gil relaci贸n entre el aparato del Estado (expresado en el gobierno central) y las regiones.

M谩s all谩 del porcentaje del alza gas铆fero o la cantidad de subsidios que se otorgaron, la ra铆z del conflicto est谩 instalada en la sensaci贸n de abandono que existe en las regiones de parte del gobierno central. Esta sensaci贸n ambiente, que cala hondo en el Chile profundo, tiene una dimensi贸n pol铆tica que impacta materialmente, y a la vez permea la subjetividad de los espacios regionales/locales.

Ello sumado a la convicci贸n existente en regiones, de que no se es part铆cipe en la toma de decisiones que afectan directamente en la calidad de vida de las personas y al hecho que las regiones deben estar permanentemente mendigando migajas, para tener mejor铆as en infraestructura y servicios p煤blicos, lleva a los ciudadanos de regiones, a tomar distancia de los designios de la capital.

Se agrega, que los recursos son siempre escasos cuando se trata de gastar fuera de Santiago. A modo de ejemplo, el subsidio que el Estado otorga para cubrir el d茅ficit del Transantiago, ha ido progresivamente aumentando desde el 2007. El gasto acumulado, para encarar el fracaso de esta pol铆tica p煤blica en el 谩rea de transporte, supera largamente los requerimientos de la poblaci贸n magall谩nica en materia gas铆fera.

La rebeli贸n de Magallanes no es un hecho aislado. La cr铆tica al centralismo se ha hecho muy patente tambi茅n en la zona afectada por el terremoto y tsunami del 27 de febrero. Lo lento de la reconstrucci贸n, producto de la burocracia central y de la falta de dispositivos a nivel local para resolver materias urgentes, empujan dicha cr铆tica. Antes el extremo norte demandaba mayor atenci贸n; hoy los puertos de la Regi贸n de Valpara铆so, reclaman una ley espec铆fica. El Plan Arauco, tambi茅n duerme el sue帽o de los justos.

En fin, se nos ha hecho creer hist贸ricamente que el centralismo es una fatalidad inevitable. Se le ha naturalizado como el 煤nico orden posible. Mayor ingerencia o deliberaci贸n de las regiones respecto a su propio futuro, no est谩 en la agenda pol铆tica inmediata. Las banderas de la participaci贸n y la descentralizaci贸n, como base de un Estado democr谩tico, han sido permanentemente desplazadas por ingenier铆as electorales, que la reducen al plano de peri贸dicas elecciones, tras las cuales vuelven al archivo donde habita el olvido.

Sin ir m谩s lejos, producto del 煤ltimo cambio de gabinete, dos circunscripciones y un distrito, tendr谩n que acoger a parlamentarios designados por las directivas partidistas. Este ejercicio (legal, pero no leg铆timo), agudiza el problema.

El centralismo, no es una fatalidad, sino una construcci贸n hist贸rica. Promover otro orden, otra forma de relaci贸n entre el gobierno central y las regiones, por tanto es otra forma de construir Estado. Para ello se requiere la configuraci贸n de una ciudadan铆a activa y protag贸nica. Para eso se requieren un, dos, tres Magallanes.

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