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Honduras. País de incontrastables contradicciones

Por Ollantay Itzamná

El país es uno de los principales productores de café con calidad, pero sus habitantes sólo pueden consumir cáscaras de café. Más del 80% del territorio nacional es de vocación forestal, pero la madera fluye hacia los EEUU y Europa, dejando sólo muebles de aserrín prensado para el mercado interno. El país es tropical, con grande caudales de ríos y con envidiables precipitaciones pluviales, pero el agua en Tegucigalpa es más escaso y caro que en ciudades desérticas como Lima.

Honduras es uno de los países más rurales del continente, pero las tierras de cultivo están acaparados por terratenientes/empresarios que producen para la exportación, con apoyo estatal. Mientras, campesinos sin tierra, con familias desnutridas, se esfuerzan para alimentar a ingratos citadinos que se avergüenzan de las manos que los alimentan.

Sus gobernantes alardean grandilocuencias y formalismos medievales, pero carecen de una mínima visión integral para la transformación del país a largo plazo. Detestan la suerte de su vecino país Haití, pero irremediablemente aceleran a Honduras hacia ese destino nefasto. Dicen que luchan contra la desnutrición y el analfabetismo, pero sólo promueven la producción de biocombustibles, y satanizan/expulsan del país a solidarios hermanos cubanos educadores.

El Presidente de la República discursea sobre soberanía nacional y humanismo cristiano, pero enajena por pedazos el territorio nacional para “ciudades modelos” (refugio para delincuentes financieros) y bases militares extranjeras que exterminan al pueblo consciente que se levanta. El Cardenal oficia misas predicando paz y reconciliación pertrechado por militares armados como en tiempos de guerra y persigue organizaciones defensoras de derechos humanos.

El Congreso Nacional remienda una Constitución Política envejecida, fruto de la frenética violación, y retaceada por el golpe de Estado que se fraguó justamente para frenar dichos cambios. La Corte Suprema de Justicia, refugio de magistrados del golpismo y coraza para los actores del actual régimen del terror, sermonea sobre justicia y defensa de derechos humanos, en un país donde está prohibido acceder a la justicia y tener derechos humanos.

En la cotidianidad el o la hondureña es agradable y espontánea. Amante de la cordialidad y de la igualdad. Pero muy dado a enseñorearse y/o acomplejarse con títulos de excelentísimo, licenciado, abogado, doctor. Idealizan la blanquitud de la piel y el apellido como un capital social necesario para el utópico ascenso social.

Son asiduos a los templos católicos y evangélicos como en las épocas coloniales, pero son indiferentes ante las masacres cotidianas y la criminal injusticia social que devora generaciones completas en el país. Se escandalizan con una pequeña infracción de la moral sexual, pero conviven con el narcotráfico y promueven la corrupción pública.

En las últimas décadas, el sentimiento anti norteamericano ha aumentado considerablemente en la población, pero el esfuerzo por imitar el estilo de vida consumista y visitar a los EEUU para alardear supremacía social es una constante creciente en la población.

La gran mayoría añora con liberarse de su condición de dominados, pero aprueban y confían en los principales instrumentos de dominación, como son las iglesias, las FFAA y los medios de información masiva.

Como sociedad se esfuerzan por salir del alto grado de analfabetismo, pero la virtud de la lectura y el esfuerzo por conocer su realidad histórica son prácticamente inexistentes. Así, este grado de ignorancia y analfabetismo popular son intensamente optimizadas por las burdas élites provincianas que hacen de la sumisión y de la resignación valores supremos en la idiosincrasia popular. Hasta hacer de Honduras un pueblo enfermo, carente de identidad.

Pero, la mayor contradicción es que este pueblo cristiano y tradicional, predestinado por sus verdugos para la resignación, ahora, despierta gradualmente, sacudiéndose las escamas de los ojos que los mantenían sin luz como al mítico ciego bíblico de Jericó.

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